
No tengo inconveniente en que existan colegios e institutos privados concertados o sin concertar. Si el nivel de preparación de los alumnos es bajo, eso quedará de manifiesto en la selectividad, los alumnos suspenderán en masa y el colegio en cuestión quedará en evidencia. Pero la universidad privada presenta una serie de características, que la convierten en una institución más que cuestionable.
En primer lugar, el requisito básico que se exige a los alumnos, es pagar. No importa la nota obtenida en el instituto o en la selectividad, quien paga entra en esa universidad. Si se es pobre y se tienen unas notas bajas, no se puede acceder a ciertas titulaciones, sin embargo eso no es un problema para los ricos, ellos pagan y solucionado. De esta forma tenderemos a crear una injusticia social, ya que los que acceden a las profesiones más cualificadas no son los mejor preparados, si no los más acaudalados.
Después de pagar la sustanciosa cuota del curso, difícilmente la universidad privada se va a atrever a suspender a alguien que ha pagado religiosamente. La ineptitud y dejadez del alumno hacia las asignaturas suspendidas, debe ser totalmente clara y manifiesta. Mostrar cierto interés y esfuerzo, acaba siendo suficiente para aprobar la mayoría de las asignaturas. Las universidades privadas son entidades orientadas a la obtención de un rendimiento económico, para mantener su estructura y un legítimo beneficio. Suspender a la gente, no es la mejor estrategia para el negocio.
Seguro que de la universidad privada salen un montón de titulados perfectamente preparados, pero nadie puede poner en duda que también obtienen esos títulos muchos alumnos que, en condiciones normales nunca lo harían, bien por no haber obtenido la nota suficiente en bachiller y selectividad o porque no son capaces de asimilar la cantidad de materia que habitualmente se imparte en una universidad pública. Esto no es bueno para la sociedad y a los únicos que beneficia es a los que tienen montado el negocio de la universidad privada y a las familias acaudaladas, que consiguen que sus hijos, a pesar de no merecerlo, obtengan una titulación universitaria.
Si tuviera que hacer una selección de personal, de un puesto que requiriese titulación universitaria, pondría en la parte inferior del montón de curriculums, a los que hubieran obtenido su título en una universidad privada. La probabilidad de que sea una persona de inferior capacidad a los que tienen el título de la universidad pública, es demasiado alta como para arriesgarse.
En otra ocasión disertaré en profundidad sobre el porcentaje de suspensos, entre los que han asistido a todas las clases, en los cursos para obtener un Master.
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