Haciendo marca España

Nadal, la selección española (no la Roja), Gasol,… Todos ellos contribuyen a dar una buena imagen de nuestro país en el exterior. Una imagen de esfuerzo, de superación y de éxito. Sin duda, hacen una buena labor a nuestro país y ayudan a perfilar una imagen positiva del país dentro y fuera de él. Pero yo no quiero hoy escribir de ellos. Quiero escribir de esos españoles que con su trabajo y esfuerzo fuera de España están haciendo poco a poco que desaparezca esa imagen de trileros y de amantes de la buena vida a costa del prójimo que aún tenemos y que algunos incluso quieren seguir exportando como seña cañí.

Por mi experiencia profesional he tenido la ocasión de coincidir con varios de ellos en distintos puntos de Europa y de verdad, que le hacen a uno sentirse orgulloso de ser español, aunque no tengan una raqueta en la mano ni sean jugadores millonarios de fútbol con foulard metrosexual al cuello. La última vez que me he cruzado con buenos profesionales españoles fuera de nuestras fronteras ha sido la semana pasada en Bruselas. Por motivos que son irrelevantes, coincidí con ellos y con personas de otras nacionalidades y me gustó ver cómo se trataba de personas con una gran formación, con mentalidad abierta, que no destilaban ese retestín a veces tan nuestro. Eran, como se decía antes, gente de mundo. Todo ello lo descubrí, eso sí, con cerveza en mano, que las buenas costumbres no hay que perderlas por estar fuera.

Ellos son auténticos embajadores del buen hacer español, de la profesionalidad, de una generación de personas que ha sabido aprovechar la globalización y que convierten ser español en una forma honrosa de ser ciudadanos de este mundo cada vez más pequeño y más interconectado. Todos ellos, los que conocí la semana pasada, los que he conocido estos años y los amigos que se han marchado tienen un denominador común, todos son demasiados buenos para estar aquí o son demasiado conscientes del nivel de podredumbre de este país. Y no me refiero sólo a lo económico, sino a la tiranía de los mediocres, que llegan tan alto como es necesario para desplegar toda su ineptitud, a los caciques locales analfabetos y a una masa que sanciona a los tienen alguna aspiración más que la del pisito, por otra parte plenamente respetable.

Ellos son los dignos representantes de aquellos que nos quedamos aquí y que queremos hacer bien las cosas y a los que nos preocupa que nuestro país tenga una buena imagen en el exterior. Ellos están haciendo un trabajo de campo, muchas veces sin darse cuenta, promoviendo la marca España en el cara a cara. Que les vaya bien, porque se lo merecen y porque también será bueno para los demás. Y no lo puedo evitar. Mario, Eva, Ardiel, Carmen… como buen español, os tengo envidia.

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