La Verdad

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Lo que te mereces. Declaración particular de Derechos del Hombre, la Mujer y Cualquier Otro Ente A Quien Resulte Aplicable
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Andrea Tovar | 04-09-2017 | 10:56

Vía Tumblr (fuente: @tearsintopearls)

Vía Tumblr (fuente: @tearsintopearls)

Prácticamente la totalidad de los comportamientos humanos están regulados por una norma, general o específica. De no ser así, se aplican los usos y costumbres sociales del ordenamiento jurídico. Por último, si no existe norma ni uso, están los principios generales del Derecho, entendidos como una especie de sentir general que deriva de la religión y de la Ética.

Hay tres fuentes bien completas para acotar la conducta. Es difícil que haya lagunas totales en Derecho. Si las normas no están positivizadas, es decir, codificadas, suelen existir esas otras, no escritas.

Está todo pensado. O casi todo.

Sabes, así, que no puedes beber en la calle, ni desnudarte en mitad del supermercado, ni pegar un puñetazo a la cajera. No sabes cómo lo sabes, simplemente lo sabes. De este modo, el Derecho está presente en tu vida aunque lo desconozcas. La ignorancia de la Ley no exime de su cumplimiento.

Pero, ¿y tus derechos? Como ser humano.

Aquí va mi Declaración particular de los Derechos del Hombre, la Mujer y de Cualquier Otro Ente A Quien Resulte Aplicable.

 

LO QUE TE MERECES

Todo ser humano tiene derecho a la seguridad. A que no le peguen un tiro por la calle. A que nadie le atropelle con una furgoneta mientras pasea. Es el acuerdo primigenio que configura el contrato social entre el Estado y el individuo. Ya lo dijo Hobbes, y sigue siendo aplicable hoy. Más allá de los particulares, de las creencias o los ideales, esto es un principio inamovible. Es el derecho a la vida y la integridad física. Todo ser humano tiene derecho a conservar su vida y su integridad física.

Todo ser humano tiene derecho a resguardarse bajo un techo. A llegar a casa y taparse con la manta en un día frío de invierno. A calentarse una sopa y tener la posibilidad de nutrirse adecuadamente. Si elige pizza, menos sana, es su opción. Todo ser humano tiene derecho a comerse una pizza de vez en cuando. Compartida con los amigos o solo. Todo ser humano tiene derecho a los amigos. A un hombro sobre el que recostar la cabeza cuando pese demasiado. A mentes afines que no le juzguen ni estrechen aún más su mundo –las normas del Derecho ya cumplen esa función-.

Todo ser humano tiene derecho al amor. Al amor de sus amigos, pero también de su familia. Todo ser humano tiene derecho a tener una familia que le proteja y que le ampare, y que le sostenga cuando lo demás falle. La familia es la estructura más sólida por antonomasia, está construida con lazos de sangre. Todo ser humano tiene derecho a tener una sólida estructura de sangre y a sentir que no está solo dentro de su cuerpo, que comparte genes y lazos invisibles.

Todo ser humano tiene derecho al afecto. De sus amigos, de su familia, pero también de una pareja. O de varias, según prefiera. Todo ser humano tiene derecho a encontrar el amor, uno que le mime y le entienda mejor que nadie. Todo ser humano tiene derecho al amor para siempre y al amor transitorio. A los orgasmos y a las rosas. Todo ser humano tiene derecho a que otro ser humano se enamore de su tabique nasal o de la manera de gesticular cuando habla. Todo ser humano tiene derecho a enamorarse del fruncimiento de una frente o de la cadencia de una voz. Todo ser humano tiene derecho a que ese amor, el del otro y el propio, sean correspondidos y recíprocos, durante un período de tiempo determinado y en un espacio concreto, y a gozar de las bondades de ese sentimiento compartido. Todo ser humano tiene derecho a celebrar, al menos, un aniversario, por el placer de saber qué es tener un cumpleaños elegido. Es el otro tipo de contrato social, esta vez entre dos individuos libres que deciden unirse.

