La Verdad
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Como cagancho en Almagro
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Alberto Aguirre de Cárcer | 01-08-2010 | 13:02| 0

Descubrí la pasión popular por los toros hace más de dos décadas cuando tuve la fortuna de trabajar, mesa con mesa durante años, con una de las grandes figuras de la crónica taurina, el añorado Vicente Zabala, fallecido en un accidente en 1995 cuando viajaba a la Feria de Cali (Colombia). Pero siempre he contemplado el mundo del toro desde la barrera del periodismo, con la curiosidad propia de este oficio pero con un cierto distanciamiento. En realidad he disfrutado más con las críticas taurinas de Vicente Zabala o del también desaparecido Joaquín Vidal, con la belleza plástica de las imágenes de Ignacio Gil y con los rejonazos que se propinan los columnistas partidarios y detractores de José Tomás que con las faenas de las primeras figuras de la tauromaquia. Lo ocurrido en el Parlament de Cataluña con la prohibición de los toros tiene que ver muy poco con esas viejas controversias intelectuales en las que participaron Valle-Inclán, Gasset y Lorca del lado taurino y Unamuno, Larra y Lope de Vega desde el antitaurino, como describió ayer, en un artículo excepcional, César Oliva en las páginas de opinión de ‘La Verdad’. Las coordenadas del debate actual se sitúan en el marco de una estrategia del nacionalismo catalán más excluyente, de una clase política que aprovecha la legítima presión de los defensores de los derechos de los animales para apuntillar un símbolo de la cultura española. El resultado ha sido una prohibición que impide asistir en Cataluña a espectáculos taurinos, excepto los populares ‘carrebous’ que gozan de marchamo catalanista, y que nos retrotrae a los tiempos en los que había que viajar hasta los cines de Perpignan si se quería ver a Sylvia Kristel en todo su esplendor. Resulta paradójico porque sucede en la tierra que fue cuna del movimiento anarquista y libertario, donde una localidad (Vilanova i la Geltrú) desafió la prohibición franquista de los carnavales y donde los creadores burlaban de mil formas las censuras del tardofranquismo inspirados en el ‘prohibido prohibir’ del mayo del 68. La otrora Cataluña cosmopolita, aperturista, tolerante y moderna es invadida por un provincianismo nacionalista capaz de proponer, como hizo un teniente alcalde de ERC en 2006, la eliminación de los sombreros mexicanos de los puestos de venta de las Ramblas, aduciendo su nula relación con Cataluña. Pedir «que no se politice» una decisión tomada por la clase política, como hace Zapatero, es todo un contrasentido dirigido sólo a proteger las aspiraciones electorales de Montilla, quien, pese a su voto en contra, ha quedado para la historia del toreo peor que Cagancho en Almagro, aquel famoso torero de los años 30 que, preso del miedo al toro y a la ira popular, abandonó el ruedo protegido por la Guardia Civil.

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El verano rompedor
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Alberto Aguirre de Cárcer | 25-07-2010 | 11:02| 0

