La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
Nadie se fía de nadie
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Alberto Aguirre de Cárcer | 07-07-2015 | 7:38| 0

Nadie se fía de nadie. Rajoy se debate entre convocar las generales el 23 de septiembre, coincidiendo con las catalanas para contener el voto independentista, o aprobar los Presupuestos del Estado y llamar a las urnas en diciembre. Por si acaso, el PSOE ha constituido su comité electoral, que tendrá como portavoz a la murciana González Veracruz. Aquí la oposición quiere aprobar sin más dilación el 24 de julio la reforma electoral. Teme que el presidente Sánchez, por más que asegure lo contrario y llegado el caso, pueda convocar por decreto nuevos comicios. El artículo 27 del Estatuto le faculta de manera limitada. Señala que no podrá hacerlo «durante el primer período de sesiones de la legislatura». Al no hablar de ‘primer período ordinario’, la vía podría quedar abierta en septiembre. Ya en enero, sin ninguna duda. Lo dicho, nadie se fía de nadie.

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'Soft power'
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Alberto Aguirre de Cárcer | 05-07-2015 | 11:24| 0

Rompedor. A priori, ni mejor ni peor, pero desde luego distinto y con refrescante aire renovador. Seis mujeres y tres hombres para un Gobierno donde son mayoría los profesionales que no están afiliados ni han hecho carrera en el partido que ganó en las urnas. Suena bien. Mucho ‘jasp’ (’jóvenes aunque sobradamente preparados’), con buena trayectoria profesional fuera de la política y reputación de gente trabajadora. El Ejecutivo de Pedro Antonio Sánchez es coherente con los mensajes que lanza desde que fue nominado candidato. Si quería convencer de que se abre una nueva etapa y una nueva forma de hacer política tenía que arriesgar y plasmar en el perfil de su Gobierno lo que eran solo gestos y bellas palabras. El término ‘soft power’, acuñado originalmente para describir la política exterior estadounidense basada en la persuasión, la sutileza y el diálogo frente al poder coercitivo de la acción militar o la sanción económica, encaja con lo que parece pretender. Un equipo de caras amables, conectado con la sociedad, sin estridencias ideológicas y generacionalmente renovador para ganar la confianza de la ciudadanía y de sus agentes sociales por la vía de la persuasión y el consenso. De hecho, es el Gobierno popular con menos peso político. Éste descansa por completo sobre los hombros del presidente, que mandó toda su artillería política a la Asamblea porque allí se dirime por primera vez la pugna partidista. El gran interrogante es el de todos los gobiernos precedentes. Si dará la talla en la gestión para resolver, por fin, los sempiternos retos de la Región. Hoy lo único seguro es que Sánchez impondrá un ritmo frenético a su equipo para intentarlo.

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Presentismo como coartada
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Alberto Aguirre de Cárcer | 05-07-2015 | 8:06| 0

Ni ahora, ni hace ocho años, a nadie con un mínimo de formación económica se le ocurriría pagar un canon anual de casi 13 millones de euros por una desaladora que iba a facturar como mucho 10 al año. Y menos con dinero público

La directora de la Academia de Historia, Carmen Iglesias, lleva años advirtiendo de los efectos de nuestra falta de conciencia histórica. Nos sucede incluso con hechos muy recientes. Caemos con facilidad en el presentismo. Y eso nos lleva a no valorar lo que tenemos hoy o a juzgar el pasado desde la atalaya de los valores del presente. Ahora navegamos por un mar con oleadas de revisionismo histórico desde donde se divisan dos orillas. Una está ocupada por adanistas que facturan eslóganes reduccionistas y alejados de la realidad, como el del ‘candado del 78’. En la otra están quienes enarbolan el presentismo como coartada para justificar sus despilfarros e insensateces. Son aquellos que airean la falacia de que hace diez años todos vivíamos por encima de nuestras posibilidades y se afanan en hacer una distorsión retrospectiva de los acontecimientos para eludir sus responsabilidades.

