La Verdad

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Ducha escocesa
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Alberto Aguirre de Cárcer | 20-04-2016 | 06:43| 0

El Gobierno nos sumergió ayer en un baño de realismo y de electoralismo a ritmo de ducha escocesa. Primero llegaron los cubos de agua fría de la mano del ministro Luis de Guindos, con sus nuevas previsiones al alza de paro y déficit para los próximos dos años, ante la constatación de que no podrá cumplir sus objetivos por la desaceleración económica. Una noticia sombría que, sin embargo, supone un balón de oxígeno en las comunidades autónomas con más dificultades para no rebasar el techo de déficit. Ya cuando el ambiente se estaba poniendo gélido apareció Montoro, que es mucho más político de partido que De Guindos, para lanzarnos agua tibia con el anuncio de que los funcionarios de la Administración central cobrarán este mes el 50% de la extra de 2012. Todo en el mismo día y en la antesala de nuevas elecciones.

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Desenredo administrativo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 17-04-2016 | 07:02| 0

Han sido numerosas las ocasiones en que, desde las páginas de ‘La Verdad’, se ha instado a los distintos Gobiernos regionales a impulsar medidas de reactivación económica por la vía de la simplificación administrativa. Respaldados por informes regionales, nacionales e internacionales, los sectores productivos venían reclamando poner coto a una burocracia que sentían en propia carne y que espantaba a muchos inversores hacia la Vega Baja alicantina y municipios limítrofes de Albacete y Almería. El decaimiento progresivo de nuestra industria tenía mucho que ver con esa desesperante tramitación administrativa, que se sumaba a una alta fiscalidad. Otros territorios, en España y fuera, han demostrado que se puede avanzar hacia modelos de desarrollo sostenible, combinando el respeto al medio ambiente con la ausencia de trabas burocráticas y una supervisión estricta a posteriori de las actividades económicas. Si hoy la Región está a la cola en competitividad turística no es solo por su débil sector privado. Influye la falta de infraestructuras de transporte, la histórica carencia de una política turística sin titubeos y bien financiada, y la presencia de no pocos obstáculos burocráticos que hacen de la Región un lugar poco atractivo para emprender negocios turísticos. En su investidura, el presidente Pedro Antonio Sánchez se comprometió a abordar las reformas administrativas necesarias para dinamizar y crear empleo en la industria, el comercio y el turismo. La primera medida fue la rebaja de ciertos impuestos, alguno fundamental para las empresas familiares que son un pilar de nuestro tejido productivo. La segunda se producirá en los próximos días con la aprobación por el Gobierno de un decreto ley de simplificación administrativa, que luego tendrá que ser ratificado en la Asamblea. Como adelantamos hoy, los comercios minoristas tendrán libertad de horarios y podrán abrir dieciséis festivos al año. Se generalizará la declaración responsable del empresario para la apertura de instalaciones industriales y energéticas. También se eliminará el doble registro, tanto industrial como agrario, para la industrias agroalimentarias. Y además se regularizarán miles de alojamientos turísticos alquilados por propietarios de viviendas, que ahora no necesitarán constituirse en empresas para acometer esa actividad.

