La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
El verano rompedor
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Alberto Aguirre de Cárcer | 25-07-2010 | 11:02| 0

Como las infecciones intestinales, las separaciones dan la cara en verano. Las desavenencias pueden incubarse en invierno o primavera, pero las rupturas se consuman cuando la canícula aprieta. Bardem y Penélope son un verso suelto; ‘La Roja’ y el pueblo español, una clamorosa excepción. Cuando hace un calor de justicia y se atisba muy cerca la meta de las vacaciones, todo se hace muy cuesta arriba. Lo habitual es que se nos salga la cadena, como a la bici de Schleck. A un tris ha estado el luxemburgués de romper con Contador hasta que el Tourmalet devolvió las cosas a su sitio, los dos pegaditos como en un tándem coronando la cumbre fundidos en un abrazo. Ocurre algo parecido en las cimas de la alta política. José Bono aprovecha siempre los calores y la invisibilidad del veraneo para romper con el pasado. Una vez fue un cambio de imagen por la vía del implante capilar. Ahora el cambio ha sido de estado civil, cosa mucho más seria. El divorcio de Zapatero con los inseparables Toxo y Méndez ya dura unos meses, pero se escenificará en una de las citas políticas del estío, el mitin minero en las campas de Rodiezmo. A Zapatero le cuesta encontrar pareja de baile por más que se empeñen el presidente y Montilla en recuperar la sintonía perdida a base de gestos en La Moncloa. «Las cosas están mejor de lo que parecen y lo vais a vivir», proclamó Zapatero en la sede socialista de Ferraz, donde hay toda una colección de relaciones rotas (Solbes, Caldera, López Aguilar, Maragall, Sevilla….). En el PP los ritmos son diferentes. Rajoy sabe que tiene un serio problema en la Comunidad Valenciana y que puede tener que desligarse de Francisco Camps, pero el líder popular tiende a apurar los tiempos hasta que los problemas se pudren en la rama o resulta inaplazable una resolución dolorosa. De momento, a la espera de novedades judiciales, mantendrá públicamente su respaldo a Camps. Las crisis de pareja también afectan a los mercados financieros. Especialmente a las Cajas a raíz de esos matrimonios de conveniencia que son las fusiones frías. No hay nada menos estimulante que unirse de por vida y sin ninguna gana por orden de la autoridad paterna, el Banco de España en este caso. CAM y Cajastur andan en eso, pero flirteando con la separación cuando ni siquiera han disfrutado de una corta luna de miel. De todos los desencuentros de este verano el más grave es el del ministro Blanco con la Región de Murcia, donde gozaba de un buen cartel. La supresión de la autovía del Reguerón, presupuestada en 240 millones de euros, sitúa a nuestra Comunidad como la mas castigada por el recorte en obras públicas en términos de inversión. Otro cruel mazazo que deja una amarga sensación de ensañamiento.

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El imperio de la ley
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Alberto Aguirre de Cárcer | 18-07-2010 | 10:50| 0

La sentencia sobre el Estatuto catalán y la entrada en vigor de la nueva ley del aborto vuelven a evidenciar la pasmosa facilidad con que los dirigentes políticos olvidan que una de sus principales funciones es transmitir la idea de que la Constitución y el resto de las leyes aprobadas por el Parlamento están para cumplirlas y de que el imperio de la ley y la justicia está por encima de sentimientos, ideas políticas y convicciones morales, ya sean colectivas o personales. Nuestro ordenamiento jurídico permite a las comunidades autónomas acudir a las vías judiciales, a través del conflicto de competencias o el recurso al Tribunal Constitucional, para hacer frente a las normas aprobadas en las Cortes, pero mientras estén en vigor resulta irresponsable caer en la resistencia pasiva o directamente entorpecer su aplicación. Lo peligroso de estas actitudes, que abundan en todos los partidos políticos, no sólo es que suscitan inseguridad jurídica sino que además propician la implantación de una cultura ciudadana en la que se acepta como normal el incumplimiento de ciertas leyes, e incluso cierta tolerancia y comprensión con determinados delitos, como el fraude fiscal o la corrupción política. En realidad, la rebelión de las comunidades autónomas contra las iniciativas políticas del Gobierno central no es una novedad, ya que es una tónica habitual desde los tiempos de Felipe González. Fue el propio presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, uno de los primeros responsables autonómicos en bloquear un proyecto del Ejecutivo central cuando González planteó un campo de tiro en Cabañeros y el paso de la autovía Madrid-Valencia por las hoces del Cabriel. Esa misma actitud ha seguido su sucesor, José María Barreda, cada vez que el Consejo de Ministros aprueba un trasvase del Tajo-Segura. También se han significado los dirigentes autonómicos del PP, con Esperanza Aguirre a la cabeza, por recurrir a vías diferentes a las judiciales para poner todo tipo de obstáculos a la aplicación de distintas leyes, como la del tabaco y la de la dependencia. El Gobierno de Zapatero tiene mucha responsabilidad en este asunto porque leyes de gran calado han sido aprobadas durante los últimos años en el Congreso de los Diputados sin el consenso del principal partido de la oposición y con el apoyo de partidos minoritarios, algunos de los cuales no tienen responsabilidades de gobierno en sus comunidades. Ahora, en lugar de aceptar la doctrina del Tribunal Constitucional y consolidar de forma definitiva la estructura del Estado, Zapatero se muestra dispuesto a cambiar la Constitución para recuperar los aspectos más polémicos del ‘Estatut’, en un claro intento de evitar una debacle del PSC en las autonómicas catalanas.