En la Asamblea están a punto de abrirse comisiones de investigación. Sobre el aeropuerto de Corvera y la desaladora de Escombreras. Dos proyectos hasta el momento fallidos que además estrujan las cuentas de la Comunidad, ya asfixiadas por el déficit y la deuda. Al igual que el proyecto urbanístico Novo Carthago y el resto de artefactos jurídico-políticos que arrastra la Región se originaron en el período 2003-2007. Ya habían salido del Gobierno Antonio Gómez Fayrén y Juan Bernal, los dos políticos más rigurosos y sólidos que ha tenido el centroderecha murciano en los últimos 20 años, y el protagonismo lo habían asumido, bajo el mando de Valcárcel, Francisco Marqués, Joaquín Bascuñana y Antonio Cerdá, entre otros. Cada proyecto tiene sus raíces y circunstancias específicas, pero todos proceden de un tiempo de crecimiento tan veloz como inconsistente, donde se disparaba con pólvora del rey y se tomaban decisiones sin ponderar las secuelas jurídicas y económicas.

El otro denominador común era una sobrecogedora incapacidad de gestión. Mientras que el Estado construía tres desalinizadoras en nuestras costas, tras el disparate monumental de Zapatero de anular el trasvase del Ebro, el Gobierno de Valcárcel decide asumir, sin concurso público y a través de una sociedad instrumental, un contrato civil entre dos empresas de Florentino Pérez. Esa operación ata a la Comunidad con un arrendamiento de la desaladora que implica un coste de 600 millones hasta 2034 para las arcas públicas. Ni ahora, ni hace ocho años, a nadie con un mínimo de formación económica se le ocurriría pagar un canon anual de casi 13 millones de euros por un negocio que, como mucho, iba a facturar 10 millones. Menos aún si el dinero es público. Pero en la planificación de muchas obras públicas, autonómicas y municipales, se actuaba entonces al revés de como dicta el sentido común. Primero se tenía o alguien traía una idea (muchas veces peregrina), luego se buscaban inversores privados de confianza y finalmente se ‘fabricaba’ el beneficio socieconómico para presentarlo a la ciudadanía. Eran tiempos de no parar en materia de inversión pública y de especial generosidad con aquellos que, a su vez, eran generosos con el partido. Si no se entiende esto no puede comprenderse el fiasco del aeropuerto, sacado a concurso con un pliego que puntuaba por encima de todo la no utilización de ayudas públicas y obligaba en seis meses a tener asegurada la financiación privada (que nunca llegó). La crisis puede justificar que el proyecto encallara, pero cómo explicar que el Gobierno diera en 2010 un aval de 200 millones a Sacyr, ejecutable al primer requerimiento y sin beneficio de excusión, asumiendo todo el riesgo financiero. ¿Cómo es posible que en unos días, tras retirarle la concesión a Sacyr en 2013 con un contundente informe del Consejo Jurídico, se cambie de opinión, se empiece a renegociar con quien ya no es el concesionario, no se le reclame lo que adeuda a la Comunidad y encima se le facilite la acreditación como gestor aeroportuario? La situación hoy es un poema. Por desgracia no tan bello como este de José Hierro: «Después de todo, todo ha sido nada,/ a pesar de que un día lo fue todo./ Después de nada, o después de todo/ supe que todo no era nada más que nada».

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Frágil mercado laboral
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Alberto Aguirre de Cárcer | 03-07-2015 | 7:40| 0

Las cifras del paro conforman un poliedro que tiene caras vergonzantes y otras esperanzadoras. Por eso, los análisis del Gobierno, los agentes económicos y los partidos, por muy dispares que sean, siempre se ajustan parcialmente a la realidad. Todo depende de dónde se ponga el foco. Parece evidente que hay una tendencia positiva que lentamente se consolida, pero resultaría sangrante sacar pecho con el número de personas todavía desocupadas. Además, la desaceleración del paro en la Región no va acompañada por un incremento de las afiliaciones a la Seguridad Social, en un mes generalmente positivo para el empleo, sino al contrario, lo que indica la fragilidad de nuestro mercado laboral, donde el 94,5% de los contratos suscritos en junio fueron temporales. Queda un largo camino por delante.