Como las infecciones intestinales, las separaciones dan la cara en verano. Las desavenencias pueden incubarse en invierno o primavera, pero las rupturas se consuman cuando la canícula aprieta. Bardem y Penélope son un verso suelto; ‘La Roja’ y el pueblo español, una clamorosa excepción. Cuando hace un calor de justicia y se atisba muy cerca la meta de las vacaciones, todo se hace muy cuesta arriba. Lo habitual es que se nos salga la cadena, como a la bici de Schleck. A un tris ha estado el luxemburgués de romper con Contador hasta que el Tourmalet devolvió las cosas a su sitio, los dos pegaditos como en un tándem coronando la cumbre fundidos en un abrazo. Ocurre algo parecido en las cimas de la alta política. José Bono aprovecha siempre los calores y la invisibilidad del veraneo para romper con el pasado. Una vez fue un cambio de imagen por la vía del implante capilar. Ahora el cambio ha sido de estado civil, cosa mucho más seria. El divorcio de Zapatero con los inseparables Toxo y Méndez ya dura unos meses, pero se escenificará en una de las citas políticas del estío, el mitin minero en las campas de Rodiezmo. A Zapatero le cuesta encontrar pareja de baile por más que se empeñen el presidente y Montilla en recuperar la sintonía perdida a base de gestos en La Moncloa. «Las cosas están mejor de lo que parecen y lo vais a vivir», proclamó Zapatero en la sede socialista de Ferraz, donde hay toda una colección de relaciones rotas (Solbes, Caldera, López Aguilar, Maragall, Sevilla….). En el PP los ritmos son diferentes. Rajoy sabe que tiene un serio problema en la Comunidad Valenciana y que puede tener que desligarse de Francisco Camps, pero el líder popular tiende a apurar los tiempos hasta que los problemas se pudren en la rama o resulta inaplazable una resolución dolorosa. De momento, a la espera de novedades judiciales, mantendrá públicamente su respaldo a Camps. Las crisis de pareja también afectan a los mercados financieros. Especialmente a las Cajas a raíz de esos matrimonios de conveniencia que son las fusiones frías. No hay nada menos estimulante que unirse de por vida y sin ninguna gana por orden de la autoridad paterna, el Banco de España en este caso. CAM y Cajastur andan en eso, pero flirteando con la separación cuando ni siquiera han disfrutado de una corta luna de miel. De todos los desencuentros de este verano el más grave es el del ministro Blanco con la Región de Murcia, donde gozaba de un buen cartel. La supresión de la autovía del Reguerón, presupuestada en 240 millones de euros, sitúa a nuestra Comunidad como la mas castigada por el recorte en obras públicas en términos de inversión. Otro cruel mazazo que deja una amarga sensación de ensañamiento.

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El imperio de la ley
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Alberto Aguirre de Cárcer | 18-07-2010 | 10:50| 0

La sentencia sobre el Estatuto catalán y la entrada en vigor de la nueva ley del aborto vuelven a evidenciar la pasmosa facilidad con que los dirigentes políticos olvidan que una de sus principales funciones es transmitir la idea de que la Constitución y el resto de las leyes aprobadas por el Parlamento están para cumplirlas y de que el imperio de la ley y la justicia está por encima de sentimientos, ideas políticas y convicciones morales, ya sean colectivas o personales. Nuestro ordenamiento jurídico permite a las comunidades autónomas acudir a las vías judiciales, a través del conflicto de competencias o el recurso al Tribunal Constitucional, para hacer frente a las normas aprobadas en las Cortes, pero mientras estén en vigor resulta irresponsable caer en la resistencia pasiva o directamente entorpecer su aplicación. Lo peligroso de estas actitudes, que abundan en todos los partidos políticos, no sólo es que suscitan inseguridad jurídica sino que además propician la implantación de una cultura ciudadana en la que se acepta como normal el incumplimiento de ciertas leyes, e incluso cierta tolerancia y comprensión con determinados delitos, como el fraude fiscal o la corrupción política. En realidad, la rebelión de las comunidades autónomas contra las iniciativas políticas del Gobierno central no es una novedad, ya que es una tónica habitual desde los tiempos de Felipe González. Fue el propio presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, uno de los primeros responsables autonómicos en bloquear un proyecto del Ejecutivo central cuando González planteó un campo de tiro en Cabañeros y el paso de la autovía Madrid-Valencia por las hoces del Cabriel. Esa misma actitud ha seguido su sucesor, José María Barreda, cada vez que el Consejo de Ministros aprueba un trasvase del Tajo-Segura. También se han significado los dirigentes autonómicos del PP, con Esperanza Aguirre a la cabeza, por recurrir a vías diferentes a las judiciales para poner todo tipo de obstáculos a la aplicación de distintas leyes, como la del tabaco y la de la dependencia. El Gobierno de Zapatero tiene mucha responsabilidad en este asunto porque leyes de gran calado han sido aprobadas durante los últimos años en el Congreso de los Diputados sin el consenso del principal partido de la oposición y con el apoyo de partidos minoritarios, algunos de los cuales no tienen responsabilidades de gobierno en sus comunidades. Ahora, en lugar de aceptar la doctrina del Tribunal Constitucional y consolidar de forma definitiva la estructura del Estado, Zapatero se muestra dispuesto a cambiar la Constitución para recuperar los aspectos más polémicos del ‘Estatut’, en un claro intento de evitar una debacle del PSC en las autonómicas catalanas.