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De un pulpo y una España vertebrada
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Alberto Aguirre de Cárcer | 11-07-2010 | 10:49| 0

Han transcurrido ya 89 años desde que José Ortega y Gasset publicó ‘La España invertebrada’, pero las ideas fuerza que hilvanan una de las más lúcidas obras del pensamiento español siguen hoy plenamente vigentes. Los particularismos nacionalistas y «la ausencia de los mejores», los dos grandes males apuntados por el filósofo, palpitan con la misma fuerza en una España que avanza trabada por políticos mediocres y por los delirios separatistas de una parte de esa clase dirigente, en Cataluña y el País Vasco. El viernes se supo que la sentencia del TC sobre el Estatuto establece con rotundidad que la «Constitución no conoce otra que la nación española», pero ayer el presidente de la Generalitat, José Montilla, se puso al frente de una protesta en las calles de Cataluña con una soflama federalista y el disparatado argumento de que ese fallo del TC «no contribuye a la unidad de España». Atrapados en su propia burbuja identitaria, y en el fracaso de una operación política que rebasaba los márgenes de la Constitución, los políticos nacionalistas catalanes se distancian de una ciudadanía más preocupada por la falta de trabajo y de perspectivas de futuro que por las veleidades nacionalistas de una particular casta dirigente. Seguimos huérfanos en España de un proyecto sugestivo común, de algo realmente por lo que luchar unidos, como apuntó Ortega. Lo más parecido a ese sentimiento nacional ha sido el épico Mundial de Fútbol de ‘La Roja’, que esta noche escribirá, gane o pierda ante Holanda, una de las páginas más brillantes de la historia de nuestro deporte. Durante las últimas semanas, el equipo dirigido por Del Bosque se ha convertido en un poderoso elemento de cohesión nacional. ‘La Roja’ ha sido el equipo de todos. La más deslumbrante manifestación de que podemos estar en la élite deportiva, de que nuestros símbolos nacionales nos unen y de que los particularismos regionales son irrelevantes cuando hay un proyecto común del que podemos sentirnos colectivamente orgullosos. Llevados por el entusiasmo hemos convertido en el gran oráculo de nuestro destino inmediato a un pulpo llamado ‘Paul’, un invertebrado visionario para la España invertebrada de Ortega, un animal con los pies en la cabeza que nos hace soñar con un triunfo esta noche en la final de Sudáfrica. Hemos vivido días de tan intensa explosión emocional que el veredicto del cefalópodo alemán ha competido en atención mediática con el fallo del Constitucional sobre el ‘Estatut’. Ni Rodríguez Zapatero ni Mariano Rajoy han eludido pronunciarse sobre ‘Paul’ en este torbellino de pasión, que se desató con el premonitorio triunfo de la selección en Nueva Condomina en la antesala de este Mundial inolvidable. Nuestro periódico ha tratado de reflejar ese sentir y al mismo tiempo insuflar ánimos a un equipo de fútbol que ha maravillado al mundo con su juego colectivo. Como homenaje a la afición y como un último empujón de ánimo a la selección, la portada que hemos preparado hoy para ‘La Verdad’ es verdaderamente especial. La ilustramos con el cuerpo de un joven pintado con mensajes de apoyo al combinado nacional y de confianza en nuestras posibilidades sobre el fondo de nuestra bandera, la bandera de España. Todos confiamos en la victoria, pero cualquiera que sea el resultado nadie nos podrá arrebatar estas semanas de ilusión, de orgullo compartido y de saber que podemos brillar entre los mejores.

