La Verdad
img
Categoría: Cartas del director
Custodia compartida

López Miras y PAS aciertan en los descartes (ambas consejeras cesadas estaban ya abrasadas), pero mi impresión es que se han embarcado en una alambicada remodelación de competencias que era innecesaria para solo dos años

Isabel la Católica quería que en las crónicas reales su esposo tuviera el mismo protagonismo que ella, pero una vez le reprochó al cronista Hernando del Pulgar que la hubiera ignorado en el relato de una gesta bélica del rey. Poco después, la reina dio a luz y Hernando del Pulgar, respetando los deseos de la monarca, tiró de retranca y escribió: «Ayer, 6 de noviembre de 1479, entrada la noche, sus majestades Doña Isabel y Don Fernando parieron una niña». Si en lo político hoy tanto monta, monta tanto, Pedro Antonio como Fernando, podría decirse que el 4 de mayo de 2017, entrada la tarde, López Miras y Sánchez parieron un gobierno. De rasgos masculinos, a diferencia del anterior, donde había más mujeres que hombres. Concebido para dinamizar la economía y el empleo (el objetivo prioritario que se marca López Miras) y para encarar las autonómicas de 2019 (el reto en el que ya piensa Pedro Antonio Sánchez, confiando todavía en su vuelta). En definitiva, un Ejecutivo neonato con custodia compartida. En las actuales circunstancias tiene su lógica política. Más le vale al PP que exista comunicación y sintonía entre ambos para no repetir el choque Valcárcel-Garre, aunque esta bicefalia, de nuevo anómala y exteriorizada en la toma de posesión pese a lo que dictaba el protocolo, no beneficia a la imagen de ninguno si el vaso comunicante se percibe como tutela. Es obvio que el nuevo Gobierno tiene el visto bueno de PAS. El propio Jódar declaró el jueves a la televisión local de Lorca que esa mañana recibió llamadas de Sánchez y Miras para sumarse al Gobierno, cuyo equipo apenas cambia, salvo por la incorporación de dos políticos próximos a ambos y un gestor de la sanidad pública. Aparentemente es en la estructura del gobierno donde Miras deja su impronta. Un vuelco tan importante de organigrama y de competencias que podría percibirse como una enmienda a la totalidad. Tanto que parece imposible que se haya hecho sin la aquiescencia y la colaboración del propio PAS. Todo indica que se ha gestado desde el convencimiento en que dará resultados, pero también para proyectar que Miras no es una marioneta sin ideas propias. En el plano político esto último tiene su aquel, pero la cuestión mollar ya no es tanto la autoría como la funcionalidad de los cambios. Si serán útiles o, por el contrario, aportarán barullo administrativo y no más eficacia. De entrada es llamativo que López Miras insista en que no se puede perder un minuto y haga cambios estructurales de tanto calado para veinticinco meses, dado que necesitarán muchos minutos, semanas o ¿meses? de reorganización, reubicación y afinación.

Algunos maridajes chirrían. Presidencia y Fomento. Turismo, Cultura y Medio Ambiente… La intención de todos ellos está clara. Ubicar las competencias de Universidades junto a Empleo y Empresa o las de Cultura con Turismo obedece al deseo de convertirlas en palancas de actividad económica, lo cual tiene su lado positivo porque ciertamente es necesaria más interrelación de los campus con los sectores productivos y porque la cultura presenta también un innegable componente de actividad industrial y turística. Pero sería un error si se plantea la Universidad y la cultura desde una perspectiva estrictamente economicista. La generación de conocimiento y la cultura tienen sentidos mucho más profundos en las sociedades modernas. Habrá que ver en qué se concreta y si sirve de algo porque el hábito, por sí solo, no hace al monje. De poco vale, por ejemplo, una Consejería de Transparencia si su ley se interpreta a la carta de forma restrictiva e interesada.