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De un pulpo y una España vertebrada
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Alberto Aguirre de Cárcer | 11-07-2010 | 10:49| 0

Han transcurrido ya 89 años desde que José Ortega y Gasset publicó ‘La España invertebrada’, pero las ideas fuerza que hilvanan una de las más lúcidas obras del pensamiento español siguen hoy plenamente vigentes. Los particularismos nacionalistas y «la ausencia de los mejores», los dos grandes males apuntados por el filósofo, palpitan con la misma fuerza en una España que avanza trabada por políticos mediocres y por los delirios separatistas de una parte de esa clase dirigente, en Cataluña y el País Vasco. El viernes se supo que la sentencia del TC sobre el Estatuto establece con rotundidad que la «Constitución no conoce otra que la nación española», pero ayer el presidente de la Generalitat, José Montilla, se puso al frente de una protesta en las calles de Cataluña con una soflama federalista y el disparatado argumento de que ese fallo del TC «no contribuye a la unidad de España». Atrapados en su propia burbuja identitaria, y en el fracaso de una operación política que rebasaba los márgenes de la Constitución, los políticos nacionalistas catalanes se distancian de una ciudadanía más preocupada por la falta de trabajo y de perspectivas de futuro que por las veleidades nacionalistas de una particular casta dirigente. Seguimos huérfanos en España de un proyecto sugestivo común, de algo realmente por lo que luchar unidos, como apuntó Ortega. Lo más parecido a ese sentimiento nacional ha sido el épico Mundial de Fútbol de ‘La Roja’, que esta noche escribirá, gane o pierda ante Holanda, una de las páginas más brillantes de la historia de nuestro deporte. Durante las últimas semanas, el equipo dirigido por Del Bosque se ha convertido en un poderoso elemento de cohesión nacional. ‘La Roja’ ha sido el equipo de todos. La más deslumbrante manifestación de que podemos estar en la élite deportiva, de que nuestros símbolos nacionales nos unen y de que los particularismos regionales son irrelevantes cuando hay un proyecto común del que podemos sentirnos colectivamente orgullosos. Llevados por el entusiasmo hemos convertido en el gran oráculo de nuestro destino inmediato a un pulpo llamado ‘Paul’, un invertebrado visionario para la España invertebrada de Ortega, un animal con los pies en la cabeza que nos hace soñar con un triunfo esta noche en la final de Sudáfrica. Hemos vivido días de tan intensa explosión emocional que el veredicto del cefalópodo alemán ha competido en atención mediática con el fallo del Constitucional sobre el ‘Estatut’. Ni Rodríguez Zapatero ni Mariano Rajoy han eludido pronunciarse sobre ‘Paul’ en este torbellino de pasión, que se desató con el premonitorio triunfo de la selección en Nueva Condomina en la antesala de este Mundial inolvidable. Nuestro periódico ha tratado de reflejar ese sentir y al mismo tiempo insuflar ánimos a un equipo de fútbol que ha maravillado al mundo con su juego colectivo. Como homenaje a la afición y como un último empujón de ánimo a la selección, la portada que hemos preparado hoy para ‘La Verdad’ es verdaderamente especial. La ilustramos con el cuerpo de un joven pintado con mensajes de apoyo al combinado nacional y de confianza en nuestras posibilidades sobre el fondo de nuestra bandera, la bandera de España. Todos confiamos en la victoria, pero cualquiera que sea el resultado nadie nos podrá arrebatar estas semanas de ilusión, de orgullo compartido y de saber que podemos brillar entre los mejores.

