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Sargento Emilia

Viva San Patricio

Soy rentable para el ayuntamiento. Es lo que tiene ser policía de tráfico. Mi día a día son: denuncias, grúas, accidentes, alcoholemias y controles de documentación. También procesiones, carreras y manifestaciones. He aguantado muchas plantonadas, pero siempre a pie de calle. Con treinta años de servicio y diecisiete de sargento, no tengo vicios pero si muchos defectos. Me apasiona mi trabajo. Aunque algunos ya piensen en la jubilación anticipada, yo no tengo prisa. Trabajando sin bajas, ni desaliento, con nueve meses de embarazo, pero siempre a pie de calle. He estudiado tres carreras y tengo tres titulaciones. Hablo tres idiomas y para la empresa he hecho traducciones. Me apasiona la enseñanza, las charlas y las terapias que motivan. Ser policía a menudo resulta ingrato y desanima. He detenido a muchos malos y he ayudado a muchas víctimas, pero siempre a pie de calle.                 ¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Soy capaz de conducir un coche, de llevar un camión o de pilotar un avión. Monto en moto y en bicicleta. Por la ciudad me desplazo en patinete sin motor. Pensarán que no tengo abuela o que soy una Maritornes, pero siempre a pie de calle. Donde pongo el ojo, pongo la bala y cuando compito, para mi ayuntamiento, gano medallas: nadando, corriendo, disparando o peleando. Soy de ciencias y me chifla la tecnología. El acoso es nuestro pan de cada día. Aunque suene a Perogrullo: si hace calor me aso, si hace frío me congelo y si llueve me calo, pero siempre a pie de calle.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Si consigues que no te destinen a un despacho, en mi profesión ser mujer es un reto. La discriminación no viene de tu compañero policía, sino de la ciudadanía. Se sobrevalora la fuerza física y se confía más en el criterio masculino. ¡Vaya desatino!  En nuestras mentalidades, no existe igualdad de género: en caso de accidente todas las mujeres llaman siempre al amigo, al padre, al marido o al hermano.
Con mi pluma, he denunciado la corrupción y el despilfarro en la administración, pero siempre a pie de calle. He señalado a los caciques de medio pelo y bien a mi pesar, he trabajado para políticos corruptos. Con total indefensión he soportado abusos y amaños, todos muy legales, pero siempre a pie de calle.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Yo trabajo con autonomía, sin necesidad de que me digan arre, mientras otros se escaquean o se pluriemplean, en horario de trabajo. Soy voluntaria para todo y con ilusión lidero un grupo de trabajo, que igual vale para un roto que para un descosío. Todos forman una piña aunque estén en boca de todos. No hay quien los desmotive, si los tratas con cariño. Pensarán que no tengo abuela o que soy una Maritornes. ¿Seré un mal ejemplo para mis compañeros? Mujer tenía que ser.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Temas

corrupción, Día del Patrón, felicitaciones, formación, machismo, policía local, San Patricio

Versión policial

Sobre el autor

Sigo con mi "Versión Policial" en un intento por destripar una realidad urbana que el ciudadano en ocasiones apenas intuye. Con "Ficción Literaria" les hago partícipes de mis devaneos con la escritura. Más en mi blog titulado Sexo Exprés emigonzaga.blogspot.com

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