La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
Una EPA cervantina
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Alberto Aguirre de Cárcer | 24-04-2015 | 7:55| 0

«Al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que vivimos». Son palabras pronunciadas ayer por Juan Goytisolo en su discurso de aceptación del Cervantes, todo un análisis descarnado, y cargado de fermento contestatario, de la realidad española. El aprendiz de escribidor, sin chaqué ni pelos en la lengua, puso el contrapunto narrativo a una EPA cuyo relato en cifras no produjo ni frío ni calor. Si bien la tasa de desempleo baja en la Región, ocurre en paralelo a un descenso de la población activa y de la tasa de ocupación. Al menos en materia de empleo, los vientos de recuperación son todavía una ligera brisa.

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La fetua
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Alberto Aguirre de Cárcer | 22-04-2015 | 8:22| 0

Para unos huevos fritos con chorizo hacen falta una gallina y un cerdo. El grado de participación es diferente. La gallina solo colabora, pero el cerdo debe comprometerse. De hecho, lo da todo. Si quiere ganar con mayoría absoluta, Pedro Antonio Sánchez precisa del personal de cocina al completo. Aunque no le bastará con colaboradores que pongan un huevo de vez en cuando, aquí o allá. Busca máximo compromiso sin recompensa fijada de antemano. Si gana ya se verá, pero promete generosidad. Garre y los ‘ruices’ estarían por la labor. Ahora, tras la fetua de Valcárcel contra los infieles, «de dentro y de fuera», más de uno piensa que no llega políticamente vivo al verano. El problema también es para Sánchez. Todo lo que suma se lo restan Valcárcel y Cámara, que siguen a lo suyo: demostrar que la venganza no es un plato que se sirve frío. Hoy se escenifica Hamlet. Otelo queda para el otoño.

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Honorables
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Alberto Aguirre de Cárcer | 19-04-2015 | 8:02| 0

El trascendentalismo fue un movimiento filosófico y literario estadounidense que floreció en el siglo XIX de la mano del ensayista Ralph Waldo Emerson. Aquella corriente de pensamiento no cuajó, pero su impulsor dejó algunas ideas y una frase memorable de la que siempre me acuerdo cuando sobreviene alguna nueva revelación bochornosa sobre Pujol, Rato y otros viejos conocidos: «Cuanto más alto hablaba de su honor, más rápido contábamos los cubiertos». La mayoría de los ciudadanos nunca sospecharon que algunas de las figuras políticas más respetadas en algunos momentos de nuestra historia vivían instalados en una total impostura, pese a que en la élite política y económica se sabía de esas zonas de sombra en los patrimonios familiares de algunos honorables prohombres. Si hubiéramos hecho caso de Waldo Emerson, desde el mismo momento en que Pujol salió al balcón de la Generalitat para aventar que su investigación por el caso Banca Catalana era un ataque a Cataluña, el ‘molt honorable’ no habría gozado después de la confianza ciudadana durante tantos años. Y todo porque en el fondo se nos hacía inverosímil que haya personas capaces de mantener una doble vida con tanto descaro e impunidad cuando se está permanentemente bajo los focos de la opinión pública. Solo cuando la mano de un agente se posa en el cuello de un ilustre detenido o aparece un demoledor informe policial, nos topamos de bruces con realidades vergonzantes y se desvanece esa presunción de inocencia que debería prevalecer hasta que un juez dicte sentencia. Como contamos hoy en el suplemento V, los consejeros de Caja Madrid dilapidaron 15,5 millones de euros entre 2003 y 2012 en comidas, copas y caprichos personales. Han devuelto 474.000, pero la factura del escándalo no es pequeña. Pase lo que pase en los tribunales, como poco ya han perdido la honorabilidad. La capacidad para asimilar tanta inmundicia moral llegó a su límite en la ciudadanía y de poco sirven ya esas apelaciones públicas al honor de quienes, con un timbre de voz de reverberación solemne, literalmente como si hablaran desde el interior de la tinaja de los hombres sin tacha, intentan hacer ver que sus cuitas judiciales son fruto de persecuciones políticas o personales. La irrelevancia pública siempre es difícil de sobrellevar cuando uno ha coronado la cima del mundo (o mundillo) y de un día para otro se pierde el poder y el protagonismo. Si ademas hay inspectores de Hacienda, fiscales y jueces husmeando en esferas privadas, el drama interior debe ser de órdago, incluso para quienes tienen el rostro de cemento armado. Debe existir algún compuesto en las moquetas de los palacios de gobierno y en los despachos de las instituciones financieras que, además de adictivo, causa delirios. Hoy resulta patética la pérdida de dignidad, compostura y sentido del ridículo en ese tránsito hacia la nada de quienes otrora ganaban democráticamente su liderazgo y se comportan, aquí y ahora, como coléricos tiranos bolivarianos.

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Lo mismo el rey que la sota
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Alberto Aguirre de Cárcer | 17-04-2015 | 8:39| 0

En su época de máximo esplendor, el entonces director-gerente del FMI desveló su faceta desconocida de actor aficionado en un pequeño centro artístico del barrio latino de Washington. Corría 2006 y Rodrigo Rato pisó las tablas del Teatro Gala para participar en una representación de ‘La venganza de Don Mendo’. Interpretaba en esa comedia el papel de Alfonso VII, el personaje que quería morir en la cárcel de los brazos de Magdalena porque «cuando el amor azota y clava su dardo cruel, lo mismo el rey que la sota». Pasados los años, desvanecido el eco de las risas y los aplausos, Rato protagoniza un drama real en varios actos. Primero con el escándalo de Bankia y ahora con su detención por presuntos delitos de alzamiento de bienes, fraude fiscal y blanqueo de capitales. Del cenit al ocaso en menos de una década. Ahora ya sabe que, también con la Justicia, lo mismo el rey que la sota.

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'León come gamba'
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Alberto Aguirre de Cárcer | 16-04-2015 | 8:36| 0

En tiempos de Julio Camba los españoles iban pensionados a Alemania a hacerse sabios. Ahora en la viña de los que marchan a Bruselas hay cepas viejas, jóvenes y mediopensionistas, aunque los más rutilantes son los que van a pensionarse del ‘to’ (hablan de ‘phase out’ por no llamarlo ‘retiro dorado’) o como trampolín para otros menesteres. Pablo Iglesias, que antes de Europa ya hizo las Américas por Caracas, engrosa el segundo grupo. En un alarde de nadería, en lugar de los Episodios Nacionales de Galdós, ayer le regaló al Rey su serie fetiche, ‘Juego de Tronos’, un gesto tan vacuo como el plato ‘León come gamba’, esa patata cruda con bigote de crustáceo que expulsó al aspirante a médico de ‘Masterchef’. «’Juego de Tronos’ le dará claves de la política española», filosofó el aspirante a líder nacional. Conclusión: amamantarse de cultura televisiva deja secuelas y solo genera sabiondos.

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