Vía Tumblr (fuente: @theclassyissue)

Vía Tumblr (fuente: @theclassyissue)

Todo ser humano tiene derecho a la descendencia, si la desea. Biológica o mediante adopción. Todo ser humano tiene derecho a saber que su presencia continuará existiendo, en diferentes rostros y cuerpos con plena autonomía, pero unidos de alguna forma al propio. Todo ser humano tiene derecho a formar su propia familia, aunque no esté compuesta por descendientes: una mascota y un número variable de buenos amigos sirven.

Todo ser humano tiene derecho a pasar ocho horas al día sin sufrir. Si acaso la felicidad plena suena demasiado ambiciosa, por lo menos sin sufrir. Sin que el tedio invada de tal modo los adentros del ser humano que se amuerme y se bloquee y empiece a pensar que su vida se reduce al tiempo libre. Todo ser humano tiene derecho a la educación. Todo ser humano tiene derecho al trabajo, pero sobre todo a ser humano dentro del trabajo. Todo ser humano tiene derecho a tener sentimientos aunque le pille en la oficina. Todo ser humano tiene derecho a seguir teniendo necesidades aunque sea la hora de la reunión.

Todo ser humano tiene derecho a vivir su propia vida de acuerdo a quien es, sin caretas. Todo ser humano tiene derecho a que le transpire la piel de la cara, a no solidificarse detrás de una máscara. Y a no ser llamado raro o a sufrir humillaciones por resultar distinto. Todos los seres humanos son distintos entre sí, y afirmar lo contrario es una burda mentira. Convertir este planeta en un escenario de clones es un atentado contra los principios básicos de esta nueva legislación.

Del mismo modo, todo ser humano tiene derecho a que no le mientan en la puta cara. Todo ser humano tiene derecho a la honestidad. Todo ser humano tiene derecho a que sus congéneres respeten y cuiden las relaciones que se han establecido entre ellos a base de palabras, vivencias y proyectos. Todo ser humano tiene derecho a saber con quién se las gasta, en aras de decidir si merece la pena.

Todo ser humano tiene derecho a la salud. A que la sociedad le facilite las mejores condiciones para que pueda desarrollar su vida individual, con la mejor salud posible. En este punto, los seres humanos deberán asimismo colaborar y cuidar su cuerpo y su mente, como harían con las de un ser querido en caso de deber hacerlo –amigos, familia, pareja, descendencia-.

Todo ser humano tiene derecho, por el mero hecho de estar vivo, a divertirse. A reír tan fuerte como la garganta permita. A llorar de tristeza, pero sobre todo de alegría. Todo ser humano tiene derecho a disfrutar la vida mientras dure, porque es cuanto los seres humanos tenemos, ninguna otra certeza: este momento. Ahora. Aquí. Todo ser humano tiene derecho a poseer su ahora y su aquí, con naturalidad y sin miedo, sin más normas que las del Derecho.

Por último, pero no por ello menos importante, todo ser humano tiene derecho a saltarse las normas. Las que quiera. Todo ser humano tiene derecho a pasarse por el forro las normas y que no le afecten las consecuencias, aunque las haya, siempre que no cause daño a otro ser humano. Todo ser humano tiene derecho a que no se le dañe gratuitamente, y la garantía de que eso se respete empieza por uno mismo.

Sobre el autor Andrea Tovar
De momento, veinticinco primaveras o un cuarto de siglo, según se mire. Me resulta complicado pitar cuando conduzco, así que vuelco esa ira sobrante aquí. Sin embargo, me gustan más cosas de las que me disgustan: me gusta gesticular cuando hablo, la gente que se sienta en el suelo y los helados de Stracciatella, por ejemplo. El pelo me cambia de color según los posts que escribo. Para más info sobre actualizaciones del blog, escritos y otras tonterías, sígueme si quieres en Instagram: @atovv

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