La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
Fortalezas y debilidades
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Alberto Aguirre de Cárcer | 07-03-2010 | 10:31| 0

El diagnóstico sobre la economía regional que vierte el informe presentado el pasado jueves por La Caixa no sólo revela las debilidades y las fortalezas de nuestro modelo económico. También contribuye a evidenciar cuestiones que no son menos relevantes porque denotan capacidad de autocrítica, voluntad de construir Región y una esperanzadora actitud de separar el grano de la paja para priorizar los debates de fondo que marcarán nuestro futuro colectivo. Mientras el Parlament catalán se enreda en la prohibición de las corridas de toros, un debate artificialmente alimentado por los nacionalistas radicales para borrar toda huella cultural común de los españoles, la clase política de la Región, con sus imperfecciones de todo tipo, está preocupada y ocupada en la salida de la crisis y en la búsqueda de un nuevo patrón de crecimiento económico. Al presidente Ramón Luis Valcárcel hay que aplaudirle la valentía política para reconocer errores y asumir en primera persona toda la responsabilidad de la gestión de su Gobierno, un gesto que lejos de debilitarle fortalece su liderazgo. Otros dirigentes se habrían limitado a atribuirse los elementos positivos del informe y habrían achacado los negativos al escenario global y a factores exclusivamente externos. Al mismo tiempo, este chequeo de La Caixa al estado de salud de la Región también supone un refrendo para el discurso del jefe de la oposición. Pedro Saura hace de la modernización de nuestro modelo económico el eje central de su oferta política y el informe conocido este pasado jueves viene a dar solidez a sus argumentos de que el patrón de crecimiento de los últimos años no fue el mejor de los posibles. Para el conjunto de los ciudadanos debería suponer una constatación reconfortante que las dos principales formaciones políticas, con sus respectivos líderes a la cabeza, estén responsablemente centrados en lo mollar, sin alentar más allá de lo razonable el juego político de regate corto en un año preelectoral. Poner negro sobre blanco la magnitud y las características de nuestros problemas, y a partir de ahí aportar propuestas, es el mejor punto de partida para hallar puntos de encuentro e hilvanar acuerdos que propicien el consenso que precisa la Región para formular una estrategia de desarrollo económico a la medida de sus posibilidades. Si en lugar de tirar por ese camino, el protagonismo lo asumen los políticos de segunda y tercera fila que tienden a echarse al monte, el terreno de juego volverá a embarrarse y la crítica constructiva quedará eclipsada por la descalificación personal del adversario. En caso de abonarnos a esa cultura del litigio permanente y del insulto hiriente, caminaremos todos a ciegas hacia un precipicio en el que el debate se despeñará y caerá en el fango.

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Un proyecto de película
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Alberto Aguirre de Cárcer | 28-02-2010 | 10:30| 0

El pasado miércoles, cuando en la Redacción de ‘La Verdad’ nos preguntábamos por la ausencia del presidente Ramón Luis Valcárcel, en el acto de ingreso en el Consejo Jurídico de Antonio Gómez Fayrén, José Antonio Cobacho y Manuel Martínez Ripoll, sospechábamos que algo importante reclamaba su atención, pero sinceramente ni por asomo imaginábamos que podía encontrarse en Dubai. El viernes supimos que lo relevante no radicaba en su lejano paradero, sino en el potencial del acuerdo con los representantes de Paramount Pictures que se ha traído bajo el brazo. La multinacional del ocio quiere desembarcar en Europa para echar un pulso a Disney y ha elegido a la Región de Murcia para ese gran proyecto que puede convertirse en la locomotora del turismo, el empleo y el ocio del arco mediterráneo. La construcción de unos estudios cinematográficos y un parque temático bajo el paraguas de la marca Paramount podría reportar a la Región veinte mil puestos de trabajo directos, quince mil plazas hoteleras y la visita de tres millones de turistas. La envergadura de estas cifras da idea de la magnitud de un proyecto, que todavía está pendiente de negociación sobre la base de un plan maestro, y otro de viabilidad, que la consultora contratada por el Gobierno regional tendrá terminados en abril. Con el acuerdo de partida conocido el viernes, Paramount ya tiene un pie en Murcia para impulsar una iniciativa que puede convertirse en el gran centro de ocio de España, el motor del cambio económico de nuestra Región y un polo de atracción turística único en Europa. Con todas las lógicas cautelas (el contrato puede necesitar un año para formalizarse y las negociaciones de este calado nunca son fáciles), las esperanzas que suscita este proyecto financiado con inversión privada son una especie de maná en el actual escenario de aguda crisis económica. Cualquiera que sea el desenlace del proceso que ahora se abre sería injusto no reconocer la ambición y visión de futuro que ha demostrado el consejero Pedro Alberto Cruz cuando se produjo el primer contacto en el stand de Fitur. Siempre que me han preguntado por las carencias de la Región, mi respuesta ha sido la misma: lo tiene todo en su mano excepto un proyecto que actúe de reclamo nacional e internacional, una gran infraestructura relacionada con el ocio y la cultura que haga indispensable la visita a la Región. Si este parque y toda su industria audiovisual, turística y de ocio asociada sale adelante, Murcia será una visita obligada para millones de personas. Ahora le toca trabajar al Gobierno regional, con decisión pero también con prudencia, para que prospere esta empresa. Ojalá que esta película tenga un final feliz.

