Una nueva forma de comunicación en ciernes

Buenos días a todos. Lo primero, bienvenidos a la nueva plataforma de blogs. Como usted, yo tampoco entiendo nada por ahora. Sin embargo, es probable que con el tiempo nos acostumbremos a utilizar la nueva aplicación y en el futuro no entendamos cómo vivíamos sin ella. Después de todo, es lo mismo que nos ocurre con todo en la vida. Uno no quiso sustituir el Messenger por el Facebook, y ahora sólo puedo decir ¿meesenqué?. Uno jamás quiso cambiar a los Caballeros del Zodiaco por Phineas y Ferb, pero ahora me parecen graciosos los jodíos. Después d ejugar toda la vida al Mario Bross y al Sonic, tuve que ser separado de una Game Boy con una espátula para dejar de jugar al Pokémon… En fin, y así sucesivamente.

Después de un año sin actualizar, he pensado que una buena excusa para retomar la actividad es esta renovación. En realidad, eso de escribir habitualmente me cuesta. No es porque no me guste, si no por que creo que para escribir es necesaria una buena fuente de inspiración. Teniendo en cuenta la naturaleza de este blog, que es hablar de cosas sin aparente sentido, todo tiene que surgir de una foto que algún anónimo te hace llegar, o de una anécdota que te pasa por la vida. En fin, ahí va:

León bostezando

Un león descansa con un balón de fútbol entre las patas delanteras en Sudáfrica, como promoción del mundial de fútbol. EFE

Hoy voy a hablar de los bostezos. ¿Porqué no? Hay mucha gente por ahí hablando de fútbol,  de política y de Supervivientes, pero nadie se acuerda de un tema como los bostezos, que nos han acompañado invariablemente en los momentos más aburridos de nuestras vidas. La presencia del bostezo siempre nos emociona. El bostezo más humilde hace que se nos salten las lágrimas, e incluso atrae a otras personas, que te preguntan preocupadas por si te pasa algo. “No, es que he bostezado”, contestamos algo avergonzados. A veces, tiramos del bostezo como excusa, porque sí que nos pasa algo, pero no queremos contarlo.

En fin, en realidad hoy quería hablaros de bostezos porque acabo de formular la teoría de la transmisión de bostezos. Ya sabéis eso que dicen de que Newton descubrió la gravedad cuando descansando debajo de un árbol le cayó una manzana en la cabeza. Una acción casual desembocó en un importante descubrimiento. Lo mismo me ocurrió a mí yendo hacia el trabajo el otro día. Me crucé con otro conductor que viajaba en dirección contraria. Ya sabéis, la rutina, el dormir poco… el hombre bostezó justo cuando se cruzaba conmigo. Un segundo lleno de sensaciones después, el hombre siguió su camino y nunca más se supo. ¿Nunca más? No, el tipo había dejado una huella duradera en mí. El hombre es muy solidario para algunas cosas, y yo le respondí con otro bostezo digno de la Metro Goldwyn Mayer‏. Él nunca lo supo, porque su tiempo había pasado ya. Mientras bostezaba, me crucé con varios coches en dirección contraria, cuyos conductores me verían. Yo no supe qué hicieron, pero tal vez, más de uno fue solidario.

Y ahí es cuando los engranajes empiezan a funcionar. Está claro que hay un tipo de bostezo que surge del aburrimiento más extremo, de forma espontánea. Ése es nuestro, nuestra creación. Sin embargo, el bostezo que di en el coche no era mío, me lo había prestado un conductor inocente, pero es posible que tampoco fuera suyo. ¿Dónde se originó el bostezo? ¿En qué ciudad, país, continente o galaxia? De ahí, surgen varias hipótesis que nunca me molestaré en confirmar:

  • Existe un bostezo primigenio, que nadie sabe quién inventó, que recorre el mundo desde tiempos inmemoriales.
  • Los animales también bostezan, así que puede que el bostezo sea un virus de origen animal.
  • El bostezo es un tipo de mensaje que puede transmitirse a gran velocidad y de forma gratuita. Si aprendemos a dominarlo y dividirlo en matices atendiendo a criterios como el tono, la apertura de boca o la sonoridad, riete tú del iPhone.

Y eso es todo, que ya es bastante.

¡Hale, adiós!

