La Verdad

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Protocolo y propaganda política
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sargento emilia | 13-10-2017 | 09:56| 0

Existe una técnica, muy útil para la creación de personajes de ficción, que tiene que ver con una teoría psicológica, que clasifica a las diferentes personalidades, en colores. Estas tipologías, que no son ni buenas ni malas, nada tienen que ver con la ideología. (O tal vez sí). De forma muy burda les diré que:
El rojo se caracteriza por ser decidido y por ello un solucionador de problemas. En ocasiones se muestra brusco e incluso violento, cuando pretende conseguir su meta. Es competitivo y exigente y poco dado a la duda, por lo que a menudo peca de arrogante e intransigente.
El amarillo facilita la interacción social. Acostumbra a ser dialogante y persuasivo, al inspirar confianza. Su entusiasmo le lleva a ser en ocasiones indiscreto y parlanchín. Se caracteriza por su creatividad y su independencia, que le lleva a ir a lo suyo ( a su bola) y a ser a menudo imprevisible.
El verde es una persona reservada, que no suele destacar. Es tranquilo y se toma su tiempo antes de actuar. Muchas veces se muestra inexpresivo y resulta difícil saber lo que piensa. Es meticuloso en sus tareas, callado, sacrificado y se preocupa por los demás y por el entorno. Acostumbra a ser bastante testarudo y de idea fija.
El azul se describe como perfeccionista y cerebral. Suele ser reservado y muy disciplinado. Se guía por la lógica, por lo que tiende a ser previsible y poco flexible. Se presenta como una persona seria y recta, que sabe mantener la calma, y que es difícil de alterar.
Claro está, que salvo excepciones, nadie es puramente de un solo color. Pero lo cierto es que para que un relato de ficción sea creíble, es decir que sea como la vida real, ha de aparecer entre sus personajes las cuatro tipologías de personalidad, que se han descrito.
Aplicado lo dicho a las organizaciones policiales, algunos tendrían la tentación de seleccionar exclusivamente a policías azules, candidatos idóneos para acatar el “ordeno y mando” y tal vez para integrarse en grupos antidisturbios. Pero ello solo conseguiría una rigidez en las actuaciones, una imposibilidad de evolución y adaptación al cambio y una nula interacción con el tejido social.
Si todos los policías fueran rojos sería la debacle. Esto es lo que ha ocurrido en algunas plantillas de policía local de la Región, donde “manda marinero y no patrón”.
Sin embargo, si todos fueran amarillos o verdes, las organizaciones policiales serían otra cosa, al dejar de cumplir esa función coercitiva, que a pesar de ser impopular, es la que las hace necesarias.
Por ello es imprescindible, en  nombre de la excelencia, un equilibrio en la selección de los integrantes de las plantillas. A no ser que solo interese la presencia de agentes visibles, cuya única misión sea contentar la arbitrariedad de los vecinos, y ser un instrumento, azul, para el protocolo y la propaganda política.

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La estafa de la novia rusa
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sargento emilia | 06-10-2017 | 13:04| 0

