La Verdad

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Fecha: marzo, 2017
Deus ex machina
Alberto Aguirre de Cárcer 29-03-2017 | 1:32 | 0

C’s no apoyará un gobierno alternativo de PSOE y Podemos. Lo que no logró Pedro Sánchez no lo conseguirá Tovar, aquí y ahora. Y si hubiera acuerdo para una moción, PAS podría dimitir minutos antes de la votación y dar paso a otro presidente del PP

Todo es posible de aquí al día de la votación de la moción de la censura porque a lo previsible debemos sumar el azar. ¿Qué hubiera pasado si el guardia civil que dio el chivatazo de la ‘Púnica’ no se hubiera topado a las 4 de la madrugada con Francisco Granados en una discoteca de Valdemoro, un hecho que precipitó la operación policial tres días después de la reunión de los empresarios de la presunta trama en la Consejería de Educación? ¿Qué estaríamos oyendo hoy si el juez Velasco hubiera ordenado también pinchar el teléfono de José Antonio Alonso? ¿Quién habría salido en la foto con Martínez-Pujalte entrando en la Fiscalía General del Estado de no haberlo impedido un atasco de tráfico en Madrid?…

Lo imprevisible tiene su peso. Por eso sucede en política lo mismo que con el tiempo: los pronósticos carecen de certidumbre con una semana de antelación. Dicho eso, a ocho jornadas del día D puede darse por seguro que no habrá un gobierno de PSOE y Podemos durante dos años, con el apoyo de Ciudadanos. Para los cuatro partidos, son días de teatrillo y de meter presión al resto, pero parece imposible que Ciudadanos apoye una moción como la planteada por el PSOE, por mucho que entre los 25 puntos de su oferta haya propuestas electorales de C’s, como el cheque-formación o la ley de la segunda oporturnidad. Lo que no consiguió en Madrid el ex secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, no lo va a lograr aquí y ahora González Tovar. Ni siquiera si el candidato fuera otro diputado socialista. Menos aún cuando puede darse por descontado que el juez Pérez-Templado no habrá podido decidir sobre el ‘caso Auditorio’ antes de la moción de censura. Ciudadanos está sufriendo ya un desgaste importante con la permanencia de Pedro Antonio Sánchez en San Esteban, pero la erosión sería mayor, ante sus votantes, si propicia un gobierno PSOE-Podemos. La única opción factible es que el PSOE se avenga a una moción para convocar, lo antes posible, una llamada a las urnas. Muy claro tendrían que estar los términos y plazos del acuerdo para que esa vía sea aceptada por Ciudadanos. Y vencer las resistencias de los socialistas será complicado porque Tovar es consciente de que su candidatura no está asegurada. Más bien al contrario.

Lo que suceda no solo va a depender de Ciudadanos, PSOE y Podemos. El PP aún tiene margen de maniobra. Génova no quiere, por encima de todo, perder la presidencia regional. Llegado el caso, si la moción cuaja y aún está pendiente la resolución del juez, como es probable, minutos antes de la votación de la moción de censura, instrumental o para un gobierno alternativo, Pedro Antonio Sánchez podría presentar su dimisión ese 6 de abril. Como en las tragedias griegas, habría deus ex machina en el último acto. El reloj se pondría a cero como si hubiera habido elecciones. Y un par de semanas después, el PP presentaría, como formación mayoritaria, otro candidato que encontraría el apoyo de Ciudadanos, al ver colmada su principal reclamación: la salida de PAS.

