La Verdad

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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
España sale del bloqueo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-10-2016 | 7:54| 0

En el llamado sexenio democrático o revolucionario (1868-1874), España vivió un destronamiento, un régimen provisional, una regencia, una monarquía democrática, una abdicación, una república federal, otra unitaria, varias guerras civiles simultáneas, un nuevo régimen provisional y, finalmente, la restauración de la dinastía destronada al inicio de ese convulso periodo. 2016 no llega ni de lejos a esas cotas de inestabilidad, pero no ha existido desde la Transición democrática otro año con semejante grado de interinidad. Después de más de trescientos días de Ejecutivo en funciones, dos llamadas a las urnas con sendas investiduras fallidas y varios pactos frustrados, Mariano Rajoy se convirtió ayer en presidente del Gobierno. Y curiosamente, después de todo, con el menor rechazo de nuestra reciente historia democrática porque el principal partido de la oposición, el PSOE, no votó ayer en contra de la investidura, sino que se abstuvo en su inmensa mayoría. Solo Pedro Sánchez, que dimitió horas antes, y quince diputados socialistas se mantuvieron fieles al ‘no es no’.

La investidura de Rajoy abre una legislatura de duración incierta, pero a buen seguro tormentosa, para un Gobierno sin un pacto de legislatura y en franca minoría ante una oposición muy fragmentada que saldrá a morder. Cualquier iniciativa legislativa deberá pactarla con más de un grupo de la oposición, que tendrá a merced al Ejecutivo en las votaciones parlamentarias, salvo en aquellos proyectos que implican gastos adicionales porque el Ejecutivo retiene en su mano el escudo de la ley de estabilidad presupuestaria. Esa debilidad parlamentaria supone, sin embargo, una oportunidad para desatascar reformas pendientes de calado, como el modelo de financiación autonómica, el pacto por la educación, el sistema público de pensiones y quién sabe si la reforma constitucional, el problema catalán, el ansiado pacto nacional del agua y la reforma del modelo energético. Más le vale a Rajoy elegir a ministros con talante negociador y habilidad política porque se avecinan tiempos de ineludibles pactos. No es el presidente muy dado a los cambios sobre la marcha. De hecho, ya mantuvo en su anterior equipo, hasta que la presión fue insoportable, a varios ministros (Wert, Mato, Soria..,) que no dieron la talla desde el primer minuto. A otros, los más cercanos (Fernández Díaz y Margallo), los sostuvo contra viento y marea hasta el final. Ahora que Rajoy tendrá que ganarse la estabilidad día a día, ya no podrá optar por otro gabinete de viejos amigos y colaboradores. La elección de sus ministros, que se conocerá el jueves, será el primer mensaje de esta nueva etapa de diálogo forzoso al que Rajoy se cuidó muy mucho ayer de poner límites. No puede olvidar, sin embargo, que le corresponde a él y a su partido tomar la iniciativa para procurar los acuerdos que garanticen la legislatura más estable y fructífera.

Pese a que todos los candidatos acudieron a las segundas elecciones con la promesa de que no habría unas terceras, el desbloqueo solo llegó con el ‘golpe de los coroneles’ socialistas liderado por Susana Díaz contra Pedro Sánchez. La batalla por el control del partido se cobró la cabeza del exsecretario general, que ayer, al anunciar que abandona su escaño, dejó claro que no renuncia a volver a coger el timón del PSOE en unas primarias. Su petición de que la gestora las convoque de inmediato revela sus intenciones. Cuanto más tiempo pase, fuera ya del hemiciclo, menos oportunidades tendrá. Tan claro como que Susana Díaz hará lo posible por retrasarlas al máximo.