Se había decidido a acercarse a comisaría.
Hacía dos años que chateaba con John Mac Laren, general del ejército de los Estados Unidos. Lo conoció por Internet y allí fue creciendo su amor virtual. Él le había confesado que, después de una brillante carrera militar, se había decepcionado de un mundo tan desagradecido y que estaba dispuesto a retirarse a un país como España, de buen clima y buen comer.
La mujer le mandó un dinero para que pudiera viajar a su retiro dorado, que ella le podía ofrecer. Su nuevo amor le hacía llegar fotos de uniforme, en el gimnasio, en su jardín y haciendo bricolaje. Ella admiraba su físico atlético, sus músculos turgentes y esa cara, marcada por la experiencia, de hombre de palabra. Cuando John le explicó que le resultaba imposible vender su casa, ella no dudo en proporcionarle dinero para que no llegara a España con las manos vacías. También se brindó a ayudarle con su anciana madre, que el militar debía de dejar en un asilo, antes de iniciar su nueva vida y desde luego, como hombre de principios, no estaba dispuesto a abandonarla en una residencia cualquiera.
Todo estaba preparado para el encuentro de los dos enamorados, cuando él le escribió alarmado, explicándole que le tenían retenido en el aeropuerto, por una deuda que había contraído con un hospital en el que, años atrás, le habían operado por un accidente de tráfico.
Ella le hizo llegar, sin pensarlo, unos 20.000 euros más, ya que no iba a renunciar, por un último contratiempo, a su felicidad.
Cuando John Mac Laren contactó con ella para pedirle que abonara un rescate por su hijo, que acababa de ser secuestrado en Irak, a ella ya no le quedaban ahorros, había gastado 180.000 euros, en su aventura americana. Pero no pensaba dejar a John en la estacada. Por eso se había personado en comisaría para que la policía le ayudara a recuperar al hijo desaparecido.
Le había contado su historia a unos policías de la oficina de denuncias. Ahora no entendía por qué le hacían esperar para entrevistarse con el responsable del grupo de delitos tecnológicos.
Este viejo truco funciona también con hombres que creen haber encontrado, en las redes, el amor de una voluptuosa Natacha, que dice querer salir de su país de origen para entregarse al amor, en cuerpo y alma. Mientras los engañados se emocionan, sufren, desesperan y se rascan el bolsillo, los mafiosos cuentistas van urdiendo su estrategia a través del chat para ir desplumando, por fascículos, a sus víctimas.

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El narcosicario
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sargento emilia | 15-09-2017 | 07:12| 0

Don Cayetano llevaba varios años en el poder. Como Gobernador había colocado a sus hombres de paja, en todos los puestos de responsabilidad de su administración.
Mientras simulaba atender los intereses de la ciudadanía, se llenaba los bolsillos, coaccionando, extorsionando e incluso llevando a la ruina a los que podían hacerle sombre.
Cuando una periodista empezó a cuestionar los tejes manejes, del que todos consideraban un altruista mecenas, el tirano montó en cólera. Hombre resolutivo y eficaz para sus negocios, hizo venir de Colombia a un reputado asesino. No iba a tener piedad. La periodista se lo había buscado al no ceder a sus amenazas e intentos de soborno. Era necesario dar un escarmiento a los que se atrevieran a desafiarle. La quería muerta, en el maletero de su propio coche y con un tiro en la cabeza.
Rolando, el narcosicario, que al bajar del avión había recibido el encargo, empezó a asistir a las ruedas de prensa y a las mesas redondas donde invitaban a la beligerante periodista. Le llamó la atención su juventud pero sobre todo ese entusiasmo que la bella le ponía a todo lo que decía y hacía.
Algo se rompió en su interior. El sadismo que le caracterizaba estaba remitiendo. La simple vista de su víctima le enternecía, a él que era duro como la indiferencia. Él sabía que ella nunca se fijaría en un tipo, de mirada torva, como él.
Rolando regreso a su país. El mercenario siempre cumplía lo pactado. Don Cayetano apareció, al día siguiente, en el maletero de su propio coche, con un tiro en la cabeza.

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Le pese a quien le pese
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sargento emilia | 28-08-2017 | 12:12| 0

