La Verdad

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Mmm… mándame foto. Los Diez Mandamientos del sexting
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Andrea Tovar | 10-07-2017 | 09:55| 0
Vía Tumblr (fuente @mauritswiesen)

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¿Sex… qué?

Sexting.

Lo mismo lo has practicado y aún no lo sabes. El término se acuñó en 2004, en un artículo llamado Text Gratification del Globe & Mail: Sext messaging, referido a la práctica de mantener conversaciones subidas de tono, y al envío de imágenes o vídeos, a través de un dispositivo electrónico.

Esto de desarrollar los preliminares por escrito, en versión gráfica y a distancia no es un invento del siglo XXI, claro está. Como dice Juan en su Evangelio (1:1), en el principio ya existía la palabra. Piénsese en las cartas de amor y lujuria, como las que le gustaba enviar a James Joyce, dirigidas a Nora, su mujer:

‘Nora, my love for you allows me to pray to the spirit of eternal beauty and tenderness mirrored in your eyes or to fling you down under me on that soft belly of yours and fuck you up behind like a hog riding a sow’. / ‘Nora, mi amor por ti me permite rezar al espíritu de la belleza eterna y la dulzura que se refleja en tus ojos, o colocarte debajo de mí sobre tu suave vientre y follarte como un puerco que monta a una cerda’ (Addicted to Sexting, Netflix).

En 1948 se inventó la Polaroid, y eso le dio al asunto una vuelta de tuerca, porque antes alguien tenía que revelar las fotografías, normalmente en un estudio, lo que significaba que unos cuantos desconocidos te veían en bolingas antes que tu amado/a.

Nosotros hemos hecho con este concepto como se hace con todo en la actualidad: nos hemos apropiado de él, le hemos dado un nombre anglosajón y lo hemos tecnificado.

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Guía rápida hacia el centro de ti mismo
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Andrea Tovar | 10-07-2017 | 09:25| 1
Vía Tumblr (fuente: tylerspangler)

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Me llamaron para ir a dar una charla a la Lanzadera de Empleo. ¿Sobre qué?, pregunté yo. Porque vamos, yo podría dar charlas de… absolutamente nada. Sobre tintes del pelo, a lo mejor.

Sobre motivación, contestaron al teléfono.

Motivación. Del latín motus. Significa algo así como dirección, impulso, que guía la acción y la conducta. Lo sé porque, en el pasado, lo he buscado en Wikipedia unas cuantas veces en las que planeaba rajarme las venas con las páginas del libro de texto.

Vale, de motivación sé algo. Porque antes no la sentía y ahora sí. Antes estaba en un mundo sin color y ahora… ahora estoy aquí, dondequiera que eso sea. Y me doy cuenta de que muchos están en mi situación: han estudiado una cosa, incluso han trabajado ya, y de pronto no saben, por una razón o por otra, qué hacer con sus vidas.

Gracias al Cielo, vinieron unas chicas estupendas y la conferencia se convirtió en una tertulia animada de las que extrajimos algunos puntos importantes. De camino a casa pensé que ese tipo de orientación es absolutamente necesaria para los que van a elegir estudios universitarios, pero no se da casi nunca. Me refiero a una conversación real sobre aspiraciones, metas, horarios laborales y pasiones. Propusimos hacer una cosa así hace un año en el curso de mi hermano pequeño, y se negaron por falta de tiempo. Y así van las cosas, cientos de jóvenes encajados en Medicina-Fisioterapia-Enfermería-Arquitectura-Ingeniería-Magisterio-Periodismo-Farmacia-ADE. Así que, puesto que la última hornada millennial está a punto de clasificarse en uno de esos destinos, aquí van los apuntes que pueden salvar más de una decisión errónea -que, aunque cada cosa que hacemos nos enriquece, algunas pueden ser especialmente frustrantes si tienen poco que ver con nosotros-.

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El amor en los tiempos del Tinder. «Felices para siempre» y otros rollos macabeos
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Andrea Tovar | 26-06-2017 | 10:54| 0
Vía Tumblr (fuente @holdmyhandthorne)

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– Tienes que meterte en Tinder, de verdad. Es como un catálogo humano… un catálogo de personalidades.

Escuché esta frase, con variantes, en al menos tres ocasiones la semana pasada. Un catálogo humano. Vaya. Con estas aplicaciones, conocer a alguien nuevo y, si se desea, mantener relaciones, es más fácil que pedir una hamburguesa a domicilio.

Mis bisabuelos se fueron de viaje de novios a La Encañizada del Mar Menor. Mis abuelos, a Sevilla. Mis padres, a Madeira. Mis amigos recién casados, a Vietnam, Laos y Camboya. La primera de estas generaciones no podía elegir destino, casi ni pareja. Murieron juntos. Más o menos igual los segundos. Los terceros se casaron y tuvieron hijos antes de los treinta y ahora se divorcian en masa. Los cuartos… algunos se casan, otros no, o tienen hijos antes, no los tienen en absoluto, mantienen relaciones abiertas o cerradas, con distintas inclinaciones sexuales o siempre la misma. En una frase: el **** de la Bernarda.

