La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
El obstáculo catalán
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Alberto Aguirre de Cárcer | 14-09-2014 | 8:25| 0

La apelación del Gobierno de Rajoy al cumplimiento de la ley como respuesta al desafío independentista de Cataluña no solo es la posición más acertada. Es la única posible porque cualquier cesión a una consulta que no tiene cabida en la Constitución dejaría fuera de la legalidad al propio Ejecutivo que representa a todos los españoles. Es evidente que existe un problema de hondo calado en Cataluña. Habría que estar ciego para desdeñar el amplio respaldo social a las tesis independentistas que se hizo de nuevo visible durante la última Diada. También es cada vez más evidente que la solución solo podrá alcanzarse por la vía del diálogo y la negociación política, aunque ésta deberá estar supeditada al cumplimiento de la legalidad. Primero la ley, luego el diálogo. La consulta del 9 de noviembre no es más que un chantaje a la desesperada promovido por Artur Mas ante la que solo cabe responder con la firmeza del estado de derecho. Una vez superada esa fecha, y analizadas las fichas que muevan los partidos soberanistas (muy probablemente unas elecciones anticipadas de carácter plebiscitario), podría despejarse un escenario de negociación donde podrían debatirse todas las posiciones, desde la reforma constitucional para avanzar hacia el federalismo, la llamada ‘tercera vía’ que ofrezca un estatus especial a Cataluña o sencillamente unas mejoras de su financiación y de su autogobierno. La única certidumbre a día de hoy es que Mas y sus socios transitan por el camino equivocado. Ya no solo porque conduce a la ruina a varias generaciones de catalanes, una opinión que puede ser discutible, sino porque la senda elegida tiene un insalvable obstáculo legal, lo que constituye una certeza incontrovertible. Ese diálogo, que no puede prosperar mientras perdure la amenaza de la consulta, deberá por el contrario avanzar con celeridad pasada la fecha de marras para solventar una situación que, además, está siendo un escollo determinante para otros importantes problemas territoriales que atañen al conjunto del país. Ni el nuevo modelo de financiación autonómica ni un Plan Hidrológico Nacional podrán cuajar con garantías políticas en este contexto. Lo uno y lo otro es urgente para todos. Muy especialmente para la Región de Murcia. La firmeza en la defensa de la legalidad que, con acierto, exhibe hoy Rajoy debe transformarse en celeridad, flexibilidad y negociación para solventar todos nuestros males territoriales. Y eso será mucho más complicado de gestionar porque el peso de la iniciativa y la proactividad recaerán entonces en el Ejecutivo central. Es posible que estemos en el arranque de lo que puede ser un largo ciclo de sequía en el Sureste y lo acometido en relación al Trasvase del Tajo no despeja ni de lejos todas las incertidumbres. Hoy, la liquidez de las arcas de la Comunidad no está tan amenazada, pero la deuda pública sobrepasa los 6.300 millones de euros. Cataluña es una de nuestras grandes heridas, pero ciertamente no es la única que exige un rápido remedio.

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Bochorno
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Alberto Aguirre de Cárcer | 07-09-2014 | 8:15| 0

Me congratula que los mandatos de los presidentes autonómicos vayan a limitarse a ocho años y que esté en proyecto un Estatuto del Cargo Público que sancione a los gestores derrochadores. Ambas iniciativas son una demanda mayoritaria de la ciudadanía y teóricamente representan un punto de ruptura con un pasado reciente donde la querencia ha sido perpetuarse ‘ad calendas graecas’ en las mieles del poder y donde en lugar de reprobarse a quien guardaba facturas en los cajones, gastaba a mansalva o presupuestaba lo que no tenía a veces incluso se le premiaba con alguna canonjía si demostraba fidelidad perruna al mando supremo (regional o municipal). Como quiera que esto último dependía del criterio discrecional aplicado desde las alturas, el destino final de los altos cargos era dispar, pero era muy raro que algún destacado militante quedase en la rúe. Para eso vienen al pelo los entes públicos, menguados sensiblemente en número pero no tanto en costes salariales (hay algún cualificado centro público que empieza a parecer un campo de refugiados políticos de alto ‘standing’). Lo dicho, es positivo que la gestión manirrota e ineficiente del dinero público sea sancionada por ley, aunque para ser sincero dudo de que tan bienintencionada iniciativa sea a la postre respetada. Hace tiempo que la existencia de una ley no asegura ni el cumplimiento de su contenido ni su desarrollo. Ahí está la Ley de Renta Básica, sin reglamento en la Región después de ser aprobada hace siete años. Y, además, de qué sirve la agenda de propuestas de regeneración política del Gobierno regional si paralelamente el PP las despoja de credibilidad al pretender reformar, de improviso, la ley electoral regional a solo nueve meses de las autonómicas. Con el único argumento de que es bueno acercar los políticos a sus representados, se baraja ampliar las cinco circunscripciones, de forma que si hubiera otras dos más la uniprovincial Región de Murcia tendría solo una menos que Andalucía, dos más que Castilla-La Mancha y seis más que Madrid. ¿Y por qué no otras cuatro más y así se aumenta todavía más la proximidad con el ciudadano? Porque hay otra motivación de fondo. Con un total de 45 diputados, como ahora, pero con más circunscripciones, las posibilidades de obtener escaño son aún mayores para el PP y serán todavía menores para IU, UPyD o Podemos. Cualquier reforma electoral de última hora que vaya en beneficio propio solo puede ser motivo de repulsa porque perpetuarse en el poder es legítimo en democracia salvo que se usen vías torticeras, ganando el partido a los pequeños adversarios achicándoles las porterías para que no marquen gol. Y todo minutos antes de comenzar la contienda, en contra del criterio de diversas instituciones europeas respecto a las reformas electorales de última hora y sin consenso. Toda la credibilidad que cree ganar el Gobierno regional en transparencia y regeneración la pierde después con estas bochornosas propuestas partidistas.

