La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
Contratos bajo la lupa
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Alberto Aguirre de Cárcer | 10-07-2016 | 7:36| 0

Hay muchos desafíos urgentes para recuperar la confianza de los ciudadanos en la política. Ya no basta con que los gobernantes tengan los bolsillos de cristal, como dijo en su día el alcalde Tierno Galván. Un reto acuciante, como apuntó el Consejo Económico y Social de España, es acabar con la corrupción en la contratación pública. «Socava las instituciones, provoca desafección ciudadana respecto a los poderes públicos y, en última instancia, pone en cuestión el Estado de Derecho», subrayó el CES, al dictaminar sobre el borrador del anteproyecto de Ley de Contratos del sector público, presentado el pasado año por el Ministerio de Hacienda y hoy en vía muerta por el parón legislativo causado por las elecciones. El objetivo del equipo de Montoro era adaptar la legislación nacional a dos directivas europeas para mejorar la eficiencia a través de la contratación electrónica, simplificar y abaratar los procedimientos, incluir en los contratos públicos consideraciones de tipo social, medioambiental y de innovación, y sobre todo, mejorar la transparencia de cara a evitar posibles casos de corrupción. El volumen de recursos que moviliza la contratación pública representa el 15,5% del PIB nacional, lo que explica que sea una de las áreas más propensas a las corruptelas. No solo por el volumen de dinero en juego sino también, según el CES, porque el margen de discrecionalidad de la administración contratante es muy elevado en las distintas fases del procedimiento de adjudicación. Uno de los objetivos del anteproyecto es restringir la fórmula de la contratación sin publicidad que, pese a ser excepcional, es hoy la más empleada por las administraciones públicas en España. Según datos de la Plataforma de Contratación, desde 2009 los contratos negociados sin publicidad superan ya a los adjudicados por procedimiento abierto, más transparentes por el anonimato de las ofertas, la publicidad de la licitación y la supervisión de una mesa de contratación.

Los legisladores nacionales y europeos han puesto la lupa en los contratos negociados sin publicidad porque, siendo útiles en situaciones de urgencia, limitan la libre concurrencia y tienen un importante componente a dedo que favorece los ‘dedazos’: son las administraciones las que designan a los licitantes, pudiendo reducir a tres el número de empresas que son invitadas a optar en base a un pliego y unas ofertas que no quedan bajo el control de una mesa de contratación, sino generalmente en manos de un cargo electo. Lo que la ley estipulaba para casos excepcionales, las administraciones públicas lo han convertido en la herramienta habitual para contratar obras que cuestan de 50.000 a 200.000 euros y servicios y suministros que oscilan entre 18.000 y 60.000 euros. Esa mayor opacidad y riesgo de arbitrariedades han supuesto en todo el país un coladero para el clientelismo o irregularidades que derivan en múltiples casos de presunta corrupción. Por citar un único ejemplo ahí está la rama de la ‘Púnica’ en la Región de Murcia, donde el juez investiga una contratación negociada sin publicidad por el Instituto de Turismo, al que se presentó la presunta trama con una oferta real y dos ‘fantasmas’. Este tipo de casos no son excepcionales, lo que no significa, como es lógico, que tras los miles de contratos públicos negociados sin publicidad haya conductas prevaricadoras. Que el alcalde de Cartagena, José López, se haya comprometido a reducirlos, a aumentar la transparencia, y a poner en marcha medidas para eliminar sospechas de favoritismo, es una decisión sensata y acertada tras su irreflexiva reacción inicial, con una catarata de insultos y amenazas, ante la publicación por este periódico de que el Ayuntamiento había adjudicado a una empresa de su primo hermano un contrato negociado sin publicidad, cuyo único criterio de adjudicación es el precio. Entonces, como ahora, nuestra opinión es que, pese a que el proceso se ajuste a la legalidad, resulta poco estético que la Concejalía de Contratación designe como licitante, por invitación, a una empresa de sonido de un familiar directo del alcalde para el montaje de exposiciones. Más aún en una Corporación donde, como ha venido informando este diario, en la etapa de Pilar Barreiro existió un abusivo uso de estos procedimientos opacos de contratación, lo que debería obligar a extremar la transparencia para recuperar la confianza de la ciudadanía.