¿Quién sería el sustituto? Encina de la mesa están los alcaldes de Archena (Patricia Fernández), Ye-cla (Marcos Ortuño) y Lorca (Francisco Jódar), además de Fernando López Miras, coordinador del PP, vicesecretario de la Asamblea y mano derecha de PAS. La elección dependerá de Génova, oído el criterio del líder regional, y del momento en que haya que tomar la decisión, si llega esa tesitura. Si el TSJ no hubiera resuelto el ‘caso Auditorio’, lo que es posible porque la decisión de Pérez-Templado, sea cual sea, será recurrida a la Sala de lo Civil y lo Penal, el candidato con más papeletas sería Fernando López Miras. ¿Por qué? El más fiel escudero de PAS no dudaría en convocar elecciones anticipadas si el actual presidente quedara libre del caso, convirtiéndose de nuevo en candidato. Hoy el PP rechaza unas elecciones, pero tendría fácil justificación ante la opinión pública si quedase absuelto. Sin que exista ninguna certeza, los populares están alentando la posibilidad de que el caso será archivado en cuestión de días para meter miedo a sus rivales hasta el punto de que algunos lo están interiorizando. Es evidente que puede pasar eso como lo contrario, o que también venga en este lapso de tiempo un auto del juez Velasco solicitando la imputación por la ‘Púnica’. El partido que resista más la presión será quien se lleve el gato al agua. Pero, analizado el abanico de posibilidades, hay cuestiones con nulos visos de prosperar, como un gobierno alternativo de PSOE y Podemos.

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El reto del maniquí
Alberto Aguirre de Cárcer 26-03-2017 | 7:52 | 0

Lo dijo Camilo José Cela en presencia del Rey cuando recibió hace treinta años el premio Príncipe de Asturias: «En España, quien resiste gana». Otro gallego, Mariano Rajoy, ha hecho de la máxima del Nobel de Literatura toda una filosofía política que le ha reportado indudables réditos porque ha sabido completarla con una estrategia de supervivencia frecuente en el reino animal: en los momentos de peligro, mejor es permanecer quieto que moverse. Un banderillero llamado Tancredo López la convirtió en una suerte taurina que consiste en esperar, impertérrito aún a riesgo de una embestida letal, la salida del morlaco. Pocos como Rajoy dominan ese arte de la petrificación y de la capacidad para ponerse de perfil a la espera de que el adversario yerre una y otra vez en sus acometidas, terminando por perder el resuello de tanto baldío esfuerzo. De hecho, hace tiempo que en España las elecciones no se ganan por adhesión entusiasta de los votantes sino por los errores estrepitosos de los adversarios. La búsqueda del éxito político ha derivado en España en un ejercicio de pura resistencia y de capacidad para atemorizar a los votantes con las funestas alternativas que representan los otros, sean quienes sean. En el centro de la arena política, el presidente murciano Pedro Antonio Sánchez está ahora en la encrucijada de apostar por el quietismo o por hacer un requiebro en el último instante ante la inminente llegada de un bicharraco negro en forma de moción de censura que salió de chiqueros con torva mirada. Por mucho que advierta al tendido de las consecuencias que tendría el pitonazo, su suerte está en manos de terceros que no están en eso o no les afecta lo más mínimo lo que diga porque precisamente piensan lo contrario que él. Su supervivencia depende, por un lado, de la decisión que tome un magistrado del TSJ de Murcia y, de otro, de las estrategias que, a una eternidad en tren de la Región, enhebran Fernando Martínez-Maillo (PP), José Manuel Villegas (Ciudadanos) y Antonio Hernando (PSOE) en clave regional y nacional. Entretanto, a PAS le quedan pocas opciones y todas entrañan riesgos. Moverse, activando un plan B, o permanecer inmóvil, confiando en el archivo del caso o en que fracase la moción por falta de entendimiento de la oposición. El toro tiene intenciones maliciosas, pero a primera vista parece cojitranco. Moverse para evitar la cornada consistiría en anticiparse a la admisión de la moción de censura del PSOE por la Mesa de la Asamblea y presentar, antes de las 9 de la mañana del lunes, una convocatoria anticipada de elecciones. Esa posibilidad fue descartada hace unos días por el presidente, aunque entonces la moción de censura era solo una hipótesis. Esta salida podría ser tentadora para PAS porque se iría a votar a las urnas cuando ya habría decidido el juez Pérez-Templado si le procesa o archiva su caso. Sin embargo, entraña demasiados riesgos para el PP regional, cuya línea roja fijada desde Madrid es evitar a toda costa la pérdida del Gobierno regional. Solo en el supuesto de que la querella quedara archivada, los populares podrían tener ‘a priori’ una representación parlamentaria superior a la actual, aunque, con la circunscripción única de la nueva ley electoral, lo más probable sería que hubiera una mayor atomización de la Asamblea, de la que no se beneficiaría precisamente el PP. Más aún con la posible entrada en liza de Alberto Garre al frente de una agrupación electoral. Por eso, ayer se daba por descartada esta vía de escape desde las filas populares.