Se acabó. Está llegando el fin de esa maquinaria mal engrasada y compleja que es la Administración de Justicia. Es el fin del Estado de Derecho. A partir de ahora todo se va a dirimir en las redes sociales. Serán las masas histéricas, desinformadas y, se supone, bienintencionadas las que van a decidir quién tiene razón en un litigio. Especialmente en los asuntos que atañen al corazón.
Si ya era absurdo aceptar que un señor togado tuviera que decidir sobre el porvenir de nuestros hijos, imagínense ahora que lo haga una turba manipulada, que carece de un mínimo de información contrastada y que se deja condicionar por rumores y por sus propios sentimientos y frustraciones.
Llegado a este punto, cada parte en conflicto deberá defender sus intereses haciendo campaña. Quien tenga más medios y haga más ruido y más convenza a una mayoría más amplia de gente, se llevará el gato al agua.
Toda técnica de persuasión, desarrollada con maestría y sin pudor, que recurra a los sentimientos, los prejuicios y la pasión y como no a la ideología, encontrará siempre el apoyo de individuos y colectivos dispuestos a manifestarse, gritar consignas, ingeniosas y pegadizas, y promover iniciativas, a cual más peregrina y descabellada.
Se sustituirá así un sistema imperfecto de justicia por otro más costoso, arbitrario, plañidero y sustentado en los prejuicios mayoritarios del momento o en intereses ocultos e inconfesables de grupos de presión o poderes fácticos.
Los políticos hace tiempo que se dieron cuenta del poder de la información manipulada.
En esta sociedad del enemigo tal vez haya llegado el momento de castigar a los mentirosos. Faltar a la verdad, cuando se tiene una responsabilidad de tanto calado, tiene que tener sus consecuencias y no solo en las urnas. El Gobierno regional, en los últimos años, le ha dado el papel de Pinocho a un ex profesional de los medios al que admiro como tal. Pero lo que más “me toca los cojones”,(la expresión es intencionada), es que se haya elegido a una mujer para ese papel de villano.
Este verano las Instituciones se han propuesto, como objetivo, convencer de que: “Murcia va bien y subiendo”. Si leen la prensa escrita, diferentes responsables políticos insisten en que el turismo en la ciudad de Murcia, ¿pese a quien le pese?, ha crecido espectacularmente en verano. Los que hemos trabajado en el mes de agosto, recorriendo todos los recovecos del municipio, hemos sufrido una ciudad fantasma donde a determinadas horas (aviso esto es una descripción, sin valoración, ni menosprecio) solo transitaban  por las calles: yonkis, guardacoches borrachos, negros, mujeres con hijhab, algún que otro anciano y como excepción cuatro turistas que, hospedados en la Manga, habían decidido darse una vuelta por una ciudad desierta, donde lo poco o mucho que se puede visitar estaba “close”.
(Resaltar también que en la capital se han quedado todos los rateros de poca monta, que, al no haber prosperado, no han podido disfrutar de vacaciones. Para más inri, y debido a su torpeza natural para el delito, han terminado detenidos y veraneando en los calabozos.)
Pero claro esto es totalmente subjetivo, y percibido por una simple currante. Seguro que alguna estadística podrá servir, le pese a quien le pese, para corroborar cualquier versión oficial.

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Respetar el trabajo ajeno
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sargento emilia | 14-08-2017 | 12:41| 0

Noticia: “Policía local, en colaboración con bomberos y servicios sanitarios, rescata a una joven que se ha precipitado a la mota del río, desde una altura de seis metros”.
– ¡Joder! ¿Qué ha pasado?
– Un tío se ha tirado al río.
– ¿Pero ha muerto?
– Parece que no.
– ¡Pues si que hay gente ahí abajo!
– Si vaya pandilla de inútiles. El médico trabajando y todos los demás mirando.
– Pues ya verás cuando le manden la factura a casa. Camiones de bomberos, ambulancias, coches patrulla e incluso motoristas. Este se va a arrepentir de haberse tirado.
– ¿Pero es qué le cobran?
– Pues claro. ¿Por que te crees que han acudido todos? Esos no están ahí por amor al arte y más con el calor que está haciendo.
– También podrían ir menos abrigados.
– La verdad es que sí. No sé por que llevan tanta ropa ¿Sabemos por qué se ha tirado?
– He creído oír que la policía le estaba buscando. Será un yonki de esos.
– A pues seguro que los policías le perseguían y se ha visto obligado a tirarse por la barandilla para poder escapar.
– Normal si han ido detrás de él. No le habrá quedado más remedio al pobre.
– Míralos y estarán tan orgullosos de lo que han hecho. Ahora la familia tendría que denunciar a la policía por que no hay derecho. Si necesitan testigos aquí estoy yo.
– Eso digo yo. Eso es casi un asesinato.
– De casi nada. Al parecer dicen ahora que es una chica.
– ¿Una chica? pues con más razón. La han asustado y eso es abuso de autoridad. Esto no puede quedar así.
– Pues si que tardan en rescatarla. Mira. Parece que los bomberos la van subir con la grúa. ¡Dios mío! Cómo les gusta montar el numerito.
– Po claro. La ambulancia no puede entrar a la mota. Con las palmeras no puede meterse.
– Si que podría si quisieran. Con dificultad pero si que podría, si no estuvieran abandonadas, en toda la mota, esas montoneras de hierba que han cortado.
– Jo, es verdad. Yo si fuera la madre de la muchacha denunciaría al Ayuntamiento por no recoger la hierba.
– Eso es de la Confederación hidrográfica del Segura pero da igual. Yo creo que si no hubieran cortado la hierba a lo mejor la chica se hubiera salvado, al amortiguar la caída.
– ¿No me digas que ha fallecido?
– Pues seguro. Terminará muriendo. Ya se la podían haber llevado corriendo por las escaleras.
– Están a medio kilómetro y con mucha pendiente.
– Da igual. Si dependiera de mí ya estaría resuelto.
– ¿Qué pasa? ¿Qué miráis?
– Una chica que se ha tirado al río, perseguida por la policía.
– “¡Carmen! ¿Estás en casa? … Te llamo por que acabo de pasar cerca del río y me he encontrado con que la policía ha matado a una chica … Que sí. Seguro. Que estoy aquí. Lo he visto con mis propios ojos.”