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Males de altura en la cima del poder
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Alberto Aguirre de Cárcer | 04-07-2010 | 10:48| 0

Aquellos jóvenes profesionales que con menos de 40 años ocuparon los sillones del poder, cuando se sustanció el proceso de constitución de las autonomías, todavía copan hoy el núcleo duro de la clase dirigente de la Región. Así lo desvela un estudio elaborado para ‘La Verdad’ por el empresa Consultores CSA a partir de más de doscientas encuestas y trescientos perfiles. Se trata de la primera radiografía de la clase dirigente de la Región, un variopinto grupo de unos 600 profesionales con sólida formación universitaria que toman las decisiones clave desde la administraciones públicas, las empresas privadas, la política y la Universidad. Como detallamos en las primeras páginas del periódico, dos hechos despuntan en este estudio sociológico. Por un lado, la reducida presencia de las mujeres en los ámbitos de decisión. La paridad de sexos brilla por su ausencia hasta el punto de que sólo el 18% de quienes “cortan el bacalao” en la Región son mujeres, muchas de las cuales se han visto forzadas a alejarse del matrimonio para llegar a la cima. No hay ninguna rémora en nuestras leyes que frenen el ascenso de las mujeres, pero hay un techo de cristal que actúa de barrera invisible en el mundo empresarial, familiar y político para el sexo femenino. La segunda conclusión fundamental es la resistencia de esa élite a dejar paso a nuevas generaciones de murcianos con capacidad para insuflar ideas. Más de un tercio de los líderes regionales nacieron en los años 50 y ocupan posiciones dominantes desde hace más de veinte años. Más llamativo, rozando lo preocupante, es que muchos de ellos no tienen demasiadas prisas en abandonar las esferas del poder. Menos de la mitad de ese colectivo dice que piensa retirarse por voluntad propia en el plazo de cinco a diez años. No hay más que ver el panorama nacional para asumir la importancia de la experiencia en momentos de crisis. Las encuestas de opinión que sitúan a la clase política española como uno de los principales problemas del país tienen que ver mucho con todo esto. Lo que se percibe es un páramo de liderazgo en una clase dirigente no preparada, que sólo genera problemas y que es capaz de poner patas arriba la configuración del Estado y el marco constitucional con el fin de perpetuarse en la poltrona. Dicho todo eso, la ausencia de una relevo natural trae serios peligros porque favorece la endogama e impide el paso a nuevas generaciones, ideas y perfiles. Si aspiramos a una sociedad moderna y dinámica, el aire fresco tiene que correr también por su cúspide. Si la savia no fluye, si el ambiente no se oxigena, las posibilidades de progreso serán limitadas y el futuro será aburridamente predecible. Más de lo mismo, otros diez años más.

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Una sabia inversión
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Alberto Aguirre de Cárcer | 27-06-2010 | 10:47| 0

Cuentan los biógrafos de Michael Faraday que, durante una demostración de los fenómenos eléctricos que investigaba, el primer ministro Lord Palmerston le preguntó: «¿Y esto para qué sirve?». «Señor ministro, ahora no puedo decírselo, pero antes o después cobrará impuestos por ello», contestó Faraday. Esta anécdota ocurrió a mediados del siglo XIX, pero episodios más o menos similares ocurren todavía cada vez que un político visita un laboratorio de investigación, algo generalmente excepcional salvo en tiempo de precampaña electoral, cuando toca inaugurar con una nutrida cohorte de periodistas y leer peroratas escritas por terceros sobre la importancia de la ciencia y la innovación. Ha sido precisamente el cortoplacismo y la falta de liderazgo de la clase política en las estrategias de apoyo a la investigación lo que ha generado, junto a la insuficiente apuesta por la I+D+i en el tejido empresarial y el deficiente sistema educativo, la carencia de competitividad de la economía española en esta tormentosa crisis mundial. La aprobación de la Ley de la Ciencia en 1986 y los primeros planes nacionales tuvieron un efecto positivo, pero la norma quedó superada por los profundos cambios sociales, económicos y administrativos que experimentó España y la UE en los últimos 25 años. Una nueva oportunidad se abre ahora con la Ley enviada por el Gobierno al Congreso de los Diputados, aunque el anteproyecto ha sido recibido con recelo. La Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) cree que el texto no refleja adecuadamente el papel de las Universidades y los hospitales, la carrera investigadora que se define no resuelve ni la selección ni la movilidad de científicos de calidad y la participación de las comunidades autónomas no está suficientemente articulada. Este último punto es muy importante porque en los Gobiernos regionales recae gran parte del peso del esfuerzo común para transformar la generación de conocimientos en riqueza. En páginas interiores, ‘La Verdad’ publica un interesante reportaje de Paz Gómez sobre uno de los proyectos públicos más acertados de la Región. Se trata del programa de becas posdoctorales de la Fundación Séneca, que ha permitido formar a casi doscientos investigadores murcianos en centros de excelencia de todo el mundo. Estos jóvenes científicos que ocupan hoy la portada de nuestro periódico son el capital humano que garantiza la pujanza futura de una Región que, pese a los esfuerzos acometidos en los últimos años en inversión y personal para I+D+i, aún está lejos de los indicadores deseables para converger con la sociedad del conocimiento que se configura en la UE. En el actual ‘tsunami’ de recortes del gasto público, caer en la tentación de meter la tijera en las partidas de ciencia e innovación sería un error estratégico irreparable. Hagan caso a Faraday. Antes o después se arrepentirían.

