La Verdad
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Categoría: Cartas del director
Victoria amarga del PP

Triunfo amargo para el PP en la Región de Murcia. Se consumó el avance de las pequeñas formaciones, la fragmentación del voto y el duro revés para el bipartidismo, producto del desafecto político, aunque fueron los populares quienes sufrieron anoche el castigo más duro. Desde 1991, el partido liderado por Valcárcel no había obtenido un respaldo tan bajo en las urnas. Del 61,5% en las europeas de 2009 ha pasado al 37%. Respecto a las autonómicas de 2011, la caída del PP es de más de 21 puntos. Ahora, la brecha con el PSOE queda reducida a  17 puntos, lo que puede hacer saltar las alarmas entre los populares de cara a unas autonómicas en las que tendrán un nuevo cabeza de cartel. El único elemento de tranquilidad para los populares es que el PSOE no sube sino que baja cuando ellos sufren el peor de sus resultados en dos décadas. Es más, los socialistas murcianos sacan su peor porcentaje de votos desde el inicio de la democracia.
Valcárcel se va a Europa con sabor agridulce. Se volcó en la Región durante la campaña como si fueran unas autonómicas y el resultado debe resultarle decepcionante. La abstención puede haber influido, pero también la fuga de buena parte de sus votantes hacia UPyD, Vox y Ciudadanos. Todo ello tendrá lecturas internas en un PP regional, cuyo tránsito hacia un nuevo liderazgo está resultando cuanto menos turbulento. La máquina de ganar elecciones muestra por primera vez una debilidad preocupante y cobra fuerza la posible pérdida de la mayoría absoluta en la Asamblea en 2015.
Los grandes ganadores de la jornada fueron los partidos pequeños, con IU y UPyD triplicando sus resultados de hace cinco años. La atomización del voto resultó mucho mayor de la esperada. Casi la mitad de las papeletas fueron para formaciones de pequeño tamaño. En línea con lo sucedido a nivel nacional, destaca la irrupción de Podemos, el nuevo partido liderado por Pablo Iglesias, que se convierte en la quinta formación a nivel regional con el 7,59% de los votos.

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Votar para hacer Europa

Cuando Ortega acuñó su célebre cita ‘España es el problema, Europa la solución’, sintetizó el sentir político de una lúcida generación de pensadores y políticos (Azaña, Madariaga, Besteiro…) que veían en el europeísmo la única oportunidad para la modernización y el progreso de nuestro país. De forma siempre atinada, el sociólogo Emilio Lamo de Espinosa recuerda que esta idea germinó tras la muerte de Franco, pero con la particularidad de que nuestro europeísmo siempre fue de venida, nunca de ida. En otras palabras, queríamos que Europa viniera a nosotros para salvarnos de nuestro secular atraso, pero sin ninguna vocación de proyectarnos hacia el exterior. Pretendíamos «ser Europa»,  más que «hacer Europa». Con nuestra incorporación a la UE, dimos un primer paso significativo hacia la normalización. Empezamos a encajar y a participar. Sin embargo, aún hay un poso importante de ese europeísmo introspectivo y unidireccional. Y eso en parte explica por qué durante la campaña el debate partidista derivó hacia asuntos domésticos, orillando lo que está en juego en esta cita y acentuando así la indiferencia de una ciudadanía distanciada de las instituciones comunitarias. Si no fallan los sondeos es muy probable que veamos hoy una gran abstención en las urnas. Al desafecto hacia la clase política se suma una dura gestión de la crisis desde Bruselas, muy cuestionada además por su burocracia, complicada gobernanza y sus estrategias controvertidas en algunos asuntos públicos. Pero abstenerse de acudir a las urnas supone una renuncia al que sigue siendo el proyecto político más exitoso de la historia contemporánea, la construcción de la Europa de los ciudadanos. Si ha existido una abdicación de los valores que inspiraron la construcción europea, este es el momento de recuperarlos democráticamente y no de dejar en manos de totalitarios y xenófobos esa oportunidad largamente buscada para dinamitar el edificio común. Ha sido la presencia activa en los espacios de decisión de la UE lo que nos ha permitido mejorar las infraestructuras, proteger el medio ambiente, velar por la competitividad y la seguridad jurídica, defender los derechos humanos allí donde estén amenazados, proteger a los consumidores frente a los abusos, avanzar en ciencia y tecnología, y enviar con becas a nuestros hijos para que puedan completar su formación en Berlín, Londres o Amsterdam. Optar por la pasividad, por limitarnos a «ser Europa», significa asumir todos los deberes que comporta nuestra pertenencia a la UE y abdicar de la posibilidad de defender los intereses de España y del derecho a que cada una de nuestras opiniones sean oídas. Todas las opciones son legítimas (abstenerse o votar, incluido en blanco), pero, a mi juicio, no todas son igual de inteligentes y responsables. Podemos mirar hacia otro lado, pero eso no cambiará el enorme peso de lo que se decide en el Europarlamento sobre nuestras vidas. Hacer Europa es hacer Región, y viceversa.