A expensas de las mejoras que puedan introducirse en su tramitación y de un análisis más detallado cuando esté aprobado, el decreto ley de Pedro Antonio Sánchez va, a mi juicio, en la dirección correcta. El Gobierno regional no podrá equilibrar las cuentas públicas, ni revertir el elevado desempleo, si no trabaja a fondo con medidas de empuje económico que haya consensuado con los agentes sociales. El decreto ley tiene también una lectura política porque viene a plasmar un compromiso programático que fue explicitado en campaña y luego en el discurso de investidura. Sánchez no recibió un cheque en blanco tras su triunfo electoral sino un encargo de gobierno en base a propuestas que tuvieron el mayor de los respaldos en las urnas por deseo expreso de los ciudadanos. Debe su designación de candidato al presidente de su partido, pero ocupa la cúspide del Ejecutivo por la voluntad de una mayoría de los votantes que confiaron en sus promesas. No puede olvidar, por tanto, a quién se debe por encima de todo, con quién ha contraído compromisos y a quién representa hoy. Si ha tenido el acierto de desarrollar estas medidas que están orientadas al interés general, como presidente de todos los murcianos debería actuar en consonancia en otros temas donde también es necesaria la defensa del bien común regional. Esta semana, ‘La Verdad’ desveló que el Tribunal de Cuentas abrió diligencias por posible responsabilidad contable en la desaladora de Escombreras, cuyo riesgo financiero para el erario supera a estas alturas los 500 millones de euros. El Interventor de la Comunidad instó en septiembre a la Consejería de Hacienda a que nombrara un instructor e investigara esos indicios. El Gobierno, sin embargo, remitió el asunto al Tribunal de Cuentas como máximo órgano fiscalizador, una decisión políticamente aceptable si no fuera porque reiteradamente el Ejecutivo no hace lo que le recomienda la Intervención. Ahora, una vez sabido que la Fiscalía y la Abogacía del Estado han ratificado en ese tribunal varios indicios no prescritos de malversación y responsabilidad contable, tiene difícil explicación que el presidente regional no haya ordenado ya a los Servicios Jurídicos que se personen en la causa, al menos para saber cuál es la amenaza para las arcas regionales. A la postre, de qué sirve ganar credibilidad por un lado si se pierde por otro. El Gobierno parte con la ventaja de que la oposición tampoco se lee un solo papel de la Intervención, aunque no cesa de jugar con fuego. Todo esto es material inflamable para San Esteban porque afecta a miembros del PP que desempeñaron responsabilidades públicas y que se exponen a responder con su patrimonio en caso de juicio y condena. Y cuando uno puede sufrir otro incendio y necesitar ayuda, estas cosas son todavía más complicadas. Pero lo que no cabe es pasar la factura de los platos rotos a la ciudadanía.

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Cervantes versus Shakespeare
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Alberto Aguirre de Cárcer | 15-04-2016 | 05:53| 0

El Rey afirmó ayer que la conmemoración del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes es un auténtico «proyecto de Estado», pero el tímido programa oficial impulsado por el Gobierno ha suscitado no pocas críticas en el mundo de la cultura durante los últimos meses. Sobre todo si se compara con el esfuerzo realizado en el Reino Unido con la obra y la figura de William Shakespeare, fallecido también en 1616. ‘La Verdad’ no ha querido pasar por alto ambas efemérides culturales y ofrece mañana un suplemento especial de ‘Ababol’. Veintiocho páginas dedicadas a los dos autores universales en las que nuestros lectores encontrarán artículos de César Oliva, José María Pozuelo Yvancos e Iñaki Ezquerra, entre otros, así como entrevistas a José-Carlos Mainer y Vicente Molina Foix.

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El que no corre, vuela
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Alberto Aguirre de Cárcer | 12-04-2016 | 10:53| 0

El mismo politólogo malagueño que como empresario ofertaba en 2012 servicios para abrir sociedades opacas en Panamá acaba de cerrar dos acuerdos con los Ayuntamientos socialistas de Alhama de Murcia y Águilas en materia de transparencia, a través de una ONG, a cambio de unas módicas facturas de 17.400 y 6.700 euros, respectivamente. De la opacidad a la transparencia en un abrir y cerrar de ojos, todo dentro de la legalidad y aupado por los nuevos vientos de la regeneración, que por lo visto también dejan cuartos. La etapa de la opacidad no fructificó y eso que el aludido reconoce haber recibido una subvención de la Junta de Andalucía para abrir una delegación en Panamá. Ahora, aparentemente fuera del lado oscuro, asesora sobre regeneración por Murcia. Conclusión: el que no corre, vuela.

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Cuidar la caja
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Alberto Aguirre de Cárcer | 10-04-2016 | 05:37| 0

Dicen los directores financieros de las empresas que la cuenta de resultados es una opinión mientras que la caja es un hecho. Las famosas PyG’s lo aguantan casi todo en el papel. Son como una fotografía borrosa de previsiones sobre la que luego opinan auditores internos y externos, dando finalmente su visto bueno, con o sin salvedades. Pero lo que precipita el cierre de una empresa no es tanto el desequilibrio en el cumplimiento de sus cuentas como la falta de liquidez. Es el dinero existente en la caja el principal indicador del estado de salud financiero de toda institución. Los Presupuestos de la Comunidad no son formalmente distintos a los de una empresa. Aunque se proyectan para mantener los servicios públicos y la Administración regional al servicio de la ciudadanía, que es una diferencia de fondo sustancial, se basan también en proyecciones de gastos e ingresos con alto grado de incertidumbre. Una vez aprobados son revisados por el Ministerio de Hacienda y la Autoridad Independiente Fiscal y Financiera (Airef), que acaba de opinar sobre la marcha de nuestras finanzas públicas.

