La Verdad

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Autor: Antonio Arco
Más quisieran ser ratas
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Antonio Arco | 26-03-2017 | 6:07| 0

26 de marzo de 2017

Dice la mandamás británica Theresa May que “no tenemos miedo”. Qué chorrada. Pues claro que lo tenemos

Pepe H / Nacho Rodríguez

Han calificado de rata al asesino delirante llamado Khalid Masood, un ciudadano británico, convertido al Islam para desgracia y vergüenza del Islam, padre de tres hijos, profesor de inglés y con una edad ya no muy propicia para practicar el salto con pértiga: 52 años. Han llamado rata, rata asesina y rata inmunda al último terrorista yihadista en teñir de sangre el corazón de Londres, que es lo mismo que decir el corazón de nuestro propio barrio porque, y eso ya lo sabemos todos, ninguno estamos libres, no ya de polvo y paja, sino de que cualquier día nos envíe un desgraciado de estos al otro barrio, a comprobar, ya de paso, si es verdad eso de que este valle de lágrimas nos reserva como sorpresa un final feliz.
No, hombre, no; no llamemos rata a Khalid Masood porque de ratas no tienen nada estos asesinos como él, más quisieran ellos tener la valía de estos animales roedores, no mucho más animales, desde luego que no, que los mendas suicidas de los que estamos hablando. Hablando con rabia, claro, pero respirando hondo. Haya paz, cabrones, haya paz.
No olvidemos, para intentar colocar justamente cada cosa en su sitio, que las ratas son trabajadoras infatigables, bien organizadas en sus colectividades y eternas supervivientes. Y, sobre todo, por encima de todo y por muy mal que se pongan las cosas en los subterráneos y basureros de esta Humanidad nuestra, que se corrompe conforme vemos más cerca el sueño carísimo de poner nuestra zarpa en Marte, tienen una regla de oro que las honra y que las convierte en seres dignos de admiración y de respeto. Un mandamiento principal que suelen cumplir: una rata no mata a otra rata. Así es que no las insultemos gratuitamente cuando se las intenta comparar con estos otros seres vivos –digamos racionales haciendo un gran esfuerzo por no vomitar–, hermanos de especie humana en pleno siglo XXI, con los que compartimos el Arca de una contemporaneidad teñida de sangre. Ahí donde las ven, a las ratas, sin necesidad alguna de tablas de Moisés, religiones y técnicas de acupuntura china para calmar las agresividades del cuerpo y del alma, cumplen a rajatabla, como perfectas ciudadanas con conciencia de pertenencia a la colectividad y sentido común, con este esencial mandamiento ya citado: una rata no mata a otra rata.
Somos nosotros, los supuestos reyes de la Creación y otras leches merengadas, los que ni siquiera estando más bebidos de alcohol de quemar que el cíclope Polifemo, nos olvidamos por completo de nuestros instintos de animales salvajes.
Hay que empezar por llevar cuidado con lo que se dice y con lo que se escribe –he leído que no hay que perder ni un minuto más en cerrar nuestras fronteras a todos los practicantes del Islam, ¡a todos, joder!– porque las palabras a la deriva ética y moral las carga el Diablo, y puede que lo que hagamos sea echar más leña al fuego voraz de la barbarie. No hablo de las palabras que arrojamos contra nosotros mismos: “Ahora soy un lago”, escribió en un poema Sylvia Plath, y poco después metió su hermosa y brillante cabeza en un horno y se dejó morir. Ni siquiera hablo de las palabras labradas con la comprensible intención de salvar nuestro pellejo, algo tan lícito. Hablo de las palabras encaminadas a bendecir el ‘todo vale’. Esa bendición traerá más injusticia, más odio, más caldo de cultivo para incendiar la pira de los enfrentamientos sin fin.
A ver, no lo olvidemos: Khalid Masood era británico, lo mismito que las Spice Girls. Como lo eran otros terroristas yihadistas que con anterioridad hirieron Londres de muerte. He aquí dos ejemplos más: Mohammad Sidique Khan, nacido en Leeds, 30 años de edad y paternidad recién estrenada cuando derramó sangre inocente; y Hasib Mir Hussain, que vivía con sus padres y tenía tan solo 18 añitos, una edad ideal para querer comerte el mundo a bocados de gozo, y no para asesinar a 13 personas en Tavistock Square.
Otra vez hay que sentirlo: un fuerte abrazo a los londinenses. Se ponen de acuerdo el universo y las cabezas asesinas de chorlito para devorar todo lo que pillan, y sálvese quien pueda porque la espiral de destrucción es imparable cuando a ésta le entran las prisas y se le alborota el fanatismo religioso. Estamos ahí, en el ojo ciego del huracán, y entre todos, con serenidad pero sin bobos sentimentalismos, tendremos que decidir qué hoja de ruta seguir. El terrorismo islámico, empeñado en paladear el fin del mundo occidental a ser posible ya, necesita ser frenado con inteligencia.
Dice la mandamás británica Theresa May que “no tenemos miedo”. Qué chorrada. Pues claro que lo tenemos, nos matan como a ratas, pero lo que nunca deberían lograr es que nosotros dejemos de comportarnos como ellas: una rata no mata a otra rata.

