La Verdad

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El privilegio de la sorpresa
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Carlos Escobar | 10-06-2017 | 19:58

clasicismo

Imaginemos un concierto en el Auditorio de Murcia tras el cual, los comentarios de los asistentes se centrasen más sobre la obra que se ha escuchado que sobre cómo ha sido interpretada. La verdad es que nos resultaría un tanto extraño, ya que al finalizar una velada musical hoy día, suele ser el solista, el director musical o la propia orquesta los que acaparan nuestra atención y copan el primer plano artístico.

La función que ha tenido la música a lo largo de la historia se relacionó con las circunstancias socioculturales de la época. Así, durante el periodo del Clasicismo, las composiciones tenían el objeto de llegar al público en general, con independencia del nivel de conocimientos musicales que éste tuviera, a diferencia de lo que ocurrió a lo largo del Barroco.

Además, durante el Clasicismo, tal y como nos lo contaba el director austríaco Nikolaus Hanoncourt (1929-2016) en su libro La música como discurso sonoro, “la melodía adquiere un papel destacado y se hace ligera, accesible y con un acompañamiento lo más sencillo posible”. Para él, tratar de entender el Clasicismo desde la perspectiva del siglo XIX hace que se pierda la frescura del oyente de entonces, que constantemente descubría en los conciertos lo emocionante y lo nuevo.

Podría decirse que en la actualidad no tenemos el privilegio de la sorpresa y esto es debido a que las armonías y dinámicas de la música romántica y del siglo XX nos hacen ver el Clasicismo como algo viejo y repetido, como defendía Hanoncourt.

Pero el público del Clasicismo, que únicamente conocía lo que procedía del Barroco, solo deseaba escuchar obras que fuesen novedosas, sin que importara tanto la interpretación, actitud que en cierto modo se mantuvo hasta principios del siglo XX, cuando los conciertos de Chaikovski, Bruckner, Mahler o Strauss supusieron auténticos acontecimientos musicales para los asistentes.

En cualquier caso, el carácter fácil y accesible de la música del Clasicismo pronto evolucionó de forma magistral con las obras de Haydn y Mozart, que elevaron este arte a cotas insospechadas para estos primeros compositores que con un lenguaje muy característico intentaban agitar las emociones de un público ávido de lo novedoso.

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