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Cambio de reglas
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Alberto Aguirre de Cárcer | 31-08-2014 | 8:43| 0

Que repentinamente Mariano Rajoy esté dispuesto a cambiar tanto la Constitución, para reducir el número de aforados, como la ley orgánica de Régimen Electoral General, para que los alcaldes sean elegidos directamente por los votantes, solo puede explicarse por la cercanía de unas elecciones con perspectivas inciertas para el PP. Ambas medidas parecen aparentemente encaminadas a recuperar la confianza en la clase política de la ciudadanía, incluida la parte creciente del electorado popular que cuestionaba la falta de liderazgo regenerador de Rajoy. Sin embargo, el presidente se dispone a cometer un error político de primera magnitud si decide, a solo nueve meses de la cita en las urnas, cambiar las reglas de juego sin un consenso amplio con la oposición. Lejos de mejorar la calidad democrática, una reforma electoral aprobada en solitario se interpretará como una cacicada dirigida a salvar a toda costa las alcaldías de Madrid, Valencia, Sevilla y otras capitales de provincia, como Murcia. Y es que no parece discutible que existe un evidente beneficio partidista en una propuesta que podría ser aprobada legítimamente por el PP con su mayoría absoluta, pero a costa de proyectar unas formas muy poco presentables. El actual sistema, que permitió a Tierno Galván y Rita Barberá ser alcaldes de Madrid y Valencia sin el mayor porcentaje de votos, es mejorable porque ciertamente hay casos donde variopintas formaciones con escasa representación se convierten en piezas decisivas para la gobernabilidad de algunos municipios, en ocasiones por intereses bastardos que poco tienen que ver con la voluntad de los votantes. Pero, como no parece esa la principal preocupación del Gobierno, resulta difícilmente justificable plantear en solitario una modificación tan importante a menos de un año de los comicios. Así lo desaconsejan en términos generales la UE y el Consejo de Europa. No por casualidad, este debate coincide con la propuesta desvelada por ‘La Verdad’ que está en estudio por el PP para reformar la ley electoral regional. La idea de ampliar las circunscripciones, para estrechar la cercanía entre los ciudadanos y sus representantes, suscita un lógico recelo en la oposición porque beneficia fundamentalmente al PP regional, supone un cambio diametral de criterio que perjudica a las pequeñas formaciones emergentes, y surge cuando hay inquietud en las filas populares por las expectativas electorales en 2015. La ley regional es susceptible de mejora, pero ésta no debería improvisarse. Cualquier modificación antes de las elecciones solo sería admisible con un consenso mayoritario, hoy poco probable. Si quiere más cercanía con los votantes, el PP, como los demás partidos, tiene la oportunidad, de momento, de aplicar ese criterio en la selección de los integrantes de su próxima lista electoral. Así ganaría parte de una credibilidad que ya pocos están dispuestos a regalar.

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Otro roto reputacional
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Alberto Aguirre de Cárcer | 24-08-2014 | 8:01| 0

