Al sol siéntate y abdica

Juan Bosco decía que estar de vacaciones era tan fácil como cambiar de actividad. Acabaron haciéndole santo, seguro que por mucho más que por esa frase pero lo cierto es que no le faltaba razón. Si nuestros habituales trabajos permitieran ese cambio de actividad de cuando en cuando, probablemente no se nos haría necesario tomar vacaciones, con lo que parece obligado concluir que la rutina es inherente al trabajo ya que todo el mundo de una manera u otra pretende disponer de sus vacaciones y la renuncia generosa es más bien escasa.

Vacaciones Sensei Ti

Autor: Andrés Nieto Porras licencia CC 2.0 https://www.flickr.com/photos/anieto2k/

 

Una vez escuché al fundador de la Razón, Luis María Ansón, decir que uno de sus secretos era no haber tomado vacaciones en toda su vida y eso me sorprendió más que el resto de contenidos de la entrevista porque aun estando uno apasionado con lo que hace parece que se acaba haciendo necesario ese cambio de actividad y nada mejor para cambiar de actividad que estar de vacaciones. En mis treinta y pico años de vida laboral me he encontrado con casi de todo. Recuerdo un empleado de banca que contaba los años desde el día que volvía de consumir su mes  de agosto completo y seguido de vacaciones y al volver decía, me faltan 364 días para el año nuevo, debo reconocer que provocaba en mí cierta compasión porque consumir vida en formato 12:1 tiene que ser como poco complicado y reconozco que eso nunca me ha pasado.

 

No es menos cierto que a medida que uno va cumpliendo años casi todo va ganando dosis de rutina y por tanto de pérdida de lo novedoso, del cambio de actividad que decía el santo; y cuando digo rutina me refiero a sinónimo de previsible y lo previsible lo es más cuanto más ganamos en conocimiento. Si sabemos, si conocemos, podemos hacer mejores previsiones, acertamos más, todo es más previsible y seguramente mas rutinario en la parte que lo rutinario tiene de aburrido por eliminación a la contra del factor sorpresa.  ¿Serán tal vez las dosis de incertidumbre las que alimentan esa parte de desconocimiento sorpresivo que necesita el ser humano? Sin embargo, al final todo el mundo pretende la seguridad y esa también es sobrina-nieta de la previsión, otra cosa es que sepamos  qué hacer con ella una vez la tenemos en la mano ganada y conseguida como resultado-efecto de nuestras acciones-causa previas.

 

Al final, lo que pretendemos cuando nos enfrentamos a los diseños del software de gestión es que en base a una serie de datos suministrados, un sistema informático sea capaz de entregar información para que alguien, -el empresario- con esa información, tome las decisiones más adecuadas, las que doten de más seguridad a la empresa, las que generen mejores previsiones de futuro, en definitiva, las que permitan no tener que cambiar de actividad, continuar con lo conocido y, en palabras del santo, equivaldría a seguir no teniendo vacaciones la empresa, que es de lo que se trata, porque una empresa que se va de vacaciones, mal asunto.

 

Aunque la empresa sea un ente vivo, no es una persona y como tal no está sujeta a las mismas leyes, normas o necesidades,  así que ella no puede marcharse de vacaciones para que nosotros, los que vivimos de ella, con ella,  alguna vez podamos hacerlo, aunque sean unos pocos días al año. Así que la única forma de irte algún día de vacaciones, es conseguir que tu empresa no se marche ni un solo día.

 

Cuando termino de escribir este artículo, Pessoa se deja leer por las calles de Lisboa: Coge las flores, mas déjalas luego caer / apenas miradas. / Al sol siéntate y abdica / para ser el rey de ti mismo. 

Tranvía en Lisboa | Javier Pedreño | Sensei Ti

Tranvía en Lisboa. Autor Javier Pedreño

un ERP para toda la vida: Contra la obsolescencia programada

Seguro que muchos de vosotros habéis visto circular por las redes esa famosa foto de una pareja de ancianos que revela que el secreto de estar 60 años juntos es que les habían enseñado que cuando algo se rompe, se arregla y no se tira. En 1908 se encendió una bombilla en California y a día de hoy ahí sigue cumpliendo su función 106 años después. Si tuviera que levantar la mano quien tenga una lavadora o un frigorífico funcionando sin que haya sido  sometido a la visita del servicio técnico entre los fabricados hace diez años, serían muy  pocos por no decir ninguno. Cuando el SAT de turno acaba su trabajo y después de la factura de 150 euros, te intentan explicar lo de ‘esa pieza es que suele romperse cuando pasan 7 años…’

Sensei Ti: pareja de ancianos tres 60 años de casados

No hace mucho surgió en España un movimiento llamado SOP ,http://www.movimientosop.org  que intenta hacernos partícipes de las presiones a las que estamos sometidos por culpa de haber diseñado un sistema basado en el puro consumismo, en el tirar y reponer y que reclama a los fabricantes que vuelvan a fabricar bombillas como las que se hacían en 1908, que no se fundían, por si fueran capaces de hacerlo 107 años después, que lo mismo las tecnologías no han degradado lo suficiente como para que fuera imposible no repetir lo que se hacía hace un siglo y  con los mismos atributos.