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Prestigiar la lectura
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Alberto Aguirre de Cárcer | 21-02-2010 | 10:29| 0

De todas las crisis que vivimos hay una que nunca figura en la agenda política y sólo residualmente ha sido objeto de debate parlamentario. Y es así porque la presión y preocupación social es casi inexistente, aunque está en las raíces de muchos males de nuestro tiempo. Hablo del hábito de la lectura, esa costumbre en vías de extinción que, según el último barómetro de la Federación de Gremios de Editores de España, practica poco más de la mitad de los españoles. Nuestra Región no es ninguna excepción. La tasa de población lectora se sitúa siete décimas por debajo de la media nacional (55%), algo mejor que la de Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha y Asturias. Mal bagaje en general para un país que aspira a incorporarse a la sociedad del conocimiento con el resto de la UE. Esta semana, nuestro compañero Antonio Arco puso el dedo en esta llaga al preguntar al escritor Javier Cercas por qué es necesaria la lectura. Su respuesta fue certera: «Porque sin leer te vuelves tonto y te mueres de asco». Tiene tanta razón como Antonio Muñoz Molina cuando sentencia que «leer es el único acto soberano que nos queda». Desde las administraciones públicas y los medios de comunicación hemos contribuido irresponsablemente a ese desinterés por la letra impresa, a esa renuncia voluntaria a la lectura que hace la mitad de la población. Se ha explotado la telebasura hasta límites insospechados y se ha transmitido la idea de que no es necesario tener conocimientos para triunfar porque basta con dinero, juventud y belleza. Además se han jaleado los fuegos de artificio culturales, fogonazos brillantes pero que sólo dejan olor a pólvora, sin exigir la universalización de las bibliotecas municipales y campañas de promoción de la lectura. Por la parte que me toca debo reconocer que los periodistas no hemos sabido prestigiar la lectura de nuestros periódicos. Incurrimos ahí en un grave error porque los diarios de información independientes son el último reducto para el intercambio civilizado de ideas y el territorio natural para comprender las claves de los acontecimientos globales y locales con informaciones contextualizadas y de calidad. Si no ponemos en valor nuestras fortalezas, llevar un periódico bajo el brazo o un libro en la mano puede convertirse en un signo de distinción intelectual de una exigua minoría. A esos fieles lectores que nadan contracorriente les debemos corresponder con opiniones fundamentadas y ponderadas e informaciones rigurosas, contrastadas, independientes, interesantes y útiles. De esa forma contribuiremos a forjar un país sin riesgo de articularse con una ciudadanía adormecida, manipulable y, a la postre, menos libre.

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Monteagudo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 14-02-2010 | 10:22| 0