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El epicentro del dolor

Allí donde habita el olvido, entre la niebla y la ausencia de la que hablaba el poeta Luis Cernuda, irán desvaneciéndose las imágenes de una ciudad devastada hace tres años por la furia de la tierra. Sin embargo, aún se tardará tiempo en convertir todo lo acontecido en una oscura y lejana pesadilla. Pese a lo mucho hecho, aún queda mucho por hacer, como certeramente informaba ayer en nuestras páginas la periodista Pilar Wals. Y al final siempre quedarán heridas muy difíciles de restañar porque hubo nueve vidas cercenadas por aquellos dramáticos terremotos. En este tercer aniversario del desastre hemos querido hablar con quienes han guardado silencio desde aquel 11 de mayo: las familias de las víctimas mortales, el epicentro del dolor. Ninguna de las innumerables tragedias personales vividas en Lorca es comparable a la sufrida por estos hombres y mujeres, con quienes hemos compartido recuerdos, sentimientos y anhelos, desde el mayor de los respetos. Nuestros compañeros Ricardo Fernández y Enrique Martínez Bueso han recorrido el itinerario humano más punzante de Lorca para rendir homenaje a los ausentes y mantener viva su memoria. En este viaje nos han acompañado la pintora Cantabella, el fotógrafo Paco Salinas y el poeta Soren Peñalver, que plasman su particular visión de nuestra querida ciudad. Los textos e imágenes que hoy publicamos pretenden también recordar a todos los que se volcaron en su día con Lorca que la tarea no ha terminado. Además de los que perdieron a sus seres queridos, hay otros muchos lorquinos que aguardan el regreso a casa o que no pueden escolarizar a sus hijos en el instituto donde estudiaban. El esfuerzo debe continuar. Aún falta por levantar un instituto de secundaria, el principal centro de salud y el complejo deportivo. Mientras, la burocracia persiste, ralentizando la concesión de las ayudas a los alquileres y la recuperación de algunas zonas y barrios de la ciudad. Se ha avanzado mucho en rehabilitación de viviendas y en recuperación del patrimonio, pero lo cierto es que solo hemos superado el ecuador de la reconstrucción. Y conviene no olvidar que el tiempo no discurre igual para quienes esperan volver a su hogar después de tres años que para quien solo somos espectadores de un drama ajeno. Lorca debe seguir siendo un objetivo estratégico de la Región, en deuda con una luminosa y pujante ciudad que siempre fue uno de sus principales motores. Aún debemos corresponder con la máxima generosidad a esa lección de entereza y solidaridad que los lorquinos exhibieron a todo el país. Hoy, cientos de personas saldrán a las calles para participar en la competición solidaria ‘Corre X Lorca’. Y eso es lo que deberíamos hacer todos en el ámbito de nuestras responsabilidades y posibilidades, correr con cabeza y corazón a mayor ritmo para recuperar la normalidad cuanto antes. Lorca empieza a sonreir y a recuperar el ánimo, pero solo a medias.

