La Verdad

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Una imagen 123 años después
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Miguel Rubio | 01-12-2016 | 16:29| 0

El accidente más trágico en los distritos mineros de la Región ocurrió en Mazarrón, el 16 de febrero de 1893. Del siniestro, que segó la vida de 28 operarios por un escape de grisú, no había imágenes. Hasta ahora, cuando el antropólogo y cronista oficial de Mazarrón, Mariano Guillén Riquelme, deja constancia gráfica de cómo fue aquel triste suceso. La obra –en grafito, tinta y acuarela– muestra el momento en el que las víctimas son sacadas del pozo, y forma parte de la exposición ‘Mazarrón: historia imaginada’ que el investigador y académico de la Real de Alfonso X el Sabio muestra hasta finales de enero en las Casas Consistoriales.
Desde el rigor científico y apoyado en sus dos décadas de estudios sobre el pasado del municipio, Guillén ha dedicado dos años de trabajo a esta colección, compuesta por dieciocho láminas con una selección de momentos históricos de la localidad. Ahí están, por ejemplo, la construcción del ferrocarril (1882), por una concesión del rey Alfonso XII, para dar salida por mar al mineral. O la huelga del 1 de mayo de 1890 para reivindicar la jornada laboral de ocho horas y un aumento del 25% en los sueldos. También, la inauguración de las Casas Consistoriales (1892), ejemplo del empuje industrial que vivió el pueblo; la proclamación de la II República, con el izado de la bandera tricolor a cargo del presidente de la Junta Revolucionaria, el notario Félix Pablo Gudín, «entre una multitud enardecida de entusiasmos»; y el saqueo de la iglesia del convento de la Purísima, a los pocos días de la sublevación militar de 1936, que acabó con la quema de la mayoría de las tallas religiosas en la misma puerta del templo patronal.

Accidente en la mina 'Impensada'. / MARIANO C. GUILLÉN RIQUELME

Accidente en la mina 'Impensada'. / MARIANO C. GUILLÉN RIQUELME

Cada lámina se acompaña de un pequeño texto que explica la ilustración, para de esta formar realizar un singular y ameno recorrido por la historia del municipio desde sus orígenes. Para el director del certamen Fotogenio, Juan Sánchez Calventus, la muestra «nos regala un torrente de información visual a los amantes del arte, la fotografía y la hitoria», según explica en el catálogo de la exposición.

La propuesta cultural, que se puede visitar hasta el 28 de enero, es doble, ya que se completa con otras creaciones del cronista oficial. Porque en el sótano del edificio consistorial, Mariano Guillén expone una retrospectiva de su obra, desde los carteles que realizó para anunciar los carnavales hasta cuadros que hoy día pertenecen a colecciones privadas. Como pintor y dibujante, Guillén ha llevado a cabo tres exposiciones patrocinadas por el Ayuntamiento, dos de ellas ubicadas en el salón de actos de la Universidad Popular y una tercera en la iglesia de San Andrés. Fue, además, cofundador del grupo de artes plásticas Almagra, y en 1997 impulsó el certamen de pintura al aire libre ‘Memorial Domingo Valdivieso’, que aún hoy se sigue celebrando. Dos de sus cuadros decoran sendos espacios cargados de historia: el Salón de Plenos, con un retrato de Juan Carlos I, y el altar mayor del convento, con una escena del Milagro de la Purísima.

[La muestra podrá verse hasta el 28 de enero. El horario de visitas será las mañanas de lunes a sábado de 10 a 14 horas y las tardes de martes a viernes de 17 a 20  horas.  La sala permanecerá cerrada los días 8 y 26 de diciembre, 2 y 6 de enero]

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El futuro llegó con Garrido
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Miguel Rubio | 28-11-2016 | 13:13| 0

