La Verdad
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Autor: sargento emilia
Me too
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sargento emilia | 23-04-2018 | 5:12| 0

Un día te enamoras de un acosador que te promete la luna. Un Don Juan que te hace creer que eres especial y que te convence de que, con él, todos tus sueños se van a cumplir, ya que tus expectativas y tus anhelos coinciden con los suyos.
Te acosa y, te acosa sin disimulo, y con modales seductores que por su atrevimiento, al principio, te dejan atónita. Y te acosa y algo te dice que ese interés que te brinda no es normal. Que esa fascinación que le provocas no puede ser real. Te incomoda tanta insistencia y tanta entrega, especialmente cuando intenta invadir tu perímetro de seguridad. Entonces pides ayuda para escapar de su influjo. Te insinúan que le prepares una encerrona, que provoques situaciones que le comprometan, que recurras a grabaciones y a buscar testigos del acoso. Pero tu odias esas soluciones y entonces empiezas a ceder y te dejas querer. Y ese acoso enfermizo se va transformando en flirteo y entonces ese delito de acoso deja de serlo. Se transforma en un interés correspondido que entra en tu vida con tu permiso. Compartes niños, intendencia y vacaciones e intentas que las cosas funcionen. Pero entonces empieza a controlarte y a competir contigo. Tu vida se convierte en un infierno, en el que la persona que dice amarte quiere ser más que tú. Tus lunares se convierten en verrugas y entonces descubres su frustración de niño pobre. Tu quieres ayudarle y le abres un mundo que él desconoce. Le llevas al teatro, le despiertas el interés por la danza y el deporte, por la lectura. Le presentas a tus amigos y a la gente que te quiere, pero no sirve de nada. Su frustración es crónica. Poco a poco intenta hacerte desistir de tus aficiones, se interpone entre tú y tus amigos y te aleja de tu familia, que es la única que él tiene. Al parecer nadie es digno de ser frecuentado. Tampoco tus vecinos, que te adoran, son adecuados: al parecer pecan de vulgares. Y tus compañeros de trabajo son unos zafios. Y tu sigues adelante intentando apostar por las cosas que te gustan. Pero él se incomoda cada vez que en un evento te reconocen y te muestran admiración por tu escritura, mientras nadie parece saber quien es él. Y tu no te rindes. Sigues luchando por una vida en común, que cada vez se hace más aburrida. Y un buen día, cansada de reproches, tedio y soledad, tomas una decisión. Cambias tus números de teléfono, dejas de ir a los lugares donde sabes que te encontrará, le evitas y terminas una relación que nunca debió de empezar. Y entonces se venga consiguiendo cerrarte puertas: puertas a tus aficiones, puertas a tu imaginación, puertas a tus ocurrencias. Y va levantando muros, intentando anularte en un trabajo, que te apasiona.

Pero sigues adelante, sobreviviendo al huracán de furia y desprecio, hasta que comprendes que siempre es mejor llevarse bien.

Y entonces le consientes durante años, que te llame, que te pregunte por tu vida, por tus viajes, por tus amigos, por tus libros. Consientes que esté presente en tu vida para decirte que se ha convertido en un ser solitario, que te sigue amando y que está convencido de que la culpa, del fracaso de la relación, la tienen los demás. Y haces de tripa corazón cuando intenta cogerte la mano o, medio en serio medio en broma te hace proposiciones deshonestas o te enumera sus incontables éxitos sociales. Y te ríes por dentro, reconociendo de nuevo su frustración, soportando su aliento de hombre incompleto y escuchando una vez más sus mentiras y sus chistes malos, que solo le hacen gracia a él.
Pero tú eres fuerte y sabes que cuando lo mandes a la mierda, por que ya no soportes más ese acoso sexual latente, se vengará sin piedad, te dirá que fuiste un rollete sin trascendencia y que él se merece algo mejor. Él nunca entendió que eres un alma libre, insensible al destierro, a la que no le importa el que dirán y a la que nunca podrá volver a tener. Y es que su sufrimiento de Don Juan revenido no tiene cura, por que el único éxito social que importa es el seguir siendo, a pesar de las tentaciones,  una buena persona.