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El pastel del turismo

La ocupación en Semana Santa y en este puente de  mayo, así como los datos de visitantes extranjeros en el primer trimestre del año, presagian un verano de récord para el turismo en España. Pese al paupérrimo presupuesto en promoción, los bandazos estratégicos, la escasez de infraestructuras y la situación del aeropuerto de Corvera, a la Región de Murcia no le está yendo mal en este repunte. Estamos tan lejos en todos los parámetros críticos de los grandes focos de atracción turística que solo podemos crecer si sabemos aprovechar la ola. Recibimos en la actualidad el 1% de los viajeros internacionales que vienen a España, pero en relación con nuestro primer trimestre de 2013 hay un incremento del 25%. Si además se asienta el clima de confianza en la recuperación económica, la Región puede cosechar en julio y agosto cifras históricas de turismo nacional y extranjero. El Gobierno regional y los ayuntamientos deberían estar ya trabajando a fondo para aprovechar el aluvión que se avecina. Más aún con la dura competencia que tiene la Región en un sector que hoy es una baza inmediata para generar riqueza y empleo. Alicante, por ejemplo, está que se sale. Aunque continúa políticamente enredada en la negativa de la capital a las lanzaderas a Benidorm y Torrevieja desde la estación del AVE, el sector se frota las manos en la provincia vecina por el tirón de la alta velocidad y del aeropuerto de El Altet. Si cae a plomo la cifra de pasajeros de San Javier, y aumentan a la vez los turistas extranjeros en la Región, es precisamente por la masiva llegada a través de El Altet de adinerados visitantes nórdicos y rusos, que también empiezan a recalar en la Costa Cálida. Mientras, el aeropuerto de Corvera, que podría estar abierto de haberse gestionado mejor su particular situación, permanece cerrado y seguiremos dependiendo del efecto rebose del aeródromo alicantino. Además de un vuelo directo a Moscú, El Altet tendrá desde junio otro a San Petersburgo. El turista ruso hizo hace pocos años su entrada por Cataluña, pero los expertos observan un saturamiento en esa comunidad y un desplazamiento hacia el sur porque huyen del modelo de Lloret de Mar. En Alicante ha crecido un 40% el flujo de rusos, que se dejaron más de mil millones en la compra de 4.500 viviendas durante los últimos tres años. El fenómeno es similar con los nórdicos, que vuelan desde ocho aeropuertos a Alicante. Es tal el impacto del turismo procedente de esas frías latitudes que se suceden las nuevas promociones inmobiliarias en la Costa Blanca, con unas mil viviendas en construcción solo en Torrevieja. Al nuevo consejero Juan Carlos Ruiz no le faltará trabajo. Cerrado su equipo, es hora de que concrete qué va a hacer y qué recursos dedicará al turismo regional. Estos días repite, muy razonablemente, que Paramount no es la solución, sino la guinda. ¿Pero de qué pastel hablamos? Pasa el tiempo volando y las oportunidades, también.

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La 'tragedia de los comunes'

El estruendoso rechazo de Miguel del Toro a dirigir el Info, pocos días después de aceptar públicamente el cargo, viene a confirmar que en la política regional todo es posible, incluso lo más inverosímil e impredecible. A algunos les sorprendió, para mal, que el reivindicativo expresidente de la patronal aceptase un puesto en el Ejecutivo. Pero a otros les pareció una excelente idea que un experimentado empresario se pusiera al frente de un organismo destinado a impulsar el tejido productivo. De una u otra forma, la noticia impactó a todos y a nadie dejó indiferente. Lo que muy pocos podían esperar (salvo quienes lo propiciaron) era un ‘gatillazo’ político de tal calibre, con un atronador portazo del constructor y su denuncia de una campaña difamatoria contra él de una parte del PP por un aval del Info que tendría pendiente de pago. Es verdad que después de 19 años de hiperliderazgo, la marcha de Valcárcel arrastraba el riesgo de luchas intestinas por el nuevo reparto de poder. De hecho, la designación de Alberto Garre como presidente se interpretó como una vacuna para mantener la cohesión del partido tras verse frustradas, por distintos motivos y al menos momentáneamente, las aspiraciones de Pedro Antonio Sánchez y Juan Carlos Ruiz. En la búsqueda de esa paz interna, ambos cohabitan ahora en el Gobierno en un plano de aparente equilibrio, como el que muestran Garre y Valcárcel en la bicefalia del Ejecutivo y del partido. A la vista de lo que públicamente se aprecia y de lo que consta que sucede soterradamente, esa múltiple convivencia armónica es más aparente que real. Cuando merodea tanto gallo en el gallinero marcando territorio, tanto cabreo matutino por declaraciones con doble o triple lectura y tanta filtración interesada, lo habitual es que la concordia se diluya más pronto que tarde. Como se descuide, el PP regional puede acabar reviviendo la ‘tragedia de los comunes’, esa vieja parábola sobre un grupo de pastores que compartían un pasto hasta que se agotó porque al final actuaron en función de los intereses cortoplacistas de cada uno. Y eso en política es vital porque las victorias ya no llegan porque el ganador genere entusiasmo, sino por el derrumbe del oponente, que siempre comienza con ‘fuego amigo’ entre afines. «¡Al suelo, que vienen los nuestros!», solía decir Pío Cabanillas, aquel ministro de UCD de fino sentido común. Años antes, Cabanillas y Manuel Fraga, siendo el primero subsecretario y el segundo ministro de Turismo, decidieron un día bañarse desnudos en una playa de Galicia, con tan mala suerte que al salir del agua se toparon con un grupo de monjas y de escolares. Fraga huyó hacia el coche tapándose las partes pudendas mientras Cabanillas, que iba tras él, le gritaba: «¡La cara, Manolo, tápate la cara!». Algo parecido le sucede por aquí al PP. Que es imposible cubrirse el rostro y las vergüenzas al mismo tiempo cuando las navajas cachicuernas quedan al desnudo.