La otra opción es no precipitarse y esperar a que fracase la moción de censura del PSOE por la falta de apoyo de Ciudadanos, dispuesto a echar a PAS del Gobierno solo si es para ir a nuevas elecciones. La reunión de la ejecutiva naranja de mañana será clave porque Rivera tendrá que decidir entre la continuidad del presidente o aliarse con el PSOE y Podemos para facilitar un gobierno alternativo, una decisión que tendría difícil explicación ante sus votantes y más después de que el presidente de Ciudadanos manifestara hace solo unos días que el socialista González Tovar debe quitarse de la cabeza el sueño de ser presidente regional. Aún así, nada hay seguro. A nadie se le escapa que la gobernabilidad de Murcia no está en juego solo porque se ha incumplido un pacto de investidura regional sino también porque es una pieza más de las estrategias nacionales de PP y Ciudadanos, muy marcadas por sus solapamientos ideológicos y electorales, y por la falta de sintonía personal entre Rajoy y Rivera. El primero preferiría pactar los grandes asuntos con un PSOE liderado por Susana Díaz que con quien le araña su granero de votos y le afea sin parar su inacción contra la corrupción. Y como el segundo lo sabe, no está dispuesto a convertirse en una muleta instrumental de usar y tirar. Rivera apoyará la aprobación de los Presupuestos, pero el voto contrario al decreto de la estiba y la alianza con PSOE y Podemos en las iniciativas para investigar la financiación del PP hacen intuir que C’S no dejará de buscar una fórmula para no quedar en entredicho en el caso de Murcia, ganando todo el tiempo que sea necesario hasta dar con ella. De ahí que para el PP de Murcia esperar a que fracase la moción entrañe también sus riesgos, más aún cuando el ‘caso Auditorio’ no tiene garantizado el fin de su instrucción a lo largo de la próxima semana. A día de hoy, los populares siguen sin plan B porque están convencidos de que, por coherencia, C’s no apoyará la moción de censura del PSOE, aunque no es descartable que, llegado el caso, Pedro Antonio Sánchez termine por sopesar en solitario, por muy duro que sea, una vía para asegurar la gobernabilidad del PP, como la posibilidad de presentar sobre la marcha un candidato alternativo durante el debate de la moción de censura.

El PP termina una semana de infarto convencido de que quien resiste gana. El tancredismo galaico del líder ha imbuido a todo su partido, pese a que practicado con asiduidad y sin destreza deja lesiones de pronóstico reservado. Cualquier cosa puede pasar. «Es evidente que yo no lo sé», dijo ayer Rajoy, antes de adentrarse en las brumas de su particular bosque animado de donde a veces sale una frase que tiembla el misterio: «Si lo supiera estaría en una situación diferente a la que estoy hoy». Fiel al estilo del jefe, el PP está por el quietismo y a verlas venir. En modo ‘mannequin challenge’ y rezando para que el toro pase de largo.