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La japuta
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sargento emilia | 02-08-2017 | 15:39| 0

Está claro que el Gobierno ha convocado una tormenta de ideas para conseguir dañar la imagen de los independentistas catalanes y su empecinamiento en el secesionismo. Entre muchas de las medidas que se han puesto en marcha, y que van orientadas a convencer a los propios catalanes de que sus dirigentes son unos trileros, se encuentra sin duda la conmemoración de las olimpiadas de Barcelona, que tuvieron lugar en el año 1992. Los juegos se recuerdan como un acontecimiento histórico y un éxito rotundo que supuso el despegue de toda una nación, o al menos así lo han querido recordar los medios.
Pero no se hace mención a que en dicho evento participaron en la gestión, numerosos funcionarios de las diferentes Administraciones españolas, que se desplazaron a la ciudad condal, en comisión de servicio. Estos colaboraron en la organización de unos juegos que supusieron un enorme negocio. Durante meses se imbuyeron de las técnicas del 3 % y de como invertir en infraestructuras, consiguiendo que los políticos, sus técnicos y asesores se llenaran los bolsillos.
Y es que los catalanes representan la vanguardia incluso en materia de corrupción. A modo de metástasis, enseñaron el camino a muchas provincias, con vocación emprendedora. Los kits de corrupción estaban a disposición del dinero líquido: carreteras, aeropuertos, puertos deportivos, ferrocarril, depuradores, desalinizadoras, ITV, pabellones deportivos, túneles, rotondas, semáforos pero también molinos de viento ( en Italia la mayoría de esta energía limpia se encuentra en manos de la mafia).
Una de las primeras enseñanzas fue colocar en puestos de responsabilidad a tontos útiles, que cuando las cosas empezaron a ponerse feas y los poderosos ya se habían hecho millonarios, fueron sustituidos por tarados temerarios y presumidos que pudieran servir de cabeza de turco.
(Eran histriónicos, que se movían con torpeza por los fangos políticos, y que pronto despertarían el rechazo y la burla de los medios de comunicación a los que no se podían resistir).
Y es que ahora todo se juega en las redes sociales y los medios. La clave está en la seducción. El mundo necesita cariño y eso los políticos lo saben. Así que gastan su presupuesto en averiguar que quiere el ciudadano para simular dárselo, con mucho bombo y platillo. La eficacia resulta ser mas económica que el aparentar, visibilizar o manipular a la ciudadanía pero sin duda es más arriesgada. (“El trabajo bien hecho es el que no se hace”: decían hace años los policías veteranos)
Para ilustrar esta farsa les diré que mientras algunos políticos asisten a minutos de silencio en contra de la violencia de género, cuando tienen que lidiar con una mujer que opina y defiende sus propias ideas, en petit comité se suelen referir a ella como la japuta.

