La Verdad
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Tú (no) justificas mi existencia
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Andrea Tovar | 09-04-2018 | 10:09

Auto-retrato hiperrealista de Lee Price

Auto-retrato hiperrealista de Lee Price

Me siento en la terraza del restaurante igual que si me hubiera convidado un líder terrorista a su humilde morada. Nerviosa. Incómoda. Acojonada.

Un camarero se me acerca y pregunta si espero a alguien. Hago acopio de valor y lo suelto:

—No. Estoy sola.

El chico frunce los labios como diciendo «entiendo», pero yo no sé qué es lo que entiende. Tengo ganas de preguntárselo, pero no lo hago. Dejo que arrastre los mantelitos de los no-comensales, arañando mis entrañas, y observo el vacío de las tablas de madera. La nada más absoluta.

Maldigo a Hannah. Por tu culpa estoy aquí probando esta tontería, Hannah, y no en mi casa haciendo punto de cruz o algo de provecho. Porque según tú, es muy necesario que una persona se enfrente a ciertos retos sola. Yo tomé nota de ellos, entre sangría y sangría, en el iPhone, justo después de que te empeñaras en contarles tus principios de vida a unas niñas pequeñas que nos observaban con curiosidad desde el alféizar de un ventanal.

Translate me —dijiste. Y yo lo hice.

«Esta chica dice que, si queréis ser personas completas, tenéis que hacer al menos tres cosas solas: vivir en un apartamento, empezar un viaje sin saber cuándo ni cómo acabará, y comer en un restaurante».

Una de las niñas se inclinaba para escuchar mejor la parrafada en inglés y mi explicación ulterior, muy atenta. Llevaba gafas redondas y una coleta alta. La otra entornaba la sombra azul de los párpados con desprecio y contemplaba alrededor para buscar la complicidad de los transeúntes. Alguien que le confirmara que estábamos chaladas.

Supongo que decidí venir al restaurante sola porque quería ser la niña de gafas redondas y coleta alta. No la otra.

Y porque Hannah es la leche. Ella ha hecho todas esas cosas que predica, y más. Yo me fío de las personas, es un defecto que tengo.

Así que cuando el camarero se acerca a tomar nota, no escapo diciéndole «una Coca-cola light», sino que arriesgo y pido la lasaña de carne. Toma ya.

Mientras la espero –a la lasaña, mi única acompañante por hoy-, reprimo unas fuertes ganas de sacar el teléfono y evadirme del mundo real, o de alcanzar la libreta del bolso y anotar estos pensamientos. Observo con detenimiento el vacío de la mesa y de la silla de enfrente. Cuánto me gustaría que mi móvil ocupara el espacio, con todos mis contactos y mis tareas pendientes, o mi libreta, con la utilidad y la funcionalidad del trabajo. Cuántas etiquetas han desfilado por el asiento de enfrente a lo largo de mi vida.

Hay un poema de Cernuda que siempre me ha dado escalofríos. Acaba así:

Tú justificas mi existencia: 
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido

Habrá quien llore al leer esta mierda. Con perdón. Pero ¿habrá cosa más terrorífica que estos tres versos? Al pop español le encanta fomentar esta cultura de la dependencia y hacernos sentir incapaces de tomar una lasaña solitos en una plaza.  Porque una Coca-cola light la toma todo el mundo. Es rápido: la bebes y huyes. Una lasaña, en cambio, tiene que elaborarse, capas y capas de pasta y carne y queso y tomate, y luego se hornea, y se sirve, y se corta y se mastica y se hace bolo y se traga y se digiere. Nadie quiere tomarse tanto tiempo en sí mismo. Es mucho más fácil pasar el rato mirando hacia otro lado. Al comensal de delante, sea este quien –o lo que- sea.

Tú justificas mi existencia, dice Cernuda. Qué te parece eso, Hannah. Qué opinas de que tu vida dependa de las etiquetas que decidas ponerle. Que seas pareja, trabajador, pariente, aficionado. Que si se caen las etiquetas, te caigas tú con ellas.

Bullshit —imagino su voz.

¿Habéis oído, poperos españoles? Ya está bien de asfixiarse sin el aliento de alguien, de desaparecer de la faz de la Tierra sin tu amor, de que los días no tengan sentido si tú no estás. El amor se activa y se desactiva. Por las personas y por las cosas. Su naturaleza tiene más que ver con este otro gran poema de Neruda:

Y así como no tuvo nacimiento, 
no tiene muerte, es como un largo río,
solo cambia de tierras y de labios 

La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. El amor se posa sobre algunos rostros, sobre algunos conceptos, y llegado el momento los abandona… para ir a acariciar otros. Cortar el flujo es como amarrar a alguien a esta silla que tengo justo frente a las narices.

Nada me pertenece, nada ni nadie, suspiro. Excepto esta lasaña, porque la voy a pagar; y tiene una pinta estupenda.

Buen provecho, a todas las Hannahs y niñas (y niños) de coleta alta y gafas redondas.

Sobre el autor Andrea Tovar
Ya he cumplido 26: voy de capa caída. Al menos tengo una web: andreatovar.org | El org del final me hace sentir como una entidad benéfica. Dame likes y shares y visitas. Make me rich.

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