Según cree la Airef, cuatriplicaremos en 2016 el objetivo de déficit, asignado injustamente por igual a todas las comunidades (ricas y pobres, bien y mal financiadas), lo que, sumado a la deuda pública, suscita riesgos en el medio o largo plazo para nuestra sostenibilidad financiera. Es solo una opinión, la de un organismo independiente, aunque sin duda tiene su peso. La ventaja del sector público es que el Estado hará lo que sea para evitar la quiebra de cualquier Comunidad (detrás de los números hay personas y servicios esenciales), pero a cambio del cumplimiento de la ley de estabilidad presupuestaria. Es razonable la exigencia a Murcia del ministro Montoro, el único que no está en funciones porque el Ejecutivo europeo no lo está, de que la Comunidad pague en tiempo a quienes compra o contrata. Tan importante como el cumplimiento del déficit es el pago a los proveedores en el plazo fijado por ley (30 días), lo que obligará al consejero Andrés Carrillo a preparar un plan de tesorería que reduzca a la mitad la demora media (52 días). Si continuamos con un alto déficit el crecimiento económico será inestable, no se podrán bajar impuestos, perdurará el fantasma de nuevos ajustes, se tardará más en invertir en obra pública, se ahuyentará a los inversores porque percibirán una Administración poco fiable y se dejará una deuda mareante. Lo difícil es hacerlo cuando ya apenas hay grasa y se toca hueso, o acometerlo a un ritmo que puede ser asfixiante para los ciudadanos y los servicios públicos. Todo es más complicado si además la Administración tarda en pagar más allá de lo razonable y lo legal, porque continuará metiendo en serios apuros a las empresas proveedoras, muchas de las cuales cerraron en estos años de crisis porque, si bien en sus cuentas se preveían ingresos suficientes, en sus cajas había solo telarañas a causa, frecuentemente, de los retrasos de las administraciones públicas.

El problema no tiene hoy las dimensiones de los años más duros de la crisis, pero no todos los proveedores tienen la misma capacidad de resistencia en este contexto económico de ralentización. El plan de pago a proveedores y el fondo de liquidez autonómica, dos de los aciertos en el particular balance del controvertido ministro, aún son imprescindibles porque a corto plazo seguirá sin modificarse el modelo de financiación autonómica que perjudica a la Región. Al consejero Carrillo no le va a resultar fácil cumplir con los dictados del Ministerio de Hacienda, habida cuenta además de que las enmiendas de la oposición han descuadrado parte de los Presupuestos y debe ajustar a pulmón, esto es, con mejor gestión y reformas, sin recortes del gasto público y facilitando medidas de activación económica que mutipliquen los ingresos. De hecho, ya ha solicitado audiencia urgente con Montoro para advertirle de que no podrá hacer lo que le pide: la no disponibilidad de nuevo gasto, un techo para el gasto farmacéutico y un plan económico-financiero que debe presentarse en quince días. En el tiempo de descuento, el mismo ministro que fue muy laxo antes del año electoral, porque había muchos votos en juego, ha sacado el látigo, uno muy parecido al que Bruselas descarga sobre él en los últimos días.

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Episodios regionales
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Alberto Aguirre de Cárcer | 03-04-2016 | 05:30| 0

Ciudadanos mira a izquierda y derecha desde el centro, aunque a veces lo hace de forma simultánea o con un particular criterio, lo que genera estrabismo político, balbuceos discursivos y batacazos. Como sucedió en Molina de Segura

Corría el año 1908 en Cartagena. En el barrio Peral se casaban el torero cordobés Rafael González ‘Machaquito’ y Ángeles Clementson, hija de un acaudalado empresario de nacionalidad inglesa que vivía en la ciudad portuaria. Era la primera vez que en España contraían nupcias un célebre diestro y una joven de la alta burguesía, todo un evento social que atrajo a periodistas de varios países europeos y suramericanos. Como amigo y testigo del novio, a la boda acudió Benito Pérez Galdós. Es más que probable que esta anécdota sea conocida por la nueva alcaldesa de Molina de Segura, la socialista Esther Clavero. Ella realiza su tesis doctoral sobre el clericalismo y el anticlericalismo en la obra del insigne escritor y cronista, cuyas visitas a la Región pueden contarse con los dedos de una mano. Entonces no pasaban desapercibidas. En 1903, el autor de los ‘Episodios Nacionales’ ya estuvo en Cartagena, donde leyó en el Círculo Militar un discurso provocador que proponía una alianza entre España y Gran Bretaña, país que cinco años antes, en 1898, apoyó a Estados Unidos en la guerra donde perdimos Cuba.