Otras dudas surgen con la ubicación de Medio Ambiente. Sobre todo cuando el objetivo prioritario es la recuperación del Mar Menor, cuya solución es indesligable de la situación que atraviesan los agricultores del Campo de Cartagena. Ahora el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente tendrá que abordar ambos asuntos indisolubles con dos consejeros que tendrán que ponerse al día a la carrera y coordinarse. López Miras merece el beneficio de la duda, aunque haya sido elegido exclusivamente por su antecesor. Acierta en los descartes (ambas consejeras cesadas estaban abrasadas), aunque mi impresión es que se ha embarcado en una alambicada remodelación que era innecesaria para solo dos años. Un reajuste más propio de un inicio de legislatura. La Región tiene urgentes problemas colectivos (Mar Menor, agua y financiación) que podrían haberse abordado sin este tsunami competencial. Más nos vale que Miras, o Miras y Sánchez, hayan acertado.

Ver Post >
Sustancia gris

Para el interés general sería positivo que Fernando López Miras tuviera éxito, pero cuesta verle sin una cierta aura de provisionalidad y sin el tutelaje de Pedro Antonio Sánchez. Estas cohabitaciones raramente funcionan

Con un desdén indisimulado, cada vez que el socialista Indalecio Prieto veía aparecer a Ortega y Gasset por el Parlamento susurraba «¡Ahí va la masa encefálica¡». ¿Apareció alguna durante las dos sesiones de investidura de López Miras? El discurso del nuevo presidente fue gris y tuvo poca sustancia, lo que no quita para que detrás exista sustancia gris. Alardes, desde luego, no hubo. Tampoco rebosó en las intervenciones de los portavoces de los cuatro partidos, lo que tampoco significa que no hubiera destellos. El periodista Julio Camba decía que la política española «sabe a pollo de hotel», pero el jueves solo se vieron gallos con espolones en el hemiciclo y el debate dejó regusto a pelea de corral. Aquello fue más bien un pollo. De todos contra todos. En pepitoria. Como el desenlace final estaba escrito y era conocido de antemano, lo mejor hubiera sido que todo se hubiera guisado en un día y se hubiera servido tras la primera votación. Pero ayer hubo de procederse a una segunda para completar el paripé de la «abstención técnica» de Ciudadanos, un palabro de la neolengua de la nueva política que solo mueve a la risa. Menos a los funcionarios de la Asamblea, supongo, que tuvieron que ir al tajo este sábado para que Miguel Sánchez, el líder naranja, pudiera disfrutar de las fiestas grandes de su municipio con este asunto de la investidura ya cerrado. Ya nos enteraremos de cuánto hubo de pagarse en horas extraordinarias a los funcionarios de la Asamblea y en kilometraje a los diputados solo para que Cs, con este postureo político, construya su particular relato público. En esa línea de ocurrencias tampoco se queda manco aquello del «gobierno legislativo» que propuso un revolucionado Urralburu para contrarrestar al Ejecutivo de Miras. Por aquello que propuso Montesquieu y porque, vistos los revolcones que nos puede dar el Constitucional con las leyes regionales del autoconsumo y de la vivienda, donde la oposición metió la cuchara a fondo, con un poder ejecutivo metiendo la pata ya tenemos bastante.
La próxima semana habrá uno nuevo. Liderado por Fernando López Miras, el cuarto presidente del PP en cuatro años. Será difícil que vuelva a repetirse un periodo de tanta inestabilidad, pero los populares están en racha e igual mantienen la línea. Lo sorprendente es que todo era previsible desde que Valcárcel se quitó de en medio dejando empantanados los grandes asuntos de la agenda política. Se veía venir desde la insumisión de Alberto Garre y la investigación en el TSJ de Pedro Antonio Sánchez hasta el nombramiento por este de un sucesor de contrastada lealtad y discreto perfil. Los populares se lo tienen que mirar. Pocas veces un partido político ha dilapidado su aplastante hegemonía de una forma tan torpe y por puros intereses personales. Para el interés colectivo sería positivo que López Miras tuviera éxito, pero cuesta verle sin esa aura de provisionalidad y tutelaje por Pedro Antonio Sánchez. Estas cohabitaciones raramente funcionan. Los propios estatutos del PP fueron redactados para evitar las bicefalias y los liderazgos compartidos. Para colmo de males, a los populares no paran de pasarle facturas los casos de corrupción que llegan a los tribunales. Por más que Rajoy insista en que lo importante es la economía (el expresidente Ignacio González parece que lo entendió en clave personal y se puso a ello), la pestilencia es insoportable. Suerte tiene de que el PSOE está como está y de que Podemos no para de lanzarle balones de oxígeno desde que Pablo Iglesias, con su ‘pacto de los botellines’, abandonó toda suerte de transversalidad y se apuntó a la política-espectáculo más radical. Nada podía venirle mejor a Mariano Rajoy en estos momentos que una fallida moción de censura presentada por Podemos para visualizar que hoy no existen alternativas posibles al Gobierno del PP.
La gravedad reside en que, en plena senda de crecimiento, el país está políticamente parado. Aún está pendiente la aprobación de las cuentas públicas y la producción legislativa es nula. En realidad, la legislatura no ha comenzado y no sabremos qué derroteros tomará hasta que el PSOE cierre su crisis, si es que lo logra. En la Región sucede otro tanto. Después de meses de parón, el próximo miércoles habrá otro gobierno, probablemente continuista, aunque esta vez tendrá que trabajar sin un pacto con Ciudadanos. El PP regional se ha quedado solo y con un timonel con las hechuras justas. Todo un panorama.

