Vergüenza torera

 

Si Gandhi tenía razón con aquello de que a un país se le puede juzgar por la forma en que trata a los animales, entonces lo nuestro con el toro explicaría muchas cosas, pero vamos, no caeré en argumentos que el taurino pueda tachar de demagógicos. Cosas peores nos hicimos el siglo pasado entre personas y aquí estamos, eso no lo discutiré. Me apetecía escribir sobre esto porque el verano siempre es un momento propicio para que España saque to lo que lleva dentro y deleite a locales y extranjeros con toros y vaquillas en plazas de toros, calles, puertos o dehesas. España, piel de toro. Con un par. El mismo par que, al lancero ganador del Toro de la Vega, se le entrega en la lanza, bien clavado. El par de testículos, se entiende. Yo no sé qué le parecerá al lector, pero a mí me suena a salvajada.

Más frecuente que eso son las corridas que en plazas permanentes o portátiles llenan todos los pueblos que, no tendrán para arreglar la fachada de la escuela, pero desde luego no están dispuestos a renunciar a esta diversión. Faltaría más. Pero más allá de la cuestión económica, las corridas de toros y los festejos taurinos en los que se da muerte al animal me parecen una muestra de atraso de esa sociedad y que dice muy poco, o muy mucho, de ella. La lista de contraargumentos contra esa idea es extensa. Que si es una tradición (también lo era quemar brujas), que se trata de una raza, la del toro de lidia, que se extinguiría (¿cuántas especies que ni nos comemos ni matamos por placer siguen vivas?), que sin la muerte no es lo mismo (lo siento, no entiendo qué aporta matar sin objetivo alguno), o que también sufren los animales en los mataderos (los controles cada vez son mayores para impedir irregularidades de este tipo). Aunque probablemente uno de mis favoritos sea que la muerte del toro es noble y que es el culmen a una vida de lujos y que ojalá todos los toros terminaran así.

Pero es que, aún asumiendo, que en absoluto lo asumo, todo lo anterior, aún quedaría algo que rebatir a los defensores de los toros. ¿Qué belleza se puede observar en ver cómo se desangra y muere un animal? ¿Cómo se puede llamar espectáculo a algo que apela a un instinto tan primitivo como reprochable, como es gozar de la muerte de otro ser vivo, por el hecho de matarlo? ¿Qué placer puede obtener una persona de la muerte, sin más, de ese animal? Nunca entenderé por qué no se puede celebrar una corrida sin hacer sufrir al toro. Y por cierto, no, no entiendo de toros, aunque he ido un par de veces y, desde luego, no creo que vuelva. He podido ver cómo el torero hacía cosas (no sabría si se puede llamar arte) que resultaban llamativas, pero en ningún caso me aportó nada la sangre.

Entiendo que los toros tienen un cierto arraigo en la población y tengo mis dudas acerca de decisiones que se han tomado en muchos sitios, tanto para declararlos BIC como para prohibirlos, pues no responden a las verdaderas razones de unos y otros, sino a cuestiones identitarias y políticas. Lo ideal sería que la propia sociedad española fuera demostrando su madurez evolucionando por sí sola hacia otras posturas. Pero siendo sincero, no creo que ocurra. Al final, Gandhi llevaba algo de razón.

PS: Invito al lector a que vea el vídeo del Toro de la Vega 2012 y compruebe el orgullo y locuacidad del lancero entrevistado.

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
laverdad.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.