La guerra del PSOE tiene muy mal pronóstico. El pasado domingo, como si invocaran inconscientemente la primera frase de una canción de Georges Brassens (‘Morir por una idea es una idea excelente’), llegaron al Comité Federal del PSOE los postulantes del ‘qué parte del no no entiende’ dispuestos a defender su hoja de ruta ¿suicida?: acudir a terceras elecciones sin candidato, divididos y sin un proyecto aglutinador. Pero en Ferraz se toparon con un coro más numeroso de partidarios de la abstención para evitar una debacle electoral . Y así prevaleció finalmente otro verso de la canción de Brassens (‘Muramos por una idea, de acuerdo, pero que sea de muerte lenta’). Susto o muerte, ese era el dilema. Parece que prevaleció la primera opción, aunque según qué bando relate la historia no queda claro cuál de los dos caminos (el no o la abstención) podría conducir al partido socialista a su cadalso. En realidad, no importa tanto quién tuviera razón en esta encrucijada. Lo grave no era el dilema sino la evidencia de la profunda fractura interna en un partido con mil voces. No es un descosido, es un roto imparcheable, que precisa de un traje nuevo y de un líder que lo porte y lo exhiba con convicción. En esta guerra trufada de descalificaciones personales han olvidado hasta la reacción más instintiva en situaciones de peligro. Desde que los humanos se convirtieron en bípedos, agruparse es la mayor garantía para la supervivencia cuando no cabe la huida. Cerrar filas, lo llaman los políticos. Han optado, por el contrario, por desollarse en directo a la vista de todos. Convertido Ferraz en un trasunto del rancho de Waco emerge una pregunta: ¿si tanta desconfianza suscitan los unos en los otros, y viceversa, quién de fuera puede confiar hoy en ellos? Que sirvan de consuelo para los militantes socialistas las intervenciones en la sesión de investidura de posibles compañeros de viaje que no pudieron ser: Pablo Iglesias, otrora el mejor activo y hoy el mayor lastre de Podemos, y el diputado Gabriel Rufián (ERC), abochornante con su vomitivo derroche de bilis.

España necesita un PSOE sólido y unido, pero la respuesta a los problemas del país no puede esperar a la recomposición de los socialistas. La sociedad civil murciana demanda al nuevo Gobierno soluciones, y no más parches, para su déficit hidrológico, financiero y de infraestructuras. Son solo tres de una larga lista de reclamaciones de una Región muy dependiente de las decisiones adoptadas en Madrid. En medio de esta nueva legislatura tan compleja, los diputados murcianos van a tener que pelear mucho para introducir esas aspiraciones en la agenda política nacional. Ya pueden ponerse a trabajar desde hoy.

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Payasada diabólica
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Alberto Aguirre de Cárcer | 28-10-2016 | 9:55| 0

Convertido el Parlamento en una prefiesta de disfraces propia de Halloween (el no de ayer a Rajoy será mañana abstención), Pablo Iglesias escogió el papel del ‘payaso diabólico’ para continuar, supongo, con aquello tan ingenuo de dar «miedo a los poderosos». Pero más que terror lo que produce es repelencia cuando espeta que «hay más delincuentes potenciales en esta Cámara que allí fuera», en alusión a la protesta que rodeará mañana el Congreso de los Diputados. En su afán por erigirse, por las vías de la polarización y la crispación, en el líder de la oposición, Iglesias se ha abonado a los excesos. Como ya es costumbre, el PP entró al trapo, que para eso está siempre presto Rafael Hernando, otro dechado de moderación. Se ve que en política esto de las payasadas diabólicas es viral. Ayer mismo se oyó en la Región otra genuinamente estúpida.

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Una mirada al futuro
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Alberto Aguirre de Cárcer | 23-10-2016 | 8:10| 0

