La Verdad

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Antonio Arco | 24-05-2017 | 13:28

21 de mayo de 2017

El PP, cegado, se cree indestructible, a lo que le ayuda ver jugar a Podemos a las mociones de censura, y al PSOE partido en tres

Pepe H / Nacho Rodríguez

Pepe H / Nacho Rodríguez

Vaya, un tipo o algo así como Nicolás Maduro se permite decirle, casi ordenarle, a este rey nuestro de aquí, Felipe de Borbón, que «ponga orden en el racismo y el fascismo» de la derecha española. ¡Que vuelva su padre de Botsuana o de donde se encuentre! El de Felipe, no el de Maduro, para que le diga al nada venezolano ilustre que se calle y, de paso, que se vaya a casita antes de que deje convertido en tierra quemada, abrasados uno tras otro los principios democráticos y de respeto absoluto a los Derechos Humanos, el país de Rómulo Gallegos y su ‘Doña Bárbara’, que es precisamente una novela crítica contra los comportamientos dictatoriales y el atraso al que conducen al pueblo, que somos también usted y yo, a no ser que usted sea Amancio Ortega o Ana Patricia Botín, los despropósitos del poder mal entendido y todavía peor practicado. No vas bien por ahí, Maduro, porque uno de los logros que todavía hoy España puede exhibir con orgullo, como país democrático, y por encima de las potencias francesa e incluso alemana, es que la extrema derecha no es aquí un problema; ni puede decirse, porque sería injusto, que Presidente/Rajoy, con su «mañana será otro día» como filosofía de porrón y de cabecera, y esa nada elogiable actitud suya de ‘halcón maltés’ ante la corrupción que campea a sus anchas en demasiados puntos negros de su partido, tenga en su corazoncito y en su pensamiento político hueco dispuesto para el extremismo violento.
Lo que tampoco tiene Presidente/Rajoy, eso también es verdad, es a mucha gente de sobra ocupando cargos que se aproximen, ni de lejos, ni de coña, al talento de Dashiell Hammett o de John Huston, algo que queda claro con un simple vistazo que echemos a sus obras, que son por las que los conoceréis.
Volviendo a Maduro, nada que objetar, a su simpleza manifiesta, y además dañina, si se dedicase a gobernar a su gusto pedestre su casa particular, o a labrar los campos, o a la doma de caballos, o a bailar la conga o a coleccionar fotos de Carlos de Inglaterra, cuya madre se ha empeñado en hacerle la puñeta hasta que el cuerpo aguante, e incluso después también. Maduro es otro sujeto más de los que aprender a no darles rienda suelta, pero no aprendemos: qué cruz y qué plaga y qué proliferación tan nefasta de individuos nocivos para la salud mental y del cuerpo, que por cierto tiene que estar bien alimentando y no padeciendo una economía en ruinas.
Maduro, a quien se le posó una mariposa y dijo reconocer en ella el «espíritu inmortal de Chávez», ha vociferado una frivolidad tan grande que provoca escalofríos y vergüenza: «Somos [los chavistas] los nuevos judíos del siglo XXI, que persiguió Hitler». Alejandro Sanz ha proclamado a los cuatro vientos que Maduro es «un cobarde» y que tiene «las manos manchadas de sangre», pero los que deberían posicionarse con firmeza frente a los abusos de este esperpento son Pablo Iglesias y los suyos, suponiendo que lo que persigan no sea ir adelgazando como alternativa seria de Gobierno frente a un PP que, con todo lujo de detalles, se ha equivocado con el ministro de Justicia, llamémosle Rafael Catalá. Cuesta entender cómo no aprenden de los votos que les está restando esa avaricia cutre que surge en forma de lava delictiva, con nombres y apellidos que todos sabemos, del interior de un volcán que un día podría desbocarse. Y en esto no valen disimulos, darse algunos golpes de pecho y hacerse las víctimas de una conspiración de cuatreros. Lo que urge es una regeneración real, que empieza por no obstaculizar la labor de la Justicia y por dotarla de medios suficientes. Recuerda la joven poeta murciana Noelia Illán en unos versos que «nunca te bañaras dos veces / en el mismo río. / No sucede lo mismo / con los errores».
Pero el PP, cegado, se cree indestructible, a lo que le ayuda mucho ver jugar a Podemos a las mociones de censura, y al PSOE en horas bajas, partido en tres, porque lejos de haberse unido para ayudar a la gente a vivir mejor y poder hacer frente con más ánimo a las tres heridas a las que cantó Miguel Hernández –la del amor, la de la muerte, la de la vida–, se ha echado en manos de tres candidatos nada del otro jueves que, quitando a Patxi López, que ya tiene pocas ganas de gresca, la otra y el otro van a terminar retándose a un duelo al amanecer, en plan Miyamoto Musashi y Sasaki Kojiro, pero sin saber ambos japonés. Oye, o a lo mejor sí.

Sobre el autor Antonio Arco
Junto a una selección de entrevistas y críticas teatrales, el lector encontrará aquí, agrupados desde enero de 2016, los artículos de Opinión publicados los domingos en la contraportada de ‘La Verdad’, ilustrados por el fotógrafo Pepe H y el publicista y diseñador gráfico Nacho Rodríguez. Antonio Arco estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural y crítico teatral, una selección de sus trabajos periodísticos se recoge en los libros de entrevistas ‘Rostros de Murcia’ (1996), ‘Mujeres. Entrevistas a 31 triunfadoras’ (2000), ‘Monstruos. Entrevistas con los grandes del flamenco’ (2004), ‘Sal al Teatro. Momentos mágicos del Festival de San Javier’ (2004) y ‘¿En qué estábamos pensando? (Antes y después de la crisis. Entrevistas con filósofos, poetas y creadores)’ (2017). Finalista de los premios ‘La buena prensa' 2016.

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