 

Gato aplastado, no resucitado

Lo bueno de trabajar en un periódico es que a veces, sin comerlo ni beberlo, te llegan grandes instantáneas del mundo. He aquí una gran foto que compartió con nosotros un usuario, a la que tituló, acertadamente, GATO PINTADO NO RESUCITADO.

Como comentaba nuestro usuario, dicha foto está tomada frente a la Ciudad del Transporte de Murcia, y nos hace preguntarnos si tan difícil era apartar el cadáver para pintar bien. Una gran obra de arte realizada por unos auténticos profesionales de la pintura.

Lo cierto es que ante un obstáculo en la vida, uno puede desviarse e ir por otro camino, o tal vez afrontarlo y saltarlo. Los pintores de carreteras parecen haber descubierto otro modo de reaccionar: hacer como si no estuviera allí.

Y ahora, a pensar.

¡Hale, adiós!

Va de pendientes

Hola, mis queridos fan/fan y medio (perdonad si me dejo alguno, es costoso contar entre las masas). En primer lugar, disculpad mi tardanza en actualizar (¿tardanza? ¡esto es abandono!). A ver si a partir de ahora, que nos destacan en la portada de blogs, me obligo a hacerlo todas las semanas.

Hoy he encontrado por mi PC esta foto de un campo de fútbol. Últimamente a mi querido Real Murcia le cuesta mantener su portería a cero, y aunque he sugerido que los partidos duren 80 minutos (probablemente así estaríamos en ascenso), me dicen que probablemente no aceptarían la medida. Por eso, propongo este tipo de campo como alternativa, tal vez hayamos dado con la solución.

Y es que, por alguna razón, hay veces que no aceptamos las leyes de la naturaleza. Se me ocurren diversos ejemplos, como aquel que se queda calvo cual bola de villar y se deja crecer el pelo que le sale detrás de una oreja para peinárselo hacia el lado contrario, o esa sensación que tenemos todos cuando a alguien que nos cayó bien en una película lo cosen a tiros; “tal vez sobreviva”, pensamos. Ya, catorce tiros son muchos tiros, pero, ¿quién sabe?

Pues eso. Al tipo o tipa se le metió entre ceja y ceja que su pueblo de montaña tenía que tener un campo de fútbol, y no hubo quien lo parase. Eso sí, tal vez le pudiesen haber sugerido una pendiente no acabada en lago, ¿verdad?

¡Hale, adiós!

Soñar es gratis

Realmente, no podemos negar que, de vez en cuando, todos cerramos los ojos y nos ponemos a volar a un mundo con viajes, casas, coches, salud de hierro y amores perfectos. Ante esta situación, los seres humanos tendemos a decirnos a nosotros mismos aquello de “sé realista” o “ten los pies en el suelo”, y cositas así.

Supongo que es verdad, porque si no viviríamos frustrados toda la vida. Sin embargo, no está mal de vez en cuando echemos una canita al aire (¿qué puñetas será una canita?) y tengamos nuestro momento, ¿no? Algo así como fardar por un día con el Ferrari del vecino, o tener aparcado un cochazo en nuestro garaje. Después de todo, muchas veces no es que queramos tener las cosas, simplemente queremos que la gente crea que tengamos esas cosas.

Así de absurdos somos los seres humanos.

¡Hale, adiós!

La sinceridad y el futuro

¿Es un pájaro? ¿es un avión? ¡No! ¡Alguien ha vuelto a actualizar!

Queridos e imagino que ya escasos lectores:

Soy consciente de que un mes pasa volando, pero creo que si sois sinceros y exploráis en vuestro interior, en realidad descubriréis que teníais muchas ganas de que este blog se actualizara ya de una vez, así que me he puesto manos a la obra en este maravilloso jueves de noviembre. ¿Y porqué no?

Hace tiempo que encontré esta foto por ahí y me hizo pensar en varias cosas. La foto, tomada en Pamplona durante los sanfermines, podría pertenecer a cualquiera de nuestras cochambrosas ciudades. ¿Quién no se va a tomar un café al centro y se pasa media tarde hablando con sus amigos y media tarde diciendo “no llevo suelto”, “no, gracias” o, simplemente, ignorando con todas sus fuerzas a los molestos seres humanos que nos interrumpen para pedirnos cualquier cosa?