En la novela de P. D. James ‘Hijos de los hombres’ (1993), llevada magistralmente al cine por el director mexicano Alfonso Cuarón, la humanidad está condenada en 2021 a la extinción por su incapacidad para tener descendencia. La realidad está todavía muy lejos de la ficción ideada por la escritora británica, aunque los últimos datos del INE reflejan una crisis demográfica en nuestro país que es ciertamente preocupante. Dentro de cincuenta años España habrá perdido más de cinco millones de habitantes, uno de cada tres tendrá más de 65 años y nacerán menos de 300.000 niños. Viviremos más, aunque en creciente soledad. En solo tres lustros, uno de cuatro hogares estará habitado por una única persona en la Región, que será una de las pocas que no decrecerá en población. ‘La Verdad’ ha querido echar un vistazo más profundo a la Región que heredarán nuestros hijos y nietos y ofrece hoy en un amplio reportaje las proyecciones que maneja la Comisión Europea para 2050. En efecto, no perderemos población y crecerá nuestro PIB per cápita, pero habrá un 11% de trabajadores menos en las dos grandes áreas metropolitanas, mientras que las infraestructuras residenciales, industriales y comerciales irán ganando terreno a los espacios verdes. Aunque el futuro no está escrito y la prospectiva es una rama científica llena de incertidumbres, las tendencias observadas en la Región de Murcia no constituyen un hecho aislado, sino que se enmarcan en procesos globales que avanzan con una fuerza arrolladora. Somos una pequeña rama en un río de aguas bravas. Los datos de la Comisión Europea invitan a un análisis pausado sobre los cambios que los propios mercados y las autoridades están ya impulsando. Fomentar la digitalización y la industria 4.0 será positivo para la competitividad de nuestro sector productivo y nuestro PIB regional, pero va a tener un impacto en el mercado de trabajo. Si en el año 2050 tendremos 13.000 habitantes más en la Región y 61.000 empleados menos, nos lo tenemos que mirar desde ya. Porque en el futuro, como en el presente, no habrá nadie que pueda vivir del aire.

La más urgente reforma es la que atañe al sistema público de pensiones. Los cambios introducidos en 2012 se han revelado insuficientes. La caída de cotizaciones a la Seguridad Social por la crisis y su lenta recuperación, junto con el envejecimiento de la población, nos empujan hacia un peligroso desfiladero. De continuar el gasto público en prestaciones a un ritmo de crecimiento del 3%, a muy corto plazo se habrá agotado el Fondo de Reserva de las Pensiones. Sobre la mesa hay múltiples propuestas. Desde una reforma a la baja de las cotizaciones para contribuir a la creación de empleo o un nuevo cálculo más estricto de la pensión en función de la duración de la vida laboral, al vínculo de esta prestación pública al IRPF y el IVA o la creación de un nuevo tipo impositivo. Cada maestrillo tiene su librillo y las recetas, no exentas de carga ideológica, varían entre partidos, sindicatos y empresarios. La buena noticia es que todos los actores sociales están de acuerdo en la necesidad de acometer reformas urgentes. La mala, rematadamente mala, es que en este país se ha convertido en un imposible conseguir un pacto consensuado, ni siquiera en los asuntos que claramente son de interés general y donde nos jugamos uno de los pilares del estado del bienestar que construimos con enorme esfuerzo.

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Deriva radical
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Alberto Aguirre de Cárcer | 16-10-2016 | 7:50| 0

Los debates políticos en España siguen el ciclo de las mareas. Suben y bajan de intensidad por la acción de una fuerza de atracción gravitatoria que nunca es el interés general. A mayor grado de viralidad, efervescencia e insustancialidad más viva es la pleamar de las polémicas y más desolador es el paisaje que después queda expuesto sobre la arena mojada: casi siempre, el rastro de una sociedad que naufragó por la pérdida de valores y ahora le carcome una terrible orfandad de ideas y liderazgos. La última controversia, legítima pero estéril y diseñada para generar división, como casi todas, ha venido a cuenta de la Fiesta Nacional, su fecha y su modo de celebrarla.