A mediados de la década de los 60 del siglo XX, todo estaba por hacer. El país trataba de sacudirse los años grises y las estrecheces de la autarquía impuesta por el régimen de Franco. En la sociedad empezaba a aflorar una necesidad de cambio, de pasar esa página oscura, y la Región, pese al lastre de su provincianismo, no escapó al fenómeno. Una exposición (que se podrá visitar durante todo el mes de diciembre en el Colegio de Arquitectos de Murcia) retrocede medio siglo en el tiempo con el fin de recuperar una parte de esa historia de la mano del proyectista Fernando Garrido Rodríguez (Linares, Jaén, 1930), que aportó su grano de arena para que Murcia también se asomara a la modernidad.
Aunque jienense de cuna, Garrido Rodríguez montó estudio en la capital murciana nada más acabar sus estudios en Madrid, en 1960. Su matrimonio con María Artiñano de la Cierva, biznieta del ministro Juan de la Cierva Peñafiel y actual camarera de la Virgen de la Fuensanta, le trajo hasta la Región, y, también, le abrió puertas. El ‘boom’ del desarrollismo, impulsado por los tecnócratas de la dictadura, le sonrió. En la Región, entonces, eran pocos los arquitectos (él se colegió con el número 6) y los proyectos llovieron en su despacho. Fernando Garrido diseñó viviendas, centros educativos, equipamientos recreativos, chalés, sedes bancarias, iglesias y conventos.
No todos se ejecutaron. Sobre el papel quedaron, por ejemplo, la futurista estación de autobuses de Murcia, que se iba a levantar en la actual sede de Aguas de Murcia, en la Redonda, y que incluía una torre circular para un hotel y oficinas. El mismo destino corrió el llamado edificio Guisante, también en la capital murciana, por la decoración de su fachada con semicírculos. Y otro tanto sucedió con el parador turístico de la batería de San Leandro, en Cartagena. Los tres proyectos se podrán contemplar en la muestra.
La exposición, titulada ‘De la relación entre el arte y la arquitectura, entre los sentidos y la razón’, repasa una década de trabajos de Garrido, entre 1964 y 1974, su etapa más fecunda e innovadora en la Región, según afirma el arquitecto y profesor de la UPCT José María López, comisario de esta propuesta cultural junto a los también proyectistas y docentes Edith Aroca y Fernando García Martín. Los tres han contado con la colaboración del equipo de alumnos de Arquitectura That Mess.
La selección incluye 25 obras. Entre ellas, tres encargos llegados de fuera de las fronteras de la Región: la Casa Sindical de Linares, el proyecto de una iglesia en Calpe y la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios de Algeciras, con su famosa forma de caracola para salvar el desnivel del terreno, que le valió el Premio Nacional de Arquitectura en 1968.

Iglesia del colegio de los Salesianos, en Cabezo de Torres. / F. M. García

El espectador quizás se vea sorprendido porque algunos de los diseños expuestos son de sobra conocidos, aunque no se les preste mayor atención. Ahí están los conventos de Algezares (La Fuensanta) y de Las Antonias (Murcia), la Casa del Agua de Santomera, el club náutico de Santiago de la Ribera, la iglesia de los Salesianos de Cabezo de Torres y dos oficinas de Banco Popular en Cartagena y La Manga. También, varios bloques de viviendas en La Ribera (Sol y Mar, y Paz y Cristina) y Murcia (ConVer, Centro, y Naranjas y Limones, al que el Tío Pencho le dedicó una de sus viñetas), además del chalé del ministro Cotorruelo (hoy convertido en el club Collados Beach de La Manga). Capítulo aparte merecen sus centros educativos: la Escuela de Artes de Murcia, el colegio Salzillo de Espinardo, el centro de educación especial de Cabezo de Torres y un prototipo de colegio de EGB de 1971, que las crónicas definieron como «alegre y moderno», del que se levantaron varias unidades en la Región (por ejemplo, el Francisco Caparrós de Mazarrón).
En su obra tanto pesan los sentidos como la razón, según la visión personal del arquitecto. Y en sus edificios domina ese lenguaje contemporáneo que viene definido por las líneas puras, el uso de nuevos materiales y el empleo al máximo de la luz natural. Sus diseños tratan de empaparse del entorno, como el club náutico de la Ribera, que simula un ‘superyate’ saliendo a navegar. O el chalé Cotorruelo, con esa bóveda de cemento a modo de una jaima anclada a la arena. Para José María López, Garrido «deja atrás el racionalismo ortodoxo para caminar hacia una arquitectura más figurativa y personal».
La muestra se acompaña de fotografías, bocetos, pinturas y recortes de prensa, entre otros materiales. Y, además, doce arquitectos colaboran con textos donde describen los edificios más relevantes del homenajeado. También se detiene la exposición en los detalles. Garrido, que se desenvuelve con soltura en el arte de la pintura, diseñó las vidrieras y los sagrarios de algunos de sus templos. Como sus coetáneos, cuidó de que las bellas artes de la época completarán su arquitectura.
La muestra, que forma parte de la línea de investigación de López y Aroca, es una continuación de otra anterior que se centró en otro arquitecto de la época, Enrique Sancho Ruano, autor del complejo residencial de Espinardo (protegido ahora por Cultura), la iglesia parroquial de Barranda y la Consejería de Sanidad, entre otras obras de interés. Aquella y esta son una llamada de atención para reivindicar la importación del patrimonio moderno, tan desconocido y, muchas veces, maltratado.