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El señor de Murcia
Alberto Aguirre de Cárcer 19-03-2017 | 7:39 | 0

Desde 1995, con las apabullantes mayorías absolutas de Valcárcel, el PP ha podido presumir de que es el partido que más se parece a la Región de Murcia. Un intenso crecimiento económico completado con el maná de los fondos europeos, una oposición desarbolada y hundida con la derogación del Trasvase del Ebro frente a un partido convertido en una perfecta máquina electoral, una hábil instrumentación política de la reivindicación del agua y las infraestructuras, una incrustación en el tejido social trenzada con habilidad, empatía y ayudas públicas, un indiscutible liderazgo interno de quien supo dar juego a los suyos, rodeándose de pesos pesados… Es una larga combinación de factores la que hizo del PP, en una región de ideología mayoritariamente conservadora, todo un ejemplo de éxito político, especialmente en sus primeros ocho años. Más tarde, el coloso empezó a flojear abruptamente con la llegada de la crisis económica y el distanciamiento con una sociedad donde bullía el anhelo de una profunda regeneración da la vida pública. Esa comunión perfecta con el electorado se diluyó cuando bajó la marea, hubo que gestionar las vacas flacas y se comprobó que el rey estaba desnudo. Veinte años después quedó patente un legado significativo de nuevas carreteras, hospitales, depuradoras… pero también un modelo productivo fallido y una patente incapacidad para resolver los grandes problemas de la Región, como la falta de agua e infraestructuras. Y donde no había problemas se crearon por miopía o desidia, como sucede con el Mar Menor. Costosos ‘elefantes blancos’ como el aeropuerto de Corvera o la desaladora de Escombreras siguen todavía lastrando a la Región, pero aún así el PP sigue proyectando más atributos positivos que sus adversarios ante la opinión pública. De hecho pudo haber logrado la mayoría absoluta en las autonómicas de 2015 si Valcárcel y Pedro Antonio Sánchez no la hubieran tirado por la borda por el empeño en mantener a Pilar Barreiro, un activo de gran valor durante muchos años que derivó en una previsible y pesada losa electoral. El resultado fue la pérdida de 146.000 votos, 11 escaños y el fin de la mayoría absoluta en la Asamblea, por un solo diputado.
La crisis económica y el desafecto hacia la clase política hicieron mella en una sociedad murciana que cambió más rápido que el PP, que vio cómo un alto porcentaje de sus votantes se refugiaron en la abstención y en Ciudadanos. De lejos sigue siendo hoy la opción mayoritaria, pero tenía pendiente una renovación de liderazgos, políticas y mensajes si no quería continuar pendiente abajo. La oportunidad le llega de la mano de Pedro Antonio Sánchez, el delfín de Valcárcel que quiere marcar su propia impronta, investido ayer como presidente del partido por abrumadora aclamación. La posibilidad de que pueda acabar siendo procesado por el ‘caso Auditorio’ no ha mermado la confianza de los suyos, que lo arropan monolíticamente. Tiene el aprecio y la confianza de sus militantes. De entre todos ellos es el que reúne las mayores cualidades para dirigir el partido.