Hay regiones en España donde el estado de ánimo colectivo es completamente opaco y otras donde no hace falta rascar demasiado para percibir el sentir de la calle. En la Región de Murcia se exteriorizan con naturalidad los sentimientos de alegría o abatimiento, y a poco que uno se relacione con el prójimo, lo habitual en una sociedad abierta y translúcida como la nuestra, puede fácilmente chequear el sentimiento general de apocamiento por el descenso del Real Murcia a manos de la Liga Profesional, ese club de clubes/sociedades anónimas que dirige un tal Javier Tebas, antiguo ultraderechista que ahora forma parte de esa casta de dirigentes directivos donde no se ponen reparos a la falta de pedigrí democrático para coger el timón de un negocio que mueve miles de millones de euros. Es natural la profunda decepción sufrida por una afición que ha estado con un pie en Primera en el terreno de juego y ahora se ve expulsada desde los despachos a Segunda B, una situación de la que hay un único responsable directo, el propietario del club, Jesús Samper, quien reiteradamente ha incumplido los plazos para el pago de la deuda de la entidad con Hacienda. Su desafortunada gestión ha conducido al club a un precipicio financiero que ha vuelto a situar a Murcia en el ojo de huracán mediático nacional durante las últimas semanas, provocando otro roto reputacional que se suma al indecoroso estigma de región incumplidora con el déficit público, la Región del aeropuerto sin aviones. Entiendo por ese motivo el malestar de otros muchos murcianos a quienes les importa una higa el fútbol pero les duele este triste episodio que transmite una imagen de la Región que no se corresponde con la realidad. Que le pregunten a los clientes de las numerosas empresas agroalimentarias de la Región si cumplen en tiempo y forma con sus compromisos o a los muchos jóvenes posdoctorales que se labran su futuro en centros de investigación de excelencia en el extranjero. El tal Tebas y compañía no han tenido la complacencia de nuestras autoridades municipales, indolentes ante el incumplimiento reiterado del convenio firmado por Samper con el Ayuntamiento, y han dejado sin fútbol profesional a una Región que indirectamente ha recibido de paso un bofetón a su crédito en la mejilla de una institución deportiva señera. Me pregunto qué van a hacer los responsables políticos para restituir tanto daño colateral en la autoestima colectiva, tanta invitación a refugiarse en el victimismo, tanta demostración de ineficacia. La actitud del Gobierno municipal ante el incierto futuro que le depara al Real Murcia debe dejar de ser contemplativa. No solo por lo que representa para miles de murcianos, vinculados sentimentalmente a unos colores y a un escudo desde hace varias generaciones, sino también por su relevancia económica para la ciudad. Es hora de aparcar las excusas y los lamentos, es hora de implicarse de verdad con una institución que debe estar a la altura de su historia.

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Mazarrón
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Alberto Aguirre de Cárcer | 17-08-2014 | 10:37| 0

Un nuevo día está a punto de empezar en Mazarrón. Son las cinco y cuarto de la mañana y algunos jóvenes apuran la noche en las terrazas. Sergio Gallego, crítico gastronómico de ‘La Verdad’, y yo nos hemos citado a esa hora para embarcarnos en un barco que se dedica a la pesca de la gamba roja en el canto de Mazarrón, el punto donde acaba la plataforma continental y se encuentran las profundas simas donde habita el preciado crustáceo. Partimos a la seis. Por suerte para nosotros, hoy hace un día de ‘calmica’, nos dice Marchena, toda una institución entre los profesionales que trabajan frente a nuestras costas. Él no vendrá. Jubilado y con las secuelas de muchos golpes de la mar en sus vértebras, está obligado a caminar un par de horas diarias por prescripción médica. A bordo viajan dos de sus hijos, Juanma y Pedro Melchor, y un primo de estos, Pedro Rodríguez ‘El carbonilla’, tres cualificados profesionales que de seis de la mañana a seis de la tarde, cuando la jornada no se prolonga por algún incidente con las artes de pesca, llevan diariamente el pan a sus casas gracias a la captura de la gamba. El más joven, Juanma (26 años), toma el puente de mando y ejerce un liderazgo que emerge de forma natural desde que salimos de puerto. Camino del canto, nos encontramos con otros pesqueros, un par de veleros solitarios y un grupo de delfines que cruzan la bahía desde las inmediaciones de Cabo Cope en dirección a Cabo Tiñoso. Llegamos al punto de destino y comienza la suelta de redes, puertas y cables para iniciar el arrastre. Los tres marineros actúan con precisión milimétrica. Lo importante es no cometer errores, me dice el patrón mientras maneja con estudiada lentitud los movimientos de la nave. A las 12, la primera recogida. Y una segunda, a las cuatro de la tarde. Cada vez que inician las maniobras de captura, Juanma se gira hacia popa y se persigna. Hasta que todas las artes y la carga de gambas estén sobre cubierta no hay distracción posible. Cualquier error complicaría la jornada. El miércoles no les fue mal. Unos 50 kilos de espléndidas gambas rojas llevaron a puerto. A lo largo del día hubo unas cuantas horas muertas. Juanma y yo hablamos largo y tendido. De su trabajo, del mío, de la crisis, de fútbol (conocemos a bordo que la Justicia ordinaria ha ordenado mantener al Real Murcia en Segunda A)… hasta de la muerte del actor Robin Williams. Y todo eso sin perder de vista las pantallas que marcan el correcto desplazamiento del arrastrero. Atlético de los de siempre, zagal de hábitos saludables que no fuma ni bebe y juega al fútbol playa, es capaz de machacarse en el gimnasio después de doce horas de meneos y sacudidas por el batir de las olas. Ni una queja salió por su boca. Pese al cansancio, abandoné reconfortado el barco. Qué buena gente, pensaba. Trabajadora, sana y llena de ilusiones. Gente de aquí, de Mazarrón, esa perla mediterránea donde otra noche estrellada, mientras escribo estas líneas estivales, está a punto de inundar la bahía con sus reflejos de luz.

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