La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
Pintan bastos
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Alberto Aguirre de Cárcer | 09-10-2016 | 8:54| 0

La descarnada guerra por el poder en el PSOE entre los sanchistas y los barones críticos se ha desvelado como una crisis más profunda que difícilmente encontraría solución con un congreso extraordinario y nuevas primarias. Si este partido está abocado a un debate más profundo en un congreso de refundación se sabrá con el tiempo, pero está claro que la brecha no obedece solo a una dicotomía entre el ‘no es no’ a Rajoy y una abstención en la investidura para recomponerse en la oposición. Al partido que más se parecía a España le han achicado los espacios Ciudadanos y Podemos, que le intenta arrebatar cuando le conviene las señas de identidad de la socialdemocracia. El PSOE es el partido que más ha avanzado en democracia interna, aunque eso no le ha servido para ganar elecciones porque la legitimación interna que confiere la elección directa por las bases, como se ha visto, no garantiza un liderazgo sólido. Ni dentro ni fuera del partido. Más aún en una organización poco propicia a la cohesión ideológica porque está estructurada con un modelo ideado en los años 70, donde cada federación intenta imponer sus propios mensajes e intereses territoriales en un juego de equilibrios con la ejecutiva federal. Esta disputa interna perjudica seriamente a los socialistas murcianos en sus expectativas, dado que evoca directamente a sus propias batallas, aquellas que le hicieron perder el poder y luego la empatía social. Al PSOE le lastra en la región más española la indefinición de su modelo territorial, basado en un apuesta por el federalismo que nadie sabe explicar, y la ausencia de un criterio unitario en asuntos territoriales que son clave para Murcia, como la política hidrológica, totalmente dependiente del trasvase Tajo-Segura. Ahora que pintan bastos, el PSRM no puede obviar su particular reflexión. Gran parte de su poder municipal depende de un volátil apoyo de Podemos. Si el PP no logró solucionar las grandes carencias de los murcianos en 20 años, y sigue siendo de lejos el partido con más respaldo social, es obvio que el PSRM se lo tiene que mirar a fondo. Siempre que quiera ser un partido de mayorías y alternativa de gobierno.

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El Gobierno, en su encañizada
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Alberto Aguirre de Cárcer | 09-10-2016 | 8:01| 0

El empeño en la pasarela es incomprensible. No existe estrategia de conservación, en ningún espacio natural relevante del mundo, que incluya nuevas infraestructuras que acentúen el riesgo de masificación turística

Quien haya recorrido, a pie o en bicicleta, el triángulo formado por el Parque Regional de las Salinas de San Pedro del Pinatar, la playa de la Llana y las charcas de lodos de Lo Pagán estará de acuerdo conmigo en que es un paseo de excepcional belleza por un paraje natural único. Estoy convencido de que respondería afirmativamente cualquiera de mis amigos de fuera de la Región si, ‘in situ’, le preguntara si apoyaría una pasarela, medioambientalmente aceptable, que comunicara esa ruta con la zona norte de La Manga. Pero seguro que la opinión sería diferente, si antes o después, le informase de que científicos de la UMU, por encargo de la Consejería de Fomento, concluyeron que cualquiera de las alternativas posibles produciría daños a un frágil ecosistema que está ya bastante degradado.

No encuentro nada reprochable, al contrario, en que el Gobierno regional busque potenciar La Manga y el Mar Menor como destino turístico, siempre que no sea a costa de dañar la laguna, su principal valor y atractivo. Como no cabe suponer que esa sea la intención del Ejecutivo no termino de entender, como muchos ciudadanos, su tozudo empeño en un proyecto como la pasarela de Veneziola a la Llana, más aún en las actuales circunstancias. Buscando la cuadratura del círculo (preservar la laguna salada e impulsar las infraestructuras turísticas al mismo ritmo), el Ejecutivo regional se ha metido en su propia encañizada de la que no sabe salir. Quizá ha olvidado, o no quiere asumir, que no existe ninguna estrategia de conservación de la biodiversidad en ningún espacio natural relevante del mundo que incluya nuevas infraestructuras que acentúen el riesgo de masificación turística. El Ejecutivo debe armonizar múltiples intereses, pero no puede olvidar cuál es hoy la prioridad y la principal amenaza. La consulta realizada este verano a los bañistas de las playas de La Manga incumple directamente el Convenio de Aarhus, ratificado por España y que fija los criterios sobre el acceso a la información, participación pública en la toma de decisiones y acceso a la Justicia en materia de medio ambiente. Después de acertadamente crear un comité científico independiente y multidisciplinar que estudie en profundidad la situación del Mar Menor, el Gobierno rozó el género bufo con un sondeo en base a un escueto papelito repartido en las playas y en un portal de participación donde la multiplicidad del voto no está técnicamente imposibilitada. Si como dice la Consejería el encargo a la UMU sobre la pasarela fue exclusivamente un dictamen genérico, la pregunta es por qué se malgasta el dinero de todos. El colofón fue la afirmación de que no se hará la pasarela sin el aval de una declaración de impacto ambiental, toda una obviedad hablando de un enclave natural protegido con muchas figuras jurídicas. Todas las opiniones de la ciudadanía merecen ser escuchadas, pero a diferencia de lo que ocurre con los votos, no todas tienen el mismo valor. La mía, por ejemplo, no puede equipararse a la de cualquier científico implicado en el estudio del Mar Menor porque su nivel de conocimiento e información es muy superior. Si alegremente y sin ningún rigor se utilizan las consultas populares para legitimar decisiones políticas previas nos encontraremos ante un ardid inaceptable que puede dar al traste con ese esfuerzo colectivo por mejorar la participación ciudadana en los asuntos públicos.

