La Verdad

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El arte de la impostura
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Alberto Aguirre de Cárcer | 12-06-2015 | 06:24| 0

El auto de procesamiento del juez Castillejos sitúa al alcalde Cámara a un paso del banquillo por el caso Nueva Condomina. No le pilla por sorpresa. Lo sabía desde hace semanas por vía indirecta. Pero el alcalde/investigador/docente terminó por dominar el arte de la impostura desde que fue imputado hace dos años. Ya en enero adelantamos que desde diciembre conocía que no sería candidato por el sumario Umbra, aunque mantuvo la ficción hasta el final solo para controlar el proceso de sucesión y cerrar el paso, como fuera, a Nuria Fuentes y a Adela Martínez-Cachá. Es natural que su situación procesal le afectara al ánimo e incluso al buen juicio, pero nada justifica que dejase de acudir a las juntas de Gobierno durante semanas y las bochornosas maniobras para desacreditar a sus concejalas. Qué feo tránsito hacia el retiro se buscan algunos.

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El síndrome de Casandra
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Alberto Aguirre de Cárcer | 09-06-2015 | 07:56| 0

Apolo concedió a Casandra el don de la profecía, pero cuando ella rechazó al dios griego, éste la maldijo con la incapacidad para convencer a los demás de sus vaticinios. Las exigencias de Ciudadanos y, la numantina resistencia de Bascuñana a dimitir, con Valcárcel a todo esto con sus cosas por Europa, está poniendo de los nervios a más de uno, y de dos, en el PP regional. La negociación no avanza y se extiende el ‘síndrome de Casandra’ entre los populares, que empiezan a ver muy negra la presidencia de la Comunidad y no saben qué hacer para cambiar el curso de los acontecimientos. El candidato Sánchez llama a la calma a los suyos y señala que tiene el asunto bajo control. Es cuestión de estrategia y aún queda tiempo, alega. Quizá lleve razón, pero cada día que pase le va a ser más difícil apaciguar a sus tropas. Se avecinan días intensos.

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Mucho ruido y pocas nueces
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Alberto Aguirre de Cárcer | 07-06-2015 | 06:13| 0

Sorprende la falta de contenido y el ritmo parsimonioso de las negociaciones entre los partidos políticos de la Región. Tanta pachanga partidista y tanto tacticismo acrecientan la sensación de barco sin rumbo ni timonel

