La Verdad

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Voy a decirte adiós
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Andrea Tovar | 25-09-2017 | 08:47

Vía Tumblr (fuente @vanish)

Vía Tumblr (fuente @vanish)

Hoy te digo adiós.

No sé si debí hacerlo antes o debería hacerlo después. Siento que el momento es ahora. Porque las noches de ti ya no son candor y refugio. Ahora son dolor y clavos.

Ha llegado el momento de soltar lastre para el que el bote no se hunda. Te has convertido en el apéndice del alma que duele. Has pasado de ser brillo a opacidad de pesadillas. Así que hoy decido no construirme una almohada de alfileres. No se puede arrastrar algo que quiere descansar en paz.

De alguna forma, esta cosa caliente y viva dejó de serlo y de estarlo. Las palabras están todas dichas, las importantes. Han dejado un reguero de sangre seca y fresca, de las dos. Las palabras afiladas, si se repiten y vuelven a volar por el aire, van a seguir haciendo cortes. Por eso te digo adiós. No me interesan más los motivos. Ha llegado el momento en que el silogismo ya no sana. Ahora solo queda este dolor puro, inmenso.

No pienso edulcorarlo.

No voy a bucear en ningún vaso ni a peregrinar hacia el latido de la música, ni a profanar otros cuerpos con esto por bandera. Con esta masa de líquido y sangre y aire, guardada en el pecho, en que te has convertido. Este apéndice marchito lleno de trampas para empobrecer el día que toca vivir con el destello parcial de lo que fue nuestro. Voy a soltarte, a dejarte ir. No pienso permitir que esto se corrompa. No voy a teñirlo de ningún color: ni rojo, ni gris, ni negro. Quiero que esto se quede así, blanco, inmaculado a pesar de la sangre fresca y seca, quiero que preserve lo máximo posible la inocencia con que nos tocamos las vidas.

Por eso hoy me despido, y es lo más duro que he hecho, o quizá no, pero creo que sí. Adiós a los huecos de tu cara. Tú eres los huecos de tu cara. Adiós a tu risa y adiós a las caras de los hijos que no tendremos, y al perro que no adoptaremos, y a las casas que no compartiremos. Adiós a los manteles y las sábanas que sí compartimos, a las plantas que vimos crecer y a las que murieron. Adiós a la mirada cómplice y a la telepatía. Adiós al sudor de las siestas y al latido de tu pecho. Adiós a cada molde que tu cuerpo tenía reservado para el mío, y al revés. Adiós a los bailes y a esa mirada en particular. Adiós a los kebabs y a la telebasura. Adiós a todos los tuyos, y esto me pesa. Y a ti te pesa. Adiós a tus raíces, que ya sentía un poco mías. Adiós a tu mano cogiendo la mía bajo la mesa en cualquier cena. Adiós a las tardes de lectura en las que también nos dábamos la mano, de un sofá a otro, incluso después de que se nos durmiera el brazo. Adiós a la fruta fresca, la montaña, la tierra. Así quiero que sigas existiendo para siempre en mi conciencia.

Fuente: Flickr-ronaaa

Fuente: Flickr-ronaaa

Voy a despegar el halo de tus labios sobre cada cosa que besaste, con cuidadito de no cargármelas. Lo voy a hacer con agradecimiento. Con ganas de besar yo el camino que te trajo hasta aquí. Porque duele, duele mucho, de una manera más aguda que nunca, no lo sabía, no sabía que las cosas podían doler así. Pero prefiero que así duelan, porque este dolor nos hace justicia. Y a pesar del dolor, la capacidad de amar se ha ampliado, se ha extendido, no tenía límites. Ni más ni menos que porque era lo que merecíamos: todo el espacio posible.

Tengo mucho espacio ahora. Un solar lleno de aire y sangre y líquidos. No voy a regalar esos metros. Voy a convivir con ellos. Nunca estarás solo en una habitación porque siempre estarás tú mismo, y tú eres alguien, y tu presencia importa. Voy a intentar mirarme con tu halo, no con tus ojos, sino con la benevolencia de aquellos días de brillo. Espero que tú también conserves la verdad suprema de nosotros, que fue más fuerte que el resto de verdades más o menos ocultas durante muchos días de albas.

Has sido lo más bonito. Hasta ahora.

Espero que no seas para siempre lo más bonito. Porque hoy te tengo que decir adiós, por ahora y para siempre. Aún no puedo decir que espero que a ti te suceda lo mismo, pero dame tiempo, porque acabaré consiguiéndolo.

Hoy no puedo borrar tu huella del camino, ni quiero hacer tal cosa. Solo quiero poner el pie en el siguiente sendero, y para eso lo primero es despedirse. Decir adiós no quiere decir que estés ya en otra parte, solo la intención de dirigirte hacia allá. Tengo mucho que dejar atrás. Decirte adiós quizá sea el primer paso para que se desinfle el pecho.

Me despido, pues, con dos palabras: gracias, por haber sido y haber estado, y perdón. Perdona la sangre y perdona los futuros que se cayeron. Perdona este sentimiento que te he causado yo, si acaso se parece al mío, perdóname poco a poco y piensa en mí con una sonrisa triste. Y luego menos triste.

Esto acaba como empezó: con arena. Y mar.

 

Sobre el autor Andrea Tovar
De momento, veinticinco primaveras o un cuarto de siglo, según se mire. Me resulta complicado pitar cuando conduzco, así que vuelco esa ira sobrante aquí. Sin embargo, me gustan más cosas de las que me disgustan: me gusta gesticular cuando hablo, la gente que se sienta en el suelo y los helados de Stracciatella, por ejemplo. El pelo me cambia de color según los posts que escribo. Puedes leer mis relatos en la web de la revista literaria RSC (Relatos Sin Contrato). Para más info de lo que hago, sígueme en Instagram: @atovv

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