La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
Sudoku
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Alberto Aguirre de Cárcer | 31-01-2016 | 7:57| 0

El trasfondo de la polémica sobre las cuentas públicas regionales es más político que presupuestario porque empieza a instalarse la percepción de que estamos en la antesala de una nueva convocatoria de elecciones

Los Gobiernos, por regla general, exhiben sus fortalezas y ocultan sus debilidades. Pero el Ejecutivo de Pedro Antonio Sánchez se ha habituado a amplificar con idéntica intensidad tanto sus logros de gestión como sus derrotas parlamentarias. La aprobación de las enmiendas a los Presupuestos es paradigmática. En el plano político es natural que el PP no desaproveche ocasión de aventar el eslogan del ‘tripartito’ cuando PSOE, Podemos y C’s votan en bloque. O que ponga en evidencia la posible pérdida de fondos europeos al tocarse partidas finalistas o de ayudas comprometidas a determinados sectores a causa de enmiendas de la oposición. Lo que no se acierta a entender es el afán en mostrar la supuesta falta de rigor de la oposición y su voluntad de erosionar al Ejecutivo del PP a costa de evidenciar al mismo tiempo que está a merced de otros en cuestiones clave para la gobernabilidad de la Región. Sánchez va salvando escollos porque en última instancia encuentra un salvavidas de Ciudadanos, que paralelamente le sacude con su discurso de la regeneración y le hace rotos de campeonato, como ha ocurrido con algunas de sus enmiendas. Ya no solo por el montante económico de la retribución del mes de agosto de los interinos, el pago en 2016 del resto de la extra de 2012 o la reactivación de la carrera profesional en la sanidad pública, sino también por la carga política que encierran. Todas ellas eran promesas del PP que el Gobierno tenía encauzadas, en un caso a través de un acuerdo con los sindicatos en la mesa de la función pública, pero que habían quedado postergadas para 2017. En otro caso haciendo incluso frente a la primera huelga de la sanidad pública. Ese paro fracasó por su escaso seguimiento, pero el Sindicato Médico, uno de los convocantes, no lo olvida. En un artículo que publicamos en páginas de Opinión, su presidente, Francisco Miralles, señala que «lo más coherente sería que gobernase otro o que dimita ante una presentación de enmiendas que ha tenido un alcance nunca antes vivido en la Región». Así bajan las aguas en la gran bolsa de votantes compartida por PP y Ciudadanos. De ahí también el toma y daca a cuenta de la concertada. Petrificados con el asunto de los imputados, los populares han hecho presa en el recorte de tres millones a la concertada respecto a lo asignado, que pasa de 8 a 5 millones. Puede que esta cantidad sea suficiente, como alega C’s en base a previsiones de la Consejería de Educación, pero lo cierto es que igual que 22 diputados son menos que 23, matemáticamente 5 millones son menos que 8. Y eso no es baladí en estos momentos porque empieza a instalarse en el clima político regional la percepción de que estamos en la antesala de una nueva convocatoria electoral. Gobierno y oposición no hablan ni de cuestiones técnicas presupuestarias y a la Asamblea deben llegar desde San Esteban leyes relevantes que pueden sufrir otros vuelcos, como la del estatuto del cargo público o las leyes de servicios sociales y de igualdad contra la violencia de genero. Todos miran de reojo a los pactos que puedan fraguarse en Madrid o a una eventual nueva llamada a las urnas. Y nadie quiere verse pillado a contrapié en la Región, donde también pueden suceder hechos políticos relevantes en el corto plazo.

El trasfondo de esta polémica es por tanto más político que presupuestario. En los últimos años, las cuentas que salían de la Asamblea nunca se cumplieron. La prueba es el déficit público acumulado año tras año y que no solo es producto de la infrafinanciación, sino también de previsiones de ingresos erróneas, del peso rampante de proyectos fallidos en la deuda pública y de sucesos imprevistos, como el terremoto de Lorca. Esta vez, el consejero de Hacienda lo tendrá mucho más complicado porque en algunas consejerías uno de cada cinco euros ha cambiado de destino. Y además se establecen retribuciones de obligado cumplimiento que no están reflejadas en el Presupuesto con crédito asignado y hay descuadres de fondos europeos que deberán reasignarse. En definitiva, se ha parido un sudoku presupuestario que no convence a nadie y que nadie sabe aún cómo quedará, ni siquiera de inicio.