Es llamativo, por otra parte, el desconocimiento de muchos responsables municipales sobre los problemas legales que están originando en España los contratos públicos negociados sin publicidad, fundamentalmente aquellos que utilizan el precio como un único criterio de adjudicación. Numerosos ayuntamientos españoles, como el de Cartagena, siguen utilizando la fórmula de la subasta, en desuso desde la reforma de la ley en 2011, obviando el posterior proceso de negociación de las ofertas económicas, cosustancial a este procedimiento, como vienen reiterando numerosos órganos consultivos y tribunales administrativos. El resultado está siendo la nulidad de pleno derecho de muchas adjudicaciones en los tribunales. Es verdad que en algunos casos no cabe la negociación porque, como es fácil de comprobar, sencillamente se aceptan ofertas que rozan la baja temeraria.

La reforma de Montoro pretende pinchar el globo de los negociados sin publicidad con un nuevo procedimiento abierto simplificado, con una duración muy corta de contratación (un mes) y publicación obligatoria en internet. Pero no conviene hacerse demasiadas ilusiones sobre su eficacia en la lucha contra posibles corruptelas. Así lo cree el CES: «Esta reforma de la legislación no aborda este grave problema con la suficiente ambición y profundidad, desaprovechando la ocasión para introducir de manera transversal cuantas disposiciones, procedimientos y cautelas sean necesarios». El anteproyecto de ley, que sigue sin resolver los conflictos de intereses ni la protección de los empleados públicos frente a las presiones políticas, puede quedar a la postre en una mera declaración de intenciones si no cambia su redacción actual.

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Es la Educación
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Alberto Aguirre de Cárcer | 03-07-2016 | 7:27| 0

Han pasado las elecciones y es necesario que los partidos se pongan ya a trabajar de forma constructiva en la Región. Ese pacto educativo regional que reclama el Consejo Económico y Social sería la mejor forma de empezar

El Consejo Económico y Social (CES) de la Región de Murcia no da puntadas sin hilo. Sus diagnósticos son siempre certeros y convienen ser atendidos por quienes ostentan responsabilidades públicas. Es una buena noticia que la irreparable pérdida de su presidente durante muchos años, el añorado Antonio Reverte, no haya producido una merma en la calidad del trabajo de este órgano consultivo, que ha encontrado en José Luján un nuevo timonel que está cumpliendo con creces tan complicada encomienda. El pasado viernes, el CES dio a conocer su última memoria, un exhaustivo informe que proporciona valiosa información sobre el estado de la Región en un momento crucial para adoptar el mejor rumbo en esta fase de incipiente recuperación. El documento pone el dedo en la llaga al señalar algunas secuelas importantes dejadas por la crisis, como el crecimiento de la desigualdad. Aunque sus niveles son menores que los del conjunto de España, han experimentado un mayor crecimiento durante estos años de depresión económica.

Se dice que la pobreza puede llevarse con resignación, pero la desigualdad es un fenómeno inaceptable que se ha acentuado con la globalización. No es admisible un mundo donde las 85 personas más adineradas acumulan una riqueza equivalente a la de las 3.500 millones más pobres, según reiteran los informes de Oxfam. El acelerado proceso de desigualdad social en la Región tiene que ver mucho con los cambios en la evolución y distribución de la riqueza durante la crisis. Los niveles de renta en la Región han sido históricamente menores que los nacionales, pero, según el CES, aquí empezaron a contraerse antes y con una intensidad que a la postre ha sido mayor que en el resto del país. La renta media por persona bajó un 14,8% frente a un 3,2% en el caso nacional, lo que ha lastrado el consumo también de forma más acusada en la Región. Aunque los más ricos han sentido la crisis, los datos muestran un empobrecimiento mayor en la clase media y en los más desfavorecidos, que crecen en número. La lucha contra la desigualdad social ha sido una bandera histórica de la izquierda como la libertad, en su sentido más amplio, lo ha sido de la derecha. El actual Gobierno regional, que apuesta por la libertad de elección de centros educativos, de horarios comerciales y por la eliminación de trabas a la actividad económica, no puede descuidar, sin embargo, el combate de la desigualdad. La tesis de que impulsando el crecimiento económico y la generación de empleo se puede restañar la brecha no es del todo convincente, a la vista de las bolsas de pobreza y los índices de desigualdad que muestran muchos países en pleno crecimiento. Las históricas recetas de la izquierda, basadas en las ayudas públicas, han dado réditos políticos a sus impulsores, pero tampoco han erradicado el problema. Probablemente esté en el término medio, en la combinación de medidas liberalizadoras de impulso económico y una protección social que no deje a nadie en el camino, la vía más adecuada de cara al futuro.