Y es que, cómo somos. El otro día, sin ir más lejos, un hombre bajito y barbudo me abordó por la calle. Casi como el que siente un pellizco, reaccioné al instante con un “no, no, no”. La traducción podría ser “no llevo”, “no me interesa”, “no lo sé”, o “no me haga daño, por favor”. En cualquier caso, siempre empezamos por un no. El hombre, sin embargo, no se amedrentó con mi negativa, y lanzó su osada pregunta:

- ¿Me puede indicar usted dónde queda la Plaza Circular?

Realidad 1-Tacaño miserable 0

En cualquier caso, es verdad que una excusa que solemos poner es que nos fastidia que nos mientan. ¿No estáis cansados de que alguien os pida un euro para el autobús, que se ha quedado sin nada y tiene que ir a nosequé pueblo urgentemente? ¿Es que la gente no piensa en eso cuando planifica su jornada?

Pues eso, un poquito de sinceridad. Sea lamentable o no, lo cierto es que estos pordioseros que vemos en la foto se forran cada vez que salen a la calle, viajan por toda España, están organizados y tienen su propia página web en dos idiomas: www.lazybeggers.com

Si no sabéis porqué les hago publicidad, no es más que para otorgaros ánimo y excusas ante las típicas frases de “hay que hacer una carrera universitaria”, “si no estudias no llegarás lejos” o esa curiosa idea de que ser ingeniero es mucho mejor que ser barrendero.

No puedo más que idolatrar a la gente que se ha hecho famosa o rica sin hacer absolutamente nada (porque quiero ser como ellos, claro).

¡Hale, adiós!

Me voy con la casa a otra parte

Hola, mis injustamente abandonados compañeros!

Puesto que soy periodista, y como les pasa a los médicos, los que llevan un kiosko o los policías, por ejemplo, resulta que Dios me castiga por mis pecados en otras vidas (quizás cuando fui algún ser asqueroso, como una cucaracha, una lombriz o un perro) y me hace trabajar los fines de semana. Concretamente ahora los hago esporádicos, pero me pasé ocho meses trabajando por sistema fines de semana y festivos. Sé que podría ser peor, soy consciente de ello, y admiro a aquellos que lo hacen toda la vida.

En cualquier caso, no es fácil trabajar el fin de semana. La gente vuelve de fiesta cuando tú vas a trabajar y progresivamente te quedas sin amigos (-a lo mejor la razón es que eres estúpido- me apuntan mis queridos amigos). En cualquier caso, lo único que me aparta de ideas drásticas como el suicidio o engancharme a cualquier telenovela venezolana es escuchar la radio.

En uno de esos programas de radio de domingo por la mañana diseñados para gente como yo (es decir, los pocos que no nos pasamos durmiendo el domingo por la mañana), una sección habla de cambios de vida drásticos. Ya sabéis, las típicas historias de un ejecutivo que se hizo misionero, de un político que pasó a pintar cuadros o de una rana que se convirtió en un príncipe.

Esas cosas me animaban mientras trabajaba en la más absoluta soledad. ¿Quién me dice que un día mi vida no dará un giro de 3500 grados y acabaré siendo un triunfador después de vomitar?

Por mediocre que os parezca vuestra vida, no os desaniméis. Ahí están las quinielas, las loterías, los viajes que dan en televisión, los amores a primera vista y las promociones de “compre dos latas de garbanzos y le regalamos una”. Y si las cosas se ponen feas, horribles e insoportables, hasta podéis intentar hacer algo para cambiarlas.

¡Hale, adiós!

La persistencia

Cuentan que los chinos eran los reyes de la tortura, y que uno de sus métodos era atar a un pobre ser humano debajo de un goteante grifo. Las gotitas caían sobre la frente de la susodicha víctima hasta matarla o volverla loca. Así, gotita a gotita.

Del mismo modo, el aire moldea montañas, y los continentes se juntan y separan moviéndose unos pocos milímetros cada siglo. Poco a poco, pero al final, llegan a algún sitio.

La vida está llena de ejemplos. Aquí, un preso se escapa de la cárcel gracias a un martillito de moldear gemas (tenéis que ver “Cadena perpetua”, es un peliculón), allí, un hombre crea una estación de metro con una cucharilla de yogur (Mortadelo y Filemón: concurso oposición), y por en medio, la selección española de fútbol gana una Eurocopa tras llegar incontables veces a cuartos.