Frente a los anteriores del mismo signo, este Gobierno regional ha dado pasos en materia de transparencia y participación que, siendo tímidos, suponen un avance positivo. Pero la ejecución de sus decisiones estratégicas no siempre están acompañadas de la eficacia y seriedad que se precisan para avanzar en los estándares del buen gobierno. Con demasiada frecuencia, la potente estrategia de comunicación que despliega resulta inútil porque no puede enmascarar una evidente falta de coordinación en la toma de decisiones de las distintas Consejerías en temas donde convergen sus competencias, como es el caso del Mar Menor. Esto es lo que ocurre cuando todo el peso político se sustenta en la figura del presidente y el juego consiste básicamente en centrar balones templados al área para que los remate el delantero centro. Si la estrategia no está clara, no todos corren con igual intensidad o entienden el juego en equipo a su manera, llega el barullo y los goles en propia meta.

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La universidad ya no es elitista
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Alberto Aguirre de Cárcer | 07-10-2016 | 9:01| 0

La universidad, la pública como la privada, está cambiando muy deprisa hacia no sé dónde. La singularidad del mundo académico regional me tiene perplejo, aunque lo más probable es que servidor, desde hace años alejado de las aulas como docente, está completamente desfasado. La ciencia de excelencia nunca tuvo muchos apoyos externos en los campus, pero ahora, bajo la frivolidad imperante, se sitúa también en un segundo plano desde dentro, con centros superiores de enseñanza que brillan más por sus exitosos clubes deportivos profesionales que por sus laboratorios y su producción científica, o que crean cátedras de innovación ecuestre dando marchamo académico a nuevas terapias de eficacia científica no contrastada. La ‘buena’ noticia es que la universidad se ha abierto a la sociedad y ya no es elitista: mañana cualquiera puede ser catedrático honorífico o presidir una cátedra internacional.

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Ocupados
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Alberto Aguirre de Cárcer | 05-10-2016 | 1:43| 0

Leo que la diputada andaluza Verónica Pérez, que se autoerigió en la máxima autoridad del PSOE a las puertas de Ferraz, lleva 17 años cobrando sueldos públicos y que no ha tenido actividad profesional fuera de la política, en la que entró con 18 años. No es un caso aislado. Hay numerosos ejemplos a diestra y siniestra, empezando por la propia ministra de Trabajo. En la Región tampoco faltan. El crecimiento económico se ralentiza y el paro vuelve a arrojar cifras preocupantes, pero, habida cuenta que muchos se juegan su propio tajo, prevalecen otro tipo de cuitas. Y así, el PP escudriña si el efecto del caso ‘Gürtel’ y otros de corrupción están amortizados en la opinión publica, el PSOE sopesa los costes de una abstención a Rajoy frente a unas terceras elecciones y Podemos amaga con llevar la inestabilidad institucional a varias Comunidades.

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Apoptosis socialista
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Alberto Aguirre de Cárcer | 02-10-2016 | 9:02| 0

La guerra entre Sánchez y los críticos, que acabó con la dimisión del secretario general en un caótico Comité Federal, ha puesto al PSOE al borde de un cisma. España necesita ya un Gobierno. Pero también un PSOE sólido y unido

Al PSOE, un partido proclive a debates entre corrientes internas que en ocasiones derivan en luchas cainitas, la pugna interna se le fue esta vez de control, adentrándose en un peligroso proceso autodestructivo. Una especie de apoptosis o muerte celular programada que ha terminado por desencadenarse con el ‘golpe de los coroneles’ de Susana Díaz y el atrincheramiento en la secretaria general de Pedro Sánchez, aferrado al timón de la nave hasta pasadas las 8 de la noche de ayer, con el apoyo de una gran parte del partido y sobre todo de la militancia. El Comité Federal, que en un tenso clima de total enfrentamiento tardó ayer más de cinco horas en arrancar por cuestiones de procedimiento, evidenció la magnitud de una guerra interna que, por la importancia del PSOE en la historia democrática de España, reviste una especial gravedad. El lamentable y caótico espectáculo de la confrontación vivido ayer en el interior de Ferraz (de los insultos en la puerta a históricos del PSOE mejor no hablar) era inimaginable hace semanas, pero cobró visos de realidad cuando el pasado lunes, un día después de las severas derrotas electorales en Galicia y País Vasco, Sánchez lanzó un órdago (congreso exprés y primarias en cuestión de semanas) y el sector crítico respondió con la dimisión de 17 miembros de la Comisión Ejecutiva. «Si fue un golpe de estado estuvo dirigido por un sargento chusquero», llegó a afirmar el exministro Borrell, sin saber que lo más esperpéntico estaba todavía por llegar.