Más de andar por casa, pero polémico, mediático e igualmente singular, ha sido el enlace político que inesperadamente dio el bastón de mando de Molina de Segura a esta estudiosa de la obra de Galdós. El motivo de la controversia no es Esther Clavero y su grupo, que supo aprovechar la oportunidad abierta con la dimisión del alcalde Eduardo Contreras, sino otro de los contrayentes de este ‘sí quiero’: el grupo municipal de Ciudadanos. Su líder local, Estanislao Vidal, es sin duda un político que abre caminos. Edil del PP durante ocho años, fue de los pioneros que migraron a Ciudadanos, donde se convirtió en el primer concejal electo del partido de Rivera fuera de Cataluña. Y ya es el primero que respalda en la Región una coalición ‘a la valenciana’ entre el PSOE y los nuevos partidos de izquierdas para investir a un candidato que no forma parte de la lista más votada, poniéndose por montera las directrices nacionales de su formación en materia de pactos de gobierno. Ahora deberá explicar su decisión al Comité Ejecutivo Nacional de C’s y, lo que es más difícil, a sus votantes en Molina. Vidal ya ha adelantado que votó «en conciencia» porque el «PP no cumplía nada» y Molina de Segura necesita un «revulsivo». Con esos romos argumentos, y dado que no formará parte del nuevo Gobierno municipal ni participó en el pacto programático de la izquierda, quien se votó a si mismo en junio pasado viene a dar la razón a quienes interpretan su decisión como un rejonazo de castigo al PP, que éste atribuye sencillamente a su negativa a convertirle en primer edil. El PP se siente toreado por quien cambió de novia al pie del altar. En otro momento quizá pudo haber acabado de alcalde con el apoyo de los populares, pero en la probable antesala de elecciones, todos los partidos nacionales tratan de mostrar coherencia. No solo por los pactos de gobierno y sus expectativas en las urnas sino porque se están jugando sus liderazgos internos. Desde Pedro Sánchez y Pablo Iglesias a Rajoy. A Rivera nadie le cuestiona internamente, pero no está exento del examen en las urnas. Al saltarse la directriz de facilitar la elección de un candidato propio o de la lista más votada (salvo que se llame Mariano Rajoy), Vidal le ha hecho un flaco favor a Ciudadanos, enfrascado en demostrar que no es un partido de aluvión y que es fiable porque es predecible, sus flancos más débiles. Pese a sus esfuerzos no siempre lo logra. C’S mira a izquierda y derecha desde el centro, aunque a veces lo hace de forma simultánea o con un particular criterio. Y eso genera estrabismo político, balbuceos discursivos y batacazos. Como sucedió en Molina de Segura.

El PP tiene buena parte de responsabilidad en su pérdida de la alcaldía. Los políticos también tienen fecha de caducidad, como los yogures, escribía esta semana Manuel Alcántara en ‘La Verdad’. Y aunque no la lleven escrita en la frente o en el dorso hay que estar ciego para no verla. Tras veinte años como regidor, Contreras debía haber anticipado su relevo. Es verdad que hoy todo se ve más cristalino, pero la necesidad para el PP de un caballo de refresco era muy plausible. Al final gana quien tenía posibilidades remotas. El PSOE suma así otra alcaldía. Y ya van 23 de 45. Otra cosa será la gobernabilidad a partir de ahora del municipio, con la oposición de nueve concejales del PP y cinco de Ciudadanos votando en «conciencia» desde la oposición. Clavero no pudo brillar mucho a su paso por la Asamblea porque los protagonismos estaban muy concentrados en su grupo, pero es uno de los activos más valorados dentro del PSOE. Ahora tiene el bastón y la oportunidad de demostrar que no es una eterna promesa. Como a todo cargo electo le deseo la mejor de las fortunas, sobre todo por los molinenses. Churchill decía que la «suerte es el cuidado de los detalles» y la nueva alcaldesa deberá atender muchos y complejos estando en minoría. Pero ella ya sabe, porque lo aseveró su viejo conocido Galdós, que la «experiencia es una llama que no alumbra sino quemando». De modo que valor y al toro, como hacía aquel otro Rafael González.