Dicho todo esto, en mi opinión no habrá solución si a la vez no hay un impulso decidido al sistema educativo. El informe del CES es diáfano cuando señala las carencias y los remedios. En su presentación, José Luján subrayó la imperiosa necesidad de alcanzar un gran pacto regional por la Educación que repare, en primer lugar, el impacto de la crisis en el gasto público. Aunque el descenso fue cinco puntos menor que la media nacional, los recursos públicos por alumnos en los centros de enseñanza no universitaria disminuyeron un 10,5%. No menos importante fue la reducción de la plantilla de docentes, que alcanzó un 10,7% (2.325 profesores menos). Es necesario, asimismo, acabar con la fuerte proporción de jóvenes entre 25 y 34 años con poco nivel de estudios. En la Región se ha producido una importante disminución del abandono temprano educativo desde mediados de la pasada década, periodo en el que la tasa disminuye 14 puntos porcentuales, al pasar del 38,1% en 2005 al 24,1% en 2014. «Es una caída superior a la que se constata en España, en el entorno de los 9 puntos, pero insuficiente para corregir totalmente la desventaja pues en el conjunto nacional dicha tasa asciende al 21,6%», apunta el CES.

Reducir la desigualdad social, con efectos estables y duraderos, no será posible exclusivamente con la rebaja del paro. Tan importante como generar actividad económica y afinar las estrategias de empleo juvenil, dotándolas de recursos suficientes, será resolver todos los problemas de fondo que arrastra desde hace tiempo la formación de nuestro capital humano. Si aspiramos a una Región más próspera y con las mismas oportunidades para todos, la apuesta sostenida por la educación pública de calidad es el camino más acertado. Ya han pasado todas las elecciones y es necesario que los partidos se pongan a trabajar de forma constructiva. Ese pacto educativo regional que reclama el CES sería la mejor manera de empezar.

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¿Por qué y para qué este acto?
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Alberto Aguirre de Cárcer | 01-07-2016 | 1:12| 0

Lejos de contribuir a sensibilizar a la opinión pública sobre el drama de los refugiados sirios, el acto celebrado ayer en dependencias de la Comunidad con las primeras familias que son acogidas en la Región quedó circunscrito a una emotiva foto con la consejera de Familia y un breve mensaje de agradecimiento de Hayat, una de las mujeres que ha logrado escapar del avispero sirio. Ante la falta de contenido y de mensajes de utilidad pública, en un acto a la postre completamente innecesario, sobre todo para estas familias, se amontonan algunos interrogantes ¿Por qué Cruz Roja se presta a una petición de la Consejería y luego, una vez fotografiados hasta la extenuación, decide que no cabe hacer preguntas a los refugiados para «proteger su intimidad»? ¿Acaso cabe desprotegerla un poco para que un político se haga una foto? ¿Por qué Cruz Roja y la Consejería convocan a periodistas si de antemano no se nos va a permitir ejercer el trabajo que esperan nuestros lectores? ¿Qué tipo de preguntas y respuestas querían evitarse? En definitiva, ¿por qué y para qué este acto?

Los lectores de ‘La Verdad’ conocen bien la situación en Siria. Desde hace años, nuestro corresponsal en Oriente Medio, Mikel Ayestarán, que compartimos los diarios del grupo Vocento, ha viajado frecuentemente a ese país para relatar de primera mano el horror y hablar con las víctimas de esta cruel tragedia, sorteando todo tipo de obstáculos y poniendo en peligro su propio pellejo para cumplir con su obligación de informar. Pero la de ayer fue una oportunidad perdida para conocer de forma directa la opinión de quienes llevaban mucho tiempo esperando en el Líbano o en Turquía a que la Unión Europea pusiera en marcha su controvertida y varias veces demorada operación de acogida.

Habría sido entendible que Cruz Roja, una organización con una labor humanitaria intachable, hubiera optado por eludir un acto de estas características para que estas familias se recuperen cuanto antes en la intimidad. Lo que es incomprensible es optar por una exposición pública que acaba en una exhibición gratuita del dolor ajeno y que en nada beneficia a las víctimas y a la comprensión de su drama. Estoy convencido de que no hubo mala fe en los convocantes, pero desde luego ayer lo hicieron rematadamente mal en un tema muy sensible.