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Murcia, año 1266
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Miguel Rubio | 16-10-2016 | 13:58| 0
En su último trabajo publicado, los investigadores murcianos Julio Navarro y Pedro Jiménez, de la Escuela de Estudios Árabes-CSIC, proponen un interesante viaje al pasado. Activan el interruptor de la máquina del tiempo para trasladar a los amantes de la Historia casi ocho siglos atrás, con el propósito de que perciban la misma Murcia que se encontró el Rey Sabio tras la conquista cristiana de la ciudad. El medio centenar de páginas de ‘Murcia, la ciudad andalusí que contempló Alfonxo X’, una obra editada por Cafés Salzillo con motivo del 750 aniversario del Concejo, se leen de un tirón y, lo mejor, despiertan la imaginación para hacer un recorrido por una urbe llena de vida y “en pleno esplendor”, como indican los autores.
La publicación sumerge al lector en una Murcia conocida y cercana, pero, a la vez, muy distinta. Allí donde se ubica la Catedral estaba la mezquita mayor o congregacional, lugar de culto para el sermón de los viernes, aunque, también, sede del tribunal de justicia del cadí y academia para impartir ciencias legales y religiosas. No era la única. A finales del siglo XIII se levantaban en Murcia veinte mezquitas de barrio. En el mismo lugar en que hoy se alza un campanario, casi seguro que entonces había un oratorio musulmán.
Dominando la urbe, el alcázar, en la esquina de Teniente Flomesta y Ceballos, lugar de residencia del gobernante de turno. Y a su pies, en el actual barrio de San Juan, “50 tahúllas de tierra de cultivo para su sostenimiento”. Cuentan estos dos estudiosos que la ciudadela tendría varios recintos intercomunicados, a lo largo de la fachada del Segura, ahora ocupados por el Palacio Episcopal, el seminario de San Fulgencio y la Glorieta.

