La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
El laberinto de los pactos
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Alberto Aguirre de Cárcer | 27-12-2015 | 7:43| 0

Una semana después de las elecciones generales, la gobernabilidad de España sigue en el alero. Y lo más probable es que continúe así al menos hasta la constitución de las dos Cámaras el 13 de enero. Lo único que parece seguro es que el Ejecutivo que finalmente se fragüe, si es que no hay nuevas elecciones, tendrá una débil estabilidad en una legislatura que se presume corta. La fragmentación de fuerzas resultantes del 20D no ha puesto nada fácil la formación de alianzas. Y además, los primeros movimientos políticos han demostrado la falta de experiencia en estas lides de nuestros dirigentes y la voluntad de alguno de forzar otro proceso electoral.

Durante la misma noche del escrutinio, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, marcó una línea roja imposible, al supeditar cualquier pacto a la convocatoria de un referéndum sobre la independencia de Cataluña, una condición destinada al fracaso porque exigiría de un acuerdo del PSOE y del PP para reformar la Constitución. Iglesias podía haber fijado como prioridad su reiterado plan de rescate social, pero parece deudor de las fuerzas y de los militantes nacionalistas que le dieron su apoyo en Cataluña, País Vasco, Galicia y la Comunidad Valenciana. Se pregunta el líder de los círculos quién manda en el PSOE, pero cabe preguntarse hasta qué punto también tiene las manos libres para alcanzar alianzas. Proponer la ocurrencia de que un independiente presida el Gobierno no ha hecho más que acrecentar la idea de que, a día de hoy, subyace una estrategia calculada para forzar otra llamada a las urnas y aprovechar su ola ascendente de apoyos. En otras palabras, de proseguir con la remontada.

La estrategia de Iglesias ha puesto en serios apuros al líder socialista Pedro Sánchez, quien cometió algunos errores de bulto desde la noche electoral, probablemente porque toda la presión ambiental ha recaído sobre él tras el 20D. Desde ámbitos económicos y europeos le llegan mensajes favorables a un acuerdo con el PP, al menos para abstenerse y dejar que Rajoy forme gobierno. Pero su ‘no’ de entrada a la propuesta del presidente en funciones ha suscitado alarmas incluso en el seno de su partido, donde muchos barones temen que una alianza con Podemos acabe por fagocitar al PSOE, más aún si se alimentan las tesis separatistas. El error de Sánchez no fue su rechazo a la primera oferta de Rajoy, que era lo previsible y coherente con su campaña, sino anunciar, habiendo obtenido los peores resultados electorales del PSOE, que retrasaría el próximo congreso socialista a primavera para presentarse de nuevo, con la vista puesta en ser cabeza de cartel si hubiera nuevas elecciones. Las declaraciones de Susana Díaz y de otros barones, recriminándole que fije la estrategia de pactos sin someterlo a consulta interna, han elevado la temperatura del Comité Federal que se celebrará mañana.

La convulsión en el PSOE ha liberado de tensión al PP de Rajoy, quien no escuchó la más mínima crítica de sus barones en el comité ejecutivo popular, pese al inmenso batacazo del pasado domingo. Rajoy trasladó toda la presión a Sánchez en su encuentro en La Moncloa, pero aún así está en una situación más que comprometida porque una abstención de los socialistas se vendería cara, probablemente solicitando la cabeza política del presidente en funciones. Que las aguas bajen menos turbias en el interno del PP no significa que las perspectivas sean mejores. Como partido más votado, le corresponde a Rajoy tomar la iniciativa. Y de momento no ha tenido margen para el error. Ya se verá cómo maneja la situación. Mientras, el mensaje navideño del Rey aportó serenidad a un escenario donde el indispensable diálogo debe basarse en referencias unitarias, que no pueden saltar por los aires por la legítima tentación de conservar o conquistar el Gobierno. Nos quedan semanas de incertidumbre. Más vale armarse de paciencia y confiar en la capacidad de nuestros líderes para finalmente acertar en sus acuerdos de gobernabilidad. Los españoles han querido mayor pluralismo político en el Parlamento, pero no un país en permanente desgobierno.

