La Verdad

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Carpe diem, ok, pero como tú quieras. Tiempos (II)
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Andrea Tovar | 14-08-2017 | 09:05

Vía Tumblr (Fuente: shannonlikesstuff)

Vía Tumblr (Fuente: shannonlikesstuff)

 

Es domingo por la mañana. Acabo de despegar los párpados. Me desperezo en mi cama gigante y me siento relativamente feliz. Enciendo el móvil para mirar la hora. Craso error, porque acabo abriendo la aplicación de Instagram.

Que son las once de la mañana y pasé el sábado noche charlando con mi prima del más y del menos. Me dormí a las cuatro después de tanto palique y de medio capítulo de The Leftovers, y en general, a gusto con la vida, como dicen en el anuncio. Que el error no es ese, mi plan de sábado noche, pero de pronto parece serlo.

Porque en Instagram me apabullan miles de planes ajenos, intrépidos y geniales. Mira estos, que se han ido de viaje a Canarias. Y estos otros, todavía mejor, en Vietnam. Joder, mira cómo disfrutan, estos sí que saben. Y los de por aquí cerca… pues claro, en macro-discotecas, más tibios que el agua del Mar Menor, bailando Daddy Yankee. Y yo, qué. Hablando con mi prima, que la tengo más vista… (te quiero, prima) hasta las cuatro de la mañana. De un sábado. Muy bien, Andrea. Genial. Sigue pasando así la juventud. Vas a morir sin haber vivido. No estás viviendo nada, Andrea. Qué poco sabes vivir.

Como nota, diré que salí un par de días entre semana y me lo pasé muy bien. En vez de sábado, fue un martes y un jueves espontáneo. No hicimos muchas fotos ni vídeos, solo algunas y estuvo guay.

Eso pienso para consolarme mientras preparo un café y me siento a escribir este post sobre el Presente.

A ver, que esto no es culpa solo de Instagram. Esto viene de serie con la especie humana. Ya estudiábamos en el colegio aquel tópico literario tantas veces tatuado en pieles frescas: Carpe diem! Porque, tempus fugit –por cierto, nadie se acuerda nunca de los siete tópicos literarios, siempre falta alguno. Como los pecados capitales o los estados de EEUU en aquel capítulo de Friends, es imposible enumerar todo el elenco. Ahora vas y lo googleas-.

En nuestra época, el principio se ha monetizado con libros de autoayuda que ocupan secciones enormes en las librerías y, últimamente, en productos de Psicología barata. Barata la Psicología, no los productos, ¿eh? Así que tengo cuidado de no elegir del estante, para servirme el café, la taza que dice «¡Hoy va a ser un día genial!». ¿Genial, para quién, Mr. Wonderful? ¿En tu mundo súper wonderful, qué es genial exactamente?

Nadie se hace vídeos llorando en plena cogorza porque acaba de ver a su ex liándose con otra en la discoteca, eso es verdad. Pero es que si alguien lo hiciera, nos parecería un síntoma claro de trastorno mental. Estamos tan acostumbrados a ver la parte happy de las vidas ajenas, que toleramos poco la propia. Es como si no existieran las bajadas, solo las subidas. El mensaje siempre es el mismo: date prisa, disfruta. Más, mejor.

Más, más, más.

Mejor, mejor, mejor.

El presente es todo lo que tienes. Haz que sea épico. Convierte este día en el mejor de tu vida.

Vamos. Ya.

Ya, ya. Ya.

Vía Tumblr (Fuente: xxanax-whore)

Vía Tumblr (Fuente: xxanax-whore)

Qué presión tan absurda. ¿No? Qué esquizofrenia.

O sea, entiendo perfectamente la teoría, y es verdad, que conviene aprovechar el Presente. No tengo nada en contra de aquello de recordar que cada día merece ser vivido. Lo que me parece peligroso son las ideas preconcebidas sobre la manera óptima de hacerlo. La intensidad tiene que variar, no se puede estar siempre en la cresta de la ola, porque de lo contrario vendría el exceso y los ricos y variados problemas que este conlleva.