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Gabo y el 'homo videns'

Hacía lustros que no se enfrentaba a un folio en blanco y la memoria empezaba a traicionarle , pero muchos años antes de morir ya tenía Gabriel García Márquez franqueado el umbral de la eternidad por la puerta que está reservada a los grandes de la cultura. La desaparición del gigante colombiano de las letras me pilló enfrascado en la lectura de ‘Homo videns’, un demoledor ensayo sobre la cultura audiovisual y la televisión, del que es autor Giovanni Sartori, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Con el eco vivo de las frases de Sartori («la palabra ha sido destronada por la imagen»), compruebo que la muerte del maestro del realismo mágico se llora porque con Gabo desaparece un ser humano de talento excepcional, pero también porque muchos pensamos que sin él se debilita todavía más la cultura escrita en un mundo sometido a una veloz transformación. La tesis expuesta a finales de los 90 por Giovanni Sartori es de una tremenda rotundidad: la primacía de lo visible, impuesta por la televisión, está anulando nuestra capacidad para comprender y manejar abstracciones y conceptos. El ‘Homo sapiens’, dotado de pensamiento simbólico, es ahora un ‘Homo videns’, que ve sin entender. La transformación se acelera con funestas consecuencias. Los niños que han crecido frente a la pantalla del televisor reciben una impronta educacional que les convertirá, de por vida, en adultos sordos a los estímulos de la lectura y del saber transmitido por la cultura escrita. Esta atrofia cultural denunciada por el politólogo italiano está en la raíz de los malos resultados en comprensión lectora y en expresión escrita que hoy muestran nuestros adolescentes. La televisión es una fábrica de producir imágenes que no exigen ningún esfuerzo intelectual, a costa de anular conceptos que no tienen representación visual, como libertad, igualdad, justicia o derechos. Decía el propio García Márquez que si los intelectuales no hubieran detestado tanto la televisión, ésta no sería hoy tan mala. Seguro que tenía razón, pero el problema de fondo no tiene que ver tanto con la calidad como con el hecho de que lo visual, que debiera ser un complemento  útil de la palabra, es ahora el todo. Hoy no existe ningún invento capaz de igualar el poder de entretenimiento que consigue la televisión, pero esta capacidad para ofrecer evasión se ha convertido prácticamente en su actividad central. Sin duda ayudaría una apuesta por la calidad frente a la pugna de las audiencias, hoy ya ineludible para obtener los ingresos publicitarios que permitan mantener un medio de masas de tan enorme coste. Lamentablemente la búsqueda de la excelencia no fue la gran apuesta cuando surgen las cadenas privadas en 1990 y triunfa pronto el modelo italiano de las ‘mamachicho’ y la telebasura. Si en la política cada vez nos parecemos más a Italia, aquí tienen una de las razones de fondo. Aún estamos a tiempo. Para empezar, más libros y un poco menos de tele.

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