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El PP coge aire pese al batacazo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 21-12-2015 | 7:42| 0

El bipartidismo pasó a la historia anoche por el derrumbe de PP y PSOE, y por la entrada con fuerza en el Congreso de los Diputados de Podemos y, en menor medida de la esperada, de Ciudadanos. Pero curiosamente, como en otros tiempos donde ni populares ni socialistas obtenían la mayoría absoluta, los nacionalistas podrían tener de nuevo la llave de esa gobernabilidad que ninguna formación tenía anoche asegurada. Ni el PP de Rajoy con el respaldo de la formación naranja de Rivera ni el PSOE de Sánchez con el apoyo de Pablo Iglesias (Podemos) y Alberto Garzón (IU) alcanzarían la mayoría suficiente en una primera votación de investidura. Ambos bloques prácticamente empatan a escaños, lo que puede hacer decisivos a ERC y Convèrgencia, más proclives a un pacto con quienes abogan por una reforma de la Constitución y un referéndum en Cataluña, en el caso de Podemos. Un panorama de total incertidumbre en el que solo caben, de momento, las especulaciones. Pese a su victoria en las urnas, Rajoy queda en situación comprometida. Y Sánchez, que aspiraba a ganar antes de la campaña, pierde 19 escaños y cosecha un mínimo histórico, aunque tiene sus opciones de llegar a La Moncloa. Anoche Iglesias era el gran triunfador y Rivera el principal derrotado, al quedar muy lejos de las expectativas que apuntaban los sondeos.

En la Región se cumplieron las encuestas. El PP de Ramón Luis Valcárcel pierde nada menos que 24 puntos porcentuales y casi 180.000 votos respecto a las generales de 2011. Obtiene cinco escaños frente a los ocho de hace cuatro años, un objetivo en línea con las previsiones que se fijaron los populares al inicio de la campaña. Dentro del descalabro, la mejor noticia para esta formación es que con Pedro Antonio Sánchez al frente del Gobierno regional mejora en tres puntos su apoyo en las urnas, hasta alcanzar el 40,4% de los votos, con respecto a las autonómicas. El mayor mordisco se lo propina Ciudadanos, que obtiene un buen resultado (dos escaños) y mejora en cinco puntos en el reparto de votos desde los comicios regionales de mayo. Pese a que se desinflaron sus expectativas a nivel nacional, fue la segunda fuerza en Murcia, Cartagena y Molina de Segura, tres de los cuatro municipios con más habitantes. El PSOE de Rafael González Tovar no puede presumir de resultados. Todo lo contrario. Repite en número de escaños al Congreso y Senado, pero conoce un nuevo suelo con un 20,3% de los votos, el peor porcentaje de su historia. Pierde seis décimas respecto a las autonómicas y naufraga en las grandes ciudades. Fue la cuarta fuerza en la ciudad de Murcia y en Molina de Segura, y la tercera en Cartagena. Solo en Lorca, tradicional bastión socialista, mantuvo su segunda posición. Podemos consigue un escaño y experimenta una discreta subida de dos puntos desde mayo, aunque se convirtió en el referente de la izquierda en Murcia y en Molina de Segura. Han sido estas elecciones generales un termómetro del estado de salud de los partidos en la Región, aunque el escrutinio a nivel nacional deja a todos sumidos en la incertidumbre. En primer lugar al presidente Pedro Antonio Sánchez, que lo tendría crudo si el inquilino de La Moncloa no es Mariano Rajoy. Se acabaría el hilo directo y tendría que guardar cola. Quién sabe. Quizás el PSOE, con una política de pactos en Madrid, podría terminar esbozando una sonrisa en cuestión de semanas.

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El voto decisivo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 20-12-2015 | 8:44| 0

Más de 36 millones de españoles, más de un millón en la Región de Murcia, están llamados hoy a las urnas para elegir a sus representantes para el Congreso de los Diputados y el Senado en las elecciones más abiertas de la democracia. Si las encuestas se acercan a la realidad es muy posible que incluso tras el recuento de los votos no sepamos esta noche quién gobernará España hasta 2020. Cuatro fuerzas (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) despuntan en todos los sondeos de una cita electoral donde va a ser clave el nivel de participación en las urnas para que cristalicen las opciones de unas y otras formaciones. En juego está la gobernabilidad del país en un momento clave en lo político y en lo económico, lo que exigirá de la mayor responsabilidad a todas las formaciones para alcanzar acuerdos que garanticen la estabilidad necesaria y los consensos para hacer frente a los grandes desafíos del país, desde la recuperación del mercado de trabajo al órdago separatista planteado por el Ejecutivo catalán. También le va mucho a Murcia en este envite porque son múltiples los retos regionales que dependerán de la implicación del próximo Gobierno de la nación.