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Yo nunca conocí varón
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sargento emilia | 30-06-2017 | 09:57| 0

Era la hora de la siesta y la telenovela. Romualdo Alfredo y Victoria María, después de un largo y doloroso desencuentro, se habían vuelto a unir, esta vez, para siempre. Era el triunfo del amor verdadero, que desbordaba la pantalla, con besos profundos y agarres apasionados. Bello él y sexy ella, se repetían promesas de felicidad y fidelidad eterna. Cualquier palabra, que se susurraban al oído, les llenaba de un gozo que hacía destellar sus perfectas dentaduras.
Entre tanto amor y embeleso, el galán se detuvo de pronto, alejándola bruscamente de su pecho, para preguntarle con intenso dramatismo, reforzado por la música de fondo: -“¿Victoria María, después de aquella noche de hace diez años, ha habido otro hombre?”  Todo hacía presagiar la tragedia, hasta que la tensión se desvaneció, cuando ella, desconcertada y con cara de boba, le contestaba: – “¿Cómo crees? Yo nunca conocí varón, tú has sido el único”.   Entonces el mastodonte, aliviado, se abalanzaba sobre ella para besarle y reiterarle lo mucho que la quería. Había decidido que  fuera ella la madre de sus hijos. Al cabo de muchos besos y más abrazos, ella, tímidamente, pidiéndole que no se enfadara, se atrevió a preguntarle si él también le había sido fiel. Con actitud paternalista, Romualdo Alfredo se sonrió y le juró, que todas las veces que él había estado con otra mujer había sido pensando en ella. Con las hormonas revolucionadas por tanto amor y esa felicidad invasora, que te da alas y te alegra la rutina diaria, me quede pensando:-“Victoria María, que suerte que no te dejaras convencer por aquel honrado tontorrón, que quería presentarte a sus padres y ofrecerte su cariño y respeto, nunca hubieras conseguido el amor del testosterónico Romualdo Alfredo.”
En estado de levitación tuve que volver, muy a mi pesar, a la realidad. Se me hacía tarde. Había quedado para asistir a una concentración solidaria en pro de la igualdad de género y de repulsa a la violencia machista.

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I’m a ladyboy
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sargento emilia | 29-06-2017 | 19:19| 0