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La noche más triste
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Alberto Aguirre de Cárcer | 20-06-2010 | 10:46| 0

El milagro se rozaba con las puntas de los dedos, pero en el tiempo de descuento, por un penalti más que dudoso, las esperanzas del Real Murcia se desvanecieron en Gerona. Durante las tres últimas jornadas, jalonadas con victorias, habíamos soñado con evitar el descenso al infierno deportivo de la Segunda B. La afición del Real Murcia había cerrado filas con su equipo, como lo hizo la del Cartagena con el Efesé para alcanzar el sueño de la Primera División. Como siempre ha hecho en los momentos cruciales, ‘La Verdad’ hizo cuanto pudo para intentar insuflar ánimos y apoyo a los dos principales equipos de la Región en la recta final del campeonato. No era el momento de buscar responsabilidades en el caso del Real Murcia por una campaña lamentable, sino de movilizar a la afición para dar alas al equipo cuando más lo necesitaba. Y el conjunto de José González respondió en el campo hasta el final. Ayer vivimos una noche triste que no se merece una afición tan modélica. La próxima temporada, el equipo de fútbol de una ciudad de primera, con una hinchada y un estadio de primera, se enfrentará a equipos de Segunda B con una deuda de 39 millones de euros. Los culpables del desastre son muchos, pero la responsabilidad última del fracaso es indelegable y recae en el propietario del club, Jesús Samper. Cuando nos conocimos en este Casa, al que invitamos para una entrevista en 10 Región de Murcia y hablamos brevemente sobre cómo mejorar las relaciones entre ambas instituciones, su respuesta fue contundente: para llevarnos bien -me dijo- sería bueno que los dos periodistas que cubren la información del Real Murcia se dedicaran a otras tareas. Todavía no salgo de mi asombro cuando luego matizó que no era imprescindible un despido, bastaba con un cambio de ocupación. Imagínense que invitan a alguien a su casa y les suelta semejante petición. Como no podía ser de otra forma, lo que consiguió Jesús Samper con esa conversación fue justamente lo contrario de lo que pretendía. Esos dos periodistas, dos brillantes y honestos profesionales, siguieron haciendo su trabajo. Ayer, con el dolor de la derrota, enviaron sus crónicas desde Gerona para los distintos soportes de ‘La Verdad’, que seguirá apoyando al equipo de Murcia esté donde esté, mañana y siempre. Pero las decisiones sobre el futuro del club no están en manos de un periódico, sino en la de sus directivos y en quienes tienen la responsabilidad de que la ciudad de Murcia ocupe la posición que le corresponde en lo económico, deportivo y social. El equipo ha dado tantas muestras de debilidad a lo largo de la temporada y la gestión deportiva ha lanzado tantas señales negativas que lo ocurrido ayer no puede calificarse de sorpresa. Sencillamente, ni unos ni otros han estado a la altura de una afición con mucha más clase y gallardía que quienes pisan el palco y el césped de la Nueva Condomina.

