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Un salvavidas para el Mar Menor

Encontrar el punto de equilibrio, sin apartarse del objetivo prioritario que debe ser la conservación de la laguna, es posible si se actúa con altura de miras, eficacia y transparencia, buscando el mayor de los consensos posibles

Cuando se echa la vista atrás para repasar la historia del Mar Menor es muy fácil dejarse vencer por la melancolía. Nuestra gran laguna costera sigue siendo un ecosistema único en Europa, pero existe una gigantesca brecha entre lo que es hoy y lo que pudo haber sido con un adecuado modelo de desarrollo sostenible. En las páginas de opinión de esta edición dominical lo explica con detalle Ángel Pérez Ruzafa, catedrático de Ecología de la Universidad de Murcia y una de las voces más autorizadas cuando se analizan los problemas medioambientales del Mar Menor. En solo una generación se han producido múltiples actuaciones que han puesto en serio peligro un ecosistema de enorme valor natural, histórico y económico. Algunas son irreversibles, pero otras podrían minimizarse o corregirse. De forma periódica, la preocupación por la salud de la laguna rebrota con fuerza en una Región donde a casi nadie le deja indiferente el devenir de un espacio natural de maravillosa singularidad. La reciente creación de una plataforma social en defensa del Mar Menor, alejada de todo interés político o económico, muestra cómo hay muchos ciudadanos que ya no están dispuestos a asistir, de brazos cruzados, a la lenta agonía de un enclave tan apreciado y ligado sentimentalmente a la vida de los murcianos.

La aparición de este colectivo ciudadano coincide con una nueva oportunidad para corregir el rumbo de este proceso sistemático de degradación. Se trata de un proyecto en manos del Gobierno regional, la Inversión Territorial Integrada del Mar Menor, que está dotado con 45 millones de euros procedentes de fondos europeos. No es la primera vez que nos encontramos ante iniciativas similares, con sus correspondientes anuncios y declaraciones de intenciones, que luego han quedado en agua de borrajas. Las expectativas no colmadas en el pasado invitan ahora a la cautela. Dicho eso, no deberíamos renunciar a la nueva posibilidad que se abre para que, por fin, se actúe con eficacia, coordinando a todas las administraciones y fuerzas políticas con responsabilidades públicas y a todos los sectores que deberían estar implicados en su puesta en marcha, desde hosteleros, científicos, pescadores, agricultores, vecinos, ecologistas… Solo así se lograría un proyecto de todos y para todos. Lo mejor es que todavía estamos a tiempo de preservar un frágil ecosistema que, sin embargo, ha demostrado una enorme resistencia ante todo tipo de agresiones en su entorno.

El objetivo prioritario de ‘vertido cero’ al Mar Menor que se ha fijado el Gobierno regional parece un buen punto de partida. De nada servirán los paseos marítimos previstos si no se controla, como está previsto, el flujo de nutrientes que desembocan desde el Campo de Cartagena a la laguna por el Albujón y otras ramblas. Las actuaciones de conservación deberían ser prioritarias en un conjunto de iniciativas donde no debemos avanzar con las luces cortas sino ponderando las consecuencias a medio y largo plazo. Es preciso huir del efectismo y del rédito inmediato y pensar, sobre todo, en el legado que dejaremos para las próximas generaciones de murcianos. Para fijar prioridades e identificar lo urgente, el Gobierno regional está obligado a actuar con el máximo rigor, aunando las evidencias científicas con las necesidades de todos los sectores económicos, irrenunciables para la Región, que viven directa o indirectamente del Mar Menor. Encontrar el punto de equilibrio, sin apartarse de ese objetivo prioritario de preservación, es posible si se actúa con altura de miras, transparencia y eficacia, buscando el mayor de los consensos posibles. La propuesta de un Pacto por el Mar Menor, surgida de la sociedad civil a través de un grupo heterogéneo de profesionales y vecinos, es una clara llamada de atención en ese sentido y una muy buena señal de que tenemos una ciudadanía sensibilizada y activa, dispuesta a movilizarse para no quedarse al margen de la elaboración de los temas relevantes de nuestra agenda pública. Llevan razón. La Región se enfrenta a muchos retos, pero sin duda éste es uno de los más importantes por todo lo que está en juego.

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