Sé que algunos piensan que soy una mojigata. Una niña consentida, que vive preocupada por su aspecto físico y su estilismo. En verdad cuido los detalles de mi indumentaria por que me dan seguridad. Y esa seguridad es la que  provoca asombro a mi alrededor. Diariamente me cruzo con miradas de ambos sexos que parecen querer relamer mi cuerpo, especialmente cuando llevo ropa de tipo colegiala y extensiones con lazos de colores. Es cierto que aparento tener la mitad de la edad que tengo en realidad pero les aseguro que no soy una niña. No soy la chica inocente que aparento. Tal vez ese pañuelo que tapa mi boca y que suele complementar mis estrambóticos atuendos, tenga algo de inquietante. Sin rictus, mi cara tiene la belleza de una muñeca de ojos grandes, nariz chata, piel perfecta y pelo de seda azabache.
Creerán que soy frágil y algo gótica, con ese traje de terciopelo burdeos que estiliza mi figura filiforme, pero no se engañen. He estado  trabajando, durante una década, en un ping pong show, en la ciudad de Bangkok. Allí, de madrugada, la sala de fiesta y espectáculos se llena de extranjeros que entran en el local, riéndose nerviosos, para terminar desmadrándose conforme va avanzando la noche. Muchos hombres asisten al show, acompañados de sus mujeres que se creen obligadas a reírles las gracias a unos esposos, que ya andan cachondos. En medio de tanta gimnasia vaginal, exhibida sin pudor, algunos se ponen en pie, excitados, y se echan mano al paquete mientras sueltan alguna grosería, que la gente vitorea.
Yo era la estrella del número final. Como colofón a la exhibición de vaginas y contoneos de pompis, llegaba yo con mi número de strip-tease.
Moviendo las caderas y los hombros, mientras me quitaba la ropa: todos quedaban fascinados por mi cuerpo felino. Mi piel maquillada con tonalidades oro, mis piernas interminables  y mi trasero musculado no dejaban a nadie indiferente, a pesar de que mi atractivo careciera de voluptuosidad: mis pechos eran solo pezones.
Mientras todos callaban, dejándose subyugar por esa música contorsionista y libidinosa, terminaba mi numerito de espaldas, apoyada sobre la punta de los pies, con los brazos alzados hacia el infinito y las manos atormentadas, como las de una bailarina de ballet clásico.
Cuando el público rompía a aplaudir me giraba y – ¡oh sorpresa!  – tiraba de mi tanga para dejar caer una verga descomunal, que parecía imposible de disimular.
Todos enmudecían, tardando unos minutos en reaccionar y en estallar en risotadas. Era la venganza de las señoras que habían visto como babeaban sus esposos, alucinados por mi anatomía.
Una de esas noches de farra, conocí al señor Merkel, un alemán senescente, que resultó ser un famoso crítico gastronómico en su país. Llevaba varias noches viniendo al barrio de Patpong, a ver el espectáculo. A cambio de un puñado de baths, que entrego a uno de los porteros del local, consiguió conocerme.
–   “     Me he enamorado de ti. -me dijo el teutón, sin preámbulos, ni presentaciones.
–          Suele pasar –aseguré con aplomo, acostumbrada a que, una y otra vez,  se repitiera la misma escena.
–          Quiero que actúes solo para mí –insistió, con autoridad, el sibarita.
–          Ponte a la cola – le solté con orgullo y sorna.
–         ¿Te vendrías conmigo a Alemania? Te pagaré 200.000 dólares.
–          Gano más aquí   -le contesté de forma automática.
–          Si te comprometes a viajar conmigo y a permanecer a mi lado, mínimo cinco años, te entrego un millón de dólares. Es mi última oferta – insistió mi obstinado admirador -No te arrepentirás.
–          Quiero cobrar con antelación –le  advertí.
–          Hecho  –exclamó el Romeo, agarrándome por la cintura y sentándome sobre sus rodillas.”
Ahora vivo en Berlín y soy  estudiante de comunicación. Soy una alumna peculiar que algunos tachan de fricki, pero en verdad sigo siendo una ladyboy. Ejerzo de mujer frágil, presumida, superficial, educada y elegante. También soy lenguaraz y eso, tanto en sentido propio como en sentido figurado, le encanta al señor Merkel, que disfruta conmigo de su papel de pecaminoso padre adoptivo.

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Crimen perfecto
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sargento emilia | 17-05-2017 | 12:43| 0