Ver Post >
El señor de Murcia

Desde 1995, con las apabullantes mayorías absolutas de Valcárcel, el PP ha podido presumir de que es el partido que más se parece a la Región de Murcia. Un intenso crecimiento económico completado con el maná de los fondos europeos, una oposición desarbolada y hundida con la derogación del Trasvase del Ebro frente a un partido convertido en una perfecta máquina electoral, una hábil instrumentación política de la reivindicación del agua y las infraestructuras, una incrustación en el tejido social trenzada con habilidad, empatía y ayudas públicas, un indiscutible liderazgo interno de quien supo dar juego a los suyos, rodeándose de pesos pesados… Es una larga combinación de factores la que hizo del PP, en una región de ideología mayoritariamente conservadora, todo un ejemplo de éxito político, especialmente en sus primeros ocho años. Más tarde, el coloso empezó a flojear abruptamente con la llegada de la crisis económica y el distanciamiento con una sociedad donde bullía el anhelo de una profunda regeneración da la vida pública. Esa comunión perfecta con el electorado se diluyó cuando bajó la marea, hubo que gestionar las vacas flacas y se comprobó que el rey estaba desnudo. Veinte años después quedó patente un legado significativo de nuevas carreteras, hospitales, depuradoras… pero también un modelo productivo fallido y una patente incapacidad para resolver los grandes problemas de la Región, como la falta de agua e infraestructuras. Y donde no había problemas se crearon por miopía o desidia, como sucede con el Mar Menor. Costosos ‘elefantes blancos’ como el aeropuerto de Corvera o la desaladora de Escombreras siguen todavía lastrando a la Región, pero aún así el PP sigue proyectando más atributos positivos que sus adversarios ante la opinión pública. De hecho pudo haber logrado la mayoría absoluta en las autonómicas de 2015 si Valcárcel y Pedro Antonio Sánchez no la hubieran tirado por la borda por el empeño en mantener a Pilar Barreiro, un activo de gran valor durante muchos años que derivó en una previsible y pesada losa electoral. El resultado fue la pérdida de 146.000 votos, 11 escaños y el fin de la mayoría absoluta en la Asamblea, por un solo diputado.
La crisis económica y el desafecto hacia la clase política hicieron mella en una sociedad murciana que cambió más rápido que el PP, que vio cómo un alto porcentaje de sus votantes se refugiaron en la abstención y en Ciudadanos. De lejos sigue siendo hoy la opción mayoritaria, pero tenía pendiente una renovación de liderazgos, políticas y mensajes si no quería continuar pendiente abajo. La oportunidad le llega de la mano de Pedro Antonio Sánchez, el delfín de Valcárcel que quiere marcar su propia impronta, investido ayer como presidente del partido por abrumadora aclamación. La posibilidad de que pueda acabar siendo procesado por el ‘caso Auditorio’ no ha mermado la confianza de los suyos, que lo arropan monolíticamente. Tiene el aprecio y la confianza de sus militantes. De entre todos ellos es el que reúne las mayores cualidades para dirigir el partido.
