La Verdad

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NOCHE DE SAN JUAN
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Antonio Arco | 27-06-2017 | 12:34

25 de junio de 2017

Una vez sembró el lugar de muerte, se dio a la fuga y se subió a un taxi. Ha vuelto a ser detenido

horror

Pepe H / Nacho Rodríguez

Hay quienes son un destructivo fuego en sí mismos, una peligrosa pira enloquecida, una llamarada incontrolable de sinrazón, un rencor vivo como lo era Pedro Páramo, una maldición, un asco, un cerebro de lava que asfixia y arrasa a su paso, una amenaza que en segundos se convierte en estallido. Hay quienes tienen vocación de plaga, gusto por el horror, ausencia de humanidad; son pequeños fuegos encendidos que se pasean por las calles impunemente, acechantes. Fijan en ti su mirada y te abrasan, o te dejan literalmente muerto para, seguidamente, correr tan veloces como las llamaradas entre las copas de los árboles, devorando cuanto pisan con sus temperaturas de infierno y sembrando de ceniza, de llanto y de futuro negro paisajes, haciendas y familias. Hay gente a la que es imposible comprender, y más imposible y desagradable todavía soportar. Gente de a pie, que circula libremente, que se mece por tus mismas calles, cuyas huellas se funden y confunden con las tuyas, cuya voz que jamás deseaste conocer puede atravesarte con un insulto o un desplante o un alarido, y cuyas manos pueden mancharse con tu sangre en menos de lo que tarda un guijarro en ser arrastrado por la prisa de la corriente.
Hay gente detestable, lo cual sería menos tremendo si no tuvieses, un día cualquiera y a la hora más inoportuna, la desgracia de toparte con ella. No es siempre fácil detectar el fuego que escupen por ojos y entrañas, la violencia que gira en sus adentros como una siniestra noria, la indiferencia con la que provocan desconsuelo, el destino de tumba que te espera por el simple hecho de haberte cruzado en sus caminos en el momento idóneo para que se desate la bestia. No importa el lugar en el que estés, no importa lo que estés haciendo, no importa tu edad, no importan los sueños que tengas de futuro, el color de tus ojos, lo que hayas construido, el reguero de sufrimiento que dejará tu ausencia, el absurdo que se queda adherido en la arena de la playa que fue tu última morada en vida.
Eso le pasó en la madrugada de ayer a un joven de 25 años, que se dejó la vida a la fuerza en una playa gallega en la que estaba, entre amigos, celebrando la Noche de San Juan, tan propicia para mezclar el fuego con el baño salado, y los buenos deseos con el adiós a las vivencias turbias. La que estaba llamada a ser una noche mágica se tiñó de amargura. Un disparó acabó con todo. Según parece, el joven cometió el ‘error’, que dio lugar al horror, de recriminarle a su asesino que estuviese orinando junto a donde él se encontraba con un colega. El sujeto, con abundantes antecedentes penales en su destacada hoja de servicios –atracos, tráfico de drogas y tenencia ilícita de armas– sacó «una pistola de la riñonera que llevaba», y está claro que no lo hizo solo para amedrentar y hacerse el chulo, sino para disparar con tino y no dar lugar a dudas. Realizó varios disparos, con la intención de no quedarse tan solo con un muerto a sus espaldas, pero los otros destinatarios tuvieron una suerte menos mortal. Una vez sembró el lugar de muerte, se dio a la fuga y se subió a un taxi. Ha vuelto a ser detenido, tras plantarle cara de perro criminal y pelea a los agentes, pero el que no volverá sano y salvo es el joven asesinado.
Era la fiesta entre hogueras de la Noche de San Juan, esa que otras miles de personas no saben celebrar sin, por lo tristemente visto, dejar kilómetros de playas cubiertas de cristales y demás basuras, pero ese es otro lamentable cantar que tiene más solución que la muerte. Fiesta en esa Noche de San Juan que hay quien aprovecha para, como dicen los versos de Juan Luis Panero, interrogar «a las estrellas» y mirar su desnudo, inapelable misterio, mientras observas las llamas en la playa «en esta noche cuando empieza el verano». Y observar como frente a nosotros, «imperturbables, desveladas, / pasan, en silencio, vida y muerte». En el caso del joven que tan solo sumó 25 años de existencia, la muerte pasó para quedarse y convertirlo en una hoguera apagada que, eso sí, perdurará en la memoria de quienes le seguirán queriendo aunque se transforme en humo, en un tesoro de recuerdos o en un espíritu libre.

Sobre el autor Antonio Arco
Junto a una selección de entrevistas y críticas teatrales, el lector encontrará aquí, agrupados desde enero de 2016, los artículos de Opinión publicados los domingos en la contraportada de ‘La Verdad’, ilustrados por el fotógrafo Pepe H y el publicista y diseñador gráfico Nacho Rodríguez. Antonio Arco estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural y crítico teatral, una selección de sus trabajos periodísticos se recoge en los libros de entrevistas ‘Rostros de Murcia’ (1996), ‘Mujeres. Entrevistas a 31 triunfadoras’ (2000), ‘Monstruos. Entrevistas con los grandes del flamenco’ (2004), ‘Sal al Teatro. Momentos mágicos del Festival de San Javier’ (2004) y ‘¿En qué estábamos pensando? (Antes y después de la crisis. Entrevistas con filósofos, poetas y creadores)’ (2017). Finalista de los premios ‘La buena prensa' 2016.

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