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Pepe eres tonto
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sargento emilia | 21-03-2018 | 3:01| 0

Para los que están convencidos de que los problemas sociales se solucionan a golpe de partida presupuestaria, les voy a explicar como funciona la administración.
Vamos a suponer que Pepe es un tío honrado. Es el alcalde de un pueblo de 900 habitantes, perdido entre las montañas, de cuyo nombre no me quiero acordar. El hombre vela por el bienestar de sus administrados y procura ser un hombre honrado, como le enseñaron sus padres. Un día recibe la llamada del secretario del ayuntamiento del pueblo vecino. Este le informa de que va a llegar un aviso del gobierno central en el que el ministerio le ofrece la posibilidad de que se le adjudique a su ayuntamiento unos 3000 euros para hacer una campaña contra el maltrato. Pepe, sorprendido, le contesta que en su pueblo no tiene noticia de situaciones de maltrato, ni denuncias por agresión de ningún tipo.
-¿Tú eres tonto Pepe? Si te dan 3000 euros cógelos. ¿Qué quieres que otro espabilao se quede con el dinero?
-¿ Pero qué campaña voy a hacer yo si aquí la mayoría son sexagenarios?
– ¡ Mira que no aprendes! Habla con el maestro. Seguro que a Mariano se le ocurre algo. ¿No ves que si no lo aprovechas tú, ese dinero se pierde?
Y allí que va el señor Alcalde a hablar con el señor Mariano. Este que es aficionado a la pintura se ofrece para hacer unos carteles contra el maltrato, con un presupuesto de 3000 euros, ni un euro mas, ni un euro menos, a repartir entre los dos: uno como editor y el otro como artista. El maestro elige el óleo de un famoso pintor, que representa a una bella doncella semi desnuda, y, ni corto ni perezoso, le añade, de forma un tanto grotesca, unos moretones y unos arañazos. Con la aprobación del Alcalde Pepe, le colocan al cartel unos mensajes pegadizos contra el maltrato, que sacan de internet. Posteriormente el montaje será entregado al único policía municipal, que está destinado en el ayuntamiento, para que haga fotocopias a todo color, en la super fotocopiadora que se compró para el Consistorio, el año anterior. El cartero, previo pago de una simbólica gratificación y armado de cinta adhesiva, será el encargado de repartir las fotocopias en din A2 entre los escasos comercios de la zona, la parroquia, la escuela y los tres edificios municipales (incluido el cementerio).
Ya se da por finalizada la campaña. Es el triunfo de las Instituciones por su eficacia y por su capacidad, incuestionable, para hacer frente a los problemas sociales.

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Viva San Patricio
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sargento emilia | 14-03-2018 | 11:17| 0