Tiene juventud, suficiente experiencia, ímpetu, empatía, ganas de hacer y una enorme capacidad de trabajo, cualidades que vienen a suplir otras carencias y defectos, como la obsesión por la hipervisibilidad, el relato icónico y la elección de no pocos colaboradores de discretos méritos, más allá de la fidelidad a su liderazgo. No es Churchill (como yo no soy Larra) pero demuestra estar hecho de una pasta especial. Sangre, sudor y lágrimas. Antes que tirar la toalla, se la come. Y todo por un rasgo, el esencial y definitorio de su personalidad: la ambición política. Es su mayor activo. Dinamiza a sus equipos, se fija objetivos y se lanza a por ellos. Pero también es su talón de aquiles. Si mantuvo contactos que no fructificaron con los empresarios de la ‘Púnica’ o tramitó el Auditorio de forma chapucera de principio a fin habría sido por esa irrefrenable ambición por triunfar en política desde que participó en un mitin con 14 años. Le conozco lo suficiente para saber que no aspira a privilegios personales o a vivir por encima de sus posibilidades. Con su chaqueta con coderas y su ausencia de complejos por sus orígenes humildes, PAS no está en eso ni para eso en política.
Dicho lo cual, sinceramente no sé qué haría para ganar unas elecciones o por su partido. Si se pasó de frenada y vulneró el principio de legalidad, de manera consciente o no, es una cuestión que deben dilucidar los jueces. Y si el TSJ determina que hay evidencias para procesarlo deberá responder por ello y tendrá que irse. La Región perdería a uno de sus mejores políticos, pero mantendría intactos los principios democráticos del Estado de derecho, aquellos que históricamente han defendido la gente de orden que respeta el cumplimiento de la ley y el trabajo de jueces, fiscales y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por encima de intereses partidistas o personales. Si supera el trance judicial, sus actuales adversarios que le han investigado hasta la saciedad quedarán tocados ante la opinión pública, aunque tampoco él saldrá completamente indemne de esta crisis política. De su discurso inicial, a la par regeneracionista y reformista, ya solo queda lo segundo. Deberá recuperar rápidamente su crédito personal dado que es indiscutible que rompió su pacto de investidura, incumplió la palabra dada y para defenderse creó un relato donde se entrevera lo real con lo ficticio. Y la Región está necesitada tanto de un liderazgo fiable como de esos acuerdos políticos por el agua, las infraestructuras y la educación que él mismo ofertó a una oposición donde ya no encontrará un puente de conexión en pie.
Por el contrario, el interno del PP es una balsa. La etapa abierta tras 25 años de valcarcismo arrancó ayer con un cierre de filas con PAS en un congreso marcado por el trasfondo de su situación judicial. Un cónclave de adhesión personal, reivindicativo sobre el proyecto popular y con duras críticas al líder socialista, Rafael González Tovar. Sin un ápice de autocrítica, excepto cuando Valcárcel asumió, en un gesto que le honra, toda la responsabilidad de los proyectos fracasados. Sánchez renovó ampliamente la cúpula dirigente del partido combinando experiencia y juventud, pero también en clave de lealtades personales. Apostó sobre seguro al elegir como secretaria general a Maruja Pelegrín, un ejemplo de seriedad y rigor que cuenta con el respeto de todos los militantes. Con ello eliminaba cualquier señalamiento que pudiera interpretarse en clave sucesoria por si el ‘caso Auditorio’ le dejara en fuera de juego. Potencia a sus dos ‘pretorianos’ (Víctor Martínez y Fernando López Miras), Patricia Fernández y Marcos Ortuño se quedan como estaban y Teodoro García sigue de enlace en Madrid. No hay plan B ni más líder que el ‘señor de Murcia’, como le llamaron Rajoy y el fiscal general del Estado.