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La vida sigue igual
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Alberto Aguirre de Cárcer | 27-01-2016 | 8:05| 0

Excepto por el cielo encapotado, ayer fue un día típico de los últimos años en la Región. Un alcalde popular declarando por presunta prevaricación en un juzgado, la Región batiendo marcas de déficit público, y el Gobierno y la oposición aprobando, entre reproches mutuos, unas cuentas públicas sin negociación, con la novedad de que esta vez nadie sabe bien cómo han quedado finalmente con las enmiendas de ‘quita aquí y pon allí’ presentadas por PSOE, Podemos y Ciudadanos. Lo más inquietante es que nada va a cambiar. Los altos cargos del PP no dimitirán en el momento de su imputación, no hay ningún viso de que mejorará el diálogo Gobierno-oposición, y el déficit seguirá creciendo, más ahora que los portavoces de PSOE y Podemos piensan, como expresó en su día Valcárcel, que incumplirlo es una opción política, aunque lo exija la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Todo muy edificante.

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Acuamed
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Alberto Aguirre de Cárcer | 24-01-2016 | 7:35| 0

En la Región donde las familias y los regantes pagan el agua más cara de España, entre otras razones porque las infraestructuras del Estado que atenúan el déficit hídrico repercuten en nuestros recibos, resulta especialmente lacerante la presunta trama descubierta en la cúpula de la empresa pública Acuamed. Mientras que muchos ciudadanos vivían la angustia de hacer frente a sus rampantes facturas de agua y otros muchos la ansiedad de no tener asegurado el riego para sus cultivos, un puñado de presuntos indeseables al frente de una sociedad estatal inflaban el coste de obras hidráulicas en las cuencas del Mediterráneo, mientras recibían dádivas de las empresas beneficiadas, desde dinero en efectivo, como se deduce de los registros policiales, a viajes a Turquía o, pásmense, implantes de pelo. Todo ello con la aparente connivencia, o al menos mirando hacia otro lado, del que fue número dos del Ministerio de Agricultura y hasta el viernes, subsecretario de Presidencia, Federico Ramos. Quien denunció ante sus superiores las irregularidades en Acuamed hace año y medio fue recompensado con su inmediato despedido de la empresa. De no haber acudido el denunciante con posterioridad a la Fiscalía Anticorrupción hoy no estarían ante la Justicia el director general de Acuamed, Arcadio Mateo, y varios directivos de las constructoras que se repartían los sobrecostes pactados en perjuicio de la Hacienda Pública. Las consecuencias de este escándalo no se limitan a las penales. El Ministerio y la UE van a revisar todos los contratos e inversiones de Acuamed, lo que a la postre se traducirá, cuanto menos, en una dilación de algunos proyectos que son urgentes para la Región de Murcia. La falta de controles en las opacas empresas estatales (todavía está bajo investigación el fraude en las obras del AVE) ha quedado gravemente de manifiesto. En paralelo a la investigación judicial y la depuración de responsabilidades políticas, urge reforzar las tareas de transparencia y de vigilancia en la contratación de obra pública.

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Un país sumido en el lío
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Alberto Aguirre de Cárcer | 24-01-2016 | 7:34| 0

La lección más evidente del caso murciano es que las investiduras pueden lograrse con apoyos puntuales, pero éstos no garantizan una gobernabilidad estable y duradera si no hay pactos programáticos que luego se cumplen

Habría poco menos que descender al aterrador antro de Trofonio o consultar a cualquier otro oráculo de la mitología griega para saber quién acabará gobernando España. Pasado un mes de las elecciones y concluida la primera ronda de consultas del Rey, la compleja aritmética parlamentaria sigue siendo un escollo insalvable para los dos principales postulantes. Rajoy dio un paso atrás el viernes, renunciando de momento a intentar la investidura por la falta de apoyos, en un movimiento que no deja de tener un componente de retirada táctica. Le pasa así toda la presión al socialista Pedro Sánchez, que puede verse tentado a aceptar la sorpresiva, y un tanto humillante, oferta de gobierno de coalición lanzada por Pablo Iglesias. Todo un caramelo envenenado a ojos de los guardianes de las esencias socialistas, con esa rocambolesca propuesta de Ministerio de la Plurinacionalidad de España y otras carteras cuyos nombres ya asigna de antemano y premeditadamente el líder de Podemos. En realidad seguimos como estábamos. Con Rajoy aislado y aparentemente petrificado, con Iglesias metiendo presión con golpes de efecto que explotan las debilidades internas de Sánchez y con el líder del PSOE titubeando en una encrucijada de solo dos caminos, uno hacia la Moncloa y otro hacia la nada si resulta desplazado por sus propios barones.

