La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
El voto decisivo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 20-12-2015 | 8:44| 0

Más de 36 millones de españoles, más de un millón en la Región de Murcia, están llamados hoy a las urnas para elegir a sus representantes para el Congreso de los Diputados y el Senado en las elecciones más abiertas de la democracia. Si las encuestas se acercan a la realidad es muy posible que incluso tras el recuento de los votos no sepamos esta noche quién gobernará España hasta 2020. Cuatro fuerzas (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) despuntan en todos los sondeos de una cita electoral donde va a ser clave el nivel de participación en las urnas para que cristalicen las opciones de unas y otras formaciones. En juego está la gobernabilidad del país en un momento clave en lo político y en lo económico, lo que exigirá de la mayor responsabilidad a todas las formaciones para alcanzar acuerdos que garanticen la estabilidad necesaria y los consensos para hacer frente a los grandes desafíos del país, desde la recuperación del mercado de trabajo al órdago separatista planteado por el Ejecutivo catalán. También le va mucho a Murcia en este envite porque son múltiples los retos regionales que dependerán de la implicación del próximo Gobierno de la nación.

La campaña electoral más mediática y focalizada en la personalidad de los principales líderes quedó atrás. Todo está dicho. Las propuestas de calado que debían haberse planteado tuvieron su oportunidad de ser expresadas. Solo emergió como consenso unánime el convencimiento de que estos comicios son trascendentales. Ahora la responsabilidad se traslada a los españoles porque ha llegado el momento de decidir con el voto nuestro futuro inmediato. No acudir a las urnas es una opción legítima, pero implica una renuncia al más preciado derecho democrático. Hoy cada persona inscrita en el censo cuenta con la potestad de expresar su parecer a través de las diversas posibilidades que le ofrecen las dos urnas. Unos tendrán su voto decidido desde siempre, habrá quien elija candidato por exclusión, otros se inclinarán por el partido que le inspire más confianza en estos momentos y también habrá quien haga uso del voto en blanco para expresar su disconformidad con todas las formaciones. Pero cuanto más alta sea la participación, más legitimadas saldrán las dos Cámaras representativas y mayor será la responsabilidad que asumirán nuestros representantes de cara a la ciudadanía.

El recuento de esta noche dejará en el aire durante las próximas semanas muchas dudas sobre la gobernabilidad del país. La victoria de la primera formación, cualquiera que sea, será insuficiente y los cuatro principales partidos han sido opacos o ambiguos en sus políticas de alianzas. Pero otras muchas incógnitas quedarán despejadas este mismo domingo. Sabremos hasta qué punto ha resistido el bipartidismo el pujante ascenso de las nuevas formaciones o si las expectativas de Ciudadanos y Podemos que suscitaban los sondeos eran un espejismo demoscópico. Lo habitual es que, salvo catástrofe manifiesta, todos los partidos hagan una lectura positiva de los resultados, pero es muy probable que algunos líderes nacionales salgan hoy tocados de esta cita electoral. No solo es una prueba de fuego para los dos grandes. A tenor de los sondeos, IU y UPyD se juegan hoy el ser o no ser en la política española. Con los resultados en la mano también podremos calibrar los desplazamientos ideológicos de la sociedad española, los efectos de las múltiples opciones de izquierda en la distribución del voto, la opinión del electorado sobre las distintas coaliciones formadas tras las municipales y las autonómicas, el nivel de desgaste del PP en sus principales feudos tras cuatro años de gobierno y la respuesta del electorado a las propuestas separatistas. Si ha sido intensa la larga precampaña, todo indica que aún más lo serán las próximas semanas en un escenario político fragmentado que será inédito en nuestro país tras cuarenta años de democracia. Probablemente asistimos al nacimiento de un tiempo nuevo donde el pacto ya no será una opción, sino una exigencia ineludible para la gobernabilidad del país. Hoy se decide todo, voto a voto.

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Silbatos, insultos y puñetazos
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Alberto Aguirre de Cárcer | 17-12-2015 | 7:54| 0

En EE UU llaman política del silbato de perro a los mensajes que tienen un significado único e inocuo para la mayoría, pero que incorporan otro encriptado que llega a ciertos colectivos. En el país de lo políticamente correcto no es infrecuente que algunos candidatos usen esas palabras código para activar a grupos antimusulmanes o antisemitas sin perder aparentemente las formas. Estos días, el aspirante Jeb Bush acusa a su competidor Donald Trump de practicar la retórica ‘whistle dog’, aunque el polémico empresario hace tiempo que dejó esas sutilezas del lenguaje y directamente descalifica a los inmigrantes mexicanos o a periodistas. Aquí de momento los candidatos se insultan solo entre sí, dentro de los límites de agresividad verbal habituales en citas electorales. El clima no ayuda, pero prefiero pensar que la brutal agresión a Rajoy se produjo porque la seguridad se relaja en campaña y la oportunidad aparece para los más violentos.

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Del tedio al bochorno
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Alberto Aguirre de Cárcer | 15-12-2015 | 8:06| 0

Los más beneficiados por el cara a cara de anoche no estaban ayer en el plató de la Academia de la Televisión. El debate entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy pasó del tedio al bochorno cuando el líder socialista espetó al candidato popular que no era un político decente y éste le respondió que era ruin, mezquino y miserable. Fue un espectáculo lamentable que eclipsó las dos horas de debate. Sabedor de que era su gran oportunidad para dar un vuelco a las encuestas, Sánchez salió al ataque y puso a la defensiva a Rajoy, pero el debate estalló cuando, como colofón de su argumentación sobre el caso Bárcenas, pronunció la citada frase y vino la réplica. Y ahí se acabó todo. La tensión subió de tono y comenzó un intercambio de golpes, por momentos barriobajero. Todo dejó de tener ya el más mínimo interés.