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Viejos problemas
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-03-2016 | 13:29| 0

El Comité Ejecutivo Nacional de Ciudadanos abrió ayer expediente a sus cinco concejales de Molina de Segura por haber aupado al PSOE a la alcaldía sin consultar a la dirección, que hace meses dejó gobernar, con su abstención, a la lista más votada. Y en Alicante, donde gobierna el tripartito PSOE, Compromís y Guanyar (Podemos, IU y otros colectivos), el alcalde socialista y la citada coalición decidieron ayer expulsar a la concejala de Acción Social, Nerea Belmonte, de Podemos, por adjudicar un contrato a una empresa de reciente creación por dos compañeros de candidatura. Belmonte ha decidido no renunciar a su acta de edil y pasará al grupo de no adscritos, quedando el tripartito en minoría. Son casos diferentes, pero evidencian que los nuevos partidos no son inmunes a los viejos problemas de la política porque, obviamente, están hechos de la misma pasta humana. La diferencia estriba en la reacción de los partidos. Ahí es donde se juegan su crédito.

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Yihadismo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 27-03-2016 | 05:58| 0

Eterno candidato al Nobel de Literatura, el poeta Adonis era un niño cuando el presidente sirio Chukri al Kuwatli visitó su aldea al norte del país y tuvo la oportunidad de leerle un poema. Impresionado, el presidente le preguntó qué podía hacer por él, a lo que el menor, hoy considerado a sus 85 años como uno de los grandes poetas del mundo árabe, contestó: «Mandarme a la escuela». Adonis, seudónimo de Ali Ahmed Said Esber, se exilió en los años 50 a Líbano y recaló en los 60 en París, donde ha desarrollado gran parte de su producción literaria, convirtiéndose en una de las voces más lúcidas del mundo árabe. Adonis acaba de publicar en España su último ensayo, ‘Violencia e Islam’, una obra que encierra numerosas claves para entender lo que sucede en Oriente Próximo y las raíces del Estado Islámico, que ha vuelto a golpear esta semana con brutal saña asesina en el metro y en el aeropuerto de Bruselas. Dos ideas sobrevuelan su visión del problema: la ausencia de democracia en el mundo árabe a lo largo de su historia, donde todos los regímenes son tiránicos con pequeñas variaciones de grado, y la ausencia de una separación radical entre la religión y la cultura, la sociedad y la política. Ni siquiera en la fallida Primavera Árabe o en los grupos opositores que surgen en cada país existe un proyecto para acabar con ese vínculo entre el Islam y el Estado que perdura desde la Edad Media. Lo que se dirime es exclusivamente la conquista del poder, cuando lo urgente son cambios sociales que acaben con la cultura tribal y la represión de los derechos humanos, y favorezcan la liberación de las mujeres prisioneras de la ley coránica. Se podrá combatir con ejércitos a ese Estado Islámico, que degüella a sus prisioneros, encierra a mujeres en jaulas y destroza joyas arquitectónicas como Palmira, pero a juicio de este poeta sirio el problema persistirá si no se combate también con un cambio cultural, con una revisión del Islam que lo desprenda de sus componentes violentos y con una auténtica separación de la religión y el poder político. Ahí es nada, aunque parece el único camino.

