La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
La equivocación de Rajoy
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-05-2010 | 10:44| 0

«El que Zapatero sea malo no les convierte a ustedes en buenos… y eso es de lo que deberían preocuparse». Pronunciada en el fragor de un debate parlamentario, esa lapidaria frase del presidente andaluz, José Antonio Griñán, adquiere tintes antológicos porque sintetiza el estado político del país. Obviamente sin ninguna intención, por boca de Griñán se expresó el subconsciente colectivo de una buena parte del PSOE, que empieza a percibir a Zapatero como un pesado lastre para España y para el propio partido. Griñán dio también en la diana al enlazar esa idea con otra que refrendan las encuestas: a Rajoy no le bastará con la imparable descomposición de la figura del presidente para llegar a La Moncloa. Una vez constatada la falta de apoyos políticos de Zapatero, al que el Parlamento le castigó el jueves con una moción de censura encubierta, el líder del PP tiene todavía que convencer a los votantes de que son mejores sus propuestas alternativas. Ese era el estado de la cuestión cuando el PP tuvo que decidir el sentido de su voto sobre el decreto del plan de ajuste económico. Con su voto negativo regaló munición argumental a quienes juzgan que está más preocupado por precipitar el desmoronamiento de Zapatero que por la estabilidad económica del país. Y es que en el Congreso de los Diputados también estuvo en juego, lamentablemente, la imagen exterior de España y su ajuste en la Unión Europea. De no haber salido aprobada la norma, los mercados y el euro se habrían tambaleado. Es absolutamente comprensible el rechazo de Rajoy en la medida que considera que el problema de fondo es el propio Zapatero. El PP no ha sido consultado y además son más que discutibles unas medidas de ahorro que penalizan fundamentalmente a pensionistas y funcionarios. La reorganización de la Administración, trufada de entes, empresas públicas, fundaciones, diputaciones y todo tipo de organismos que solapan sus competencias, perdiendo eficacia y aumentando el gasto público, parece una medida mucho más sensata que el ‘tijeretazo’ de Zapatero. Dicho lo cual, no fue Rajoy sino Durán Lleida quien, pese a estar motivado también en buena medida por particulares intereses electorales, se arrogó el discurso de Estado. Durán Lleida facilitó la aprobación del decreto con su abstención, pero pidió al presidente que ejecute los recortes y luego convoque elecciones anticipadas. Si de verdad piensa el jefe de la oposición que el apoyo de CiU sólo prolonga la agonía del Gobierno resulta del todo incomprensible que no ponga de inmediato en marcha el mecanismo parlamentario de una moción de censura. Y tampoco que dé rienda suelta a sus primeros espadas para alentar en la opinión pública la necesidad de un adelanto electoral mientras él no se define. Rajoy vuelve a especular cuando le llega el balón y no se sabe si a la postre quiere ganar el partido por méritos propios o sencillamente por la retirada del rival. Él, que tanto disfruta con el fútbol, debería saber cuáles son los riesgos de jugar al empate y apurar los tiempos.

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El avispero nacional
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Alberto Aguirre de Cárcer | 23-05-2010 | 10:43| 0

La operación relámpago de la UE para rescatar el euro, a base de una drástica reducción del déficit público, está reconfigurando todo el panorama político, económico y social en las últimas dos semanas. La ‘realpolitik’ se impuso abruptamente al ‘pensamiento Alicia’ de Zapatero y el presidente se vio forzado a dar un brusco cambio de rumbo en su política económica despojándola del perfil ideológico que la impregnaba. Ese vertiginoso giro copernicano se sustancia en el mayor recorte en gasto social de la democracia, lo que ha pasmado a la izquierda sindical, con la que ya no conecta ni incluso prometiendo más impuestos para los ricos. Si el Gobierno aprueba por decreto la reforma laboral, el anuncio de huelga general será inmediato. La lógica difusa pero implacable de los mercados terminó por asentarse en el laberinto de la crisis por el que deambula el presidente. El cambio de discurso fue tan radical y rápido que pilló desprevenido a todo el PSOE. Se fraguó en La Moncloa en apenas 48 horas, sin debatirse ni en la Ejecutiva Federal ni el Consejo de Ministros. El argumentario cocinado con urgencia en Ferraz para los líderes regionales del PSOE sirve para bien poco porque vicepresidentes y ministros se contradicen en cuestión de horas acentuando la percepción pública de descoordinación e improvisación. Con el recorte en la inversión en obra pública, los brotes verdes de la economía nacional se quedan sin savia y el Gobierno reconoce que el crecimiento en 2011 será medio punto inferior al previsto. En este frenesí, el Banco de España lleva del ronzal a las Cajas hacia una reordenación a base de fusiones y alianzas para evitar la intervención en las menos solventes, aunque a un ritmo tan desbocado que el posible mapa de estas entidades cambia cada 24 horas. Al Banco de España no le tiembla el pulso. En la madrugada del sábado, intervino Cajasur, nombrando tres administradores y expulsando a todos los miembros del Consejo de la caja cordobesa, tras su rechazo a fusionarse con Unicaja. Ojo avizor porque Cajasur no es la única con bicho dentro. Las comunidades autónomas están también en el epicentro del avispero nacional y de hecho sufren ya las primeras picaduras de consideración. El aviso de que tendrán que acometer más recortes del gasto público es inequívoca, pero hasta la próxima reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera no sabrán cuánto deberán meter la tijera. Otro inquietante interrogante irrumpe con el tijeretazo de Fomento a la inversión en obra pública. Los plazos de la mayoría de las infraestructuras de transporte, incluido el AVE, serán reprogramados con un retraso medio de un año. Todas las Comunidades se verán afectadas. Esta vez habrá café para todos, pero será amargo, muy amargo. Y atentos porque a algunas les darán más de una taza. Hoy sólo el éxito de la lucha policial contra ETA actúa de bálsamo entre tanta zozobra.