La primera semana de negociaciones postelectorales recuerda a la comedia ‘Mucho ruido y pocas nueces’ de Shakespeare. No solo por el título. También por el relato argumental. En la Región, de momento nadie se casa con nadie, aunque algunos se cortejan abiertamente y otros temen que están siendo inducidos a engaño en un baile de máscaras. Impera el tacticismo en los partidos, cuyas ejecutivas en Madrid y Barcelona están indisimuladamente mirando a las generales de noviembre. A nivel estatal, hay más ruido, pero ya empiezan a caer las nueces. Y algunas son gordas.
Pedro Sánchez dio libertad a sus barones para pactar, aunque la consigna es converger con Podemos, lo que queda de IU y otras formaciones de izquierda para desalojar al PP de comunidades y municipios. Por ejemplo, en la ciudad de Valencia, donde gobernarán los nacionalistas pancatalanistas de Compromís con apoyo socialista. Una estrategia que no convence a todos en el PSOE porque entraña riesgo de fagocitación por los de Pablo Iglesias y alejamiento de la centralidad. Hay quien la ve como una maniobra de Sánchez para afianzar su liderazgo interno, ganando cuotas de poder territorial allí donde sea posible. Podemos se deja seducir, pero juega sus cartas con vistas a las generales. En muchos lugares podría gobernar en coalición, pero eso supondría arremangarse y desgastarse. De momento ya le ha dado apoyo a Bildu en Pamplona, lo que muestra que su moderación tras pasar por las urnas está por ver. Es difícil sustraerse a esa idea después de oír a la alcaldable Ada Colau, en la órbita de Podemos y a quien apoyará el PSC, que «si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen». Aunque CiU y ERC lo han hecho reiteradamente, aterra tanto meneo al principio de legalidad, la columna central del estado de derecho.
Mientras, Rajoy y sus barones que perdieron mayorías absolutas (por méritos propios) están atareados con el trágala de la expulsión de sus imputados. Humillante porque además no es por convicción, sino para salvar un menguante poder autonómico y como resultado de una imposición de Ciudadanos, el partido de la llave que visita comunidades pidiendo cabezas (Cámara, Chaves…) y expidiendo certificados de limpieza democrática. Todo cuanto le sucede a Rajoy es fruto de su desplome por el goteo de la corrupción, su inmovilismo político, su ausencia de empatía social y una recuperación que, siendo estadísticamente cierta, no llega a los colectivos más castigados por la crisis. De poco le servirá amedentrar con el viraje hacia ‘la izquierda radical’ del PSOE si no hace cambios profundos en su casa. Su problema es Ciudadanos, como el de Sánchez es Podemos. ¿Cómo acudirá Sánchez a las generales con una propuesta de reforma de la Constitución con el mapa político que propicia en Valencia, Barcelona o Badalona? ¿Cómo reaccionará el electorado socialista en Andalucía, Extremadura o Murcia, ese que reprueba los pitos al himno español y prefiere la tortilla española de patatas de González y Guerra, a la tortilla francesa compartida con Iglesias en semiclandestinidad?
En la Región sorprende la falta de contenido de las negociaciones y su ritmo parsimonioso. Las conversaciones para alcanzar acuerdos de gobernabilidad se cuentan con los dedos de la mano y faltan seis días para que se constituyan los 45 ayuntamientos. Solo el PSOE ha demostrado cierta iniciativa, mientras que el PP regional sigue maniatado por sus ilustres imputados, que se resisten como gatos panza arriba a retirarse de la circulación. Ya veremos cuánto se dilata la formación del Gobierno autónomo. Tanta pachanga es preocupante porque empieza a cundir una sensación de barco sin rumbo y timonel. Lo responsable, lo que esperan los votantes, es un diálogo fructífero que conduzca, con la mayor rapidez, a la configuración de un nuevo gobierno legitimado por las urnas. Son muy importantes y urgentes los retos de la sociedad murciana.

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Callejón sin salida
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Alberto Aguirre de Cárcer | 05-06-2015 | 07:09| 0

Bascuñana y Cámara debían haber dimitido hace tiempo. No por generosidad, como dice Garre, sino por responsabilidad política. El PP ya lo pagó caro el 24M. Ahora lo exige Ciudadanos, que va dando certificados de limpieza democrática, aunque aún no ha firmado el Pacto contra el Transfuguismo. Ayer, dos dirigentes de C’s, uno catalán, y otro un ilicitano que estuvo en la ejecutiva del PP de Totana y pasó por las Juventudes Socialistas de Elche, reclamaron las cabezas de Bascuñana y Cámara para empezar a hablar. En la mesa no había dirigentes murcianos de C’s y los del PP regional estaban como de oyentes, ya que la última palabra la tiene Génova y La Moncloa. Allí deben alucinar porque, en su día, Valcárcel pidió que frenaran el cese de Bascuñana. Ahora el PP se juega la gobernabilidad de la Región. Teme que si cede luego le exijan más dimisiones, pero está ya metido en un callejón sin salida.

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No todos parecen iguales
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Alberto Aguirre de Cárcer | 03-06-2015 | 05:37| 0

Lo que hiciera o dejara de hacer Juan Carlos Ruiz en relación al caso ‘Púnica’ es algo que compete dilucidar al juez, pero su actuación ha sido la correcta, una vez citado como imputado, en el ámbito del escrutinio público y las responsabilidades políticas. Dimitió, renunció a su aforamiento para aligerar el proceso y poder prestar declaración cuanto antes, y expresó su inocencia en una rueda de prensa, donde se sometió a preguntas de los informadores. Puede que no tuviera otra salida por los precedentes en su Consejería, la ‘doctrina Garre’ y el actual contexto de pactos. Pero lo único cierto es que es justo lo contrario a lo que practicaron Bascuñana, Barreiro y Cámara, que recurrieron a todo tipo de parapetos jurídicos e institucionales para blindarse, ralentizar la investigación y eludir la asunción de responsabilidades políticas.