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El 26J afianza a Rajoy
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Alberto Aguirre de Cárcer | 27-06-2016 | 2:05| 0

Todas las encuestas fallaron. Incluso las ‘israelitas’ realizadas ayer a pie de urna. No hubo ‘sorpasso’ de Unidos Podemos al PSOE, que sigue siendo la fuerza más votada y con más escaños de la izquierda, y el PP mejoró con creces los pronósticos de todos los sondeos. El reparto de fuerzas sigue poniendo complicada la formación de gobierno, pero sin duda el gran vencedor fue anoche Mariano Rajoy, que da al PP catorce escaños más que en diciembre. Por el contrario, el gran derrotado fue Pablo Iglesias, que mantiene el mismo número de escaños pese al acuerdo con Izquierda Unida. En lugar de sumar, el pacto restó. Todo un varapalo para las expectativas del partido morado. El resultado también es desastroso para las aspiraciones de Albert Rivera, que pierde ocho escaños. El acuerdo de investidura con el PSOE le pasa factura y le drena miles de votantes que vuelven al PP. Aunque tendrá cuatro diputados menos, Pedro Sánchez sale vivo del 26J. Empeora respecto a diciembre y obtiene el peor resultado del PSOE desde 1979, pero difícilmente Susana Díaz podrá afearle nada tras la mala cosecha de papeletas en Andalucía, donde los socialistas solo vencen a los populares en tres provincias. En el PSOE muchos temían una hecatombe y Pedro Sánchez resiste y frena a Podemos, aunque hoy está lejos de La Moncloa que hace unos meses.

Rajoy no lo tiene fácil, pero está en una posición claramente mejor que en diciembre para formar gobierno. Su indiscutible triunfo en las urnas, siendo el único líder que mejora, le puede dar alas. El mensaje de los votantes ha sido inequívoco en sus preferencias. Avanza el centroderecha, probablemente aupado en última instancia por los negros nubarrones que han aparecido en Europa con el ‘Brexit’ británico. En tiempos de zozobra, la experiencia siempre es un valor busca el electorado. La campaña popular ha estado basada en la posibilidad de que Unidos Podemos pudiera hacerse con el Gobierno, dando al traste con la reactivación económica y propiciando un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Y ha calado. Los votantes han apostado por la seguridad y la moderación frente a los experimentos de los nuevos partidos en un momento nuevamente complicado en lo político y lo económico. La profunda crisis abierta en la UE y en el propio Reino Unido habría terminado por apuntalar las preferencias del electorado, que en este contexto han relativizado en este contexto las grabaciones al ministro del Interior y los casos de corrupción que afectado a los populares.

En la Región, el PP también obtuvo un triunfo rotundo. Aunque obtiene los mismos escaños, rozó el sexto y mejoró más de seis puntos en apoyo. Gana en todas las comarcas y en 42 de los 45 municipios. El crecimiento es especialmente relevante en los grandes municipios. Incluso allí donde no gobierna (Cartagena). Un resultado que afianza a Pedro Antonio Sánchez, quien llevó el peso de la campaña junto a Teodoro García y Francisco Bernabé, justo unas semanas después de atravesar el momento más delicado de su etapa de gobierno por la ‘Púnica’ y con el lastre de los casos judiciales de Valcárcel y Barreiro. A falta de un análisis pormenorizado llama la atención que no solo obtiene votos de Ciudadanos, que repite escaños pero se desinfla, perdiendo dos puntos desde el 20D. Todo indica que el PP recupera respaldo de antiguos votantes, pero incluso podría haber pescado en los caladeros del PSOE y de Podemos. Los socialistas vuelven a registrar un enésimo suelo, pero la bajada es de tres décimas, algo irrelevante habida cuenta de lo que algunos temían. El pinchazo de Unidos Podemos ha sido de órdago en la Región. Pierde más de 8.000 votos desde diciembre y no suma los 22.767 que ganó IU entonces.