Adonis no es nada complaciente con el trato recibido por los refugiados sirios de la Unión Europea, las principales víctimas del Estado Islámico. Todo lo contrario. Las raíces del problema árabe son endógenas, aunque Europa no ha contribuido demasiado a resolverlas, pese a su responsabilidad colonial después de la Primera Guerra Mundial. La UE no puede actuar ahora con parsimonia ni ante el drama humanitario de los refugiados ni ante la violencia asesina del yihadismo, que acaba de cercenar la vida de más de treinta personas en Bélgica. Lo mínimo que cabe exigir a los 28 es que actúen coordinadamente y con generosidad tanto en materia de solidaridad como de respuesta policial para hacer frente a dos de los mayores desafíos que tienen planteados. Enfrentarse a quienes son capaces de perder su vida para aniquilar la de otros muchos es un reto mayúsculo que deberá encararse con determinación y sin perder los valores que han hecho de nuestras democracias, con todas sus imperfecciones, la mayor conquista social del mundo contemporáneo. Nada genera más inseguridad y coarta más la libertad que la impasibilidad de los poderes públicos. Las dudas que ha generado Bélgica, por su modelo de integración multicultural y sobre todo por la desconexión de sus servicios policiales entre sí y respecto al de resto de países europeos, deben disiparse a la mayor prontitud. Parece ya trágicamente obvio que, junto a la unidad contra el yihadismo, es necesaria una estrategia más global y eficaz para dar respuesta a una amenaza que causa el 99% de sus víctimas en Oriente Medio, el sureste asiático, África y el subcontinente indio. Si la solución pasa por profundas transformaciones sociales y culturales en los países árabes, como sostiene el poeta Adonis, esta explosión de barbarie no va a ser cosa de unos pocos años. Si nos quedan muchas lágrimas que derramar por víctimas inocentes, no debería haber excusas para encarar de forma unitaria y decidida un problema que está detrás del peligroso auge de formaciones políticas xenófobas y radicales en Francia, Países Bajos y, más recientemente, Alemania.

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Marasmo y pasmo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 20-03-2016 | 06:26| 0

La última ocurrencia de nuestra ‘viejoven’ cofradía del santo reproche fue politizar la Semana Santa. Unos con un desatino laicista que estaba condenado al fracaso y otros con una sobreactuación en la calle y la Asamblea Regional

El ejercicio del liderazgo democrático no consiste en dar sin más a la gente lo que pide, sino interrogar a la ciudadanía sobre lo que necesita». Solo un poeta que se autocalificaba de antifilósofo (Paul Valéry) podía decir algo tan sensato y a la vez utópico, al menos en estos tiempos donde la política se ha colmatado de guiños, de iniciativas-trampa para retratar a los adversarios, de verborrea declarativa, de búsqueda de una foto o titular a cualquier precio, de decisiones improvisadas basadas en sondeos… Todo esto era habitual cuando se acercaba una llamada a las urnas, pero es tal la volatilidad del escenario político, donde nadie descarta nuevas elecciones, que los gestos y la superficialidad es el pan nuestro de cada día. Se cumplen tres meses desde el 20D y seguimos sin acuerdo de Gobierno porque en el actual marasmo institucional impera la politiquilla al menudeo, los vetos cruzados y ese ‘charlamentarismo’ improductivo que describió Unanumo a finales del siglo XIX. Los supuestos renovadores, que venían revestidos con ínfulas de purificación democrática, o nunca lo fueron o envejecen a velocidad supersónica. No hay más que ver la purga soviética con la que Pablo Iglesias zanja las disidencias en la cúpula de Podemos.

La peor de las noticias no es la tardanza en formar gobierno, que llegará, sino constatar que la manida ‘nueva política’ no está demostrando ser mejor que la vieja y que se propaga fácilmente porque no precisa de mucho armazón intelectual. Es viral, como los ‘selfis’ que se hacen nuestros políticos con frenesí para hacernos ver que están donde deben estar, aunque allí realmente no hagan nada. En la Región, donde una de cada cuatro personas está en paro, la última ocurrencia de nuestra ‘viejoven’ cofradía del santo reproche ha sido politizar la Semana Santa. La extemporánea moción laicista de Cambiemos en el Ayuntamiento de Murcia era un desatino, pero no iba a llegar a ninguna parte al carecer de apoyos y amparo constitucional. Y sin embargo, líderes del PP y del Gobierno regional se sumaron a una concentración de repulsa surgida en la sociedad murciana como si, sin su presencia, realmente corriera peligro nuestra milenaria historia cultural y religiosa. Para completar la sobreactuación, todos los grupos en la Asamblea tuvieron que hacer su correspondiente auto de fe con las tradiciones murcianas. Fue también Valéry quien dijo que «en toda cosa inútil hay que ser genial o no meterse en ella». Sabio consejo que evitaría comprobar cómo algunas carreras políticas nacen mediocres, otros alcanzan la mediocridad en tiempo récord y a otras la mediocridad se les viene encima a las primeras de cambio.

