La Verdad
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Una fiesta para los oídos (y IV)
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Carlos Escobar | 04-02-2018 | 10:18

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Un atardecer de Maiernigg, 15 de agosto de 1905. Gustav Mahler entra en casa tras un intenso día dedicado a la composición. Se dirige a la terraza, donde Alma está sentada observando como juegan sus dos hijas, María (Putzi) y Anna (Gucki). Advierte que el rostro de su mujer refleja cansancio y cierto enojo.

Gustav.- ¡Hola familia! ¿Qué tal ha ido el día? (Besa de manera paternal a Alma en la mejilla y se dirige hacia las niñas para hacerles cosquillas y abrazarlas).

Alma.- (Con semblante serio). Te hemos esperado para comer.

G.- (Mientras retira una pequeña hormiga del vestido de María). Lo siento. Estaba enfrascado en mi trabajo.

A.- (Con tono sarcástico). Menos mal que en unos días volvemos a Viena. Cada día me aburro más aquí en Maiernigg.

G.- Pero Almita,… Esta casa, el bosque, el lago,… Mira cómo disfrutan las niñas. El otro día lo comentábamos paseando con ellas…  ¡Somos unos afortunados!. Y además, aquí tengo la tranquilidad necesaria para trabajar liberado del yugo de la dirección de conciertos y óperas …

A.- Si al menos, pasaras más tiempo conmigo. Estoy todo el tiempo sola en este caserón. Nadie viene a vernos porque todo el mundo sabe que no quieres recibir visitas. Tan sólo se atreve a asomar fugazmente la cabeza algún músico impaciente por conocer tu opinión sobre su trabajo … No me extrañaría nada que apareciese un día de estos ese Schönberg que acabas de conocer y que tanto te admira…

G.- (Quitándole importancia a la conversación). ¿Para qué necesitamos las visitas? Aquí estamos los cuatro muy bien. Ya llegaremos a Viena y saldremos a hacer vida social.

A.- (Con aires de ofendida). ¿Vida social? Las últimas veces que hemos sido invitados a cenar, no hablaste ni comiste nada. Ni siquiera contestabas a las preguntas amables de los demás comensales. No me extrañaría nada que este otoño nadie nos vuelva a ofrecer su casa…

G.- (Tumbado en el suelo manteniendo a Gutzi en el aire con los brazos extendidos). Tonterías, solo me comporto así cuando la gente insinúa que mi manera de dirigir es extraña. Esos estúpidos hablan de la tradición vienesa para referirse a la pereza y dejadez de los músicos. ¡Son unos idiotas!

A.- Pero Gustav, ¿no te das cuenta que los músicos son parte de nuestra sociedad y que no puedes hablar mal de ellos en público?

G.- (Dejando a la pequeña Gucki en su sillita y acercándose a cuatro patas hacia Putzi). Esos cretinos son unos mediocres. Piensan que la música es la vaca lechera que les da de comer y necesito una orquesta que se implique más. Además, hablar de ellos me da dolor de cabeza…

A.- Ves, otra vez con tus jaquecas. Pasas todo el día en tu caseta del bosque y ahora te duele la cabeza. Eso cuando no estás leyendo ensimismado, ese odioso libro que siempre llevas encima. Todavía recuerdo el día que nació Gucki. No se te ocurrió nada mejor que leerme en mitad del parto tus Críticas de Kant. No sé si eran peor los dolores del parto o esas parrafadas tan horribles….

G.- (Mirando a su bolsillo y comprobando con satisfacción que el libro permanecía allí). Almita…

A.- Y eso cuando no te ríes a carcajadas cuando lo lees. No sé que te hacía tanta gracia anoche…

G.- (Justificándose en un intento de calmar a su mujer). Estaba leyendo el Quijote de Cervantes. ¡Qué divertido es el capítulo de los molinos de viento! Si quieres te lo recito esta noche….

A.- (Observando como Gustav imita a un perro que empuja con el hocico a María). Eres incorregible. Quizás por eso me casé contigo en contra de los consejos de mi familia (sonriendo para ella misma) … y de la tuya.

G.- (Intuyendo que el temporal doméstico amaina). Por cierto, hoy he terminado de componer la nueva sinfonía.

A.- (Se levanta y se acerca a su marido, al que abraza de una manera efusiva). Oh, Gustav. Eso es fantástico. Estoy deseando escucharte tocar al piano los fragmentos del scherzo.

G.- (Cogiéndola por la cintura ante la mirada atónita de María). No se si te va a gustar la pequeña burla sobre el vals vienés que salpica el movimiento….

A.- Creo que no hay nada en ti que no me guste…

G.- (Tras un beso apasionado). Almita, ¿me ayudarás mañana con las partituras?

A.- Claro que sí. Sólo tienes que servirme un rico desayuno en esta terraza.

G.- ¿Un desayuno romántico con vistas al Wörtersee en el ocaso del verano….? No sé…. ¡Tengo tantas cosas que contarte! La próxima temporada será apasionante con la celebración del 150º aniversario del nacimiento de Mozart.

 

Mahler terminó la composición de la Séptima Sinfonía el 15 de agosto de 1905. La obra se estrenó tres años más tarde en Praga. En Murcia, tendremos la oportunidad de escucharla el próximo viernes 9 de febrero en el Auditorio Víctor Villegas. Quizás estemos ante el acontecimiento musical del año.

 

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