Soy rentable para el ayuntamiento. Es lo que tiene ser policía de tráfico. Mi día a día son: denuncias, grúas, accidentes, alcoholemias y controles de documentación. También procesiones, carreras y manifestaciones. He aguantado muchas plantonadas, pero siempre a pie de calle. Con treinta años de servicio y diecisiete de sargento, no tengo vicios pero si muchos defectos. Me apasiona mi trabajo. Aunque algunos ya piensen en la jubilación anticipada, yo no tengo prisa. Trabajando sin bajas, ni desaliento, con nueve meses de embarazo, pero siempre a pie de calle. He estudiado tres carreras y tengo tres titulaciones. Hablo tres idiomas y para la empresa he hecho traducciones. Me apasiona la enseñanza, las charlas y las terapias que motivan. Ser policía a menudo resulta ingrato y desanima. He detenido a muchos malos y he ayudado a muchas víctimas, pero siempre a pie de calle.                 ¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Soy capaz de conducir un coche, de llevar un camión o de pilotar un avión. Monto en moto y en bicicleta. Por la ciudad me desplazo en patinete sin motor. Pensarán que no tengo abuela o que soy una Maritornes, pero siempre a pie de calle. Donde pongo el ojo, pongo la bala y cuando compito, para mi ayuntamiento, gano medallas: nadando, corriendo, disparando o peleando. Soy de ciencias y me chifla la tecnología. El acoso es nuestro pan de cada día. Aunque suene a Perogrullo: si hace calor me aso, si hace frío me congelo y si llueve me calo, pero siempre a pie de calle.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Si consigues que no te destinen a un despacho, en mi profesión ser mujer es un reto. La discriminación no viene de tu compañero policía, sino de la ciudadanía. Se sobrevalora la fuerza física y se confía más en el criterio masculino. ¡Vaya desatino!  En nuestras mentalidades, no existe igualdad de género: en caso de accidente todas las mujeres llaman siempre al amigo, al padre, al marido o al hermano.
Con mi pluma, he denunciado la corrupción y el despilfarro en la administración, pero siempre a pie de calle. He señalado a los caciques de medio pelo y bien a mi pesar, he trabajado para políticos corruptos. Con total indefensión he soportado abusos y amaños, todos muy legales, pero siempre a pie de calle.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Yo trabajo con autonomía, sin necesidad de que me digan arre, mientras otros se escaquean o se pluriemplean, en horario de trabajo. Soy voluntaria para todo y con ilusión lidero un grupo de trabajo, que igual vale para un roto que para un descosío. Todos forman una piña aunque estén en boca de todos. No hay quien los desmotive, si los tratas con cariño. Pensarán que no tengo abuela o que soy una Maritornes. ¿Seré un mal ejemplo para mis compañeros? Mujer tenía que ser.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

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La joven investigadora
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sargento emilia | 13-03-2018 | 1:28| 0

En el instituto le llamaban Penélope l´amour por su belleza inusual y su figura estilizada. Ella podía haber sido lo que se hubiera propuesto, pero decidió dedicarse a la investigación científica. Su llegada al laboratorio de la farmacéutica Milloneti, nada más terminar su licenciatura, fue todo un reto para ella y una oportunidad para demostrar su valía y para reafirmar que no era solo una cara bonita.
Su jefe Arturo era un cascarrabias que pretendía controlarlo todo y que desde luego era incapaz de motivar a los integrantes de los diferentes grupos de investigación, que no le soportaban. El hombre llevaba años amenazando con jubilarse pero, curiosamente, cuando Penélope empezó a trabajar con él, él dejo de hablar de jubilación y se dedicó a trabajar con más ahínco. Obsesionado por blindar las partidas presupuestarias que la empresa le encomendaba, Don Arturo se convirtió así en un gestor aburrido y maniático, al que todos evitaban. Mientras seguía maltratando al resto de los empleados del laboratorio, a la recién llegada le facilitaba todo tipo de material y no escatimaba en proporcionarle las materias primas, necesarias para su investigación.
La joven investigadora tenía que soportar sus miradas lascivas y sus piropos ambiguos cada vez que su jefe entraba en su lugar de trabajo, con la excusa de preguntarle por los avances de la investigación. Ninguno de sus compañeros conocía el objetivo de sus cálculos de proporciones ya que ella había insistido, cuando la empresa Milloneti se interesó por su proyecto, en que sus investigaciones fueran secretas. Pero no pudo evitar que el veterano Don Arturo estuviera informado al respecto.
Lo cierto es que el interés que estaba mostrando por ella, estaba empezando a preocupar a la joven, a pesar de no ser la primera vez que sufría acoso.
El día que su jefe la llamo por teléfono para que se personara en su despacho, Penélope se propuso aclarar la situación y pararle los pies, para evitar cualquier malentendido.
– Pase señorita –le ordenó Don Arturo, con cara de satisfacción. –Le he pedido que viniera para decirle que está usted despedida. Sobra decir que no estoy contento con su trabajo.
– Pero…- intentó replicar la investigador.
– No hay peros que valgan. La empresa Milloneti acaba de rescindir su contrato. Buenas tardes y salga inmediatamente de mi despacho.
La noche del viernes anterior, Don Arturo se había quedado en el laboratorio, cuando todos se habían marchado a casa, para apoderarse de la fórmula en la que Pénelope estaba trabajando. No era la primera vez que lo hacía pero, en esta ocasión, la sustancia llamada provisionalmente TNT Plus había funcionado. Se trataba de un compuesto químico que pretendía estimular la libido femenina.
El sábado de esa última semana, con una muestra en su poder, Don Arturo había invitado a su casa a su vecina, que él apodaba la culona, y que desde hacía años se resistía a sus encantos. Con medio gramo de pócima, vertido en el café, había conseguido disfrutar de una ardiente velada en horizontal, en la que su voluptuosa acompañante se mostró especialmente inspirada.