Esta política-espectáculo está acumulando demasiados comportamientos en esta legislatura que son difícilmente excusables porque socavan la calidad democrática. El PP regional empezó por incumplir el pacto de investidura con Ciudadanos con el extravagante argumento de que la prevaricación, penada con inhabilitación para cargo público, no puede considerarse corrupción. No menos insólita fue la posterior y simplista argumentación de los tres partidos de la oposición de que 23 (diputados) son más que 22 como última y resolutiva justificación de sus acuerdos. Semejante reducción de la esencia de la democracia a una cuestión aritmética pondría los pelos de punta a John Adams y a otros que se preocuparon por introducir mecanismos para proteger a las minorías y las libertades individuales en las democracias representativas. Si los rodillos parlamentarios eran antes poco recomendables, también lo son ahora. Más aún si conducen a conflictos de competencia y choques institucionales entre el Ejecutivo y el Legislativo. No hace falta haber leído a Tocqueville o Montesquieu para entender lo negativo de la ruptura de esos contrapesos. Bastaría con revisar el Estatuto de Autonomía para saber cuál es el papel de cada uno. La tramitación de las enmiendas, con un aumento y recorte de partidas a ciegas, fue todo un carajal que explotó sobre varios sectores productivos. Y tan cierto es que el PP los movilizó para que protestaran como que la oposición actuó irresponsablemente porque ni se molestó en analizar el impacto colateral de sus propuestas. Hay comportamientos insólitos: Ciudadanos dio su apoyo a los Presupuestos, que incluían 5 millones para el Rosell, y solo semanas después respalda una moción junto al PSOE y Podemos que implica un gasto de 50 millones para ese hospital. Y ahora acaba de llegar a un acuerdo con los centros tecnológicos, tras haber propiciado un recorte de sus fondos, que implicará otra modificación de los Presupuestos. En el colmo del ‘teatrillo’, C’s rectifica pero lo vende como una mejora porque apadrina un plan de financiación plurianual que ni presupuestará ni gestionará. Lo tendrá que hacer el Gobierno regional que, por cierto, dice tener las habas contadas en las arcas públicas, pero promete reactivar este año la carrera profesional en la sanidad. Todo es muy poco serio. Y qué decir del ‘piscinazo’ del socialista González Tovar, amagando con una moción de censura sepultada en horas por Ciudadanos, o el del consejero Bernabé, que envía a sus tropas a tomar posesión de Corvera cuando la decisión del TSJ era recurrible y estaba avisado. Marasmo y pasmo.

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Garre, crónica de un oxímoron
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Alberto Aguirre de Cárcer | 13-03-2016 | 06:29| 0

Garre sabía que aquel 26 de octubre de 2014 no iba a tener muchas oportunidades de hablar a solas con Rajoy. Y de camino en el coche desde el aeropuerto a la Convención Intermunicipal del PP en Murcia, se confesó con una frase que tenía su sentido entonces, pero que hoy retumba después de que esta semana pidiera a Rajoy que dé un paso atrás: «Presidente, conmigo no vas a tener ningún problema».

A Garre se le veía feliz y relajado desde marzo, cuando Valcárcel le designó para presidente regional sin pasar por las urnas, poco antes de marchar a Bruselas. Ocupar San Esteban, decía, había colmado sus aspiraciones políticas, aunque llegase allí por descarte. La imputación de Pedro Antonio Sánchez por su dúplex había impedido el nombramiento de quien era el delfín de Valcárcel y, por extensión, de la mayoría del PP regional. Sin embargo, en octubre aún pendía esa amenaza judicial, que no fue archivada hasta febrero de 2015, y el veterano político pachequero se ofreció a Rajoy meses antes de las autonómicas. Quería seguir. O no se dio por enterado del mensaje de Cospedal de que fue elegido para cubrir una etapa, en una reunión celebrada en Toledo con Valcárcel tras tomar posesión, o nunca se le explicitó con nitidez. Lo cierto es que desde el principio Garre quiso marcar un discurso propio, alejado completamente del de su antecesor, apostando por la cercanía y la tolerancia cero contra la corrupción, al frente de un gobierno de peso político y elegido a medias con Valcárcel. Era tal el afán por hacer visible el giro que cada referencia a la regeneración democrática era interpretada por Valcárcel como una enmienda a la totalidad. Poco tardó la brecha entre ambos en agigantarse. A los tres meses de la investidura, en el verano de 2014, Valcárcel ya hizo saber que Garre no sería la cabeza de cartel, incluso si no podía ser Pedro Antonio Sánchez. Pero Garre aparentemente no lo sabía cuando habló con Rajoy en octubre. Tampoco parecía enterarse de lo que sucedía a su alrededor: un día después de la Intermunicipal de Murcia, la UCO activó la operación Púnica y detuvo a las directoras generales del Info y del Instituto de Turismo. Los correos del jefe de gabinete de Juan Carlos Ruiz revelarían después que el exconsejero también se movía para ser el elegido por Génova.