Tiene juventud, suficiente experiencia, ímpetu, empatía, ganas de hacer y una enorme capacidad de trabajo, cualidades que vienen a suplir otras carencias y defectos, como la obsesión por la hipervisibilidad, el relato icónico y la elección de no pocos colaboradores de discretos méritos, más allá de la fidelidad a su liderazgo. No es Churchill (como yo no soy Larra) pero demuestra estar hecho de una pasta especial. Sangre, sudor y lágrimas. Antes que tirar la toalla, se la come. Y todo por un rasgo, el esencial y definitorio de su personalidad: la ambición política. Es su mayor activo. Dinamiza a sus equipos, se fija objetivos y se lanza a por ellos. Pero también es su talón de aquiles. Si mantuvo contactos que no fructificaron con los empresarios de la ‘Púnica’ o tramitó el Auditorio de forma chapucera de principio a fin habría sido por esa irrefrenable ambición por triunfar en política desde que participó en un mitin con 14 años. Le conozco lo suficiente para saber que no aspira a privilegios personales o a vivir por encima de sus posibilidades. Con su chaqueta con coderas y su ausencia de complejos por sus orígenes humildes, PAS no está en eso ni para eso en política.
Dicho lo cual, sinceramente no sé qué haría para ganar unas elecciones o por su partido. Si se pasó de frenada y vulneró el principio de legalidad, de manera consciente o no, es una cuestión que deben dilucidar los jueces. Y si el TSJ determina que hay evidencias para procesarlo deberá responder por ello y tendrá que irse. La Región perdería a uno de sus mejores políticos, pero mantendría intactos los principios democráticos del Estado de derecho, aquellos que históricamente han defendido la gente de orden que respeta el cumplimiento de la ley y el trabajo de jueces, fiscales y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por encima de intereses partidistas o personales. Si supera el trance judicial, sus actuales adversarios que le han investigado hasta la saciedad quedarán tocados ante la opinión pública, aunque tampoco él saldrá completamente indemne de esta crisis política. De su discurso inicial, a la par regeneracionista y reformista, ya solo queda lo segundo. Deberá recuperar rápidamente su crédito personal dado que es indiscutible que rompió su pacto de investidura, incumplió la palabra dada y para defenderse creó un relato donde se entrevera lo real con lo ficticio. Y la Región está necesitada tanto de un liderazgo fiable como de esos acuerdos políticos por el agua, las infraestructuras y la educación que él mismo ofertó a una oposición donde ya no encontrará un puente de conexión en pie.
Por el contrario, el interno del PP es una balsa. La etapa abierta tras 25 años de valcarcismo arrancó ayer con un cierre de filas con PAS en un congreso marcado por el trasfondo de su situación judicial. Un cónclave de adhesión personal, reivindicativo sobre el proyecto popular y con duras críticas al líder socialista, Rafael González Tovar. Sin un ápice de autocrítica, excepto cuando Valcárcel asumió, en un gesto que le honra, toda la responsabilidad de los proyectos fracasados. Sánchez renovó ampliamente la cúpula dirigente del partido combinando experiencia y juventud, pero también en clave de lealtades personales. Apostó sobre seguro al elegir como secretaria general a Maruja Pelegrín, un ejemplo de seriedad y rigor que cuenta con el respeto de todos los militantes. Con ello eliminaba cualquier señalamiento que pudiera interpretarse en clave sucesoria por si el ‘caso Auditorio’ le dejara en fuera de juego. Potencia a sus dos ‘pretorianos’ (Víctor Martínez y Fernando López Miras), Patricia Fernández y Marcos Ortuño se quedan como estaban y Teodoro García sigue de enlace en Madrid. No hay plan B ni más líder que el ‘señor de Murcia’, como le llamaron Rajoy y el fiscal general del Estado.

