La Verdad

img
La política suspende
img
Alberto Aguirre de Cárcer | 29-10-2017 | 21:39

A falta de año y medio para las elecciones autonómicas, el estudio de opinión pública que ‘La Verdad’ publica este domingo refleja un toque de atención de la sociedad murciana a sus políticos. Casi la mitad de los encuestados opina que la situación política es mala o muy mala (el 60% cree que es similar a la de los tiempos de Valcárcel) y está sumida en una enquistada inestabilidad. Aunque más del 50% piensa que es positiva la existencia de un gobierno sin mayoría absoluta, tres de cada cuatro personas manifiestan que los partidos regionales no están siendo capaces de colaborar entre ellos por el bien de la ciudadanía. Ninguno de los líderes regionales sobresale o alcanza el aprobado. Solo un 10% considera que los políticos actuales son mejores que los de anteriores legislaturas. De hecho, para el 62% son iguales a los de hace unos años. A unos les votarán más y a otros menos, pero en esta fotografía panorámica nadie sale favorablemente retratado. La aparición de dos nuevos partidos (Ciudadanos y Podemos) no ha supuesto a la postre una mejora en la percepción pública. El efecto de la ‘nueva política’ que abanderaban las formaciones emergentes se ha diluido con gran rapidez. Si existe realmente otra forma de hacer política, la gente no la percibe. Superado el ecuador de la legislatura, todavía marcada por la grave crisis a causa de la imputación y renuncia del expresidente popular Pedro Antonio Sánchez, este estudio deja un sabor amargo porque, en definitiva, ahí sigue la brecha de desafecto entre los ciudadanos y sus representantes electos, lo cual sigue siendo tremendamente negativo para el bien común e injusto para muchos políticos, de todos los partidos, que han asumido con honradez y voluntad de servicio una tarea que hoy no resulta gratificante (basta con asomarse a las redes sociales), salvo para aquellos que no tienen otra alternativa mejor en sus vidas.

Las razones son múltiples y complejas porque en muchos aspectos la calidad democrática ha experimentado en la Región de Murcia una clara mejoría en muy poco tiempo. Tenemos una Asamblea Regional claramente revitalizada y en el centro del debate público, la lucha contra con la corrupción ha salido reforzada, se han dado pasos (aún insuficientes) en transparencia y participación, y ha habido un innegable esfuerzo de los partidos por abrirse a la sociedad y mejorar sus mecanismos de participación interna (en algunos casos). Pero dicho todo eso, persisten los viejos vicios partidistas y la sensación de que, en términos generales, los mejores y mejor preparados no están presentes en la vida política murciana. Los partidos parecen haber olvidado que, estando en franco retroceso los vínculos de identificación ideológica o sentimental, lo que prima hoy en la ciudadanía es una relación instrumental con los políticos. La mayoría social desea simplemente que sus representantes resuelvan los problemas colectivos por la vía del acuerdo y el consenso. Que sean parte de la solución y no generadores de nuevos conflictos que sometan a la vida pública a una tensión adicional a la ya existente por una recuperación económica que dista de haber llegado a todos los murcianos. Resulta descorazonador para muchos observar que en algunos asuntos relevantes para la Región haya tanta incapacidad, y voluntad, para alcanzar posiciones comunes y superar desafíos que hasta ahora parecían consensuados. Dado que las elecciones autonómicas asoman ya en el horizonte, no conviene hacerse ilusiones. Al contrario, es muy posible que las posiciones y actitudes se fortifiquen. A estas alturas nadie le regalará nada al adversario. No hay nada peor que una sociedad sin pulso y nervio político que entre en un indeseable adormecimiento. Pero tanto tanto ruido y tan pocas nueces es igualmente frustrante.

Estos días asistimos, con aflicción, al lastimoso resultado de un proyecto de ingeniería social iniciado hace décadas por los nacionalistas catalanes para desgajar una parte del territorio español. Las aspiraciones de los separatistas, legítimas pero labradas a fuerza de adoctrinamiento, sectarismo y atajos en las leyes, desembocaron a la postre en un golpe ilegal y antidemocrático que ha causado a Cataluña una honda fractura social, ha dañado a su economía y ha terminado por limitar temporalmente su propio autogobierno. El Estado de derecho permitirá recuperar el orden constitucional, pero quién sabe si harán falta varias generaciones para restañar las heridas abiertas en el tejido social. La política es una arma poderosa para transformar la sociedad. Hagamos buen uso de ella. A veces produce desastres de incalculables consecuencias.

Etiquetas

Otros Blogs de Autor