Oficialmente no había candidato. Todo estaba abierto y Garre siempre se vio con posibilidades, pese a ese presunto caso de corrupción en su Gobierno o la explosiva dimisión de otro consejero, Manuel Campos, por el aeropuerto: «Hay Garre para tiempo», declaró a ‘La Verdad’ en enero de 2015. Ni siquiera dio por perdida su oportunidad cuando, semanas después, en la convención nacional del PP, Sánchez recibió extraoficialmente la bendición de Génova. Vivía en una falsa creencia porque salía bien valorado en los sondeos y su relación con Rajoy, sin ser estrecha, era buena. De eso se ocupó el equipo económico dirigido por Martínez-Pujalte con un cambio de estrategia. Se acabó el choque con Montoro a cambio de fluidez financiera. Había elecciones pronto y no era momento de recortes. Frente a las acusaciones de sumisión, Garre respondía en privado: «Todo lo que he pedido a Rajoy para la Región me lo ha dado».

El interno del Gobierno regional, por el contrario, era una caja de bombas. Dividido y con cada consejero yendo a su aire. Cualquier noticia sobre los casos de sus dos imputados tenía como respuesta un desmarque público de Garre, reiterando su famosa doctrina de la generosidad. En el Consejo de Gobierno la tensión era máxima. En noviembre de 2014, Sánchez pensó en dimitir para refugiarse en el partido hasta que su caso se aclarase. La cosa se complicó en febrero cuando la Fiscalía se querelló contra el hoy presidente por el Auditorio de Puerto Lumbreras. Pero Sánchez ya había sido señalado por el dedo de Génova y todo el partido salió en su apoyo. Menos Garre, que dos días después hizo un sonoro y genérico alegato contra la corrupción. El consejero Cerdá no aguantó más. Días después bastó un leve empujón de otros para que dimitiese el 26 de febrero, dejando el caso Novo Carthago fuera del alcance del juez Abadía. Una operación calculada para evitar que el magistrado pudiera encausar a Valcárcel y este caso letal para el PP siguiera en sus manos a dos meses de las autonómicas. Pero Garre no firmó la dimisión hasta no tener relevo para Cerdá y el juez tuvo tiempo de señalar en un auto al presidente del PP regional antes de soltar la causa, paralizada desde entonces en un juzgado. En el fragor de esa guerra fue cesado también el consejero de Economía, Francisco Martínez Asensio, fulminado por Garre pese a que no tuvo nada que ver con esa operación fraguada a sus espaldas. Y ahí acabó toda expectativa para Garre. Se ofreció luego a Cospedal para ir en las listas por Cartagena y ayudar a Sánchez, pero le vetó Valcárcel, que también le negó meses después un escaño en el Senado.

Después de todo esto, y tras rechazar dos veces liderar un partido regionalista, Garre sorprendió esta semana con su petición de que «Rajoy dé un paso atrás por el bien de España y de su partido». «Es un clamor silencioso», aseveró con un oxímoron. Hombre de principios, Garre dice lo que piensa, pero a veces no se piensa mucho lo que va a decir. Es verdad que muchos votantes y dirigentes populares creen que Rajoy es un obstáculo para que el PP lidere un gobierno de coalición. Y no pocos piensan que Rajoy podría apartarse como fruto de una reflexión personal, aunque jamás por imposiciones internas o externas. En realidad, los dirigentes que salieron en tromba por sus declaraciones no lo hicieron por temor a una reacción en cadena, sino para que Rajoy visualice que están de su lado. Hablando de palmeros y plañideras, Garre causó el efecto contrario al que pretendía. Ahora la posibilidad de que Rajoy se eche a un lado es más remota que hace una semana. Más adelante se verá. En clave regional Garre logró volver a la palestra en una sociedad murciana que siempre le ha respetado por su honradez. Pero pase lo que pase, su vida parece finiquitada en el PP, donde el aparato le ve, políticamente y valga otro oxímoron, como un muerto viviente. Él, sin embargo, y una vez más, no se dará por enterado ni por vencido.

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