La Verdad

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¿Qué haría Beyoncé?
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Andrea Tovar | 28-08-2017 | 10:38

 

Vía Tumblr (Fuente: @rubenstudio)

Vía Tumblr (Fuente: @rubenstudio)

Todo el mundo tiene un superhéroe dentro.

La mía se llama Beyoncé.

Podría llamarse J.K. Rowling o Frida Kahlo, incluso María Teresa Campos. Quiero decir que cada uno es libre de elegir su superhéroe. La mía sería mujer, por razones obvias. Con todo, he elegido a Beyoncé, por algún motivo.

No es que fuera una decisión consciente. Simplemente estaba triste, muy triste, uno de esos días en los que la tristeza es tan profunda, negra y húmeda que te empalaga un poco los pulmones y empieza a densificarse en el estómago. Entonces, una pregunta surgió de la nada, bajito pero nítido:

– ¿Qué haría Beyoncé?

Me hizo gracia. Así que Beyoncé ya, de primeras, como mi superheroína interior, me hizo sonreír en una mañana muy cruda. Supe que sería ella, sería Beyoncé.

Pensé que podría llamarse así al superhéroe de todo hijo de vecino, como un concepto unitario. Beyoncé es, en sí misma, un icono lo bastante expresivo como para aunar un montón de valores y de conceptos deseables. Así que el otro día pregunto a mi madre:

-¿Qué es lo que más rabia te da?

– Que se rompan las cosas.

-¿Tipo electrodomésticos y cosas así?

-Sí.

-Imagina que se ha roto el frigorífico. ¿Qué haría Beyoncé?

Ella replica un poco. Que si no conoce a Beyoncé, que si tal, que si cual. Finalmente responde:

-Pues hija, llamaría al técnico.

Beyoncé a mi madre no le sirve. Tendrá que buscar otra superheroína. En cambio, un amigo contesta, a la misma pregunta:

-Haría una cena multitudinaria con Jay-Z y sus amigos para comer toda la comida, porque si no se pondría mala. Y luego comprarían la empresa -ponte que es Balay-, y así jamás volverían a tener problemas de falta de frigo.

-O importarían un bloque de hielo de Islandia.

-O un oso polar. Y meterían las cosas en su estómago.

-Eso no- corregimos al unísono-. Así las cosas estarían calientes. Claro.

Podría compartir a Beyoncé con este amigo, sí.

Vía Tumblr (Fuente: rubenstudio)

Vía Tumblr (Fuente: rubenstudio)

Beyoncé tiene su propia Beyoncé dentro, a la que llama Sasha Fierce. Se hace mucho: desde el clásico Doctor Jekyll y Mr. Hyde, pasando por Clark Kent y toda la tropa del mundo del cómic, hasta los propios artistas. Por ejemplo, el cantante Eminem es Slim Shady, y según Wikipedia, Lady Gaga ha sido Jo Calderone, YUYI, Skeleton Gaga, Mother Monster, Bride, Barn Hooker, Inez Doppelgänger y Nymhn. Incluso los superhéroes de otros necesitan superhéroes propios. Este alter-ego funciona como una herramienta para explorar partes de la personalidad.

En realidad, el ejemplo de la nevera es un poco estúpido, porque nunca podría importar un iceberg de Islandia ni nada así. Sin embargo, sí deja una especie de himno, de lema, de bandera, de fondo. Una actitud ante las cosas, mucho más palpable y práctica conforme la vida se sucede.

De este modo, digamos que a mí, por ejemplo, se me rompe una sandalia en plena calle.

Supuesto de hecho: Rotura de tira de zapato, haciendo inviable su uso.

Consideraciones: El suelo está sucio. Hace calor.

              Actitud A (de Andrea, de Anodina, de Agorera): Blasfemar, intentar encajar la sandalia de alguna manera, reparar a malas penas la tira, arrastrar los pies hasta casa, sudar mucho.

              Actitud B (de Beyoncé, de Buena, de Bestial): Agitar la melena, reírse de la desgracia. Tirar con alegría la sandalia al contenedor –de reciclaje- más cercano. Corretear de puntillas hasta una zapatería, y que por el camino, sus caderas se contoneen. Que den ganas de filmarla, vamos, como si estuviera bailando en un videoclip. Hacerse amiga de la dependienta y conseguir un descuento por la brillante anécdota.

Pues así. Beyoncé estará hasta las narices muchas veces, pero para mí es un valor supremo, igual que para ella lo será Sasha Fierce. Sirve para salir de bucles de negatividad y de conducta perniciosa. Porque al final, uno es libre de responder a la vida como le plazca, y yo soy muy partidaria de eso, la verdad. Pero suman más los ratos felices, convertir las adversidades en aventuras, unir lazos con gente improbable, sumar donde antes solo había vacío, desconocimiento. Mi Beyoncé es alguien fuerte, que no necesita la aprobación externa, pero trabaja con tesón y con minuciosidad porque valora a su público. Cree profundamente en lo que hace y se concentra en la dirección que toma el mensaje que envía al mundo. Por eso, si te gusta o no Beyoncé como artista es poco relevante. Ella tiene un chorro de voz y se mueve con energía: tiene talento. Y busca la manera de enfocarlo conforme a quien ella es, no a quien tú quieres que sea.

 

Recuerdo que, después de ver Dreamgirls, una de las películas donde Beyoncé actúa, un hombre dijo:

– Si sabe cantar así, ¿por qué luego saca canciones tan malas?

Yo no le contesté porque no le conocía –mal, Beyoncé seguro que habría intervenido-, pero pensé esto:

– Porque le da la gana.

Porque no hay una manera de usar las capacidades, sino cientos de ellas. Y la valoración del resultado siempre es subjetiva. Así que, señor gruñón, no tiene usted la Verdad Absoluta. Si alguien sabe dibujar bien, ¿tiene que pintar bodegones o cuerpos desnudos? ¿No puede hacer líneas y expresar otras cosas? ¿Todos tenemos que ser García Márquez? ¿Tiene menos valor Bukowski?

Estas son las razones por las que Beyoncé vino a mí, pero vamos, que podría haber sido otra. Desde entonces, cuando voy a contestar «no», «qué pereza», «hazlo tú», o cuando me dan ganas de hacer pucheros, cuando siento el impulso de cerrar la puerta y cosas por el estilo, Beyoncé viene y me da una patada en el culo. Entonces digo «sí», «seguro que aquí hay una nueva experiencia», «ya me ocupo yo», o intento mirar hacia fuera y hacer reír a alguien. Abro las puertas y dejo que la habitación se ventile. Y Beyoncé será un concepto dentro de mí, pero el aire de los demás que suele traerme sí es tangible.

Sobre el autor Andrea Tovar
De momento, veinticinco primaveras o un cuarto de siglo, según se mire. Me resulta complicado pitar cuando conduzco, así que vuelco esa ira sobrante aquí. Sin embargo, me gustan más cosas de las que me disgustan: me gusta gesticular cuando hablo, la gente que se sienta en el suelo y los helados de Stracciatella, por ejemplo. El pelo me cambia de color según los posts que escribo. Para más info sobre actualizaciones del blog, escritos y otras tonterías, sígueme si quieres en Instagram: @atovv

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