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Luces en el estado del malestar
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Alberto Aguirre de Cárcer | 13-06-2010 | 10:45| 0

De un plumazo, sin verlas venir, el Estado del Bienestar parece haberse esfumado para dejar paso al estado del malestar, una sensación colectiva de incertidumbre, de desconfianza en el futuro, de pesimismo crónico. Con una amenaza de huelga general a la vuelta de la esquina y la permanente duda sobre la cuentas públicas del país, esta depresión social que refleja el último barómetro del CIS pide a gritos una operación de rescate anímico que nos devuelva la confianza perdida. La Región de Murcia no es una isla remota. El huracán del desempleo azota nuestro territorio, mientras el Gobierno regional y los ayuntamientos se afanan en meter responsablemente la tijera para ajustar sus cuentas al nuevo ‘status quo’. De repente, 300 millones de euros presupuestados para 2010 por el Ejecutivo murciano están en el aire por las exigencias del Ministerio de Economía, lo que compromete seriamente a las finanzas de muchas pymes y a la propia acción de gobierno. ¿Pero acaso no hay ninguna luz al final del túnel? Cuesta verlas pero las hay. El proceso aún no ha terminado, pero esta semana, con el acuerdo Caja Madrid-Bancaja, ha quedado prácticamente dibujado el mapa de las Cajas, una reordenación del sistema financiero que resultaba ineludible para capitalizarlo, sanearlo y ponerlo de nuevo en marcha para que fluya la inversión y la generación de riqueza. Cierto es que las alianzas alcanzadas no son las soñadas por muchos, pero en el actual contexto de turbulencias tanto Cajamurcia como la CAM han desbrozado el camino para convertirse, por separado, en actores de referencia del mercado financiero español. Otra luz no menos brillante se ha encendido justo en un talón de Aquiles de la Región, las infraestructuras. El aval necesario para la construcción del aeropuerto de Corvera ha superado el laberinto burocrático de la UE, y si todo transcurre según lo previsto, en menos de dos años estará en funcionamiento este proyecto estratégico regional. No menos importante ha sido el espaldarazo de Fomento y la UE al Corredor Mediterráneo, el eje para el transporte de mercancías por vía ferroviaria que articulará el crecimiento económico de nuestro territorio, en conexión con otra pieza clave para el futuro de Murcia: la dársena del Gorguel. Y en medio del desencuentro entre los sindicatos y la patronal a nivel nacional, los agentes sociales de la Región han sido capaces de alcanzar un acuerdo para impulsar el empleo entre 2011 y 2014. A pie de calle también hay signos de esperanza. Cooperativistas agrarios cuyos negocios resisten el oleaje de la crisis, emprendedores empresarios en pleno crecimiento por su apuesta por la I+D+i y economistas que perciben balances positivos en las cuentas de las compañías que decidieron implantar una gestión más austera y más eficaz hace ya dos años. Ellos ya ven esas luces al final del túnel.

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El estado político de la Región
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Alberto Aguirre de Cárcer | 06-06-2010 | 10:44| 0

El barómetro de primavera del Centro de Estudios Murcianos de Opinión Pública (CEMOP) arroja datos muy reveladores sobre la percepción de la situación política y económica de la Región y su evolución a lo largo de los últimos dos años. Realizada antes del giro en política económica de Zapatero y sus drásticas e impopulares medidas de recorte en el gasto público, la encuesta refleja con nitidez cómo la crisis pasa factura en exclusiva al PSRM, que se encuentra a casi 38 puntos en estimación de voto del PP. Los socialistas murcianos están en caída libre por el ‘efecto Zapatero’, aunque hay factores endógenos que no pueden minimizarse. La tarea de oposición del PSOE regional recibe un duro castigo porque es considerada mala o muy mala por el 51% de los encuestados y sólo recibe un claro apoyo del 8,1%, cuando en marzo de 2008 era considerada muy buena o buena por el 20,2%. Su líder, Pedro Saura, es más valorado que Zapatero, pero suspende con una nota de 4 y es superado incluso por el coordinador regional de IU, José Antonio Pujante. Por el contrario, los resultados son incontestablemente positivos para los populares y el Gobierno regional. Lejos de sufrir un desgaste tras quince años de Gobierno, el liderazgo de Ramón Luis Valcárcel se acrecienta y tanto las expectativas electorales de los populares como la valoración de la gestión del Ejecutivo regional cotizan claramente al alza. Esa brecha entre el partido gobernante y la principal formación política de la oposición es tan abrumadora que resulta poco recomendable para el futuro de la Región. Las expectativas de alternancia en el poder y la existencia de una responsable pero estrecha labor de control al Ejecutivo son dos pilares de los sistemas democráticos porque mejoran la gobernanza, disipan actitudes autoritarias y minimizan el riesgo de corruptelas políticas. «La alternancia fecunda el suelo de la democracia», sentenció Winston Churchill, tan rememorado estos días en España por su valor y liderazgo en días de sangre, sudor y lágrimas. El descalabro de la oposición no es responsabilidad de quien gobierna, de los ciudadanos o de los medios de comunicación. El PSRM debe analizar con responsabilidad las causas de su retroceso y corregir su rumbo si así lo decide, en un debate interno que sólo a sus líderes y militantes compete. El Gobierno regional también tiene una tarea importante por hacer. El 36% de los murcianos consideran buena o muy buena su gestión, pero hay un 41% que la califica de regular y un 21,4% que la tacha de mala o muy mala. Asimismo, la percepción sobre la situación económica de la Región ha empeorado como producto de la crisis y una nítida mayoría apunta al desempleo como principal problema de los murcianos. A falta de pocos días para el debate sobre el estado de la Región, el barómetro del CEMOP ha puesto negro sobre blanco lo que opina e inquieta a la ciudadanía.

