Mitra, Sol Invictus

El culto a Mitra, de origen indio-iraní, se fundió con el culto al sol y dieron lugar a la nueva religión del Sol Invictus. El emperador Aureliano la hizo oficial en el año 274, y cada 25 de diciembre se celebraba el festival del Natalis Solis Invicti (el nacimiento del sol invencible).

Mitra, simbolizaba el nacimiento de la luz y la esperanza y la renovación de la naturaleza. El nacimiento de Cristo se situó en la misma fecha del calendario solar.

A finales del siglo III, comenzó a decaer el mitraísmo. La fuerte competencia del cristianismo, apoyado por Constantino I El Grande, le robó adeptos. El cristianismo desplazó al mitraísmo en el siglo IV, hasta convertirse en la única religión oficial del imperio con Teodosio (379-394). El mitraísmo se prohibió oficialmente en el año 391, aunque se mantuvo su práctica clandestina durante algún tiempo.

Los mitreos, una especie de cuevas donde cabían unas 30 o 40 personas acabaron siendo las criptas de muchas iglesias cristianas.
En las diversas representaciones murales o de bulto, Mitra coge por el morro la cabeza del toro mientras clava su espada en el cuello. El toro es sujetado por la pierna en ángulo y la rodilla izquierda de Mitra con las que ejerce presión sobre la cruz y el dorso del toro. La grupa y la pata trasera derecha del toro se encuentran doblegadas por la pierna derecha de Mitra, completamente extendida.
Un perro y una serpiente lamen la sangre que mana y un escorpión suele figurar junto a los testículos del animal.

(Fuentes varias)

En la acuarela, una escultura de Mitra que se halla en el British Museum y en la foto de Donato Trepicione el mitreo de Santa María Capua Vetere, en Caserta (Italia) descubierto en 1922 durante la excavación del sótano de una casa particular.

Sobre el río Becedillas

Hay lugares que son destino; pero en el trayecto a ellos, otros lugares te frenan con estampas que son como un `flash´ y te detienen, te cambian el rumbo. El pintor, hace sus planes, propone, pero el paisaje dispone de él. Avisado ya por tantas veces que le ha pasado, parte con el plan abierto y la mente dispuesta a descubrir lo escondido en una vuelta del camino.
Este es uno de esos lugares: Becedas, a la vera del río Becedillas, camino de Béjar y Candelario, dos destinos netamente turísticos en la provincia de Salamanca. La imagen del puente medieval, muy alterado por reparaciones, sobre un pequeño río de montaña, resulta de una belleza serena, reconfortante y atemporal. Por más que se repita el tema en paisajes rurales como éste, siempre resulta sorprendente.

Rea Silvia

Nuestra vida es un tiempo prestado que se desarrolla en un escenario que no nos pertenece y del que un día, de mala gana, nos tendremos que bajar. Nuestra representación tiene su propia dinámica y a veces vamos al pairo porque ni siquiera somos los guionistas. Actores y espectadores a tiempo parcial, entre lo trágico y lo cómico, siempre rebeldes ante tan injusto reparto de papeles; dudando siempre  de la lucidez del guionista y de la del director de la obra y sin estar seguros de la nuestra.
El teatro Romano de Cartagena muestra en sus piedras gastadas las huellas del tiempo, piedras que con sus aristas rotas parecen contarnos los dramas allí representados. El relieve de Rea Silvia, madre de Rómulo y Remo, encontrado en las excavaciones del Teatro, nos retrotrae a otros tiempos en que la historia se contaba a base de mitos y leyendas. Representaciones para explicar lo claro y lo oscuro de que nos habita.

Ermita de Candelario

Hay pueblos que te reciben con mala cara: un polígono industrial, una cantera, un vertedero… Candelario, en la Sierra de Béjar te recibe con una deliciosa ermita llamada Del Humilladero al pie de unas calles empinadas por donde corre el agua encajonada en típicas regaderas. Sucede con frecuencia que las ermitas, a pesar de su modesta arquitectura, son más bellas por fuera que por dentro. Suele ser su silueta de proporciones armónicas con el entorno rural de un evocador encanto la que te atrae como si te ofreciera descanso físico y espiritual.
La ermita de Candelario ha sido envuelta por el crecimiento urbano, pero no engullida: sigue dominando su espacio, modesta pero dignamente, y conserva intacto ese poder de atracción para el caminante.

El Ambigú: un nuevo espacio expositivo

El Arte, que sobrevive a las crisis y hasta se crece en ellas, tiene un nuevo espacio expositivo en Murcia: el Ambigú del Romea. Cuando un muro de pesimismo nos va rodeando -el mismo que nosotros alimentamos- está bien que alguien abra en él una ventana que nos airee. La presentación de la muestra colectiva que lo inauguró ayer fue una fiesta, un chute de optimismo en el corazón de Murcia, al amparo de ese otro foco cultural que es el Teatro Romea. El pintor, que expone y se quiere exponer, necesita ir a donde está el público, coincidir con él. Y el Ambigú es ese espacio privilegiado de convivencia, antesala del Romea, que hace posible el feliz encuentro.

Catorce pintores, solventes e ilusionados, inician un ciclo de exposiciones que continuará con muestras individuales de cada uno de ellos. La actual estará colgada hasta el 8 de junio de 2012.