Arrabal del Arrixaca, descubierto en San Esteban. F. Manzanera

Aquella Murcia era una ciudad bien protegida. Un cinturón defensivo, formado por una antemuralla, un foso y una muralla, envolvía la medina: el principal núcleo residencial, que ocupaba 38 hectáreas. La actividad bullía, sobre todo, en el eje de Puerta de Orihuela-San Pedro, donde estaba el zoco, un mercado lineal compuesto por tiendas y talleres artesanales “de planta rectangular, estrecha y profunda, con un vano que servía de puerta y mostrado”. Y salpicando el entramado de calles, saturadas y más bien estrechas, los baños públicos (el último en desaparecer, el de la calle Madre de Dios) con sus tres zonas bien delimitadas: una seca, otra húmeda y la de servicios.
Este recorrido no estaría completo sin una parada en el Alcázar Seguir, hoy Santa Clara, un conjunto palaciego que ocupaba desde el Teatro Circo hasta el callejón de la Aurora. Y, por último, aunque no menos importante, los arrabales, espacios residenciales en la periferia. El más conocido (por el descubrimiento de San Esteban), el Arrixaca, donde vivían, entre otros, los mercaderes genoveses, pisanos y sicilianos. Y otros dos no lo son tanto: el Alharilla (en El Carmen) y el arrabal Las Callejuelas (en San Antón).
‘Murcia, la ciudad andalusí que contempló Alfonso X’ (un entretenido y documentado trabajo de divulgación de Navarro y Jiménez y un acierto de la iniciativa privada) viene a poner la lupa en un patrimonio que espera su puesta en valor. Los responsables deberían tomar nota.
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10.000
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Miguel Rubio | 12-10-2016 | 12:53| 0
La próxima reunión de la comisión del barco fenicio de Mazarrón (convocada para el 21 de octubre) se presenta decisiva para el futuro del proyecto de puesta en valor del pecio de La Isla. Será en este encuentro donde las distintas administraciones implicadas deberán poner sus cartas boca arriba y demostrar que su compromiso con los trabajos de extracción, restauración y musealización de la nave, del siglo VII antes de Cristo, es firme y real. En otras palabras: que lo anunciado en anteriores reuniones no era un farol.
Sin embargo, el secretismo que envuelve a la convocatoria no hace presagiar nada bueno. Para empezar, hay dudas de que la Demarcación de Costas del Estado tenga listo el informe técnico que desvelará si la embarcación corre algún tipo de peligro por la imparable degradación que sufre la playa donde está hundida. Todo el proyecto de puesta en valor parece supeditado a este estudio. Porque la urgencia que determine debe marcar el inicio de los trabajos. En cualquier caso, Costas ya dijo que hasta 2018 no estaba previsto comenzar las labores de regeneración de La Isla, en las que se incluirían la recuperación del barco fenicio. Ese anuncio ya supuso un jarro de agua fría, porque la comisión de seguimiento había previsto empezar en junio de 2017.
Y el Ayuntamiento de Mazarrón ¿ha hecho su parte de los deberes que asumió en febrero pasado? A la reunión ha de llevar una propuesta acerca de dónde se levantará el museo que acogerá el pecio restaurado. Sin embargo, hasta ahora poco (o nada)  ha concretado, salvo que el futuro espacio museístico se localizará en las inmediaciones del yacimiento arqueológico.

Dos arqueólogos supervisan el estado de conservación del pecio de La Isla. / Arqua

En cuanto a la Consejería de Cultura, ya dimos cuenta en ‘La Verdad’ de que había liberado 10.000 euros para iniciar las prospecciones del yacimiento, unas labores previas antes de la excavación y extracción del pecio. No es mucho dinero, pero tiene una carga simbólica porque por primera vez una de las Administraciones implicadas asigna una partida económica para el proyecto del barco fenicio. Esta apuesta deberá confirmarse en los próximos presupuestos regionales.
Y así estamos veinte años después del hallazgo fenicio de La Isla.
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“¿Cuándo han corrido buenos tiempos en el arte?”
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Miguel Rubio | 26-09-2016 | 15:53| 0

Su visión del arte se aleja de representaciones, explicaciones y lenguajes. Pedro Zamora Serna (Cartagena, 1995), desembarca en Verbo Estudio (calle Verónicas, 10, Murcia) con “Humano”, su tercera exposición individual, una selección de seis obras no figurativas sobre la belleza visual del gesto, que pueden contemplarse hasta el 7 de octubre. Pendiente de iniciar sus estudios de Bellas Artes, tras examinarse en la última Selectividad de la historia, el pintor recuerda a sus primeros maestros, Alfonso Romero y David Galián. A este último “le debo casi todo mi compromiso y conocimiento artístico”, afirma. Considera que “hay poco mercado” para los jóvenes creadores. Ahora busca la madurez, mientras encaja con soltura las críticas.