En efecto, aunque maltrecho, Pedro Sánchez aguantó en pie, sostenido por un instinto de supervivencia política sin precedentes. Sin el apoyo de seis de los siete barones con responsabilidades de gobierno, con las federaciones territoriales socialistas más numerosas y con más peso en su contra, cualquier otro habría arrojado la toalla. En tales circunstancias el futuro político de un secretario general del PSOE es igual a cero. Pero Sánchez, el primero elegido en primarias por la militancia, emprendió una huida hacia adelante y decidió presentar batalla hasta el final contra el grueso del poder territorial del partido. La consigna era resistir a toda costa (primera lección del marianismo).

Algún colaborador cercano debió susurrarle al oído aquella frase de Benjamin Franklin (’la democracia son dos lobos y una oveja votando sobre qué se va a comer’) y en la víspera del Comité Federal intentó acotar el contenido del debate y condicionar qué se iba a votar: «O se monta una gestora que lleve a que gobierne Rajoy a través de una abstención del PSOE o deciden los militantes en un congreso, mantenemos el ‘no’ a Rajoy e intentamos un gobierno alternativo, de cambio y transversal, como aprobó el Comité Federal». O Rajoy o yo. Pero el nuevo envite de Sánchez no arredró a los críticos y las primeras horas del cónclave socialista fueron una pugna feroz sobre qué, cómo y quién iba a votar. A partir de ahí, entre abucheos y llantos, oficialistas y críticos comenzaron a bloquearse todas sus propuestas. Al cabo de 11 horas, finalmente los asistentes votaron a mano alzada la propuesta de Sánchez del congreso extraordinario. Y ahí acabó la historia. Los críticos doblegaron a los oficialistas por 132 votos en contra frente 107 a favor. De inmediato, el secretario general anunció su dimisión, tal y como prometió si perdía.

No había más que echar un vistazo ayer a las redes sociales y escuchar los insultos a las puertas de Ferraz para comprobar que Pedro Sánchez logró que entre los afiliados calase su relato reduccionista de la crisis: un enfrentamiento entre dos «bandos», los que están por el ‘no’ a Rajoy y los que están a favor de la abstención en una próxima investidura del líder del PP. Una visión simplista, pero muy eficaz, que ya está estigmatizando al sector crítico, pese a su victoria, y que en el futuro puede ser una herencia letal para todo el partido socialista. Las bases ya tienen un mártir. Sánchez lo ha tenido más fácil para imponer su visión de los hechos porque sus oponentes han hablado con muy poca claridad. Susana Díaz insistía en que la prioridad en este momentos es la gobernabilidad de España, pero no explicitaba si la nueva gestora apoyará la investidura de Rajoy con su abstención, como todo indica. Los críticos temían que Sánchez intentara de nuevo su investidura apoyado por Podemos, Ciudadanos y los nacionalistas, una alianza que parece imposible por la incompatibilidad declarada de C’s y Podemos y porque el referéndum de autodeterminación es ya el único objetivo de los nacionalistas catalanes. Convencidos del fracaso de ese pacto, los críticos creen que en unas terceras elecciones el PP barrería (el electorado votaría en clave de gobernabilidad como en el País Vasco y Galicia) y Podemos podría dar el ‘sorpasso’ para convertirse en la primera fuerza de la izquierda. Recomponerse en la oposición, siendo aún el principal referente de la izquierda, y abrir una reflexión, es la tesis susanista que se vislumbra ahora. Sin embargo, siendo lo sustancial, ayer no se abordó ese debate, ni ningún otro de ideas, en el Comité Federal.

El PSOE parece hoy roto y el daño sufrido, irreparable. La derrota de Sánchez tendrá además consecuencias territoriales. También en la Región de Murcia. A primera vista son muy profundas las heridas que la batalla fratricida provocó en toda la organización. Ya no solo por la división exhibida públicamente entre los dirigentes, sino por la posibilidad de que triunfe la idea de que ayer asistimos en Ferraz a un golpe contra la militancia. Puede que así sea. Pero quien lo piense no debería olvidar que si hubiera sido por los militantes, el PSOE habría seguido siendo marxista y Felipe González no habría gobernado este país. España necesita un Gobierno cuanto antes. Pero también un PSOE sólido y unido. Ojalá que restañe pronto sus heridas y vuelva a ganarse el lugar que merece por su aportación a nuestra democracia.

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