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Deus ex machina
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-06-2015 | 1:38| 0

En las mejores novelas y películas, los personajes protagonistas suelen ser seres complejos, a menudo contradictorios, con un pasado que condiciona su presente, pero con capacidad para ir cambiando a medida que transcurre la acción en el libro, el escenario o la pantalla. En ‘El hombre tranquilo’, el pacífico Sean Thornton (John Wayne) acaba convirtiéndose en un valiente. Y en Casablanca, Rick Blaine (Humphrey Bogart), un descreído propietario de un local nocturno termina por ser un activo luchador antifascista por el amor a una mujer. En la narrativa literaria y audiovisual se conoce a ese proceso con el nombre de ‘arco de transformación’. Aunque no son personajes de ficción, los políticos de larga trayectoria también sufren sus transformaciones. A veces movidos por convicciones, a veces porque la trama lo exige. Pedro Antonio Sánchez no es un recién llegado a este terreno. El próximo presidente de la Región lleva décadas en el ajo de la política, aunque ahora asume el papel protagonista. Y se estrena con un discurso de investidura en la Asamblea que fue todo un alegato en favor de la regeneración, una especie de carta fundacional de «una nueva etapa con una nueva forma de hacer política». Pocos reproches se pueden hacer a su discurso programático. Al contrario, fue quizá uno de los más acertados, profusos en medidas reformistas y en consonancia con lo que pide la sociedad murciana. Un discurso de máximos en cuanto a objetivos ambiciosos en materia social, política y económica, tanto que hay que ser más que prudentes sobre su posible viabilidad. La cuestión clave es pues la credibilidad del mensaje. Sánchez tendrá que ganársela día a día porque, como con lógica apunta la oposición, el nuevo presidente formó parte del núcleo duro del ‘viejo PP’ y del anterior Gobierno. A sus adversarios no les ha faltado tiempo para pensar y clamar, legítimamente, que todas estas medidas de regeneración no son producto de una reflexión personal o de una súbita caída del caballo camino a Damasco, sino la consecuencia de compromisos arrancados por Ciudadanos en la negociación para apoyar su investidura. En su favor juega el hecho de que su discurso en campaña, como Pedro Antonio (a secas), no dista en el tono general del pronunciado ayer, y del que le han oído personas de su entorno y él ha confesado en los últimos años en ámbitos privados. Un mensaje rupturista que habría sido imposible con la batuta del partido en manos de Valcárcel. El mejor político del PP regional en activo sabe que no lo va a tener fácil ante una ciudadanía cada más exigente con sus dirigentes. Con él lo será especialmente. No se puede analizar la figura del nuevo presidente sin contextualizarla en su particular situación, sin mayoría absoluta y con una querella del Fiscal Jefe por la tramitación y recepción del Auditorio de Puerto Lumbreras. Quizá por la ansiedad de prometerlo todo, detalló que impulsará la reforma del Estatuto para eliminar los aforamientos de los diputados. Y la pregunta inmediata es si, llegado el caso, él renunciaría voluntaria y ejemplarizantemente al suyo antes de la citada reforma. Con una sabia advertencia, el escritor ruso Antón Chéjov abogaba por no introducir elementos superfluos en una historia: «No se debe introducir un rifle cargado en un escenario si no se tiene intención de dispararlo». Inadvertidamente o no, Sánchez incorporó a su relato una medida muy recomendable pero que, a corto plazo, puede ser un arma en manos de la oposición. Como es sabido, lo delicado de su posición deviene de que la mera citación ante un juez como imputado (a lo que no renunciará el fiscal) implica su dimisión. O se aclara todo a las primeras de cambio o, en términos teatrales, Sánchez necesitará un ‘Deus ex machina’, una intervención inesperada en el último acto que solucione su problema narrativo, como sucedía en las tragedias griegas o en los western donde aparecía el Quinto de Caballería cuando los indios estaban a tris de empezar a rebanar cabelleras. Como persona y presidente de todos los murcianos, le deseo la mejor de las fortunas. Por la estabilidad y el bien de todos. A nosotros no nos quedará París.

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