La formación de gobierno en la Región fue mucho más sencilla, en gran medida porque el arco parlamentario no eran tan enrevesado. Al PP de Pedro Antonio Sánchez, que quedó a solo un escaño de la mayoría absoluta, le bastaba con el apoyo de un único grupo, Ciudadanos, lo que consiguió en base a un pacto de investidura. Pero el presidente regional ya sabe lo que significa gobernar con un respaldo parlamentario insuficiente. Antes incluso de que C’s diera por incumplido el pacto, por la presencia de imputados del PP en cargos públicos, ya vio cómo los partidos de la oposición se aliaron para reformar la ley electoral regional en cumplimiento de sus promesas programáticas. Salvo acuerdos puntuales, como el de la llegada del AVE, la relación entre PP y Ciudadanos ha sido tormentosa y hoy es prácticamente inexistente. Ya no es que no pacten, es que ni siquiera se sientan a hablar, mientras la armonía del partido naranja con PSOE y Podemos crece en fluidez. A día de hoy, el Gobierno de Sánchez está aislado en la Asamblea y a merced de las formaciones de la oposición, que han dado un vuelco de calado a muchas partidas sensibles de los Presupuestos para 2016. El resultado es un carajal en las cuentas públicas porque el techo de gasto es inamovible y el Gobierno tendrá que asumir compromisos en materia de retribución de los funcionarios e interinos que, en principio, no pueden satisfacerse sin recortes en esa misma partida de personal.

La lección más evidente del caso murciano es que las investiduras pueden alcanzarse con apoyos puntuales, pero éstos no garantizan una gobernabilidad estable y duradera si no hay pactos sobre grandes puntos programáticos que luego se cumplen. Y esta idea es de aplicación tanto para Mariano Rajoy como para Pedro Sánchez. Ambos lo tienen mucho más difícil porque la fragmentación parlamentaria en el Congreso de los Diputados es tremendamente complicada. Incluso el líder socialista, que a priori lo tendría más de cara con una alianza de Gobierno con Podemos, IU y PNV, previa abstención de los nacionalistas catalanes, se encontraría con enormes obstáculos para dar satisfacción a las aspiraciones políticas de formaciones tan dispares. Por ejemplo, una profunda reforma constitucional, dado que necesitaría contar con el PP porque dispone de una minoría de bloqueo en la Cámara Baja y mayoría absoluta en el Senado. La gran incógnita es el papel que jugará Ciudadanos en las próximas semanas. En determinadas circunstancias podría, como dijo Rivera, desencallar la guerra fría entre PP y PSOE, decantando la balanza de uno y otro lado. El lío es monumental. Y su desenlace, una completa incógnita.

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Bufonadas
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Alberto Aguirre de Cárcer | 23-01-2016 | 9:41| 0

El Niño de Vallecas, el Primo y el Calabacillas eran los sobrenombres de tres bufones de la Corte de Felipe IV que fueron retratados por Velázquez con la misma solemnidad y dignidad que dispensaba en sus cuadros a los príncipes, infantas y cortesanos que usaban a esos pequeños hombres para su divertimento en palacio. Quienes nos representan hoy por expreso deseo del voto en las urnas no se merecen menos dignidad y deberíamos medirlos por su talla política, por su altura de miras, por su estatura moral. Es verdad que nuestros líderes no ayudan mucho en este aspecto, pero si uno rastrea las conversaciones en las redes sociales sobre los encuentros de Felipe VI con Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Mariano Rajoy comprobará que tenemos grandes reservas de estulticia. Bufonadas nunca nos van a faltar, por muy serio y comprometido que pueda ser el momento histórico en España.

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