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La sonrisa tonta de Mas
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Alberto Aguirre de Cárcer | 01-06-2015 | 06:22| 0

Le pasa al tonto lo que a la materia, que ni se crea ni se destruye, se transforma. Y como las variantes resultantes son múltiples, dado el caprichoso devenir evolutivo de la estupidez humana, la peña de la taberna del Alabardero de Madrid eligió durante la Transición el término ‘tonto contemporáneo’ para distinguir anualmente a significados personajes públicos, que recibían como premio el citado título y una tiza. De existir ese galardón, sería de justicia concederlo a Artur Mas por sus indiscutibles méritos. Si persistía alguna duda no hay más observar su rostro sonriente mientras miles de personas pitaban al himno de España y a su jefe de Estado, en la ciudad cuya alcaldía acaba de perder CiU a manos de Ada Colau. Quién sabe, a lo mejor la risilla tonta era por eso último. Es curioso. Si hay algo que no cambia a lo largo de la historia es que los bobos siempre se delatan en los momentos solemnes.

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Parque Jurásico
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Alberto Aguirre de Cárcer | 31-05-2015 | 08:47| 0

Faltaba todavía un mes para el 24M, pero Rajoy no tenía dudas sobre los resultados en la Región. «Vamos a ganar en Murcia», me dijo en un encuentro en La Moncloa con un grupo de periodistas. Le respondí que habíamos publicado un ‘tracking’ electoral que dejaba a su partido en la Región a tres escaños de la mayoría absoluta. «Lo he visto, sí», añadió el presidente del Gobierno, como quitando hierro a los sondeos y convencido de que el candidato Pedro Antonio Sánchez («cuando estuve en Murcia hizo un buen discurso») podría conseguir la mayoría absoluta, aunque fuera de manera ajustada. Ningún analista, ningún partido político, dudaba entonces de que el PP sería el partido más votado en la Región. La incógnita era el tamaño del descalabro. Si tendría margen suficiente como para gobernar sin necesidad de pactar con otras fuerzas. Finalmente los resultados fueron mejores que las encuestas, pero, con una pérdida importante de votos, se quedaron a un escaño de los 23. Hoy el PP no tiene asegurado el Gobierno. Necesita el apoyo o la abstención de Ciudadanos en el Pleno de investidura. Y no lo tendrá fácil. Las negociaciones serán complejas y, de fracasar, pueden desembocar en un Ejecutivo de diferente orientación.
A la vista del análisis que ayer se hizo en la Junta Directiva del PP no todos parecen haber asimilado el mensaje de las urnas. Serán los árboles, que les impiden ver el bosque. Los populares no alcanzaron la mayoría absoluta sencillamente porque ese fue el deseo mayoritario de los murcianos después de veinte años. Como en el resto del país, la política regional se había despegado de la calle y de los intereses de una ciudadanía castigada por la crisis, con la particularidad de que aquí la resistencia a atajar los presuntos casos de corrupción con medidas contundentes de regeneración democrática era todavía mayor. Dos décadas de monólogo político habían hecho innecesaria la búsqueda de consensos y acentuaron los ‘tics’ autoritarios y prepotentes. El PP ha sido víctima del ‘principio de Berkeley’: eres lo que pareces. Demasiada arrogancia y falta de autocrática han convertido a los populares, pese a sus indudables fortalezas, en un partido antipático y rancio del que recelan los jóvenes y las clases medias urbanas bien informadas. Si la sociedad evoluciona a gran velocidad, pero la principal fuerza política se mantiene anquilosada en sus mensajes, liderazgos y comportamientos, la asincronía solo puede conducir a un lento crepúsculo. Los partidos son organismos vivos y sobre ellos también actúa la selección natural. Cuanto peor se adaptan a los cambios del entorno más vulnerables son. Difícil lo va a tener el PP si, con la transformación social que vivimos, quienes retienen el poder de decisión y de cambio siguen siendo los mismos que hace veinte años, solo que más viejos, miopes y sordos. Un auténtico Parque Jurásico político que se resiste a ceder las riendas, sin asumir que ya no encaja en el signo de los tiempos. Hasta el propio Rajoy, con su conocida aversión a los cambios, ha terminado por asumirlo, forzado por el diagnóstico clamoroso de sus barones más cualificados. Si todo se transforma deprisa, el PP debería renovarse también. Y sin tiempo que perder.
El nuevo escenario, con cuatro fuerzas en la Asamblea, no debería verse como un problema para el progreso social y económico de la Región, sino como una oportunidad que puede ser aprovechada para pensar mejor hacia dónde y cómo caminar. Mayor debate político, búsqueda de consenso y control al Gobierno, sea cual sea, puede ralentizar la acción del Ejecutivo, pero sin duda revitalizará las instituciones y supondrá un impulso democrático. Si todos actúan con responsabilidad, el desafecto ciudadano hacia la política comenzará, por fin, a cicatrizar.