El pintor cartagenero Pedro Zamora. / A. DURÁN

–Con solo 21 años, “Humano” es su tercera exposición individual. Empieza fuerte.
–Aquí, el que no corre, vuela; he tenido la suerte de exponer mi trabajo a medida que evolucionaba.
–¿Qué reflexión plantea con esta muestra en Verbo Estudio? ¿Qué fibras espera tocar del espectador?
–Intento mostrar la belleza visual del gesto humano, sin ningún trasfondo o explicación pseudofilosófica.
–¿Teme que su obra pueda no ser entendida por el público?
–Siendo sincero, lo que realmente temo es que el público anteponga entenderla a disfrutarla.
–¿Cómo es su proceso creativo? ¿Cómo surgen sus obras?
–Mi proceso creativo es sencillo: salgo con mis amigos, leo, veo películas… Las cosas que te pasan día a día son el proceso. Luego es ponerse frente al lienzo y pintar.
–¿Y lo hace todos los días?
–Todos los días que puedo, aunque solamente sea para entrenar la mano. Si tengo tiempo libre, puedo dedicarle a la pintura unas cuatro o cinco horas diarias.
–¿Ofrece la Región oportunidades para los jóvenes creadores?
–Hay oportunidades para darse a conocer, pero hay muy poco mercado, y más concretamente para los jóvenes creadores.
–¿Cuál ha sido la mejor crítica que ha recibido?
–Es justo que recuerde la mejor y la peor. La mejor es un comentario en Youtube en el vídeo de presentación de mi ultima exposición: “Debería haberse llamado Blanco Lacoste, o mejor, Blanco Mierda”. Las peores, el típico “amor de abuela” [ríe]
–¿Corren buenos tiempos para el arte?
–¿Cuándo han corrido buenos tiempos en el arte? Todos los artistas en todas las épocas piensan que la suya es la peor en la historia del arte.
–¿Qué pretende con su pintura? ¿A dónde le gustaría llegar?
–En realidad, lo que pretendo es seguir haciendo lo único que sé hacer durante el máximo tiempo posible. Mi única pretensión es pintar. Es a lo que me quiero dedicar siempre, porque, además, es lo que sé hacer. Personalmente entiendo mi obra como un proceso constante de búsqueda y madurez, y no como una sucesión de proyectos que debo llevar a cabo.
–¿Qué puede aportar el arte en estos tiempos deshumanizados y confusos?
–Posiblemente más confusión, pero deshumanización, nunca. El arte es lo que verdaderamente reafirma el ego humano. Desde el Renacimiento no hay nada que le guste más a nuestra razón que ella misma y sus frutos.

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Abrir las puertas de la arquitectura moderna
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Miguel Rubio | 21-09-2016 | 16:53| 0
El tiempo dirá si la protección del conjunto residencial de Espinardo (1972), del arquitecto Enrique Sancho Ruano, se queda en un gesto de cara a la galería por parte de la Consejería de Cultura. O si, por el contrario, existe un verdadero interés de los responsables de Patrimonio Histórico por abordar, de una vez, la catalogación y conservación de la arquitectura moderna, una asignatura pendiente de la Región. A la espera de que la lista de bienes inventariados se vaya ampliando con más construcciones (que las hay), parece justo reconocer la dedicación de quien ha trabajado por el reconocimiento del patrimonio del siglo XX, olvidado pese a su cercanía en el tiempo. Y si la protección del denominado complejo Francisco Franco (un buen ejemplo de la edificación más innovadora de los últimos años de la dictadura) supone hoy una realidad, se debe al interés y el buen tino de la investigadora María de los Ángeles Muñoz Cosme, quien hace dos años elevó a la Consejería una propuesta para la protección de la iglesia que existe en el recinto de los Altos de Espinardo, argumentando que en su fachada existe un conjunto escultórico del murciano Francisco Toledo Sánchez. La respuesta de Cultura a esa iniciativa fue un ‘no’. Pero se mostró sensible, no cerró del todo la puerta y planteó una posible catalogación de los edificios en su conjunto. Eso es lo que se ha materializado ahora, a través de la figura de bien inventariado, un expediente en el que ha trabajado durante meses el historiador del arte de la Consejería José Francisco López Martínez.
“Me alegro de que mi solicitud haya tenido un efecto mayor del pretendido en un principio”, comenta Muñoz Cosme a través del correo electrónico, a la vez que espera que el conjunto “sea dotado de actividad, evitando su deterioro irremediable”. Desde luego, ese debería ser el siguiente paso. Porque, por desgracia y aunque suene contradictorio, el abandono y los consiguientes daños que acarrea son compatibles con la protección de Cultura. La Región está llena de casos que así lo demuestran. El recinto que diseñó Sancho Ruano ya presenta algunos achaques, como consecuencia de la falta de uso. Pero, en general, se conserva en un aceptable estado, como pudo comprobar ‘La Verdad’ en una visita, de la que se muestran en este artículo varias fotografías de Vicente Vicéns. En ese recorrido también participó el arquitecto y profesor de la UPCT José María López. Él y su compañera de estudio, la también docente Edith Aroca, han contribuido en gran manera a dar a conocer el patrimonio moderno. De hecho, comisariaron una exposición sobre la obra de Sancho Ruano, con el apoyo incondicional del Colegio de Arquitectos de Murcia.
[Por cierto. No estaría de más que la Comunidad Autónoma, propietaria de los inmuebles, organizara alguna visita guiada para mostrar sobre el terreno los motivos que han llevado a la protección del complejo de Espinardo. Porque el primer paso para impulsar la conservación del patrimonio moderno es abrir sus puertas y darlo a conocer]