La persistencia, y sólo la persistencia, logra que al final nuestras metas sean alcanzadas. ¡O eso creo yo!

¡Hale, adiós!

Al final, queda lo importante

Creo haberos insinuado en ocasiones la importancia de los cuartos de baño. No sólo encontramos en ellos tantas cosas perdidas, si no que son una fuente artística. Puedo deciros realmente que yo he creado canciones y he escrito cartas en estos lugares de inspiración.

Pero no, no lo digo yo, parafraseemos a Les Luthiers, en su sketch ‘Loas al cuarto de baño’:

“Cosas muy importantes han sucedido en los baños. ¿Cuántas decisiones se han tomado?, ¿cuántos libros se han leído?, o, en la vida cotidiana, ¿cuántos matrimonios se reconcilian en el baño, por ejemplo, mientras la esposa se lava los dientes y el esposo se recorta el bigote, o viceversa?

Es verdad que el humilde espejo de un botiquín no tiene la hondura metafísica de los espejos de Borges, es verdad que en nuestras domésticas bañeras nadie descubrirá el principio de Arquímides, (…)y sin embargo, con sólo apretar un botón, ¡qué despliegue de manantiales!

Y cuando uno se retira con la satisfacción del deber cumplido, no necesita arrojar una moneda, como en la Fontana di Trevi, para asegurarse el regreso. Uno sabe que ha de volver al día siguiente, o en algunos casos, a los dos días, o tres, o más. (…)

¿Cuántos gobernantes han meditado sus actos en un cuarto de baño como si fuera su despacho, al extremo de no distinguirse dónde resuelven más asuntos y dónde hacen más…más decisiones incorrectas?”

Pero observad la foto. Para mí, esta gran instantánea es el símbolo claro de que, por muy mal que vayan las cosas, o nuestras relaciones personales, por mucho que nos arranquen a palos nuestros recuerdos, al final siempre nos quedamos con lo importante. Y ¿qué hay más importante en la casa que un cuarto de baño? Os dejo aquí la dirección del comentado sketch.

http://es.youtube.com/watch?v=O-N9z34cVGA

¡Hale, adiós!

Cosas fuera de sitio

Hola de nuevo, gran masa de población!

Imagino que habréis leído alguna vez los tebeos de Rompetechos, que sin duda pilotaba esta húmeda avioneta. Imaginad, por un momento, que buceáis tranquilos por las aguas de un lago entre carpas, barbos y avionetas y de repente os dais cuenta. No debería haber una avioneta en el lago. Las avionetas tienen fama de no estar dentro del agua…

Pues sí, y es que hay muchas cosas que aparecen en sitios inverosímiles. Mi sabio padre cuenta en ocasiones a la luz de las hogueras historias sobre cómo atropelló a una merluza en una carretera de la provincia de Madrid, y hace poco leí una noticia de que alguien había encontrado un canguro malnutrido entre los campos de Cieza, un pueblo de Murcia. Y cómo no, todos sabemos que cuando perdemos cualquier cosa, tiene muchas posibilidades de aparecer en el cuarto de baño.

En fin, ya sabéis, buscad en CUALQUIER parte, porque, como dicen los de Aguarius, el ser humano es extraordinario. ¡Ah! Y no voléis sin aletas, gafas de bucear y trajes de neopreno, por si acaso.

¡Hale, adiós!

Necesitamos una casa más grande

¿Cómo vais hoy? Os dejo una foto más digna de cabezonería. Sí, empieza a ser un tema recurrente, pero lo cierto es que mi ordenador está lleno de fotos de estas. La pregunta que me hago es: ¿tengo tantas fotos así porque son graciosas o porque la gente es muyyyy cabezota?

Hace un tiempo, vimos por la tele la noticia de que el Instituto Americano del Cine (AFI) había elegido la frase “necesitarás un barco más grande”, de la excelente ‘Tiburón’, de Steven Spielberg, como la frase más memorable de la historia del cine. Pues eso, la cabezonería está presente en la historia del ser humano. ¿A quién puñetas se le ocurre salir a por un tiburón de siete metros con un barco del tamaño de una colchoneta hinchable? ¿A quién se le ocurre aparcar AHÍ con un camión?

Esto podría llevarnos también al apasionante tema de la “encefalopatía esponjiforme al volante” tan típica del ser humano, pero lo dejaremos para otra ocasión.

¡Hale, adiós!

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