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La equivocación de Rajoy
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-05-2010 | 10:44| 0

«El que Zapatero sea malo no les convierte a ustedes en buenos… y eso es de lo que deberían preocuparse». Pronunciada en el fragor de un debate parlamentario, esa lapidaria frase del presidente andaluz, José Antonio Griñán, adquiere tintes antológicos porque sintetiza el estado político del país. Obviamente sin ninguna intención, por boca de Griñán se expresó el subconsciente colectivo de una buena parte del PSOE, que empieza a percibir a Zapatero como un pesado lastre para España y para el propio partido. Griñán dio también en la diana al enlazar esa idea con otra que refrendan las encuestas: a Rajoy no le bastará con la imparable descomposición de la figura del presidente para llegar a La Moncloa. Una vez constatada la falta de apoyos políticos de Zapatero, al que el Parlamento le castigó el jueves con una moción de censura encubierta, el líder del PP tiene todavía que convencer a los votantes de que son mejores sus propuestas alternativas. Ese era el estado de la cuestión cuando el PP tuvo que decidir el sentido de su voto sobre el decreto del plan de ajuste económico. Con su voto negativo regaló munición argumental a quienes juzgan que está más preocupado por precipitar el desmoronamiento de Zapatero que por la estabilidad económica del país. Y es que en el Congreso de los Diputados también estuvo en juego, lamentablemente, la imagen exterior de España y su ajuste en la Unión Europea. De no haber salido aprobada la norma, los mercados y el euro se habrían tambaleado. Es absolutamente comprensible el rechazo de Rajoy en la medida que considera que el problema de fondo es el propio Zapatero. El PP no ha sido consultado y además son más que discutibles unas medidas de ahorro que penalizan fundamentalmente a pensionistas y funcionarios. La reorganización de la Administración, trufada de entes, empresas públicas, fundaciones, diputaciones y todo tipo de organismos que solapan sus competencias, perdiendo eficacia y aumentando el gasto público, parece una medida mucho más sensata que el ‘tijeretazo’ de Zapatero. Dicho lo cual, no fue Rajoy sino Durán Lleida quien, pese a estar motivado también en buena medida por particulares intereses electorales, se arrogó el discurso de Estado. Durán Lleida facilitó la aprobación del decreto con su abstención, pero pidió al presidente que ejecute los recortes y luego convoque elecciones anticipadas. Si de verdad piensa el jefe de la oposición que el apoyo de CiU sólo prolonga la agonía del Gobierno resulta del todo incomprensible que no ponga de inmediato en marcha el mecanismo parlamentario de una moción de censura. Y tampoco que dé rienda suelta a sus primeros espadas para alentar en la opinión pública la necesidad de un adelanto electoral mientras él no se define. Rajoy vuelve a especular cuando le llega el balón y no se sabe si a la postre quiere ganar el partido por méritos propios o sencillamente por la retirada del rival. Él, que tanto disfruta con el fútbol, debería saber cuáles son los riesgos de jugar al empate y apurar los tiempos.

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