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“Algunas plazas han muerto de éxito”
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Miguel Rubio | 18-09-2016 | 18:14| 0

Hasta que a principios de los años 70 le encargaron el primer proyecto de calado (el colegio de EGB para las carmelitas del Infante Juan Manuel), al arquitecto Juan Antonio Molina Serrano (Murcia, del barrio del Carmen, 1944) solo le llegaban “pepitos”, un término que en el argot del gremio hace referencia a pequeñas obras “en mitad del campo”. Ahora, casi 45 años después, aquel edificio docente (que también lleva las firmas de Pérez Albacete y Ruizpérez Abizanda) aspira a entrar por la puerta grande en el catálogo de referencia del patrimonio moderno, que confecciona la Fundación Docomomo, por su diseño innovador. Ya jubilado, aunque no desvinculado del todo de la arquitectura, Molina Serrano echa la vista atrás y se siente satisfecho del resultado de sus trabajos, que a diario pisan miles de murcianos y visitantes.

Juan Antonio Molina.

–¿Qué supone para usted que uno de sus primeros edificios figure entre los seleccionados para formar parte del catálogo de Docomomo?
–Reconozco que es un halago enorme. Fue el primer encargo de importancia que recibía, y no era un diseño fácil. Debía ajustarse a las directrices que marcaba la nueva ley de educación, y no existían precedentes. Con la ayuda de un amigo pedagogo tuve que indagar en el libro blanco de la EGB, que rompía con el modelo tradicional de enseñanza, antes de ponerme manos a la obra con el proyecto, que, además, tenía un presupuesto ajustado. El paso del tiempo ha demostrado la funcionalidad y la flexibilidad de este equipamiento docente que, sin grandes reformas, se ha adaptado a los planes de enseñanza que han llegado después.
–¿Está suficientemente valorada y protegida la arquitectura del siglo XX?
–Existe una tendencia que lleva a pensar que todo lo contemporáneo carece del pedigrí necesario para su protección. Todavía hoy arrastramos una resistencia a catalogar un patrimonio cercano en el tiempo; como si no fuera lo suficientemente vetusto. Sin embargo, se empieza a notar un cambio de mentalidad, una mayor sensibilidad por la arquitectura moderna que debe llevar a su protección.
–Durante una década (entre 1988 y 1999) se encargó de varios de los proyectos que cambiaron la imagen urbana de Murcia. ¿Se siente satisfecho de aquel trabajo?
–Como usuario, sí. Mejoramos lo que había sin tocar demasiado y con unos materiales de calidad que han resistido bien. En general, esas actuaciones contribuyeron a tranquilizar los espacios, sacando el tráfico y dando más protagonismo al peatón. En Santa Isabel, que fue el último proyecto, convertimos un secarral en un lugar amable y verde, con la dificultad de que debajo hay un parking.
–¿Tuvo libertad en sus diseños o sufrió alguna injerencia desde los despachos del Consistorio?
–Trabajé con mucha libertad. Mínimamente me decían lo que había que hacer, y la mayoría eran cuestiones técnicas. Hubo alguna resistencia, por ejemplo, a la hora de peatonalizar calles del centro, como el entorno de San Bartolomé. Pero entendieron que había que dejar hacer y que lo que se pretendía era dar soluciones con el objetivo de tranquilizar la ciudad.
–Varios de esos espacios de la capital que usted reformó están ahora en el punto de mira de la polémica por la proliferación de terrazas.
–En esos céntricos espacios públicos debe haber terrazas, porque estas son puntos de encuentro y celebración. Pero la situación se ha descontrolado. Algunas plazas, las más populares, han muerto de éxito colonizadas por lo que parecen casetas de feria, que apenas dejan sitio libre. Me consta que existe una preocupación en el seno del Colegio de Arquitectos. La situación requiere de un estudio detenido.
–¿Qué retos afrontan la arquitectura y el urbanismo? ¿Hacia dónde deben caminar?
–La época de los edificios espectaculares ha pasado, porque ha quedado demostrado que esa arquitectura no es sostenible. Todos queríamos ser muy originales y, al final, hemos creado unas ciudades caóticas. Ahora vamos hacia una arquitectura tranquila y lógica, con edificios de calidad y eficaces. Y, en muchos casos, fijándonos en las construcciones tradicionales, un ejemplo de ahorro de energía y aprovechamiento de recursos.

