No sé si será casualidad o si de verdad han caído en el infantilismo más absurdo para excitar el celo de algunos, pero ya que Zapatero ha fijado el 20N para los próximos comicios, y dado que acaba de empezar el verano, el que escribe se va a tomar la licencia de jugar con la fecha. A lo mejor puede ser el momento para iniciar una segunda Transición. España lo está pidiendo a gritos, aunque muchos de sus ciudadanos mantengan un desagradable silencio. Y no me refiero a lo económico, que también, sino a que puede ser el momento para darle la vuelta a muchas problemas crónicos de este país que, muchas veces dejamos aparcados, pero que nos condicionan el día a día y sólo contribuyen a que España se esté centrifugando poco a poco. Sé que a lo mejor es mucho pedir, pero si tal y como apuntan las encuestas, el PP logra una mayoría cómoda, puede darse el escenario perfecto para que los socialistas no tengan nada que perder y sean posibles cambios profundos y duraderos para la nación.
Puede que suene pretencioso hablar de una segunda Transición, pero al menos sí que habría que sentar unas bases, algo que correspondería al Partido Popular (o al PSOE en el poco probable caso de que gane las elecciones), y sobre ellas desarrollar una nueva versión del Estado, o como dirían los de la tribu de los tecnogeek una España democrática 2.0. Hay que revisar en profundidad el modelo de Estado, establecer un techo de gasto que ponga fin al descontrol de las Comunidades Autónomas, arbitrar mecanismos de coordinación política, erradicar duplicidades o triplicidades y todas las ineficiencias que de ello se derivan, así como trabajar para definir una verdadera unidad de mercado que haga más atractivo el país para los inversores y más justo para los españoles. A la par que se solucionan esos problemas, hay que meter mano a la educación, orientarla a la excelencia y garantizar todos los derechos en materia educativa, sobre todo los relacionados con la lengua y dejar más espacio para estudiar matemáticas y literatura y grámatica española y algo menos para estudiar la biodiversidad de la rambla que pasa por la puerta de mi abuela. Todo ello sin dejar de lado el Estado del Bienestar, que brama por una reforma que lo haga sostenible y justo en el largo plazo. Pensiones, prestaciones sociales, ayuda a la dependencia y, sobre todo, el agujero negro de la sanidad, deben ser abordados con seriedad y con un compromiso serio por parte de los políticos y las Administraciones Públicas. Y hay que perderle el miedo a hablar de una reforma electoral, que creo que es algo sano y necesario. Podría entrar en mil cuestiones más, pero ya habrá momento de ir desgranando estos meses.
Lo cierto es que el 20 de noviembre ya es una fecha histórica para la Democracia. Habrá quien diga que es difícil que un día, y más en el mismo país, vuelva a ser una fecha que cambie su sino, pero el 20N es una oportunidad para relanzar el país y dar confianza al exterior, pero sobre todo para volver a creer en nosotros mismos como españoles y como nación. Es en los momentos difíciles en los que un cambio puede ser crítico afrontar los problemas. Espero que así sea y que el país esté a la altura, porque yo también quiero decir que pertenezco a una generación que vivió el 20N. Pero el de 2011.

