Sensualidad en la puerta de mi garaje

Este año he pasado el día del Bando de la Huerta fuera de Murcia. En los últimos años no es la primera vez que lo hago y, tras comprobar que es una buena fecha para disfrutar con los amigos conociendo nuevos sitios y lo que uno se encuentra cuando llega ya de madrugada, me temo que no será la última. El martes, al intentar entrar al garaje de mi casa, veo que una chica bastante voluptuosa y vestida de huertano con camiseta blanca por encima del ombligo, como corresponde a los cánones tradicionales, me impide el paso. En un primer momento pensé que se trataría de una borracha más de las que había por la zona, y le hice un gesto para que se apartara.

De poco sirvió mi petición, ya que empezó a pasarse la mano por sus partes, vamos, por lo que viene a ser todo el mondongo y a contonearse. No estaba yo como para entrar a responderle a sus provocaciones que, sin duda, hubieran resultado de lo más sugerentes sin ella no hubiera ella y si yo no llevara en el cuerpo casi veinte horas sin pegar ojo. Mi cara se iba transformando desde el cansancio al cabreo y mis palabras iban perdiendo progresivamente la educación.

La chica, concentrada en sus asuntos, interpretó al final aquello como una negativa a seguirle la gracia, ya que a continuación se dirigió hacia el coche y empezó a decirme todo tipo de lindezas mientras aporreaba la carrocería (del coche, se entiende, no de la suya propia). Asqueado totalmente me dirigí al garaje. Allí me esperaba una barrera de botellas y mierda que hacía imposible el paso. Dos chicos que habían presenciado la escena anterior lo vieron y me echaron una mano para despejar aquello. Gracias, por cierto.

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