Se había especializado  en el cuidado de ancianos y lo cierto es que todos sus pacientes le adoraban. Desde un primer momento, cuando les ofreció sus servicios, les había inspirado confianza, con esos trajes hechos a medida y esos zapatos de charol, que siempre llevaba relucientes.
Y es que su  atuendo, junto a su pelo ligeramente engominado peinado hacia atrás, le confería un aire un tanto demodé. Esa elegancia, de otra época, contribuía a despertar simpatías en el barrio y especialmente entre las personas de edad avanzada que estaban convencidas de que, repeinados y con buenos zapatos, uno podía ir a todos lados.
Hombre educado y de paciencia infinita, solía pararse en los portales para charlar con los vecinos. Estos, en ocasiones, le pedían consejos sobre los medicamentos que debían tomar o sobre las precauciones que convenía  adoptar, para conservar la salud, mientras él les escuchaba mirándolos a los ojos y fumando sus cigarrillos mentolados. Todos respetaban sus opiniones y consejos. El boca a boca le había proporcionado una clientela, que el mismo se encargaba de seleccionar.
El  ahora cuidador de ancianos había vivido en Nueva York y  allí se había formado como quiropráctico: era famoso por sus imposiciones de manos. A todos les había contado su vida de lujo y frenesí en esa ciudad tan cosmopolita, en la que se había codeado con celebridades. Guardaba recuerdos entrañables de su estancia en el país, como un concierto del mismísimo Sinatra, que, según aseguraba, le había recibido en su camerino después de su actuación. Durante su aventura americana se había interesado por la medicina china, que los inmigrantes asiáticos habían popularizados en todo el continente.
Renegando de esa vida de lujuria, con su erudito bagaje,  había regresado a España y presumía ahora de disponer de pócimas e ungüentos que había exportado desde el barrio rojo de la gran manzana, para aliviar el sufrimiento y los achaques de la vejez. Sus atenciones tenían el poder de fidelizar a los octogenarios, que diariamente, negándose a salir a la calle, le esperaban impacientes. Curiosamente la mayoría de ellos no tenía familiares directos que cuidaran de ellos.
Su principal instrumento de trabajo lo transportaba en un inquietante  estuche de piel marrón, con incrustaciones de marfil, con forma de dragón. En su interior una jeringuilla de cristal era su cómplice, para el ejercicio de su magia blanca.
Diariamente, se desplazaba a sus domicilios para proporcionar, a los ancianos, una savia amarga  que les incendiaba las venas y les disparaba el corazón y las neuronas, hasta culminar en un placer imposible de describir. El polvo blanco, inyectado en pequeños dosis, sometía la voluntad  de los abuelos  a ese seductor  ángel de la guarda, del que ya no podían prescindir. Sin ofrecer resistencia, le hacían entrega del dinero que habían ahorrado a lo largo de sus vidas, suplicando, después de horas de espera, un nuevo chute de heroína, que les conduciría a una muerte lenta y a sumar un nuevo crimen perfecto en el currículum de tan encantador psicópata.

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Jaque al deseo
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sargento emilia | 01-03-2017 | 11:46| 0

1º Finalista del Certamen de Novela PALIN:
Un asesino en serie se ha establecido en el municipio de Murcia. La desaparición de tres niños ha puesto en alerta a unos ciudadanos cuyas vidas se acompasan a sus fiestas, procesiones, bodas y bautizos y a sus tradicionales migraciones a la costa. En una variopinta comunidad de vecinos, del emblemático y ahora multicultural barrio del Carmen, todos están pendientes de los periódicos locales que parecen disfrutar del desconcierto de las Autoridades y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Sara, una subinspectora de la Policía Nacional, aficionada a la novela negra y que vive en dicha comunidad, está convencida de que se trata de un depredador, posiblemente sexual, que se camufla entre el vecindario, a pesar de que los expertos nieguen la existencia de tan inquietante personaje, en nuestra geografía nacional. La región de Murcia, que es tierra de artistas y buen manjar pero también de mafias y burdeles, periódicamente, salta a la primera plana de todos los medios de comunicación por sucesos especialmente sanguinarios. Estos demuestran la existencia de asesinos, descuartizadores y criminales, que viven agazapados en medio de una ciudadanía dedicada en exceso a satisfacer sus necesidades materiales y a poner en cuestión la prosperidad de sus vecinos.
La autora aprovecha su truculenta historia para presentarnos un panorama desolador de corrupción política, privatización de lo público y de connivencia, en época de bonanza, de una población bon vivant que no dudó en beneficiarse de los negocios turbios y de comisiones ilícitas. Muchos, sin conciencia de delito, se convirtieron en especuladores inmobiliarios y aplaudieron la corruptela política y empresarial que necesitó obligatoriamente de prevaricación y cohecho a todos los niveles.

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Sobre el autor sargento emilia
Sigo con mi "Versión Policial" en un intento por destripar una realidad urbana que el ciudadano en ocasiones apenas intuye. Con "Ficción Literaria" les hago partícipes de mis devaneos con la escritura. Más en mi blog titulado Sexo Exprés emigonzaga.blogspot.com

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