La Verdad
img
Ni una más en esa lista
img
Andrea Tovar | 08-01-2018 | 09:14

Vía Tumblr (fuente: avenue)

Vía Tumblr (fuente: avenue)

Matilde, Estefanía, Toñi, Blanca, María Ángeles, Virginia, Noemí, Cristina, Carmen, Laura, Ana Belén, Margaret, María José, Leidy Yuliana, Gloria Amparo, Dolores, Erika, Ana María, Paula, Yurena, Viky, Andrea, Rosa, Raquel, María del Rosario, Eliana, Susana, Beatriz, Valentina, Encarnación, Fadwa, María del Carmen, Irina, María Raquel, Catalina, Rosa María, Arancha, Kenia.

Son solo algunos, y varios están repetidos. No son nombres de amigas mías, aunque cualquiera pueda sentirlas cercanas al verlas así, una al lado de la otra, unidas en la desgracia.

Es parte del listado de víctimas de violencia de género del año que dejamos. Aunque ha habido 48 mujeres asesinadas, consta que son 78 los casos totales incluyendo los asesinatos de los hijos, los que aún están en período de investigación y los que, por cualquier causa, no se tipifican como tales.

Desde el año 2003, llevamos casi un millar de pérdidas. Mil nombres, uno detrás de otro. No son números, no, son nombres. Con sus apellidos, sus familias, sus trabajos. Eran mujeres jóvenes, adultas y ancianas. No hay límite, prácticamente. El rango de edad llega hasta pasados los 80.

No han podido comer las uvas y yo me he acordado de ellas al mirar a mi madre estos días. Se quedó afónica la semana pasada y no le sale la voz del cuerpo todavía. Entonces recordé que había oído que la voz se puede perder a causa de un evento traumático. Mi madre solo se pasó de risas en una comida de amigas, pero al preguntarle qué sentía sin poder hablar, silabeó:

—Impotencia.

Pensé en ellas. Las que no tienen voz.

Se nos eriza el vello de los brazos al escuchar otra noticia en el telediario, incluso nos emocionamos un poco. Nos indignamos. El otro día, viendo las imágenes de los llantos de los familiares, una tía de la víctima dijo:

—Son cosas que ves en la tele y nunca piensas que te pueda pasar a ti. Hasta que te pasa.

Mi amiga Irene gritó «lo sabía».

Es algo muy cercano y lejano a la vez. Es un miedo conocido en el que esperamos no profundizar. Es una masacre a balazos esporádicos, es un reguero de sangre a cuentagotas.

Sé que no es momento de esto. Que es Año Nuevo y apetece disfrutar, plantearse los propósitos y descansar de la juerga de ayer. Sin embargo, hay algo que debemos tener en cuenta: los hombres no somos solo un animal individual. Existe un animal colectivo compuesto por todos los miembros de la sociedad, y de ese nos acordamos poco. No solemos plantearnos objetivos para él en las fechas clave, ni cómo reeducar al animal. Cómo hacer que sea más humano.

Vía Tumblr (fuente: monstersatdesign)

Vía Tumblr (fuente: monstersatdesign)

Dice Rupi Kaur, una poetisa y activista canadiense, que el proceso de cambiar el mundo es infinito, y tiene razón. Lamentablemente, 2018 no será el año de víctima cero. No se erradicará la violencia machista. Habrá más nombres en esa lista. Algunos de esos nombres serán iguales que los nuestros, o los de una hermana, o los de una madre, o los de una tía, o los de una amiga. De seguir así, rozaremos el millar pronto. Aunque claro, el millar depende del punto de referencia. Se fija un año aleatorio, pero ¿cuántas víctimas ha habido considerando el todo?

Nunca se nos olvida pedir para nosotros. Deseos de cumple, deseos de Año Nuevo. Cómo mejorar una vida inmejorable, una donde hay de todo.

Pidamos por ellas. Por las que no tienen voz.

Pidamos que tengan la fuerza de alejarse, de denunciar, de no poner la otra mejilla.

Pidamos que se vayan extinguiendo poco a poco los hombres podridos.

Pidamos que se suprima el trasfondo de pensamiento machista.

Que nadie mida las faldas. Que no se hagan chistes de cocinas ni se llame guarra a nadie. Que cuando alguien diga algo así, empecemos a censurarlo igual que ocurre incipientemente con los comentarios homófobos o racistas.

Pidamos que las propias mujeres se empoderen en torno a sí mismas y a lo que pueden esperar y deben exigir de los hombres.

Pidamos que los que sí saben sirvan de ejemplo a los demás, y no al revés.

Pidamos, como deseo, que no haya más nombres en esa lista.

Que los nombres estén vivos, tengan voz, sean personas todavía, que nadie les llore, que nadie les compadezca, que nadie tenga por qué recordarlas como número en una estadística a finales de año.

Sobre el autor Andrea Tovar
Ya he cumplido 26: voy de capa caída. Al menos tengo una web: andreatovar.org | El org del final me hace sentir como una entidad benéfica. Dame likes y shares y visitas. Make me rich.

Etiquetas

Otros Blogs de Autor