Ver Post >
'Los otros' de la política

La coyuntura política regional me recuerda un episodio que viví en una redacción de periódico donde, como decía el colega Enric González, cada mesa era un Vietnam. Se barruntaba una revolución en la cúpula, pero los afectados lo desconocían o lo disimulaban bien. Los redactores que intuían el relevo se referían a los defenestrados en ciernes como ‘Los Otros’: están muertos pero no lo saben, decían, como Nicole Kidman y los dos críos de la película de Amenábar.

En la arena política murciana se presagian luctuosos acontecimientos en las próximas semanas o meses. La crisis abierta por la investigación al presidente, y las que discurren en paralelo, se cobrarán cabezas. ¿Cuántas y cuáles? ‘Los Otros’ de la política regional pueden ser uno, dos, tres e incluso cuatro. Es tan posible que los cuatro líderes sigan en sus puestos a final de año como que no quede ninguno. Pedro Antonio Sánchez saldrá hoy elegido presidente del PP con el apoyo unánime del partido, pero su destino está ligado a una resolución del TSJ. Desde ayer se sabe que Pérez-Templado no resolverá antes del 27M, lo que traslada toda la presión a Miguel Sánchez. Al líder regional de Ciudadanos le tiemblan las piernas y cualquier día, visto que PAS no afloja, nos sorprende incluso con su dimisión. Si finalmente hay moción de censura y convocatoria inmediata de elecciones tampoco está claro que Sánchez fuera el candidato de C’s. Para Tovar, el último tranvía es ocupar San Esteban por la vía de la moción de censura. Si falla estaría listo de papeles. La gestora del PSOE no quiere elecciones anticipadas antes del congreso regional, donde las alcaldesas del PSOE quieren dar un golpe de timón en busca de otro liderazgo.

Y los ‘pablistas’ de Podemos ya han comenzado a moverle la silla a Urralburu. Si no prospera la moción de censura, sus adversarios encontrarán otro motivo para precipitar su caída con la ayuda de Madrid. Ya ven, ‘Los Otros’ pueden ser todos.

Ver Post >
Lentejas para todos

Es muy probable que haya hoy más españoles que sepan de la existencia de un Auditorio en Puerto Lumbreras que de la infraestructura hidráulica que da trabajo a cien mil personas en el Sureste

El pasado 15 de febrero, en medio del eco ensordecedor por el pronunciamiento de la Fiscalía Anticorrupción contra la investigación al presidente Sánchez por el ‘caso Púnica’, uno de los columnistas españoles más influyentes escribía en la contraportada de ‘El Mundo’ un artículo titulado ‘Matando el Tajo’. «El trasvase al Segura se ha llevado miles de hectómetros cúbicos y el cieno crece en los pantanos. Emiliano García-Page dice, amargamente, que la naturaleza decidió que el Tajo iba al Atlántico y la política decidió con el trasvase que desembocara en el Mediterráneo», escribía Raúl del Pozo, quien arrancaba su artículo con versos de Garcilaso, entraba en materia con prosa ya descarnada («Por Toledo fluye el río lleno de mierda») y terminaba de la siguiente forma: «La situación de los pantanos, de donde sale el agua para los trasvases, es angustiosa, mientras se recrudece la guerra del agua entre partidos, territorios, ‘famiglie’, constructores, hoteleros, ‘lobbys’ hídricos y políticos rateros».