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Otra vida para el Dos Playas
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Miguel Rubio | 21-06-2016 | 18:40| 0

No siempre los edificios más singulares tienen la oportunidad de disfrutar de una segunda vida. Pero, afortunadamente, este sí parece el caso del antiguo hotel Dos Playas, en Puerto de Mazarrón. Cerrado durante años, ahora los huéspedes han dejado paso a otros inquilinos: las cuadrillas de albañiles, fontaneros y electricistas encargados de acondicionar las instalaciones para su reapertura la próxima primavera. La buena noticia llega por partida doble. Además de reforzar la oferta de alojamientos de un municipio que tiene en el turismo una de sus principales fuentes de ingresos, los promotores de la iniciativa (el grupo empresarial ElPozo) quieren ser respetuosos con la construcción, recogida en el catálogo de la Fundación Docomomo como una de las obras emblemáticas del patrimonio moderno. Y este interés no solo afectaría a la fachada, sino también a elementos del diseño interior, desde vidrieras a mobiliario de los años 70.

Fachada del hotel, con las terrazas de las habitaciones.

La conservación de este patrimonio arquitectónico es una de las bazas que los inversores disponen para beneficiarse de bonificaciones fiscales a la hora de acometer las obras. Pero, aún así, hay que agradecerles su sensibilidad para que esta ‘joya’ del llamado Movimiento Moderno sobreviva entre tanto desaguisado llevado a cabo a golpe de piqueta. Como ya conté en esta misma sección, el hotel Dos Playas se levantó entre los años 1965 y 1971, frente a la playa de La Ermita. Es un diseño del arquitecto Juan Guardiola Gaya, autor de un buen número de edificios en la fachada marítima de la alicantina playa de San Juan. Los investigadores destacan la solución estética de su fachada a base de la repetición de las terrazas de las habitaciones, ademas de “su contundente horizontalidad” que contrasta con la esbeltez de la torre de apartamentos conocida como el edificio Paula. Me cuentan que lo más probable es que Guardiola recurriera a otros artistas y artesanos de la época para la decoración interior. Asi que conviene estar atentos a la remodelación en marcha, bajo la dirección del arquitecto Pablo Chamizo, para ver qué sorpresas depara.

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La huerta y sus mitos
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Miguel Rubio | 03-06-2016 | 17:28| 0
‘Cinco palmos’ (la exposición que permanece abierta en la sede del Colegio de Arquitectos de Murcia) no es un llanto por la huerta perdida. Más bien, representa una llamada de atención para salvar lo que queda de este entorno agrícola y cultural, transformado a lo largo de doce siglos y que ahora más que nunca se enfrenta al reto de su supervivencia. Aunque ese pulmón verde, que forma parte de las raíces de Murcia, se ha ido adaptando a las necesidades y posibilidades de cada momento, es a partir de los años 80 del siglo XX cuando sufre el depredador avance del ladrillo, a consecuencia de la dispersión de la ciudad, un proceso denominado suburbanización, poniendo en peligro la viabilidad de los usos para los que fue concebida.
‘Cinco palmos’ (el título hace referencia a una medida de longitud empleada tradicionalmente en la huerta; así, por ejemplo, es la anchura de los partidores de las acequias particulares) viene a demostrar, de manera científica, un fenómeno que salta a la vista nada más salir a pasear una tarde de primavera entre tahúllas de hortalizas y cauces de riego: la proliferación de edificaciones a costa de la pérdida de suelo fértil. Solo en los últimos noventa años, las construcciones diseminadas le han dado un bocado de casi 3,5 millones de metros cuadrados a la huerta.