Cuando la noche engulle la huerta de un veloz bocado y la sumerge en la oscuridad, veo todas las tardes desde ‘La Verdad’ cómo la luz de esta tierra se apaga lentamente desdibujando el imponente perfil del Cristo de Monteagudo. Cada uno tiene su particular ‘skyline’, su momento mágico del día, su paisaje más evocador. Y el mío es el Cristo de Monteagudo y su fortaleza morisca en los atardeceres de Murcia. Ni siento que irradie energía negativa ni que profane un castillo árabe ni que sea «una especie de postizo que deforme la belleza del lugar», como afirma el abogado José Luis Mazón en la excelente entrevista que firma hoy Ricardo Fernández en páginas interiores. Aunque reconozco su historial jurídico trufado de éxitos, tampoco comparto su interpretación de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre los símbolos religiosos en la vida pública. Y mucho menos estoy de acuerdo con este letrado cuando afirma estar sorprendido por la supuesta existencia de una «Murcia ultracatólica y exacerbada». Sin embargo, desde esa profunda discrepancia, respeto sus opiniones y jamás entraría en el juego de las descalificaciones personales. Es más, como profesional del periodismo siento una especial curiosidad por saber cuáles son las motivaciones personales de quien ha sido capaz de suscitar un clamor tan generalizado contra su iniciativa legal. De ahí el interés periodístico de la entrevista de ‘La Verdad’ con este abogado, que autodefine su labor de quijotesca y se declara un profundo admirador de la obra de Cervantes. Nada menos que veinte veces ha leído esa pieza cumbre de la literatura española, una pasión comparable a la del ingenioso hidalgo por los libros de caballerías, esos que le hicieron perder el sentido de la realidad. Filósofos como Jürgen Habermas y Luc Ferry han debatido y escrito sobre la presencia de los símbolos religiosos en la vida pública desde una perspectiva laica pero sin llegar al extremo que predica José Luis Mazón. Sinceramente creo que esta iniciativa atenta contra el sentido común, al igual que piensan otros muchos ciudadanos que no son ultracatólicos o fanáticos religiosos. Entre el fundamentalismo y el relativismo moral hay posiciones intermedias donde se sitúan un gran número de personas, que no alterarían su punto de vista si el objeto de la polémica fuera un monumento musulmán. Los símbolos religiosos no deben invadir el espacio público si resquebrajan los principios básicos de nuestra cultura democrática, pero no parece el caso de una larga lista de monumentos que exclusivamente reflejan las profundas raíces cristianas, musulmanas y judías de la historia de España.

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Desconfianza
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Alberto Aguirre de Cárcer | 07-02-2010 | 10:22| 0

Con la mirada perdida, las piernas de trapo y la titubeante capacidad de reacción de un boxeador al borde del ‘knock out’, acaba Zapatero su semana más negra de la legislatura. Tras los directos propinados por la Comisión Europea, el FMI y otros organismos internacionales al mentón de cristal de su política económica (el déficit público), el presidente viajó a Davos para recuperar la credibilidad exterior de nuestra economía. Tomó aire y desde allí lanzó promesas de austeridad en las cuentas públicas. Fue la antesala de sus propuestas de reforma del sistema de pensiones y del mercado laboral, dos iniciativas de calado estructural que reclamaban desde hace años las principales instituciones de referencia. Pero los resultados de ese giro positivo resultaron devastadores en términos políticos. La jubilación a los 67 años pilló por sorpresa a las filas socialistas, puso en pie de guerra a los sindicatos y provocó el enojo general de los futuros pensionistas. A los actuales ya los había ‘calentado’ con la pérdida de poder adquisitivo al suprimir los 400 euros de deducción en el IRPF. Los mercados, implacables, dictaron sentencia en la Bolsa con un desplome del 6%. Lejos de recuperar crédito, el Gobierno suscitó acusaciones de improvisación y descoordinación. En la opinión pública flota ahora una percepción mayoritaria: la confianza en Zapatero está bajo mínimos. La plegaria junto a Obama quedó en una anédcota para quien, según el CIS, ya no es el líder más valorado. Tampoco lo es Rajoy sino Rosa Díez. Y eso añade nuevos interrogantes sobre el papel del presidente del PP en la encrucijada que atraviesa España. A Rajoy no le gusta que le marquen los tiempos y hace oídos sordos a los cantos de sirena de los partidarios de una moción de censura o de elecciones anticipadas. Como hizo con los conflictos internos del PP, Rajoy practica por ahora la suerte de Don Tancredo. Ese lance taurino que le sitúa, inmóvil, en el ruedo de la política con la esperanza de que el toro, en este caso la bestia negra de la crisis, le confunda con una estatua y no le arrolle. Puede optar por contemplar el naufragio de su adversario o intentar consensuar con él esas dos reformas ineludibles. Lo segundo es difícil de digerir para el PP que, en materia económica, ha sido ninguneado y tachado de antipatriota por el Gobierno. Pero, ¡ojo!, lo que de verdad inquieta a la ciudadanía no es el futuro de Zapatero o Rajoy, sino el destino de un país que bordea un precipicio. Quien gobernase sobre los escombros, sea uno u otro, tendría una parte alícuota de responsabilidad.

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