Lo que me sorprende de esta columna no es su contenido. Me sé de memoria la letra, la música e intuyo quién susurra la melodía. Y aunque discrepo abiertamente del artículo (no digamos ya de su apostilla), respeto todos los puntos de vista. No son pocos los textos que no comparto y que publicamos en las páginas de opinión para favorecer la libre contraposición de ideas. Lo que me impresiona es que quede sin respuesta argumental porque no hay nadie, de semejante influencia en Madrid, dispuesto a desmontar esa historieta sobre la codicia hídrica y la falta de sensibilidad medioambiental de los murcianos. Es verdad que lo ponemos difícil cuando cualquier observador repara en la desidia política acumulada durante tantos años en la protección del Mar Menor. Lo malo es que a esa crisis de credibilidad ganada a pulso se suma la escasa influencia para introducir asuntos y mensajes de Región en la agenda nacional a través de los medios que crean opinión pública en la capital, donde se dirimen los asuntos territoriales. A otras comunidades ni les hace falta hacer ‘lobby’ en La Moncloa. Hace solo unos días, el PNV ya hizo valer su peso decisivo de cara a la cuentas del Estado para obtener de Fomento un soterramiento de lujo para el AVE en Bilbao. Si todos los tertulianos que durante un mes se han pronunciado, a favor y en contra, sobre la situación del presidente Sánchez hubieran hablado de nuestro déficit hídrico y de la aportación al PIB nacional de nuestra agricultura quizá no se hubiera solucionado absolutamente nada, pero al menos sabrían un poco de nuestras debilidades y fortalezas económicas. Quizá no hay ‘share’ televisivo que resista eso, supongo. Lo cierto es que hoy es probable que haya más españoles que sepan de la existencia del Auditorio de Puerto Lumbreras que de esa infraestructura hidráulica que desde hace décadas da trabajo a 100.000 personas en el Sureste. Visto el éxito cosechado desde Murcia para colocar en Madrid argumentarios de parte sobre los casos ‘Auditorio’ y ‘Púnica’ (no hay tertuliano o político que no opine de esos sumarios, sus aristas políticas y posibles consecuencias), no puedo dejar de preguntarme si ese mismo esfuerzo con los asuntos de interés general (infraestructuras, agua, energía solar…) fue tan intenso en el pasado como debía haber sido.

Con ello no quiero minimizar lo que está sucediendo en nuestra Comunidad. Al contrario, está sumida en una de las mayores crisis políticas de su historia democrática por la investigación judicial a su presidente. El daño reputacional es ya incuestionable. Pero tengo la impresión de que en buena parte se consolida como un problema nacional porque de alguna forma ha sido utilizado por Rajoy y Rivera para perfilar sus diferentes estrategias en este conflictivo e inédito arranque de legislatura con un gobierno sin mayoría parlamentaria. Somos, de alguna forma, una especie de laboratorio político donde los líderes nacionales miden sus fuerzas, actuales y futuras. Si el juez Pérez-Templado no resuelve en uno u otro sentido antes del 27 de marzo, el desenlace final se decidirá en los cuarteles generales de los partidos en función de diversos intereses. Hoy, con los Presupuestos del Estado sin visos de prosperar sin el apoyo del PSOE, el ambiente político desprende un nítido aroma preelectoral que Rajoy intentó disipar el viernes en Bruselas. Entre otras razones porque hablar allí de elecciones anticipadas es poco menos que mentar la bicha. El plazo constitucional para otra llamada a las urnas queda expedito el próximo 3 de mayo. Entonces ya se verá.