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‘Los otros’ de la política
Alberto Aguirre de Cárcer 18-03-2017 | 1:03 | 0

La coyuntura política regional me recuerda un episodio que viví en una redacción de periódico donde, como decía el colega Enric González, cada mesa era un Vietnam. Se barruntaba una revolución en la cúpula, pero los afectados lo desconocían o lo disimulaban bien. Los redactores que intuían el relevo se referían a los defenestrados en ciernes como ‘Los Otros’: están muertos pero no lo saben, decían, como Nicole Kidman y los dos críos de la película de Amenábar.

En la arena política murciana se presagian luctuosos acontecimientos en las próximas semanas o meses. La crisis abierta por la investigación al presidente, y las que discurren en paralelo, se cobrarán cabezas. ¿Cuántas y cuáles? ‘Los Otros’ de la política regional pueden ser uno, dos, tres e incluso cuatro. Es tan posible que los cuatro líderes sigan en sus puestos a final de año como que no quede ninguno. Pedro Antonio Sánchez saldrá hoy elegido presidente del PP con el apoyo unánime del partido, pero su destino está ligado a una resolución del TSJ. Desde ayer se sabe que Pérez-Templado no resolverá antes del 27M, lo que traslada toda la presión a Miguel Sánchez. Al líder regional de Ciudadanos le tiemblan las piernas y cualquier día, visto que PAS no afloja, nos sorprende incluso con su dimisión. Si finalmente hay moción de censura y convocatoria inmediata de elecciones tampoco está claro que Sánchez fuera el candidato de C’s. Para Tovar, el último tranvía es ocupar San Esteban por la vía de la moción de censura. Si falla estaría listo de papeles. La gestora del PSOE no quiere elecciones anticipadas antes del congreso regional, donde las alcaldesas del PSOE quieren dar un golpe de timón en busca de otro liderazgo.

Y los ‘pablistas’ de Podemos ya han comenzado a moverle la silla a Urralburu. Si no prospera la moción de censura, sus adversarios encontrarán otro motivo para precipitar su caída con la ayuda de Madrid. Ya ven, ‘Los Otros’ pueden ser todos.

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Lentejas para todos
Alberto Aguirre de Cárcer 12-03-2017 | 7:58 | 0

Es muy probable que haya hoy más españoles que sepan de la existencia de un Auditorio en Puerto Lumbreras que de la infraestructura hidráulica que da trabajo a cien mil personas en el Sureste

El pasado 15 de febrero, en medio del eco ensordecedor por el pronunciamiento de la Fiscalía Anticorrupción contra la investigación al presidente Sánchez por el ‘caso Púnica’, uno de los columnistas españoles más influyentes escribía en la contraportada de ‘El Mundo’ un artículo titulado ‘Matando el Tajo’. «El trasvase al Segura se ha llevado miles de hectómetros cúbicos y el cieno crece en los pantanos. Emiliano García-Page dice, amargamente, que la naturaleza decidió que el Tajo iba al Atlántico y la política decidió con el trasvase que desembocara en el Mediterráneo», escribía Raúl del Pozo, quien arrancaba su artículo con versos de Garcilaso, entraba en materia con prosa ya descarnada («Por Toledo fluye el río lleno de mierda») y terminaba de la siguiente forma: «La situación de los pantanos, de donde sale el agua para los trasvases, es angustiosa, mientras se recrudece la guerra del agua entre partidos, territorios, ‘famiglie’, constructores, hoteleros, ‘lobbys’ hídricos y políticos rateros».

Lo que me sorprende de esta columna no es su contenido. Me sé de memoria la letra, la música e intuyo quién susurra la melodía. Y aunque discrepo abiertamente del artículo (no digamos ya de su apostilla), respeto todos los puntos de vista. No son pocos los textos que no comparto y que publicamos en las páginas de opinión para favorecer la libre contraposición de ideas. Lo que me impresiona es que quede sin respuesta argumental porque no hay nadie, de semejante influencia en Madrid, dispuesto a desmontar esa historieta sobre la codicia hídrica y la falta de sensibilidad medioambiental de los murcianos. Es verdad que lo ponemos difícil cuando cualquier observador repara en la desidia política acumulada durante tantos años en la protección del Mar Menor. Lo malo es que a esa crisis de credibilidad ganada a pulso se suma la escasa influencia para introducir asuntos y mensajes de Región en la agenda nacional a través de los medios que crean opinión pública en la capital, donde se dirimen los asuntos territoriales. A otras comunidades ni les hace falta hacer ‘lobby’ en La Moncloa. Hace solo unos días, el PNV ya hizo valer su peso decisivo de cara a la cuentas del Estado para obtener de Fomento un soterramiento de lujo para el AVE en Bilbao. Si todos los tertulianos que durante un mes se han pronunciado, a favor y en contra, sobre la situación del presidente Sánchez hubieran hablado de nuestro déficit hídrico y de la aportación al PIB nacional de nuestra agricultura quizá no se hubiera solucionado absolutamente nada, pero al menos sabrían un poco de nuestras debilidades y fortalezas económicas. Quizá no hay ‘share’ televisivo que resista eso, supongo. Lo cierto es que hoy es probable que haya más españoles que sepan de la existencia del Auditorio de Puerto Lumbreras que de esa infraestructura hidráulica que desde hace décadas da trabajo a 100.000 personas en el Sureste. Visto el éxito cosechado desde Murcia para colocar en Madrid argumentarios de parte sobre los casos ‘Auditorio’ y ‘Púnica’ (no hay tertuliano o político que no opine de esos sumarios, sus aristas políticas y posibles consecuencias), no puedo dejar de preguntarme si ese mismo esfuerzo con los asuntos de interés general (infraestructuras, agua, energía solar…) fue tan intenso en el pasado como debía haber sido.