Exposición 'Cinco palmos', en el COAMU. / D. del Castillo

La muestra, comisariada por Marcos Ros Sempere y Fernando M. García Martín, de la Universidad Politécnica de Cartagena, acerca al público en general las conclusiones de una de las líneas de investigación del proyecto ‘Migraciones contemporáneas’. Y, a modo de resumen, viene a desmontar cuatro mitos que pesan sobre los cambios que ha experimentado la huerta de Murcia, como indica el profesor Ros. Por ejemplo, que la ocupación de terreno no ha sido un proceso desordenado y anárquico, sino que ha tenido que ver con unos patrones según las zonas y las épocas de colonización. También, que las regulaciones urbanísticas apenas han tenido incidencia en el fenómeno. O que la reciente crisis económica e inmobiliaria no ha supuesto una ralentización en esta pérdida de suelo productivo. Pero, por encima de todo, y este es el mensaje positivo, aún queda más de la mitad de superficie de la huerta libre de la presión urbanística y edificatoria, eso sí, en bolsas aisladas, por lo que todavía se está a tiempo de salvar este entorno “ancestral e irrepetible” . Eso sí, el tiempo corre en contra, por lo que convendría ponerse ya manos a la obra.
Además de los fríos datos sobre planos, la exposición incluye una proyección con el relato en primera persona de huertanos que han visto cómo ha cambiado el entorno que habitan en el último medio siglo. ‘Cinco palmos’ ha contado con la colaboración de Alfonso Bernal Gallego, Francisco José Bernal Martínez, Dictinio de Castillo-Elejabeytia, Francisco José Galián Torrente, Carlos Pérez Armenteros y Elías Tudela Martínez. La Universidad Politécnica de Cartagena, que figura entre los organizadores, remarca que esta exposición es una prueba de que su ámbito de actuación regional.
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Monda radical
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Miguel Rubio | 25-04-2016 | 13:06| 0

En todo el tiempo que llevo paseando por la huerta en bicicleta (que ya son años), nunca antes había visto una monda (limpieza) de las acequias tan ‘agresiva’ como la acometida a comienzos de esta primavera. Una mañana me sorprendió encontrar incluso una pequeña excavadora dentro del cauce mayor de la Aljufía, no muy lejos del camino de los Silvestres. Y más aún cuando, de la noche a la mañana, no solo desaparecieron las cañas y la basura del fondo, sino también algunos de los chopos que daban sombra. Ahí siguen los troncos talados para quien tenga curiosidad de comprobarlo. Para más ‘inri’, daña a la vista el uso de cemento para consolidar el empedrado de los muros. Los grupos políticos Ahora Murcia y Cambiemos y la asociación conservacionista Huermur también se han percatado de la situación, y el caso está ahora en manos del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil, que tiene una investigación en marcha. Resulta que la monda ‘salvaje’ no solo se han llevado por delante parte de la vegetación de la Aljufía. La Alquibla (la otra acequia mayor, en la margen derecha del río) también ha sufrido lo suyo, según la denuncia de Ahora Murcia. Su portavoz, Alicia Morales, hizo público los destrozos en dos tramos, entre San Ginés y Era Alta y en Nonduermas.

Las acequias mayores beben de la Contraparada para distribuir el agua por toda la huerta de Murcia, a través de una red de 500 kilómetros de canales, que llegan más allá de Santomera y Beniel. Es una obra que cambió el paisaje y aseguró las bases de este pulmón verde que envuelve la capital del Segura. Algunos de sus tramos están protegidos como bien cultural. Pero su importancia en el entorno de nada le ha valido en esta ocasión. Ni la Comunidad Autónoma, ni el Ayuntamiento de Murcia ni la Confederación Hidrográfica se han pronunciado al respecto, hasta ahora. Unos por otros parecen desentenderse, como si no fuera con ellos. Y desde la Junta de Hacendados, que debe velar por el cuidado de los canales de riego, argumentan que algunos árboles han sido cortados porque representaban riesgo para las personas. De otras talas dicen que no saben nada: ni quién las ha ejecutado ni el motivo. En fin, el daño ya está hecho. Así que no estaría de más que alguno de los organismos citados se encargaran de supervisar las mondas, no sea que la próxima vez también se les vaya de las manos.
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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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