Aquí seguimos a la espera de acontecimientos, con los partidos en modo tregua, y sin saber cómo acabará el pacto de las lentejas firmado por Pedro Antonio Sánchez y Miguel Sánchez (C’s). Un pacto fáustico, aunque en esta ocasión el supuesto ‘diablo’, ante la queja de que el desahucio de San Esteban era una cláusula abusiva que además habría decaído con un cambio terminológico legal, se muestra dubitativo y acumula dos ultimátum. Ciudadanos quiere dejar una puerta abierta. Sabe que el sobreseimiento es tan posible como el procesamiento del presidente, aunque parece ignorar que es probable que Pérez-Templado no haya podido decidir antes del día 27. En ese caso, el embrollo será colosal porque lo que no le habría solucionado el juez querrá que lo hagan los electores, con el riesgo de que después de una moción de censura y una llamada a las urnas, Sánchez quedase desimputado antes de votar los murcianos. Ahí está el caso de la consejera Martínez-Cachá como recordatorio. Hace semanas apunté que aquí huele a ‘cadáver político’, pero aún hoy sigue sin estar claro qué bando será el escuadrón suicida en este tablero dominado por el inmovilismo de unos, las dudas de otros y las prisas de un cuarto.

Pronto arrancará el debate del modelo de financiación autonómica, una batalla que, con el órdago separatista catalán, será a cara de perro. Justo en nuestro mayor momento de debilidad institucional, con el destino inmediato de la Región depositado increíblemente sobre los hombros de un juez del TSJ, mientras otro sopesa en la Audiencia Nacional si envía un misil judicial a Murcia por la ‘Púnica’. Agua faltará, pero desgraciadamente nos vamos a hinchar a lentejas. Hay lentejas para todos. Queramos o no.

Ver Post >
¿Qué será lo próximo?

En cuestión de semanas, no de meses, la ciudadanía debe tener despejado el horizonte político de los nubarrones que han venido a entorpecer la recuperación económica. Esta crisis empieza a dejar demasiados pelos en la gatera