No quiero añadir el discurso demagógico y no por ello menos cierto, del asunto del planeta, del aire,  del no caber en las ciudades y esas cosas que no nos preocupan demasiado porque nuestra forma de funcionar se ha vuelto tan cortoplacista que mañana es una palabra que tiende al infinito si consiguiéramos conjugarla, sobre todo para nuestros jóvenes, que si los encuentras mañaneando es solo porque ayer se les hizo algo tarde no estando seguros que el día siguiente fuera o no a aparecer en su horizonte. Si no hemos sido capaces de darles futuro, no podemos quejarnos de que mañana sea una quimera de casi imposible conjugación en el verbo de un inevitable tránsito presidido por orejeras y vendas mal amarradas.

La responsabilidad de crear un ERP para toda la vida

Cuando uno tiene la responsabilidad de fabricar software, también se plantea seriamente estos extremos y teniendo en cuenta que no podemos hacernos independientes a los sistemas operativos, sí que tenemos la obligación de plantear sistemas que no hagan necesario tirar un software cada siete años. En Sensei hay una frase repetida que preside nuestras acciones comerciales en el cara a cara con el cliente: ‘queremos que sólo tengas que comprar un ERP en toda tu vida’ y lo decimos completamente en serio. Las versiones que aparecieron en 1987, claro que no estarían adaptadas a funcionar en el 2014, entre otras cosas porque el sistema operativo no lo permitiría, y si lo permitiera diría algo malo de nosotros y demostraría que no habríamos estado a la altura de aplicar las mejoras que tecnológicamente ofrecen los sistemas de hoy. Entonces ¿cómo hacer para que un software no entre en obsolescencia, ni programada ni no programada? pues garantizando al cliente que permanentemente adaptaremos el sistema, lo mejoraremos, lo reescribiremos para que en cada momento esté disponible en los lenguajes y medios técnicos requeridos para ser útil en el momento actual.

artículo sobre la obsolescencia programada en blog Sensei TI

Si a los fabricantes de electrodomésticos se les atribuye por algunas organizaciones el estar incluyendo despiece programado para romperse en unos años, porque es el único modo de seguir vendiendo frigoríficos, en el software este hecho parece inherente al producto, que inevitablemente se verá siendo viejo en unos años, pero en Sensei hemos encontrado el modo, de aun estando en la naturaleza de este elemento el hecho de nacer destinado a ser obsoleto en un plazo breve, poder remediarlo. Dentro de la cuota de mantenimiento que el cliente paga anualmente para hacer uso del soporte técnico, hay una parte que destinamos a que la obsolescencia no forme parte del horizonte de nuestros productos. Entregamos versiones nuevas adaptadas a los nuevos medios del producto software contratado a quien tiene en vigor los servicios de mantenimiento. Por eso podemos afirmar que nuestros clientes probablemente comprarán un solo software ERP en toda su vida. Pero lo peor de este asunto no es que la obsolescencia llegue a la informática por las importantes mejoras que suponen los nuevos ordenadores o microprocesadores con los que el mercado nos inunda cada año, sino que también forma parte de esa cadena que nos obliga al consumo impuesta por los medios hardware o sistemas operativos.

fotografía del ERP Swin de Sensei Ti

Y todo esto viene, porque ayer un viejo amigo me chateaba desde su Cuba natal y me decía que todavía tenía funcionando una motherboard que le entregué hace unos 15 años… que ese micro AMD Duron que incorpora funciona como un cañón, que lo mantiene unido con pasta de dientes a la placa y que va renovando la de dientes cada seis meses porque allí no se puede encontrar pasta térmica, lo peor es que espera que le dure otros diez años más no se si por cariño a una máquina que te ha acompañado cada día durante 15 o 20 años o porque el horizonte para alcanzar una nueva es aún más tenebroso que el de nuestros jóvenes. En todo caso, cumple su función hoy igual que hace 15 años, cuando fue fabricada habiendo añadido sólo un poco de pasta de dientes pero mucho cuidado y más cariño.

