Este verano se presentaba de lo más caluroso, tedioso y triste. Sin un euro en el bolsillo, sin perspectivas de ganarlo y con la sola ilusión de ver las Olimpiadas por la tele, Juana y yo planificamos nuestra estancia en Torrevieja como si fuéramos ricos. ¿Ricos? Claro, aún me acuerdo de la frase que me dijeron un día: “¿Vacaciones? No, hijo, no. Eso es para los pobres. Los ricos disfrutamos todo el año”. Trabajando, pero descansando en un precioso ático en Torrevieja. Sin dinero ni para un helado, pero navegando en un entrañable barco. Cambiando de canal de televisión en cuanto hablan de “primas” o “primos”, pero haciéndonos ilusiones de salir en la tele… ¿Salir en la tele? Fernandico, Fernandico, ¿es que no has tenido ya bastante? Pues no. Va a ser que no. Todo empezó hace un mes, cuando recibí un correo electrónico en el que me invitaban a participar en el cásting de un programa de viajes. Respondí, me pidieron un vídeo, lo hicimos aquel mismo día sin pensarlo mucho… El vídeo pesa demasiado para colgarlo en este Blog, por lo que pongo el enlace a Youtube:
No debió salir del todo mal, porque el caso es que nos seleccionaron. ¡Y hemos disfrutado de VACACIONES EN NUEVA YORK! Acabamos de regresar, y tengo que decir que la experiencia ha sido fantástica. Ahora solo falta ver cómo sale reflejado en la tele… ¿Cuándo, dónde? En ANTENA 3, programa “Muchoviajeros”, el jueves día 9 de Agosto (si no hay contraprogramación…) a las 12 de la noche.
Obviamente, no hemos viajado solos. El programa pretende mostrar tres maneras diferentes de visitar una ciudad, por lo que escogen a una pareja (en este caso, Juana y yo), una persona sola (nuestro ya entrañable amigo David) y a una familia compuesta por pareja y dos niños (los simpáticos Ángela, Samuel, Rosa y Fernando). Además, también hemos compartido viaje con el equipo de profesionales que han hecho posible el programa. Estaba compuesto de tres técnicos (dos cámaras y un operador de sonido), una directora de producción y una redactora-directora de contenido. ¿Sus nombres? A ver, es que esto ha sido uno de los puntos difíciles porque… En fin, “ellos” componían el trío de “Javier al Cubo”, porque así decían nombrarse los tres. Qué originales, ¿verdad? No hubo más remedio que ponerles motes. Al cámara más grandullón, que igual arrasaba en una tienda de electrónica regentada por judíos con tirabuzones que solucionaba cualquier problema técnico con sus multiherramientas “made by himself”, fue fácil redenominarle: McGyver. Sé que no es muy original, y que físicamente se parece al actor que encarnaba ese papel en la serie de los 80 lo mismo que yo a George Clooney, pero… ¿Y si a alguien se le ocurre ponerme el mote de Clooney? A mi no me molestaría. El otro cámara parecía una mezcla de Astérix el Galo (llevaba perennemente unos pantalones a cuadros azules y blancos que debieron pertenecerle) y Fernando Alonso. ¿Fernando Alonso? ¿Era muy rápido, se ligaba a modelos espectaculares, conduce un Ferrari? No… Es que los dos son asturianos. Pues eso, se quedó con El Asturiano. Y el técnico de sonido, ¿cómo llamarle? Mira que intentamos sonsacarle algo, hablar sobre el tiempo, fútbol, física, metafísica… Nada. Yo creo que es sordo. Siempre con sus cascos puestos, no hubo forma de arrancarle una palabra, ni una contestación. Sus compañeros le llamaban Látigo, así que se quedó con ese mismo. La verdad es que nunca he visto a ningún látigo que hable, por lo que tiene cierta coherencia. Las chicas del equipo no tenían por qué tener mote, porque no se llaman Javier. Ninguna de las dos. La rubia soñadora se llama Meritxell, y la morena pizpìreta es Chiara. Pero, ay, aquí entra en escena Juana y sus idiomas. Mi querida Juana habla español, que no castellano… Y para de contar. Ni catalán, ni italiano, ni inglés, ni la madre que la parió. ¿Cómo pueden pretender que pronuncie la “tx” catalana o la “ch” italiana? Va a ser que no… Así que Meritxel se convirtió en Merigel, y Chiara (con la inestimable ayuda de nuestro amigo David, otro políglota) en Merichampú. Con “ch” española, por supuesto. Desde aquí quiero mandar un abrazo muy fuerte a los cinco, y agradecerles de todo corazón su enorme trabajo y paciencia con todos nosotros. Si este programa es posible, es solo gracias a ellos. Nosotros, los que viajamos por la cara, somos mera anécdota. Un beso a todos (bueno, al “Látigo” no, que no se entera) y espero que esta broma (con motes incluidos) os haya hecho sonreír.
¿Qué decir de la familia? Que son un encanto, aunque casi no hayamos compartido momentos. Por horarios de grabación no hemos podido coincidir demasiado, incluso acabo de darme cuenta de que no tengo ni una sola foto con ellos. ¡Mecachis! De todas formas, sé cómo localizarlos, y confío en coincidir pronto con ellos. Porque… ¡son estrellas de verdad! Rosa, la madre, es la excelente actriz Rosa Merás, dueña de la Productora Arteatro, y a la que le esperan muchísimos éxitos teatrales para acumular a su ya dilatada carrera. No os la perdáis en su divertido papel de “Elicia”, en la obra de teatro “La Celestina”, junto a Gemma Cuervo. Fantástica. Y Fernando, mi tocayo, es dueño junto a sus hermanos de LOS MEJORES restaurantes vegetarianos de Madrid. Se llaman “Artemisa”, y tenéis información completa de ellos en www.restaurantesvegetarianosartemisa.com.
Ahora toca hablar de nuestro amigo David. Nos conocimos en Barajas, justo a la vez que conocimos al resto del grupo. Pero desde el principio surgió cierta empatía, quizá provocada por el propio David, quien –al enterarse de que Juana y yo ya habíamos cruzado el charco unas cuantas veces- dijo: “No me separo de vosotros en todo el viaje”. Cumplió su promesa, obviamente solo en los ratos libres en los que podíamos coincidir. No obstante, la evolución fue notoria: llegó a Nueva York como humilde persona de Valdebótoa (Badajoz) que apenas había salido de su tierra, y salió de la Gran Manzana como el nuevo Deivid, ligón de camareras, experto degustador de “Dry Martinis” y ferviente admirador del Arte Egipcio. ¿Egipcio? Hombre, es que para poder admirar suntuosas estelas funerarias, soberbias esculturas de faraones, sarcófagos y momias, hasta tumbas o un mismísimo templo no hace falta viajar a Egipto. Basta con hacer unos cuantos miles de kilómetros más y admirarlo en el Metropolitan Museum of Art. Total ná, amigo Deivid. Un abrazo y –si lees esto- acuérdate del jamón que nos tienes prometido.
¿No he dicho nada del viaje? ¿Qué vimos? ¿Qué hicimos? Es verdad, no lo he hecho. Pero, para eso, mejor esperamos a ver el programa por la tele. Después, ya habrá tiempo para más cosas.