El presidente Pedro Antonio Sánchez acude mañana en calidad de investigado al Tribunal Superior de Justicia para responder ante el juez Pérez-Templado por los indicios de cuatro presuntos delitos relacionados con la adjudicación, tramitación y recepción del Auditorio de Puerto Lumbreras que fueron detallados por la juez de Lorca en su exposición razonada. De esa comparecencia decisiva para su futuro político solo se pueden anticipar las cuestiones que presumiblemente le serán formuladas por las acusaciones, así como las líneas generales de su defensa. En ningún caso, el desenlace de una declaración ante los tribunales, cuya concreción no será inmediata por la propia mecánica procesal de un sistema judicial garantista como el nuestro. Es probable, no obstante, que todas las partes implicadas salgan el lunes del TSJ con una idea aproximada de los derroteros que puede tomar el caso y de las posibilidades de que continúe adelante la investigación del presidente. Eso último es lo que dilucidará el juez: si a la vista de su declaración y de las evidencias que se pondrán a consideración en el TSJ hay sólidos indicios racionales para procesar o no al presidente regional. Como cualquier ciudadano, Sánchez acude amparado por la presunción de inocencia, un derecho constitucional que rige en el ámbito judicial y que perdura hasta el momento en que se produce una sentencia condenatoria. Otra cuestión diferente es el crédito político, que se sustancia fuera de los tribunales y es igualmente relevante porque en esta ocasión atañe, además, a quien representa a toda la sociedad murciana. Las posibles responsabilidades penales y las políticas operan en territorios diferentes, aunque las judiciales afectan a las segundas de manera decisiva. La sempiterna cuestión de debate, sobre la que ya nos hemos pronunciado reiteradamente, es cuándo deben concretarse en la separación del cargo, un asunto en el que los partidos no acaban de alcanzar un consenso, para desesperación de una sociedad hastiada de las dobles varas de medir, del sectarismo y de los intereses partidistas.
Esta semana, Ciudadanos ha retirado su apoyo al Gobierno regional porque considera que Sánchez ha incumplido su palabra y el primer punto de su pacto de investidura. No tenía otra salida política si no quería quedar ninguneado a la vista de sus votantes. Por más vueltas que le dé el PP al término jurídico de ‘imputado’, si se investigan o no delitos de corrupción o las posiciones ambiguas de C’s a nivel nacional y territorial, la formación naranja tenía razones objetivas para dar por incumplido el pacto firmado en Murcia. Eran lentejas, como dice Maillo, pero se aceptaron a cambio del Gobierno regional. Cuestión distinta es si habría sido más prudente que C’s hubiera esperado a la declaración de mañana dado que su decisión tiene difícil marcha atrás. De hecho, ya ha dado un segundo paso: una vez que el PP ha rechazado presentar un sustituto para Sánchez, el partido de Rivera iniciará conversaciones con el PSOE este miércoles de cara a una posible moción de censura, que sería secundada por Podemos. Que sea esa la mejor solución, o incluso que sea factible, es una cuestión discutible, pero lo cierto es que hoy es la hoja de ruta a la que vamos abocados por una crisis que, pese a que era previsible, ha puesto a la Región en el foco mediático nacional, no precisamente para bien del interés general de la sociedad murciana.
Es la crisis política más grave que vive la Región desde hace décadas y debe resolverse cuanto antes. El presidente Sánchez pidió a sus adversarios una tregua hasta mañana para intentar aclarar su situación judicial, convencido de que no hay ilícitos penales. Lo que solicitó el viernes parece sensato y parecía dar a entender que a la vista de cómo transcurran los acontecimientos en el TSJ se reafirmará en su posición de continuar o meditará otras alternativas. Ya se verá. Dicho eso, la confianza de PAS y los dirigentes populares en que todo le irá bien este lunes ante el juez Pérez-Templado era ayer absoluta. El hecho de que C’s y PSOE hayan decidido esperar al miércoles para empezar a hablar parece una aceptación tácita de esa especie de ‘alto el fuego’. Y es que Ciudadanos no se va a lanzar a una moción de censura sin meditarlo a fondo, ya que saben que posteriormente podría tener un devastador castigo en las urnas. Albert Rivera ya ha dejado entrever que, bajo estrictas condiciones, podrían volver a dar su apoyo a Sánchez si el TSJ decide no investigarlo porque no ve delito punible en esa chapuza administrativa que la Intervención General del Estado observa en la tramitación del Auditorio. Hoy, pues, todo está abierto.
Pase lo que pase, en cuestión de semanas, y no de meses, la ciudadanía debería tener despejado el horizonte de todos estos nubarrones que han venido a entorpecer una recuperación económica en vías de consolidación. Esta crisis empieza a dejar demasiados pelos en la gatera. Quedan serios daños colaterales que tardarán en restañarse cualquiera que sea el desenlace. El cúmulo de falsedades o medias verdades exhibidas en estas semanas, con tertulianos nacionales de trinchera ideológica repitiendo los argumentarios de los partidos, fue lamentable. A cuenta de los casos ‘Púnica’ y ‘Auditorio’ se ha llegado a descalificar a la Guardia Civil, se ha amenazado con expedientar a dos fiscales de la Audiencia Nacional, ha quedado en entredicho la independencia de la Fiscalía General del Estado, hay dudas sobre la injerencia del ministro de Justicia, se han improvisado semblanzas denigratorias y laudatorias sin en el mínimo rigor del presidente regional, el Consejo de la Transparencia y la propia ley han quedado gravemente tocados, se ha relativizado el principio de legalidad en función de si hay manos o patas, las redes sociales se han convertido en un lodazal propicio para la guerra sucia, se ha evidenciado que básicamente hay dos tipos de justiciables (los aforados y el resto), Aena y García Page han aprovechado la crisis murciana para tapar exigencias u otros asuntos, crece la desconfianza exterior derivada de nuestra inestabilidad política… ¿Qué será lo próximo? Más vale que todo esto acabe pronto.

Ver Post >

Etiquetas

Otros Blogs de Autor