Del Commodore Vic-20 al CRM en la nube: Tierra a la vista

No está claro en qué momento tomé la decisión. Supongo que es de esas que tienes tomada de toda la vida, de todas las vidas, o tal vez esas que son ellas las que te toman a ti y te das cuenta en el momento en el que crees que eres tú el que manda en tus cosas. Otro atrevimiento de los muchos que tiene la especie humana. Con uno de mis buenos amigos discutía casi siempre la misma cosa: si hubiéramos nacido en el siglo XV seriamos navegantes o descubridores, como nacimos en el XX no queda otra que ser empresario. Tampoco se bien cómo empezó la cosa de la informática que nos ha llevado hoy a Sensei; en 1981 había pocos bytes sueltos, lo que sí había eran mucho trabajo en el campo y muchos frutos que recoger. Las primeras pesetas que conseguí ganar sumando cajas de albaricoques recolectadas las malgasté -decía mi madre- en dos cosas: una cámara de fotos Nera 300 y un Commodore Vic-20.

La primera "máquina" de Sensei TiLa cámara tenía uno de aquellos fotómetros de aguja que te indicaban un valor y tú tenías que conseguirlo ajustando la exposición y la velocidad si querías que saliera bien de luz. El Vic-20 era más espectacular, venía con 5KB de RAM pero como necesitaba 1,5KB para el sistema sólo dejaba 3,5KB para el usuario, (3583 bytes exactamente)  con eso y una cassette para grabar y cargar datos intentábamos programar un código que permitiera mantener el saldo de una cuenta grabando entradas y salidas, una salvajada que funcionaba. Se tardaba tres veces más que hacerlo a mano, pero no había que sumar y restar, lo hacía cuasi milagrosamente una máquina. Ahora, un móvil malo es 5 o 6 millones de veces mayor en capacidad que aquella máquina milagrosa, pero no sé si hacemos 5 o 6 millones de veces más cosas con él. La escasez siempre fue buena para la inventiva y lo aburrido de la abundancia es inversamente proporcional a la genialidad, al menos, eso creo.

Entre 1983 y 1987 empezamos a sustituir sistemas de contabilidad manual de fichas por los primeros PET de Commodore con unas aplicaciones donde todo era verde en pantallas monocromáticas y registros que se guardaban en discos flexibles o duros de 5 o 10 MB y no fue hasta 1990 cuando una interface gráfica de usuario (GUI) de Microsoft asombró al mundo con la primera versión de Windows 3.0 y todos cambiamos la forma de relacionarnos con las máquinas. Desde ahí hasta hoy, un pis pas de tiempos transitados, de avances tecnológicos, de corre que te pillo y  más de lo mismo o de lo mismo pero más veces.

 

Presentación  en 1994 de lo que ahora se llaman ERP y CRMSiempre creo que lo que recorrimos en los 80 y primeros de los 90 no lo recorreremos por viejos que nos marchemos de aquí y cuando pienso en el precio, me quedo anclado en el esfuerzo. Cuánto esfuerzo para conseguir cada cosa, nadie a quien acudir, nadie a quien preguntar, ningún Google en ningún internet, -porque hubo un tiempo en que no existía internet- todo basado en la prueba error de las cosas, de las causas, de los efectos, y me reconforta siempre la experiencia del solitario solidario que tan bien describe Antonio Gala y ahora  recorro la misma universidad a la que nunca pude llegar, la que nunca fui capaz de entender cuando me lo explicaban y que cuando lo intenté a los cuarenta cumplidos, no conseguí ni el mínimo cinco raspado para la asignatura de contabilidad, la misma que hoy se imparte para los master de postgrado con los ERP y CRM creados por nosotros, mientras envueltos entre papel pijama con el que nos tapábamos noches y madrugadas en el viejo sofá de nuestra primera oficina, se recorrían bytes y líneas de código punteando una a una hasta cuadrar la caja de la pizza que siempre nos parecía descuadrada.

Daría lo que he aprendido por poder contribuir un poco a que a otros no tengan que padecer tanto esfuerzo, tantas veces inútil, para llegar tarde a donde nunca pasa casi nada. Lo que pasa por nosotros, lo que nos recorre, es lo único que verdaderamente hemos recorrido. Hace unos meses se cumplieron treinta años de la apertura de la primera persiana, hacían falta cuatro manos para levantarla, las de hoy son automáticas, casi te acercas y están abriéndose solas, como si mandaran ellas,  sin embargo una vez que traspasas la puerta es la misma incertidumbre la que te inunda, la que preside el ritual y provoca el mismo hormigueo en tus piernas cargado de dudas en tus entrañas, como cuando el navegante percibe a lo lejos sobre el horizonte torretas de nubes y aun a riesgo de equivocarse grita seguro ¡tierra a la vista!, porque sabe que lo que veremos es el resultado de lo que deseamos ver y en el empeño de conseguirlo se afianzan los días, los meses y los años, como si el tiempo fuera la excusa.

La oficina y el Call Center de Sensei Ti en pleno funcionamiento en 1992

 

 

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