¡Es que el mercado se ha abierto! En El amor en los tiempos del Tinder, ay Florentino Ariza, aún más fácil te habría resultado seducir a todas esas mujeres mientras esperabas a tu Fermina Daza. Pero en esa película de nuestros días… ¿habría una Fermina Daza, una media naranja casi predestinada?

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Queridos baby boomers: dejen de tocar las narices millennials
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Andrea Tovar | 19-06-2017 | 07:42| 2
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No pensaba decirles nada, de verdad que no. Era peligroso: conozco, respeto y quiero a muchos de ustedes.

Pero he cambiado de idea.

El pasado domingo 11 de junio se emitió en la 7 Región de Murcia el programa ‘Cita con Carlos Fuentes’, en el que tuve el placer de participar para debatir la Cuestión Millennial. Los invitados, sin embargo, eran personalidades de la Región, emprendedores, jefes, políticos: triunfadores. No trajeron a ningún parado ni nada por el estilo, la única pringada era yo, vamos. Gran parte de lo que escuché durante las dos horas de tertulia fueron consejos sobre cómo esforzarse mucho, porque dejarse la piel te lleva exactamente al punto que deseas.

Que eso está muy bien. La tenacidad y la pasión. No hay por qué enfadarse. Vale que no estamos prestando mucha atención a las circunstancias, al mundo real en que vivimos, pero de acuerdo.

La cosa es que luego me encuentro un artículo de la fantástica Helena Sardá contestando en Código Nuevo a Antonio Navalón de El País, sobre por qué los millennials somos una generación vacía, desprovista de propósitos, y –addirittura– ¡culpable de la llegada al poder de Trump!, y ya sí que no puedo esperar a escribir esto. Me quema la sangre, así que me desahogo en Facebook y espero a que vuelva –la sangre- a temperatura ambiente para desarrollar, punto por punto, estos argumentos que siguen. Que ya se sabe que hay que contar hasta diez, a riesgo de resultar demasiado impulsivo. Como decía Virginia Woolf en Una habitación propia, «cuando un razonador razona desapasionadamente, piensa solo en su razonamiento y el lector no puede por menos de pensar también en el razonamiento».

Así que nada, queridos baby boomers, sea o no desapasionado por entero, y con las salvedades oportunas a quien no se sienta -ni deba sentirse- aludido, esto va por ustedes.

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Operación Biki…no.
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Andrea Tovar | 14-06-2017 | 08:15| 0
Vía Tumblr (source: avatharkorra)

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Ya se respira en el aire esa mezcla mortífera de sudor y excitación, adrenalina y muchos grados de temperatura, que avanza el Gran Destape Anual de los Cuerpos.

Antes de desvelar el misterio que se oculta tras las vaporosas capas, la gente se prepara con ahínco. Los gimnasios dan buena cuenta de ello. Igual que en Año Nuevo, son etapas en las que al ser humano le remuerde la conciencia su existencia particular.

Tengo unas cuantas observaciones sobre la llamada Operación Bikini.

La primera, la más intrascendente a lo mejor, es que hay un micromachismo en el término, ¿lo ves? ¿Por qué es Operación Bikini y no Operación Bañador, que es un término unisex? Digo. Estas cosas hay que cazarlas, de otra forma no pueden erradicarse, llámame feminazi.

La segunda es esta: es una operación, una suerte de misión de vida o muerte, de tarea por reconcome. De ahí se extrae que la mayoría de la población no está orgullosa de su cuerpo y no vive cómoda entre sus carnes durante la friolera de diez meses al año aproximadamente. Y que al ir a la playa, al verse en la obligación de mostrar sus cachas al sol, deben corregirlo lo máximo posible para resultar aceptables ante los demás.

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Más vale feliz y pobre (si es que eso no es contradictorio)
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Andrea Tovar | 05-06-2017 | 11:10| 2
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El otro día estaba yo en el parque rodeada de madres con niños, columpiando al bebé de mi prima, cuando sonó el teléfono. Una chica muy maja de la 7 llamaba para invitarme a una tertulia sobre millennials. Antes de nada, quería saber mi opinión respecto de unas cuantas cosas, y empezó a preguntarme. He de decir que fui excesivamente sincera porque no me había enterado de que era una entrevista y no caí en aquello de ser políticamente correcta.

En una de esas, dijo:

– Sabes que ahora la gente prefiere alquilar a comprar, e ir cambiando de trabajo en vez de tener uno estable toda la vida… ¿qué te parece eso?