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Dos elecciones y un funeral
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Alberto Aguirre de Cárcer | 26-06-2016 | 8:37| 0

Parad los relojes y desconectad el teléfono, dadle un hueso jugoso al perro para que no ladre, haced callar a los pianos, tocad tambores con sordina, sacad el ataúd y llamad a las plañideras… El poema de W. H. Auden, que protagoniza una escena de la película británica ‘Cuatro bodas y un funeral’, se ha fundido en negro con la realidad. En la campaña electoral de 2015, el primer ministro David Cameron entregó a los euroescépticos de su partido un referéndum que nadie demandaba solo para que dejaran de ladrar. Y ahora media Gran Bretaña festeja el divorcio del ‘Brexit’ con la alegría propia de una boda, y la otra media lo llora con la pena de un funeral. Imagino la vergüenza que los soldados británicos que desembarcaron en Normandía para liberar a Europa del nazismo habrían sentido si hubieran oído a Nigel Farage, líder del Partido Independentista del Reino Unido, hablar de patriotismo y clamar tras el triunfo del ‘Brexit’: «Es la victoria de la gente real, la victoria de las personas decentes». Ahora que el desembarco en las playas europeas es de miles de víctimas de la guerra en Siria, el nuevo populismo, encarnado en el Reino Unido por un partido nacionalista y xenófobo, lo ha tenido muy fácil para que lo impensable hace un año se haya vuelto irreversible. Nadie podía imaginar que los británicos votarían a favor de salir de la UE, pero esto es lo que puede suceder cuando en las urnas predominan las emociones sobre el cálculo de pérdidas y ganancias y se produce una trágica concurrencia de líderes políticos irresponsables.

Cameron deja como legado un país más aislado y completamente dividido, generacional y territorialmente, con Escocia llamando de nuevo a las puertas de su independencia, por una consulta sobre una decisión trascendental que hubiera precisado de una mayoría cualificada, en lugar del lanzamiento de una moneda al aire. Las consecuencias para el Reino Unido y la UE son demoledoras. Todos perdemos. Se abre una peligrosa senda de deserciones de otros Estados miembros que ya está siendo alentada por la ultraderecha francesa y holandesa, mientras los líderes de la UE se muestran incapaces de resolver la crisis de desafecto hacia el proyecto europeo. No son pocas las incertidumbres para España y para una región exportadora y receptora de turistas como la nuestra.

Hoy, con la resaca del ‘Brexit’ y el horizonte europeo cargado de sombras, los españoles estamos llamados a votar por segunda vez en seis meses. Cada cual sacará conclusiones de lo ocurrido desde diciembre, hará balance de la legislatura, sopesará las últimas ofertas de la campaña, reflexionará sobre qué candidato le inspira más confianza y decidirá qué modelo de región y de país quiere para el futuro. Habrá quienes voten emocionalmente y quienes lo hagan analíticamente. Todas las motivaciones son legítimas y cada papeleta tiene el mismo valor. No conviene orillar uno de los recordatorios del ‘Brexit’: cada voto, vaya donde vaya, tiene sus consecuencias. Y son irreversibles hasta dentro de cuatro años, en condiciones normales de estabilidad democrática. El último fracaso en la formación del gobierno es responsabilidad directa de la clase política, pero el reparto de fuerzas es solo atribuible a la voluntad de los votantes. Nuestros políticos son el reflejo de lo que somos y de lo que queremos ser. Votar es una nueva oportunidad para marcar el rumbo de España y colmar nuestras aspiraciones personales y como Región. También es legítimo renunciar a esta toma de decisión colectiva, pero la autoexclusión solo sirve para que los demás decidan por cada uno de nosotros.

Los sondeos de las últimas semanas arrojan un resultado incierto. Se vislumbra una aritmética tan compleja o más que la observada en diciembre para la formación de gobierno. Pero la encuesta que vale, la auténtica y real, es la que hoy saldrá de las urnas. Esta vez, los líderes políticos españoles ya no podrán rehuir el máximo esfuerzo para lograr los pactos que conformen un gobierno. Volver a las líneas rojas, el ‘teatrillo’ y demás estrategias dilatorias para desembocar en una tercera vuelta supone por anticipado un escenario inadmisible para una ciudadanía que lleva dos años acudiendo a las urnas para comicios municipales, autonómicos y generales. España está necesitada de estabilidad política para dejar atrás la crisis y para llevar a cabo las reformas institucionales y de regeneración política que demanda una inmensa mayoría. Precisa de una política económica definida que inspire confianza y que sea predecible para que el mercado de trabajo acelere su reactivación. Necesita de acuerdos para solventar la crisis de nuestro modelo de financiación autonómica y encontrar soluciones a problemas estructurales para nuestra Región, como la ausencia de agua para sus campos. En juego hay demasiados asuntos relevantes como para plantearse abdicar del derecho a influir a través del voto. La suma de todos ellos pondrá sobre la mesa esta noche cuál es el deseo mayoritario de los españoles.

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