Los sentimientos no pueden imponerse por ley y habrá que reconocer que si el orgullo de pertenencia a España se resquebraja por algunas esquinas del país es porque han puesto más empeño los que quieren deconstruirla, saltándose incluso el estado de derecho cimentado en el cumplimiento de la ley. No cabía esperar otra cosa de quienes han convertido la independencia en su desesperada vía de escape para sobrevivir políticamente a una gestión nefasta e irresponsable durante los años de la crisis. Lo más llamativo, sin embargo, es que en esa huida hacia adelante hayan encontrado la cómplice muleta de la nueva izquierda representada por Podemos, un conglomerado que aúna desde activistas sociales de larga trayectoria y gentes de izquierda desencantadas con los partidos tradicionales a anticapitalistas furibundos y militantes del comunismo más añejo. Ni siquiera en los tiempos más convulsos de nuestro país, la izquierda más alejada de la centralidad había caído en la trampa secesionista, que ahora consiste en un referéndum constitucionalmente imposible para que una parte decida lo que solo podemos decidir todos. Basta con leer las reflexiones de Manuel Azaña, que antepuso la idea de España a sus propias convicciones republicanas, para constatar lo mucho que han cambiado las prioridades de esa nueva izquierda que asume con naturalidad el uso del populismo como herramienta para alcanzar sus objetivos. Quién sabe. Quizás Azaña, aquel intelectual que trasladó su gobierno al Palacio Real, igual sería considerado hoy parte de la ‘elite encorbatada’ por quienes quieren convencer a las nuevas generaciones de que la democracia nació con el 15M. En su indisimulado asalto a los cielos, el pragmatismo de Pablo Iglesias no conoce límites. De forma que es posible criticar la falta de patriotismo de quienes envían su dinero a Panamá y considerar admisible que sus programas remunerados de tv sean comprados y emitidos por una cadena financiada por Irán. Cabalgar sobre contradicciones, denomina Iglesias a eso que comunmente la gente llama cinismo.

No es un debate ideológico lo que ocupa a Iglesias y Errejón sino táctico y dialéctico. No puede haber otro porque Podemos no trae propuestas ideológicas novedosas. Le basta con tomar prestadas las señas de la socialdemocracia, aprovechando el desgaste sufrido por los socialistas en toda Europa por la obligada aplicación de medidas de austeridad. Hasta los códigos de buen gobierno, de los que hacen bandera y que están basados en la transparencia, la participación y la lucha contra la corrupción, son producto de consensos alcanzados en 2005 por el Consejo de Europa. El populismo en el que se inspiran Iglesias y Errejón se fundamenta en el trabajo del filósofo Ernesto Laclau, para quien lo importante no es tanto la ideología como la retórica, que ambos líderes manejan con destreza en los medios de comunicación y las redes sociales. Por eso, la estrategia de ocupación del poder diseñada por Laclau vale tanto para Podemos en España como para Kitchner en Argentina. En la encrucijada estratégica planteada tras los últimos resultados electorales solo se discutía el tono. Finalmente vencieron los mensajes más radicales de un Iglesias desprovisto ya del primigenio disfraz de la transversalidad, lo que anticipa una línea de conflicto permanente y polarización política. Su apelación a sus militantes a «cavar trincheras en la sociedad civil» muestra cuál será uno de los ejes de acción cuando arranque el trabajo político y legislativo en las dos Cámaras nacionales. En sus prisas por ocupar el poder, Iglesias ya se salió en una curva cuando dijo no a Pedro Sánchez. Ahora vuelve a derrapar con agresividad. Tarde o temprano, el autobús que pilota puede acabar despeñándose por un terraplén electoral.

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'Don Vito', por carceleras
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Alberto Aguirre de Cárcer | 14-10-2016 | 12:30| 0

En tono monocorde y sin guitarra, como mandan los cánones de este palo flamenco, ayer Francisco Correa se arrancó a cantar por carceleras en el juicio de la ‘Gürtel’. En pos de una rebaja en su condena, el artista del trinque también conocido como ‘Don Vito’ cogió el martinete y entonó una copla que salpica a Bárcenas, Ana Mato, su exmarido Jesús Sepúlveda y varios exalcaldes populares de la Comunidad de Madrid en todo tipo de trapicheos castigados por el Código Penal. Aunque Correa enmarcó sus negocios en la etapa de Aznar, cuando «Génova era su casa», los mismos que apelan hoy a la responsabilidad del PSOE en la búsqueda del desbloqueo institucional deberían asumir las propias por la existencia de esas corruptelas que presuntamente sirvieron para financiar el partido. Todavía ni siquiera se ha oído una petición de disculpas a la ciudadanía.

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