-Estupendo- contesté yo-, creo que es lo más acorde a la naturaleza humana. De hecho, los millennials tenemos fama de estar locos, pero nosotros estamos entendiendo mejor de qué va la vida. El que está loco es el sistema.

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¿Hay derecho? El grito de Irene por todas las mujeres
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Andrea Tovar | 26-05-2017 | 18:29| 0
Vía weheartit.com

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Tenía entonces veinte años recién cumplidos. Iba en un tren desde Ámsterdam a Bruselas para pasar la noche y coger un avión la madrugada siguiente. Iba escuchando música y comiendo algo. No me funcionaba el teléfono, por algún motivo. Entonces tenía fe en todas estas teorías sobre la comunidad europea, y pensaba que con un poco de dinero y un teléfono podría solucionar cualquier cosa que me ocurriese.

Entonces un hombre muy corpulento, negro, se sentó a mi lado. Vestía un jersey amarillo. Me tocó el hombro y empezó a hablar en inglés. Fingí ser italiana, no sé por qué, y le dije que no le entendía. Siguió hablando igualmente, señaló unos edificios y dijo que él vivía ahí. Y entonces me aseguró que ahí iba a ir yo cuando bajáramos del tren. Me di la vuelta. Tenía el corazón acelerado. Seguí mirando por la ventanilla. Estaba paralizada. Volví a colocarme el auricular en el oído, pero bajé el volumen. Él llamó por teléfono a alguien y entendí una descripción física: una chica joven, sola, rubia. Mientras lo decía me miraba y se reía. Veía su reflejo en el cristal.

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Pilares que se derrumban
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Andrea Tovar | 22-05-2017 | 12:06| 0

Vía Tumblr (posted by @f–o–r–e–v–e–r)

Repartimos el peso de la vida en pilares. Un gato, el gimnasio, la abuela, el trabajo como repartidor de pizzas. Cualquier cosa. Tantos pilares como sea necesario. Cada pilar te ancla al suelo y te da una base firme para crecer hacia el cielo. Sujeta tu espacio y lo acota. Son los perímetros de la zona de confort, si eso existe. El problema viene cuando hay pocos pilares, o solo uno. Si flaquea, se te cae la casa encima.

Si puedo darte un consejo es este: enamórate de ti mismo y ten tantos pilares como puedas. No los menosprecies ni construyas al tuntún. No radiques parte de tu ser en lugares erróneos. No te equivoques. Es cuestión de vida o muerte. De vida plena o muerte por aplastamiento.

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Yo no soy como tú
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Andrea Tovar | 15-05-2017 | 07:34| 0

Imagen de la serie Por trece razones (Netflix), sobre el suicidio de Hannah Baker

Hace poco acabé de ver Por trece razones (Netflix), una serie muy en boga que retrata los motivos por los que Hannah Baker, una sana y lozana adolescente, decide finalmente suicidarse tras una campaña de acoso y derribo centrada en rumores sobre su promiscuidad, principalmente. Aquí no hay alerta spoiler por dos motivos: 1) la serie es ya de dominio público, 2) el primer fotograma de la serie es este, su taquilla llena de flores tras su muerte.

Por primera vez, o quizá no por primera pero sí la más directa, se pone en la palestra el potencial dañino de los rumores y la presión sobre las chicas cuando empiezan a desarrollarse. A esas edades, hay que llevar mucho cuidado con lo que se hace y dice, o rápidamente te tachan de guarra y derivados. Y en este caso, Hannah era más bien santurrona, pero ¿qué pasaría si no lo fuera?

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Haz lo que te dé la gana
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Andrea Tovar | 08-05-2017 | 07:16| 0

Me encanta cantar. Lo adoro. En el coche aprovecho para trabajar con célebres grupos en las segundas voces de sus canciones. Ellos no lo saben, pero conmigo descubrirían una nueva manera de interpretarlas. A veces me imagino en un escenario tocando el banjo -aunque no sé hacerlo- con Mumford and Sons, entonando keep the earth below my feet. Nota: no es que sea mi grupo favorito, es que me compré Babel en Fnac de oferta y lo dejé puesto para siempre. Y aquel año pasaba un par de horas diarias al volante.

El único problema es que canto de pena. En serio. Una muestra de amor sincero es que alguien me soporte mientras canto. Que no coja una navaja suiza y me la clave en las cuerdas vocales.

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Sobre el autor Andrea Tovar
De momento, veinticinco primaveras o un cuarto de siglo, según se mire. Me resulta complicado pitar cuando conduzco, así que vuelco esa ira sobrante aquí. Sin embargo, me gustan más cosas de las que me disgustan: me gusta gesticular cuando hablo, la gente que se sienta en el suelo y los helados de Stracciatella, por ejemplo. El pelo me cambia de color según los posts que escribo. Para más info sobre actualizaciones del blog, escritos y otras tonterías, sígueme si quieres en Instagram: @atovv

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