¿Por qué he despreciado mi sábado noche nada más ver vuestros estupendos sábados noche, aunque acabara afónica de tanta palabrería, que a mí me encanta? ¿Porque soy imbécil? Sí, un poco. Eso es verdad. También porque hay demasiadas normas no escritas sobre cómo llevar una vida guay, demasiado marketing pseudo-psicológico, demasiado postureo, demasiado hedonismo encubierto, demasiada oda al yo y a mis planes. Soy la primera a la que le gusta esto, ¿eh? Cuando salimos a bailar, a veces hago vídeos y expongo bastante mi privacidad cotidiana en Instagram. Me parece diver. A veces es diver. Otras veces tengo que pararme a pensar si es lo más sano.

Para mí, un día bien vivido tiene que responder a varios factores. Principalmente, debe amoldarse, en la medida de lo posible, a tus circunstancias del momento. Esto es, debe constituir una respuesta a tu estado emocional, previa decisión consciente y racional de cómo manejar el mismo -¿te apetece mejorarlo, mantenerlo, incluso empeorarlo y sumirte en una nube gris? Las emociones no son malas, hay una gama enorme y todas pueden ser productivas, en diferentes medidas-. El problema es que la rutina suele aplastar todo ámbito de improvisación y espontaneidad, pero aun así, creo que hay que intentar amoldar el día a las necesidades de uno. Trabajar menos, más lento, o más, más rápido. Hablar mucho o poco. Moverse o estar en plan ameba.

Y, lo más importante, buscar siempre la balanza: equilibrar el día. A los animales, para entrenarles, les dan comida cuando han hecho las cosas bien, ¿no? Pues lo mismo. Exactamente igual.

 

Vía Tumblr (Fuente: i-am-in-love-with-bands)

Vía Tumblr (Fuente: i-am-in-love-with-bands)

Si llevas todo el día trabajando, o soportando a tu cuñada que es un grano en el culo, pues luego te tomas una copa con amigos, o te vas a leer a una cafetería y te evades del mundo unas cuantas horas. Yo qué se, lo que te haga feliz. Y si llevas todo el día haciendo el vago y sin aportar nada a nadie –ni a ti mismo-, intenta hacer algo que signifique algo. Lo que sea. Aunque se trate de vaciar el lavaplatos para que tu madre llegue a casa y esté más contenta –no es que yo lo haga mucho, que ya veo que lo leerá y me dirá sí, claro, aplícate el cuento, chata…(lo siento mamá, a ti también te quiero)-.

Un día bien vivido es un día consciente. En el que logres apreciar hasta el chorreo del agua por las manos cuando friegas los cubiertos. Habrá excepciones, días intrépidos y espontáneos, días de Vietnam, de Canarias, días absolutamente extraordinarios. La mayoría, sin embargo, serán días corrientes. Esos días pueden ser mágicos, pero, de nuevo, la mayoría serán rápidamente olvidados. Sin embargo, si son días conscientes, fruto de cierta atención y adecuación, de cierto mimo hacia uno mismo y los demás –mimo entendido como respeto a esas necesidades y la acción acorde a estas-, dejarán un regusto a vida muy bueno, que nada ni nadie podrá agriar. Ni siquiera Instagram.

Sobre el autor Andrea Tovar
De momento, veinticinco primaveras o un cuarto de siglo, según se mire. Me resulta complicado pitar cuando conduzco, así que vuelco esa ira sobrante aquí. Sin embargo, me gustan más cosas de las que me disgustan: me gusta gesticular cuando hablo, la gente que se sienta en el suelo y los helados de Stracciatella, por ejemplo. El pelo me cambia de color según los posts que escribo. Puedes leer mis relatos en la web de la revista literaria RSC (Relatos Sin Contrato). Para más info de lo que hago, sígueme en Instagram: @atovv

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