La campaña electoral más mediática y focalizada en la personalidad de los principales líderes quedó atrás. Todo está dicho. Las propuestas de calado que debían haberse planteado tuvieron su oportunidad de ser expresadas. Solo emergió como consenso unánime el convencimiento de que estos comicios son trascendentales. Ahora la responsabilidad se traslada a los españoles porque ha llegado el momento de decidir con el voto nuestro futuro inmediato. No acudir a las urnas es una opción legítima, pero implica una renuncia al más preciado derecho democrático. Hoy cada persona inscrita en el censo cuenta con la potestad de expresar su parecer a través de las diversas posibilidades que le ofrecen las dos urnas. Unos tendrán su voto decidido desde siempre, habrá quien elija candidato por exclusión, otros se inclinarán por el partido que le inspire más confianza en estos momentos y también habrá quien haga uso del voto en blanco para expresar su disconformidad con todas las formaciones. Pero cuanto más alta sea la participación, más legitimadas saldrán las dos Cámaras representativas y mayor será la responsabilidad que asumirán nuestros representantes de cara a la ciudadanía.

El recuento de esta noche dejará en el aire durante las próximas semanas muchas dudas sobre la gobernabilidad del país. La victoria de la primera formación, cualquiera que sea, será insuficiente y los cuatro principales partidos han sido opacos o ambiguos en sus políticas de alianzas. Pero otras muchas incógnitas quedarán despejadas este mismo domingo. Sabremos hasta qué punto ha resistido el bipartidismo el pujante ascenso de las nuevas formaciones o si las expectativas de Ciudadanos y Podemos que suscitaban los sondeos eran un espejismo demoscópico. Lo habitual es que, salvo catástrofe manifiesta, todos los partidos hagan una lectura positiva de los resultados, pero es muy probable que algunos líderes nacionales salgan hoy tocados de esta cita electoral. No solo es una prueba de fuego para los dos grandes. A tenor de los sondeos, IU y UPyD se juegan hoy el ser o no ser en la política española. Con los resultados en la mano también podremos calibrar los desplazamientos ideológicos de la sociedad española, los efectos de las múltiples opciones de izquierda en la distribución del voto, la opinión del electorado sobre las distintas coaliciones formadas tras las municipales y las autonómicas, el nivel de desgaste del PP en sus principales feudos tras cuatro años de gobierno y la respuesta del electorado a las propuestas separatistas. Si ha sido intensa la larga precampaña, todo indica que aún más lo serán las próximas semanas en un escenario político fragmentado que será inédito en nuestro país tras cuarenta años de democracia. Probablemente asistimos al nacimiento de un tiempo nuevo donde el pacto ya no será una opción, sino una exigencia ineludible para la gobernabilidad del país. Hoy se decide todo, voto a voto.

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Silbatos, insultos y puñetazos
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Alberto Aguirre de Cárcer | 17-12-2015 | 7:54| 0

En EE UU llaman política del silbato de perro a los mensajes que tienen un significado único e inocuo para la mayoría, pero que incorporan otro encriptado que llega a ciertos colectivos. En el país de lo políticamente correcto no es infrecuente que algunos candidatos usen esas palabras código para activar a grupos antimusulmanes o antisemitas sin perder aparentemente las formas. Estos días, el aspirante Jeb Bush acusa a su competidor Donald Trump de practicar la retórica ‘whistle dog’, aunque el polémico empresario hace tiempo que dejó esas sutilezas del lenguaje y directamente descalifica a los inmigrantes mexicanos o a periodistas. Aquí de momento los candidatos se insultan solo entre sí, dentro de los límites de agresividad verbal habituales en citas electorales. El clima no ayuda, pero prefiero pensar que la brutal agresión a Rajoy se produjo porque la seguridad se relaja en campaña y la oportunidad aparece para los más violentos.

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Del tedio al bochorno
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Alberto Aguirre de Cárcer | 15-12-2015 | 8:06| 0

Los más beneficiados por el cara a cara de anoche no estaban ayer en el plató de la Academia de la Televisión. El debate entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy pasó del tedio al bochorno cuando el líder socialista espetó al candidato popular que no era un político decente y éste le respondió que era ruin, mezquino y miserable. Fue un espectáculo lamentable que eclipsó las dos horas de debate. Sabedor de que era su gran oportunidad para dar un vuelco a las encuestas, Sánchez salió al ataque y puso a la defensiva a Rajoy, pero el debate estalló cuando, como colofón de su argumentación sobre el caso Bárcenas, pronunció la citada frase y vino la réplica. Y ahí se acabó todo. La tensión subió de tono y comenzó un intercambio de golpes, por momentos barriobajero. Todo dejó de tener ya el más mínimo interés.

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