Con ello no quiero minimizar lo que está sucediendo en nuestra Comunidad. Al contrario, está sumida en una de las mayores crisis políticas de su historia democrática por la investigación judicial a su presidente. El daño reputacional es ya incuestionable. Pero tengo la impresión de que en buena parte se consolida como un problema nacional porque de alguna forma ha sido utilizado por Rajoy y Rivera para perfilar sus diferentes estrategias en este conflictivo e inédito arranque de legislatura con un gobierno sin mayoría parlamentaria. Somos, de alguna forma, una especie de laboratorio político donde los líderes nacionales miden sus fuerzas, actuales y futuras. Si el juez Pérez-Templado no resuelve en uno u otro sentido antes del 27 de marzo, el desenlace final se decidirá en los cuarteles generales de los partidos en función de diversos intereses. Hoy, con los Presupuestos del Estado sin visos de prosperar sin el apoyo del PSOE, el ambiente político desprende un nítido aroma preelectoral que Rajoy intentó disipar el viernes en Bruselas. Entre otras razones porque hablar allí de elecciones anticipadas es poco menos que mentar la bicha. El plazo constitucional para otra llamada a las urnas queda expedito el próximo 3 de mayo. Entonces ya se verá.

Aquí seguimos a la espera de acontecimientos, con los partidos en modo tregua, y sin saber cómo acabará el pacto de las lentejas firmado por Pedro Antonio Sánchez y Miguel Sánchez (C’s). Un pacto fáustico, aunque en esta ocasión el supuesto ‘diablo’, ante la queja de que el desahucio de San Esteban era una cláusula abusiva que además habría decaído con un cambio terminológico legal, se muestra dubitativo y acumula dos ultimátum. Ciudadanos quiere dejar una puerta abierta. Sabe que el sobreseimiento es tan posible como el procesamiento del presidente, aunque parece ignorar que es probable que Pérez-Templado no haya podido decidir antes del día 27. En ese caso, el embrollo será colosal porque lo que no le habría solucionado el juez querrá que lo hagan los electores, con el riesgo de que después de una moción de censura y una llamada a las urnas, Sánchez quedase desimputado antes de votar los murcianos. Ahí está el caso de la consejera Martínez-Cachá como recordatorio. Hace semanas apunté que aquí huele a ‘cadáver político’, pero aún hoy sigue sin estar claro qué bando será el escuadrón suicida en este tablero dominado por el inmovilismo de unos, las dudas de otros y las prisas de un cuarto.

Pronto arrancará el debate del modelo de financiación autonómica, una batalla que, con el órdago separatista catalán, será a cara de perro. Justo en nuestro mayor momento de debilidad institucional, con el destino inmediato de la Región depositado increíblemente sobre los hombros de un juez del TSJ, mientras otro sopesa en la Audiencia Nacional si envía un misil judicial a Murcia por la ‘Púnica’. Agua faltará, pero desgraciadamente nos vamos a hinchar a lentejas. Hay lentejas para todos. Queramos o no.

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