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Subida de impuestos
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Alberto Aguirre de Cárcer | 19-05-2010 | 6:11| 0

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Políticos y cajas
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Alberto Aguirre de Cárcer | 16-05-2010 | 10:42| 0

El acuerdo de fusión entre CAM y Cajamurcia, que hubiera dado lugar a la cuarta caja del país pero que hoy está en vía muerta, descarriló el pasado lunes cuando el pacto entre ambas entidades estaba cerrado. Sólo faltaba comunicarlo ese día al Banco de España, pero un cambio de última en las exigencias de CAM auspiciado por la Generalitat quebró en un instante la confianza mutua que tanto costó cimentar. Las claves de la ruptura están directamente relacionadas por las injerencias políticas de última hora del Gobierno de Francisco Camps, en un proceso que había llegado a su tramo final con criterios puramente empresariales. No sólo es absolutamente legítimo, sino además rotundamente exigible, que el Ejecutivo de Camps esté activamente preocupado por el futuro de CAM. Más aún ante una posible fusión alternativa con Caja Madrid, que hubiera alejado el centro de decisión a Madrid, con todo lo que eso conlleva de negativo para el tejido empresarial y la obra social en el arco mediterráneo. También el Gobierno de Valcárcel alentó la alianza con CAM ante la evidencia de que probablemente era la mejor opción para ambas cajas y para la Región de Murcia. Pero lo que resulta absolutamente incomprensible es que, una vez dado el visto bueno político a la operación, uno de los dos Gobiernos, en este caso el de la Generalitat, decidiese tutelar y finalmente condicionar el acuerdo entre CAM y Cajamurcia. En el último suspiro, el conseller de Economía Gerardo Camps puso reparos a varios puntos del acuerdo y, de forma indirecta, la existencia de esa intervención política llegó a los dirigentes de Cajamurcia. Para colmo, el entorno del presidente de la Diputación de Alicante, José Joaquín Ripoll, contribuyó a romper el compromiso de confidencialidad suscrito por ambas delegaciones, aireándose ese lunes que la negociación con Cajamurcia había fracasado. La sensación de desconcierto y de intervención política creció aún más tras filtrarse una reunión entre el director general de CAM, Roberto López Abad, y la secretaria de Organización del PSOE, la alicantina Leire Pajín, para conocer la posición de los socialistas ante una eventual fusión interregional de la que empiezan a recelar los empresarios de Alicante y Valencia, ahora partidarios de un acuerdo CAM-Bancaja. La presión del Banco de España y el temor a una fusión no deseada con Caja Madrid han precipitado los acontecimientos en la CAM en el momento políticamente más inoportuno, justo cuando la debilidad política de Francisco Camps llega a su momento álgido con la decisión del Supremo de reabrir la causa de los trajes de la trama ‘Gürtel’. A esa fragilidad de Camps contribuye de manera indisimulada José Joaquín Ripoll, dispuesto a meter cuantos palos pueda en la rueda de los campistas, incluso en el momento más crucial para una de las entidades señeras de la Comunitat.

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El despertar de Zapatero
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Alberto Aguirre de Cárcer | 12-05-2010 | 6:08| 0

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