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En la recta final
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Alberto Aguirre de Cárcer | 13-12-2015 | 8:52| 0

Si se dan por buenos los sondeos y se observan con perspectiva geométrica, PP, PSOE, C’s y Podemos son como cuatro raíles que avanzan en paralelo hacia un punto de fuga en el horizonte que solo será visible en la noche del 20D

Vemos a los candidatos desplazarse en el interior de automóviles de camino a un debate electoral en televisión mientras los militantes de los partidos bombardean las redes sociales y las encuestas ‘online’ para influir en quién será declarado ganador. No hay aparente simulación. Es en vivo y en directo, y nos invitan a participar. Los mensajes y gestos de los aspirantes están previamente calculados. Y los comentarios en Twitter y Facebook, pensados o programados de antemano. Pero parece que cualquier cosa puede suceder y millones de personas no quieren perderse la liturgia de un drama donde habrá vencedores y derrotados. La omnipresencia de los candidatos en todo tipo de programas ha convertido la política en un espectáculo televisivo y la campaña en un espacio tan hiperreal como los casinos de Las Vegas, esos mundos de fantasía basados en copias exactas de barcos de piratas o pirámides donde la ensoñación acaba cuando toca pagar la factura del hotel y uno comprueba lo que se dilapidó en la ruleta. Es la hiperrealidad de la que habla el sociólogo Jean Braudillard, una sustitución de la realidad por una interpretación de la misma, pero llevada al terreno de la política para, a ritmo de debate televisivo, sondeo y ‘agitprop’ en las redes sociales, seducir a los indecisos y aprehender su voto.

Los economistas no supieron anticipar una crisis mundial que irrumpió de sopetón en 2007. Sin embargo, este nuevo escenario político venían vaticinándolo muchos politólogos, sociólogos y filósofos. Ha sido producto de un proceso paulatino durante muchos años, por el declive de las ideologías y la brecha abierta entre la ciudadanía y una clase política distante y refugiada en las instituciones, aunque la crisis y la corrupción aceleraron todo. Russell Dalton y Martin Wattenberg alertaron hace años de la crisis de militancia en los partidos, Bernard Manin avisó de la sustitución de la democracia de los partidos por la democracia de las audiencias, Pierre Rosanvallon reflexionó sobre el crecimiento de los populismos y la impolítica, y Peter Mair advirtió del auge del votante volátil y del proceso de vaciado de las democracias occidentales.

En este escenario inédito fraguado en nuestro país, las cuatro principales formaciones en liza encaran la recta final de campaña con un desenlace abierto. Si se toman por buenas las encuestas y se observan con perspectiva geométrica, PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos son como cuatro raíles que avanzan en paralelo hacia un punto de fuga en el horizonte que solo será visible en la noche del próximo domingo. Anticipar un análisis de los posibles resultados está fuera de lugar y solo cabe examinar lo acontecido hasta el ecuador de la campaña. Si se retira toda la espuma mediática del vaso se aprecian propuestas concretas en materia económica y de regeneración democrática, pero mucha indefinición sobre las cuestiones que tienen aristas territoriales, ya sea el futuro de Cataluña o la financiación autonómica, o sobre aquellas que directamente afectan a la molla constitucional, como el modelo de Estado. Como cabía esperar, todos los partidos se mueven en la ambigüedad cuando, de pasada, se aborda el problema del agua, un tema que quedó fuera de los principales debates de los líderes nacionales, al igual que el sostenimiento de la sanidad pública, la apuesta por la investigación científica o la política cultural. Quedan siete días y todo indica que la crispación y el ruido se van a sobreponer aún más a las propuestas y a las ideas. El voto indeciso, sobre todo el que gravita en el centro ideológico, todavía está por definir y a partir de ahora será más fácil que se decante por resortes emocionales y por percepciones sobre los principales aspirantes. Es poco tiempo el que resta como para cuajar liderazgos creíbles, de modo que la suerte está echada para la mayoría de candidatos. Es verdad que seis días de campaña son un mundo porque cualquier error garrafal del contrario puede desencadenar un vuelco, pero la exposición mediática no da para más y las oportunidades se agotan. Lo mejor es que solo quedan siete días para depositar el voto y salir de esta bruma.

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Al pan…
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Alberto Aguirre de Cárcer | 10-12-2015 | 8:04| 0

Que todos los carteles de Ciudadanos sean de Rivera, y no haya ninguno de sus candidatos provinciales al Parlamento, obedece a razones electorales muy obvias, aunque discutibles en unos comicios no presidencialistas y que tienen sus pros y sus contras para esa propia formación. Como vaticinaba el politólogo Bernard Manin, hemos pasado de la democracia de los partidos a la democracia de las audiencias, donde los ideólogos han sido sustituidos por asesores de marketing y comunicación política. Para evitar el estigma de la partitocracia, C’s ni siquiera se presenta como un partido sino como una plataforma civil. Muchas cosas han cambiado en nuestra democracia, pero sigue siendo bueno llamar a las cosas por su nombre y huir del culto excesivo a la personalidad, lo contrario de lo que hizo el presidente Nyýazow, que por decreto acabó en Turkmenistán sustituyendo la palabra pan por el nombre de su madre.

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