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Males de altura en la cima del poder
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Alberto Aguirre de Cárcer | 04-07-2010 | 10:48| 0

Aquellos jóvenes profesionales que con menos de 40 años ocuparon los sillones del poder, cuando se sustanció el proceso de constitución de las autonomías, todavía copan hoy el núcleo duro de la clase dirigente de la Región. Así lo desvela un estudio elaborado para ‘La Verdad’ por el empresa Consultores CSA a partir de más de doscientas encuestas y trescientos perfiles. Se trata de la primera radiografía de la clase dirigente de la Región, un variopinto grupo de unos 600 profesionales con sólida formación universitaria que toman las decisiones clave desde la administraciones públicas, las empresas privadas, la política y la Universidad. Como detallamos en las primeras páginas del periódico, dos hechos despuntan en este estudio sociológico. Por un lado, la reducida presencia de las mujeres en los ámbitos de decisión. La paridad de sexos brilla por su ausencia hasta el punto de que sólo el 18% de quienes “cortan el bacalao” en la Región son mujeres, muchas de las cuales se han visto forzadas a alejarse del matrimonio para llegar a la cima. No hay ninguna rémora en nuestras leyes que frenen el ascenso de las mujeres, pero hay un techo de cristal que actúa de barrera invisible en el mundo empresarial, familiar y político para el sexo femenino. La segunda conclusión fundamental es la resistencia de esa élite a dejar paso a nuevas generaciones de murcianos con capacidad para insuflar ideas. Más de un tercio de los líderes regionales nacieron en los años 50 y ocupan posiciones dominantes desde hace más de veinte años. Más llamativo, rozando lo preocupante, es que muchos de ellos no tienen demasiadas prisas en abandonar las esferas del poder. Menos de la mitad de ese colectivo dice que piensa retirarse por voluntad propia en el plazo de cinco a diez años. No hay más que ver el panorama nacional para asumir la importancia de la experiencia en momentos de crisis. Las encuestas de opinión que sitúan a la clase política española como uno de los principales problemas del país tienen que ver mucho con todo esto. Lo que se percibe es un páramo de liderazgo en una clase dirigente no preparada, que sólo genera problemas y que es capaz de poner patas arriba la configuración del Estado y el marco constitucional con el fin de perpetuarse en la poltrona. Dicho todo eso, la ausencia de una relevo natural trae serios peligros porque favorece la endogama e impide el paso a nuevas generaciones, ideas y perfiles. Si aspiramos a una sociedad moderna y dinámica, el aire fresco tiene que correr también por su cúspide. Si la savia no fluye, si el ambiente no se oxigena, las posibilidades de progreso serán limitadas y el futuro será aburridamente predecible. Más de lo mismo, otros diez años más.

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Una sabia inversión
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Alberto Aguirre de Cárcer | 27-06-2010 | 10:47| 0

Cuentan los biógrafos de Michael Faraday que, durante una demostración de los fenómenos eléctricos que investigaba, el primer ministro Lord Palmerston le preguntó: «¿Y esto para qué sirve?». «Señor ministro, ahora no puedo decírselo, pero antes o después cobrará impuestos por ello», contestó Faraday. Esta anécdota ocurrió a mediados del siglo XIX, pero episodios más o menos similares ocurren todavía cada vez que un político visita un laboratorio de investigación, algo generalmente excepcional salvo en tiempo de precampaña electoral, cuando toca inaugurar con una nutrida cohorte de periodistas y leer peroratas escritas por terceros sobre la importancia de la ciencia y la innovación. Ha sido precisamente el cortoplacismo y la falta de liderazgo de la clase política en las estrategias de apoyo a la investigación lo que ha generado, junto a la insuficiente apuesta por la I+D+i en el tejido empresarial y el deficiente sistema educativo, la carencia de competitividad de la economía española en esta tormentosa crisis mundial. La aprobación de la Ley de la Ciencia en 1986 y los primeros planes nacionales tuvieron un efecto positivo, pero la norma quedó superada por los profundos cambios sociales, económicos y administrativos que experimentó España y la UE en los últimos 25 años. Una nueva oportunidad se abre ahora con la Ley enviada por el Gobierno al Congreso de los Diputados, aunque el anteproyecto ha sido recibido con recelo. La Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) cree que el texto no refleja adecuadamente el papel de las Universidades y los hospitales, la carrera investigadora que se define no resuelve ni la selección ni la movilidad de científicos de calidad y la participación de las comunidades autónomas no está suficientemente articulada. Este último punto es muy importante porque en los Gobiernos regionales recae gran parte del peso del esfuerzo común para transformar la generación de conocimientos en riqueza. En páginas interiores, ‘La Verdad’ publica un interesante reportaje de Paz Gómez sobre uno de los proyectos públicos más acertados de la Región. Se trata del programa de becas posdoctorales de la Fundación Séneca, que ha permitido formar a casi doscientos investigadores murcianos en centros de excelencia de todo el mundo. Estos jóvenes científicos que ocupan hoy la portada de nuestro periódico son el capital humano que garantiza la pujanza futura de una Región que, pese a los esfuerzos acometidos en los últimos años en inversión y personal para I+D+i, aún está lejos de los indicadores deseables para converger con la sociedad del conocimiento que se configura en la UE. En el actual ‘tsunami’ de recortes del gasto público, caer en la tentación de meter la tijera en las partidas de ciencia e innovación sería un error estratégico irreparable. Hagan caso a Faraday. Antes o después se arrepentirían.

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