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Doble tanto en contra
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Alberto Aguirre de Cárcer | 29-05-2015 | 06:12| 0

No han empezado los contactos del PP regional para formar gobierno y el PSOE y Podemos están ya a un paso del ‘sí quiero’ para intentar desalojarlo por ‘higiene política’, concepto que parece borrar de un plumazo todas las lindezas (casta, populistas…) que antaño se regalaron. En esto del pactar, al PP le pilla la coyuntura desentrenado. Son  dos décadas de monólogo. Si, además, el horizonte es una legislatura trufada de comisiones de investigación, y un gobierno llevado del ronzal por la oposición con todo tipo de iniciativas, estaba cantado que llegarían las torpezas. Amagar con nuevas elecciones lo es. Susana Díaz lo dijo, pero tras dos plenos fallidos de investidura. Lo peor para Pedro Antonio Sánchez es que se apunta una ocurrencia que no es suya, sino de quien manda en este imposible PP tricéfalo. Todo un doble tanto en contra.

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La hora de asumir responsabilidades
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Alberto Aguirre de Cárcer | 26-05-2015 | 23:32| 0

No había terminado el escrutinio de las elecciones británicas y los dos líderes de la oposición, Clegg y Miliband, ya habían anunciado que dimitían tras la debacle en las urnas ante Cameron. Hoy es miércoles y Esperanza Aguirre, Antonio Carmona, Alberto Garzón, Xavier Trias… no han puesto sus cargos a disposición de sus partidos. Solo el valenciano Fabra y el balear Bauzá anunciaron su marcha, mientras Cospedal, Rudi y Herrera parecen estar preparando las maletas. Ante el asombro, incluso de sus propios votantes, nadie en la cúpula del PP regional se da por aludido en una victoria que esconde un batacazo en términos de respaldo en las urnas, pérdida de poder en los ayuntamientos y precariedad en la gobernabilidad de la Región. Consolarse con que mucho peor ha ido en el resto de territorios gobernados por el PP es un síntoma más de alejamiento de la realidad y de falta de autocrítica. Atribuir los resultados solo a una marca que lastra y a los ajustes por la crisis es perpetuar el autoengaño. También fue producto de una gestión deficiente, como reflejan una tras otra las encuestas del Cemop y el estancamiento de proyectos estratégicos, como el aeropuerto de Corvera. Frente a tanto ‘selfie’ autocomplaciente en campaña irrumpe la cruda realidad que retrata el INE (hoy, líderes en déficit y en tasa de personas en riesgo de pobreza). Y luego está, por supuesto, la falta de convicción en materia de regeneración democrática demostrada estos años. Producía sonrojo escuchar ayer al delegado del Gobierno plantear que no dimitirá, aunque ello facilite la gobernabilidad de la Región. «Creo que hay que hablar de proyectos», alegó, como si no existiera el concepto de responsabilidad política en su más amplio sentido. Ya lo advirtió Bascuñana en una Junta Directiva cuando dijo que defenderá su honor «caiga quien caiga». Todos entendieron el significado de esas palabras en un partido cuya cúpula camina, agarrada de la mano, por un alambre llamado ‘Novo Carthago’. Todo eso explica por qué el jefe de los trapecistas forzó la única dimisión de los últimos tiempos (Cerdá) y vivió el escrutinio en la Delegación del Gobierno y no en el Siete Coronas junto a los que se curraron la campaña. Y qué decir de Pilar Barreiro, a quien han dado la espalda casi la mitad de sus antiguos votantes, propiciando la pérdida de la mayoría absoluta del PP. Incluso los turiferarios que hasta el domingo se deshacían en lisonjas con la alcaldesa la han abandonado con rapidez para disipar el recuerdo de tanto entusiasmo adulador. Su designación por sexta vez como alcaldable, en su situación procesal, fue una decisión de la que nadie se hace responsable, empezando por ella misma, que ya dijo, antes de irse a Madrid hasta el viernes, que no dimitirá y que gobernará en minoría. La visita a la UPCT de James Yorke, ‘padre’ de la teoría del caos, días antes del 24M, parece premonitoria. Cartagena se vislumbra como una ciudad políticamente ingobernable, con todas las secuelas caóticas que eso implica para sus vecinos. Ahora el problema es mucho mayor para el PP. Lo que no hizo en el momento oportuno quizá deba acometerlo ahora por exigencia de Ciudadanos. Y lo que era una decisión razonable aparecerá como una genuflexión ante una cláusula humillante. La culpa, ya lo veo venir, será de los traidorzuelos de dentro y de los enemigos imaginarios de fuera. Pero el PP renueva, con rápidez, ideas y personas o todo le irá a peor.