El tema que armoniza la exposición y le da coherencia dentro de la diversidad de estilos de cada uno, es obviamente ´El Mundo del Teatro´

Los atrevidos son: ANTONIO SÁNCHEZ, ANTONIO SOTO, CARLOS CALLIZO, CORONADO, CORTÉS ABELLÁN, ESPINOSA, HURTADO MENA, CHIPOLA, LORENZO MARTÍNEZ, MANOLO PARDO, PEPE CLAROS, SILVIA VIÑAO, TORREGAR Y ZACARÍAS CEREZO. El Comisario, MIGUEL OLMOS

¡Pasen y vean!

Nos vemos en el Ambigú

Plaza de los Patos de Vistabella

El pintor, en cierto sentido, no es de aquí ni de allá y sin embargo acaba perteneciendo a un poco a todos aquellos lugares que ha pintado. Vistabella es de esos lugares urbanos a donde vuelvo con frecuencia, sobre todo cuando veo las primeras jacarandas en flor. La dominante entonación violeta en el arbolado no es frecuente en el paisaje, por eso me atre. La Plaza de los Patos de Vistabella es quizás uno de los lugares más bellos de la nuestra ciudad. Tiene el encanto de un lugar casi aislado de lo peor de la ciudad: el tráfico y su rum-rum. Quién planificó este barrio, quien puso las jacarandas, seguramente tuvo su visión en la belleza que aportarían, décadas después a estas calles que tienen lo mejor de un pueblo mediterráneo en que el urbanismo se puso al servicio de la convivencia vecinal.

Senderos hacia los bosques

Los senderos que conducen a los bosques levantan expectativas de un encuento emocionante. La presencia del árbol nos reconforta y complementa, nos hace mejores.  Quizás por eso tantos senderos conducen a los bosques. Y a los árboles debe gustarles también nuestra presencia porque extienden a nuestros pies sus alfombras de hojarasca.
Se nos puede analizar por nuestra forma de pintar un árbol, es un recurso recurrente para los psicólogos. En mi caso debo estar ya largamente diagnosticado: el árbol siempre ha estado en mi pintura. Pero, para mi, ha llegado el momento de hacerlo protagonista absoluto, rey del escenario. Con su presencia se basta para llenarlo. Sus pies en la tierra y sus troncos poderosos invitan al abrazo. Sus ramas tocando el cielo hacen visible el viento.

Cantar el Gallo, Abanilla

 

 

Un pequeño arroyo que nace en la cabecera de la Rambla de La Parra discurre por el paraje de Cantar el Gallo –curioso nombre del que no conozco su origen-, generando pequeños saltos en estrechamientos rocosos que, por ser tan modestos en su escala, parecen milagrosos en medio de estos secarrales predesérticos. La zona más alta está configurada por pequeñas huertas y casas de labor ahora abiertas sus puertas y ventanas al abandono. Pinos, almendros y algarrobos invitan al senderismo y nuestro caminar está acompañado por el rumor del pequeño arroyo que se agranda en el silencio. Hacia abajo desierto de badland, tarays y palmeras; arriba en La Parra, la cabecera, un ensanchamiento fértil de cañas, chopos y casas de labranza, un silencioso paraje si no fuera por la presencia de la cantera que ha dejado su herida sangrante en el monte.

Floración en Cieza

Un hecho tan normal para el agricultor como la floración de los almendros, de los cerezos o los melocotoneros, se ha convertido, para el urbanita saturado de cemento y polución, en un acontecimiento anual a celebrar cámara en ristre. Los organismos turísticos han descubierto en la naturaleza de sus municipios un filón a explotar, una fuente de ingresos sostenible, como se dice ahora, que no requiere más inversión que unos folletos y el arreglo de unos senderos.
El pintor, que no necesita que haya senderos, sino que los va haciendo en sus exploraciones en busca de la luz más favorable para sus acuarelas, se sorprende de que haya tenido que llegar la crisis para que masivamente los ciudadanos se hayan cargado la mochila en busca de paisajes rurales o floraciones, descubriendo el placer que ofrece el sol, el aire, el color, los aromas y el sentir la tierra paso a paso bajo nuestros pies: placeres ilimitados por un precio limitado.
La floración de los melocotoneros, alternada con los ciruelos y otros frutales, nos brinda a los murcianos un espectáculo único que en estas fechas alcanza su mayor esplendor en Cieza. La acuarela muestra unas casas de labor rodeada de melocotoneros en flor  en la zona de El Canalillo.

La Finca de la Señorita

Hay algo de patético en esas viejas casas abandonadas; hay en ellas una presencia de vidas ajenas que parecen asaltar al curioso que las visita. Cuando sus moradores echaron la llave, quizás sin saber que era para siempre, comenzó un proceso de degradación que se acelera el día en que alguien da una patada a la puerta en busca de algo que llevarse. Muchas de esas casas son testigos de una época y de una forma de vida, vestigios de una arquitectura popular que eran parte del paisaje y que lo humanizaba.

 

En la acuarela muestro la que llaman la casa de la Finca de la Señorita en el Llano de Molina. El viejo algarrobo que la enmarca sobrevive mejor que la vivienda. La maleza alfombra el entorno, pero lo peor es entrar en ella y encontrarse las muestras de saqueo y vandalismo, ofensas a los seres que durante décadas vivieron, amaron, y quizás murieron entre sus muros.

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