NO A LA DEPILACIÓN MASCULINA

Este es un mensaje dirigido a los hombres heterosexuales del mundo, por lo que quienes no se sientan miembros de ese grupo posiblemente no estén interesados en lo que sigue.

En los últimos años se ha puesto de moda que los hombres se depilen. Al principio comenzó como una cosa de deportistas o modelos, pero esta práctica se ha ido extendiendo y cada vez son más los hombres que se depilan la totalidad de su cuerpo. Estoy de acuerdo con que es una costumbre higiénica, saludable y estética, pero también es cierto que no es imprescindible. Llevamos siglos sin depilarnos y no hay una necesidad real de hacerlo.

Las mujeres se encuentran divididas en cuanto a si prefieren a los hombres peludos o depilados. Aunque existiera una mayoría que los prefiriese depilados, lo cierto es que, por el momento, se conforman con los hombres naturalmente peludos. No conozco casos de mujeres que exijan a su pareja que se depile, por lo que deduzco que todavía no es algo realmente importante para ellas (de momento).

Nunca me he depilado, como la mayoría de los hombres, pero llevo años escuchando las penurias e inconvenientes que el proceso de depilación les supone a las mujeres. Teniendo en cuenta que los hombres tenemos más densidad de vello que las mujeres y que tenemos muchas más partes que ellas con vello, no quiero ni imaginarme la cantidad de dolor, escozor, picores, dinero y tiempo, que les supone a los hombres el depilar todo su cuerpo.

Entiendo que haya hombres a los que ese sacrificio les merezca la pena, pero la mayoría no estamos dispuestos a pasar por ese calvario. En principio, deberíamos respetar la libertad individual de aquellos que deciden depilarse, pero indirectamente nos están fastidiando a los demás. Están contribuyendo a popularizar esa costumbre y, como esto siga así, llegará el momento en el que los que no nos depilemos, seremos considerados como unos cerdos, descuidados y desaseados.

Pero aún estamos a tiempo de parar esta nueva moda. Todos unidos podemos conseguirlo, si nos dedicamos a desprestigiar a aquellos que se depilan. En primer lugar habría que poner en duda la virilidad de todo aquel que se depile. La depilación era algo exclusivo de las mujeres hasta hace poco y la comunidad gay adoptó esa costumbre en su mayoría, por lo que hay argumentos suficientes para desprestigiar esta práctica y que vuelva a ser considerada como algo propio de mariquitas. Por otro lado se debe engordar artificialmente todo lo relativo al dolor de la depilación, picores al salir nuevo pelo, peligros de infecciones, pelos que crecen hacia adentro, frecuencia con la que hay que repetir la depilación, etc. Todo debe parecer un inconveniente y, no está de más, inventarse algún añadido que se nos ocurra, para propagar rumores que hagan dudar, aún más, a los que se planten depilarse.

Si no reaccionamos ahora ¿qué será lo próximo? ¿usar cremitas para la cara? ¿ver telenovelas? ¿orinar sentados?

En otra ocasión disertaré en profundidad sobre las diversas formas de combinar el macramé con el encaje de bolillo.

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