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El muro del PP y los vientos de cambio
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Alberto Aguirre de Cárcer | 25-05-2015 | 09:17| 0

Cuando soplan vientos de cambio, algunos levantan muros y otros construyen molinos. El PP regional hizo lo primero y el vendaval ayer le tiró abajo la pared. Con una caída de más de 21 puntos respecto a 2011, los populares perdieron después de veinte años la mayoría absoluta en la Asamblea Regional y en los municipios de Murcia, Cartagena y Molina de Segura, entre otros. Solo Lorca se salvó de la reconquista municipal protagonizada por el PSOE, la fuerza más votada en los municipios del Noroeste, pero también en Águilas, Alhama, La Unión y Jumilla, entre otros. Pese a que sigue siendo la fuerza mayoritaria, la debacle del PP es incontestable. Se debe a múltiples causas, aunque la aritmética electoral señala en primer lugar al batacazo sufrido por Pilar Barreiro en Cartagena. Todos los sondeos de opinión mostraban que el 98% de los murcianos no querían imputados en las listas electorales, y sin embargo, Valcárcel desoyó lo que era un clamor por razones que solo él puede explicar. Un día antes de iniciarse la campaña, el Supremo decidió sobreseer las acusaciones contra Barreiro de un caso que sigue vivo. Sin embargo, gran parte de su electorado, que sabe distinguir entre responsabilidades políticas y penales, retiró su confianza a la alcaldesa que fue, hace cuatro años, quien propició la mayoría absoluta del PP en la Asamblea. Tanta soberbia, sordera y falta de autocrítica ha pasado factura. Poco podía hacer Pedro Antonio Sánchez en mes y medio para persuadir a los votantes de que se abría una nueva etapa y recuperar un voto que ya cayó estrepitosamente en las europeas encabezadas por Valcárcel. Ahora, con un porcentaje de votos casi idéntico al de hace cuatro años, el PSOE de González Tovar aparece como el claro triunfador en este nuevo escenario político marcado por la irrupción de otras dos fuerzas, Podemos y Ciudadanos, que se desinfló en la recta final. El PP tendrá ahora que pactar para gobernar, algo harto complicado antes de las generales de noviembre. El futuro es una incógnita. El presente, una amarga victoria de un PP que no quiso ver lo que se avecinaba.

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