Todo parece indicar que no, o al menos la prensa no lo ha reflejado. Los sindicatos no han estado presentes en el Salón Erótico del Levante, pero desde luego, no será porque su actuación en las últimas semanas no pueda calificarse de obscena. La última prueba de la ausencia de pudor es la convocatoria de manifestaciones contra la reforma laboral aprobada por el gobierno. Vaya por delante que tienen todo el derecho del mundo a convocar cuantas manifestaciones quieran, incluso si persiguen excitar el celo de determinados sectores radicales convocando en una fecha como el 11M. Pero el mismo derecho me asiste a mí para decir que me parece de pésimo gusto.
Dicen las barrigas agradecidas del anterior gobierno socialista que es una manera de rendir homenaje. ¿A quién se rinde homenaje convocando una manifestación contra un gobierno por unas medidas laborales el mismo día en que una gran parte del país (hay otra que, claramente, pasa del asunto) recuerda el más brutal atentado terrorista de la historia de España? ¿Alguien cree que las víctimas, salvo la asociación de Pilar Manjón, cuya decisión respeto a pesar de no compartir en absoluto, van a entusiasmarse con ese sarao? Yo creo que, más bien, es un homenaje a todos aquellos que salieron a las calles en las 48 horas siguientes al atentado para sitiar sedes del Partido Popular y provocar, a mi juicio, una de las mayores vulneraciones de libertades públicas que hemos vivido en democracia. Es otro guiño como el que Zapatero brindó al respetable convocando las elecciones para el 20 de noviembre, sólo que en esta ocasión quien murió no fue un dictador, sino casi doscientas personas y miles quedaron heridas psicológica y físicamente para mucho tiempo, quizás para el resto de sus vidas.
Las protestas y algaradas del próximo 11 de marzo parecen más una llamada a las huestes radicales de la izquierda, que lo mismo te sitian una sede de un partido democrático, te montan una acampada ilegal la jornada de reflexión, se inventan un rollo con la calefacción de un instituto en Valencia o te aderezan una manifa contra la reforma laboral (ellos, que tan arduamente han trabajado). Son de un versátil que impresiona. Todo ello sin entrar en el fondo de la cuestión, es decir, la oposición tan legítima como vergonzosa a unas medidas laborales avaladas internacionalmente y legitimadas por la mayoría parlamentaria que sustenta al gobierno. Es una reforma profunda y necesaria que tenía que haber acometido el PSOE, pero que no lo hizo, gracias a que la paz en la calle estaba garantizada aún con cinco millones de parados. Los sindicatos se van a manifestar contra la única respuesta lógica al desmadre del que ellos fueron, cuanto menos, copartícipes. Y además, pretenden sórdidamente escudarse en las víctimas. Bochornoso.

