El triunfo de Aguirre

Se me ha hecho un nudo en el estómago al conocer la noticia este mediodía. Justo cuando España se está quedando huérfana de líderes ideológicos, va Esperanza y dimite. ¿Qué o quién nos queda a los cuatro tarados que creemos en la libertad y en que la mejor forma de gobernar es que el gobierno lo sea cada vez menos? Pasado el choque del primer momento buscando el motivo por el que se iba, hay que reflexionar sobre el legado político que nos deja la Presidenta. Que es mucho, más allá de las cuatro salidas de tono que algunos en las dos trincheras a las que han quedado reducidos el pensamiento y la política en España, se han empeñado y se empeñan en destacar.

Esperanza decía las cosas claras, sin complejos, tomando decisiones difíciles que al final daban sus frutos, tal como se lo reconocían los madrileños. La han acusado de populista, cuando en realidad era hábil y tenía la capacidad de hablar de manera clara y directa, sin necesidad de pasar antes sus palabras por el tamiz sindical y sin pedir permiso a la izquierda para alzar la voz. Ella cree en el individuo y en la capacidad de éste para gestionar su propia libertad, algo que ella misma se ha aplicado. Como ella misma ha dicho, no se puede agradar a todos, pero ni siquiera a los de tu propio partido. Sólo cuando te generas ciertos enfrentamientos, cuando el oponente y alguno de los que supuestamente van contigo te atacan puedes estar satisfecho de tu trabajo, porque significa que lo has hecho posicionándote claramente haciendo uso pleno de tu libertad. Pero claro, todo eso tiene un coste, y ella a veces lo ha pagado, aunque el favor de los votantes ha mitigado en gran medida estos castigos.

Las lecciones de Esperanza Aguirre llegan hasta el final, porque la forma que ha tenido de irse, en lo más alto de su carrera política, con un ciclo, a pesar de todo, favorable al PP en todas las administraciones, con el PP de Madrid en las más altas cotas de poder y respaldo electoral de la historia, es en sí, otro ejemplo. Se va porque no le hace falta la política, porque aunque es una profesional en política, no es una política profesional. Se va porque es libre, porque poco o nada debe a ningún jerarca.

Se va por la puerta grande, mientras que otros se van teniendo que saltar por la ventana de baño que da al patio de luces. A pesar de todo, estoy seguro de que seguirá dando que hablar, porque tiene mucho que decir y que contar. Y algunos seguiremos su estela, defendiendo con vehemencia aquello en lo que creemos, seguiremos siendo liberales desde el convencimiento de que es un modelo que se ha probado y que funciona, sin enjuagues ni concesiones absurdas. Por eso, aunque se vaya, Aguirre no ha sobrevivido, ha triunfado, lo que muchos no han podido ni podrán decir.

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