Educación para la economía

La mayoría de los españoles llevamos un abogado, un médico y un economista grabado a fuego en nuestro ADN. Según las circunstancias, recomendamos píldoras mortíferas a la vecina o asesoramos a un amigo sobre algún pleito para evitar para que su cuñado se quede con un pedazo de bancal que, claramente, no es suyo. Ahora toca ser economistas. La crisis está haciendo que mucha gente opine sin tener la menor idea de lo que está diciendo y en la última semana, a consecuencia del rescate a la banca (o del préstamo, ayuda financiera o limosna, no vamos a entrar en esos debates ahora) uno puede leer considerables disparates. No sólo por parte de algunos periodistas y periodistos, sino también por parte de muchos amigos y conocidos en las redes sociales, las nuevas barras de bar de este siglo. Lo peor no es que se opine de eso desde el desconocimiento, porque con la que está cayendo, qué menos que quejarse y ejercer el derecho a la pataleta. Como digo, lo peor no es eso, sino las legiones de analfabetos funcionales que, poblando sus mensajes con faltas de ortografía están dispuestos a seguir al primer Carlos Jesús (sí, el del fiu fiu, ahora soy Micael) de la economía que surja en el Twitter.

Ya digo que me parece hasta normal seguir a estos personajes dada la desesperación, equiparable a la de la familia del enfermo de cáncer terminal que acaba yendo a curanderos. La desesperación tiene estas cosas que no se pueden reprochar pero que pueden prevenirse. ¿Cómo? Pues a través de la educación. Está muy bien que los españoles que acaban la enseñanza secundaria, cada vez menos en comparación con el resto de los países civilizados, sepan conocimiento del medio, los tipos de plano de las ciudades, todas las ramblas y riachuelos de la provincia y la historia del chalado que pidió la independencia de su barriada respecto del municipio opresor. Bueno, no me parece muy bien, para qué mentir, me parece fatal. Pero digo yo que entre tanta cosa útil, alguien podría plantearse un par de asignaturas obligatorias para todos los estudiantes sobre economía.

Que el 90% (vamos a ser generosos) no sepa diferenciar el déficit de la deuda, que no sepan qué es el PIB, que no sepan qué es la inflación o que no conozcan unas bases mínimas de la Europa del Euro es muy grave. Conocer conceptos como diferimiento de la demanda, estudiar mínimamente el binomio consumo y ahorro o saber qué es el coste de oportunidad son cosas elementales cuyo conocimiento es fundamental. Aunque algunos conozcan lo que hay detrás de esos conceptos, saber ponerle nombre a las cosas ayuda bastante. Estos conocimientos básicos nos reportarían grandes ventajas, como tener una conciencia económica propia, una mejor organización de las finanzas personales y una mayor y mejor capacidad para exigir a los responsables políticos comportamientos responsables en materia económica a su debido momento y no a destiempo. Pero en fin, creo que la economía tiene la batalla perdida frente a los predicadores del Twitter y el adoctrinamiento en el nacionalismo provinciano.

 

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