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Mujer tenía que ser
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sargento emilia | 04-03-2018 | 9:24| 0

Soy rentable para el ayuntamiento. Es lo que tiene ser policía de tráfico. Mi día a día son: denuncias, grúas, accidentes, alcoholemias y controles de documentación. También procesiones, carreras y manifestaciones. He aguantado muchas plantonadas, pero siempre a pie de calle. Con treinta años de servicio y diecisiete de sargento, no tengo vicios pero si muchos defectos. Me apasiona mi trabajo. Aunque algunos ya piensen en la jubilación anticipada, yo no tengo prisa. Trabajando sin bajas, ni desaliento, con nueve meses de embarazo, pero siempre a pie de calle. He estudiado tres carreras y tengo tres titulaciones. Hablo tres idiomas y para la empresa he hecho traducciones. Me apasiona la enseñanza, las charlas y las terapias que motivan. Ser policía a menudo resulta ingrato y desanima. He detenido a muchos malos y he ayudado a muchas víctimas, pero siempre a pie de calle.                 ¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Soy capaz de conducir un coche, de llevar un camión o de pilotar un avión. Monto en moto y en bicicleta. Por la ciudad me desplazo en patinete sin motor. Pensarán que no tengo abuela o que soy una Maritornes, pero siempre a pie de calle. Donde pongo el ojo, pongo la bala y cuando compito, para mi ayuntamiento, gano medallas: nadando, corriendo, disparando o peleando. Soy de ciencias y me chifla la tecnología. El acoso es nuestro pan de cada día. Aunque suene a Perogrullo: si hace calor me aso, si hace frío me congelo y si llueve me calo, pero siempre a pie de calle.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Si consigues que no te destinen a un despacho, en mi profesión ser mujer es un reto. La discriminación no viene de tu compañero policía, sino de la ciudadanía. Se sobrevalora la fuerza física y se confía más en el criterio masculino. ¡Vaya desatino!  En nuestras mentalidades, no existe igualdad de género: en caso de accidente todas las mujeres llaman siempre al amigo, al padre, al marido o al hermano.
Con mi pluma, he denunciado la corrupción y el despilfarro en la administración, pero siempre a pie de calle. He señalado a los caciques de medio pelo y bien a mi pesar, he trabajado para políticos corruptos. Con total indefensión he soportado abusos y amaños, todos muy legales, pero siempre a pie de calle.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

Yo trabajo con autonomía, sin necesidad de que me digan arre, mientras otros se escaquean o se pluriemplean, en horario de trabajo. Soy voluntaria para todo y con ilusión lidero un grupo de trabajo, que igual vale para un roto que para un descosío. Todos forman una piña aunque estén en boca de todos. No hay quien los desmotive, si los tratas con cariño. Pensarán que no tengo abuela o que soy una Maritornes. ¿Seré un mal ejemplo para mis compañeros? Mujer tenía que ser.
¿Dónde están mis medallas y mis condecoraciones? ¿Dónde están mis ascensos y mis felicitaciones?

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Sobre el autor sargento emilia
Sigo con mi "Versión Policial" en un intento por destripar una realidad urbana que el ciudadano en ocasiones apenas intuye. Con "Ficción Literaria" les hago partícipes de mis devaneos con la escritura. Más en mi blog titulado Sexo Exprés emigonzaga.blogspot.com

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