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¿Yo infiel? ¡Por favor!
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Antonio Arco | 21-03-2017 | 6:22| 0

Ovación en el Romea para Carlos Hipólito y sus compañeros de reparto en ‘La mentira’

Imagen promocional

 

ASÍ FUE. Obra: ‘La mentira’. Autor: Florian Zeller. Versión: David Serrano. Intérpretes: Carlos Hipólito, Natalia Millán, Armando del Río, Mapi Sagaseta. Dirección: Claudio Tolcachir. Representación: Teatro Romea de Murcia, domingo 19 de marzo de 2017. Calificación: Muy divertida.

Una luminosa Natalia Millán da vida a Alicia, la mujer de Pablo, al que interpreta un Carlos Hipólito que, de nuevo, sale al escenario y se lo come. Qué tío, Hipólito. Alicia y Pablo parecen quererse muchísimo, ser un matrimonio feliz y exitoso y continuar todavía en fase de comer perdices. Eso aparentan, pero, ay, la realidad es bien distinta. No todo lo que reluce es oro, hay marejada de fondo en mitad de su existencia idílica. O sea, que hay amantes, hay cuernos. O eso parece, porque ‘La mentira’, la comedia del francés Florian Zeller cuya versión en español firma David Serrano, intenta que el espectador dude todo el tiempo sobre si los personajes se dicen la verdad o se mienten como bellacos, o como un matrimonio que, en el fondo, no quiere enfrentarse a la verdad: a sus pequeños naufragios, a la infidelidad y al deseo –tan humano– de sentirse deseados por otros.
Florian Zeller tiene mucha suerte con las versiones de sus obras en España. Ya le pasó con ‘El padre’, que en versión de José Carlos Plaza tuvimos la suerte de disfrutar recientemente, también en el Romea, en este caso interpretada la función por un Héctor Alterio que dejó al patio de butacas conmocionado. También tiene suerte Zeller con los actores que en nuestros escenarios están dando vida a sus personajes. Ya he citado a Natalia Millán y a Carlos Hipólito, a quien el público de Murcia adora: nos conquista desde el minuto uno, y más cuando, como en esta ocasión, su personaje derrocha humor desintoxicante. Él está finísimo, exquisito, convincente, cautivador. Un ‘frescales’ en toda regla: se lleva el gato al agua con la naturalidad con la que Mary Poppins llega volando. Sabe que en Murcia se le espera siempre con los brazos abiertos.
Pero hay más actores en ‘La mentira’, cuyo vestuario es mucho mejor que su escenografía, un tanto de escaparate de muebles, creados uno y otra por Elisa Sanz. Alicia y Pablo han invitado a cenar a casa a una pareja de amigos, la compuesta por Miguel (Armando del Río) y Laura (Mapi Sagaseta), que cumplen muy bien con sus papeles y que, gracias a Dios, no son tan pelmas como la pareja que forman Honey y Nick en ‘¿Quién teme a Virgina Wollf?’. Parecen ingenuos, también parecen felices, son risueños y son también dos pájaros de esos que van de gorrión pero que también disfrutan ejerciendo de aves de presa. Les va la marcha. Alicia, poco antes de la hora de la cena, le pide a Pablo que la cancele porque esa misma tarde ha visto a Miguel por la calle besando a una mujer que no era Laura, y se ha quedado estupefacta. Y amenaza: está dispuesta a decirle a Laura la verdad. Pero llegan los invitados, y la diversión y el disparate están servidos.
Servidos a buen ritmo por el director de la función, el argentino Claudio Tolcachir, que tampoco en esta ocasión pasa de lo correcto, ni nos regala una de sus –cuando le da la gana– estupendas direcciones. Tampoco dejó el pabellón muy alto, precisamente, con su anterior montaje también visto en el Romea, ‘Tierra del fuego’, un sobrecogedor texto de lujo de Mario Diament que, contra todo pronóstico, interpretó de modo desastroso Alicia Borrachero.
‘La mentira’ es un divertimento efervescente, con momentos de auténtico júbilo, que reflexiona sobre la idoneidad o no de decirse siempre la verdad, sobre la bondad o no de las mentiras piadosas, y sobre la tristeza disimulada que envuelve a tanto matrimonio que ya ni se desea, ni se atreve a mirarse a los ojos. La ovación fue clamorosa.

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Aitana y el PP
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Antonio Arco | 19-03-2017 | 6:03| 0

19 de marzo de 2017

El próximo Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier rendirá merecido homenaje a la actriz de izquierdas

Pepe H / Nacho Rodríguez

Ese desnudo suyo de cuerpo y alma, que parecía mostrar, todo a la vez, la blancura bellísima de la nieve recién nacida y el fuego voraz de los corazones por primera vez enamorados, dejó deslumbrados a los hombres y mujeres que vieron “El hombre deshabitado”, de Rafael Alberti. Fue el comienzo de una relación de amor, tanto con el teatro como con el cine y la televisión, hilada durante años a base de profesionalidad y encantamiento. Recientemente, la actriz alcanzó un momento de esplendoroso infarto con su interpretación excelente de Medea, que a ella la dejaba exhausta en escena, y a los espectadores en carne viva en el patio de butacas. Hablo de Aitana Sánchez-Gijón, claro, tan claro como que ella siempre ha evidenciado, y trabajado a su favor con un entusiasmo de ángel de Rilke y una resistencia de caracola de mar, su posicionamiento de izquierdas. Una excelente actriz de izquierdas, eso es Aitana Sánchez-Gijón, y no creo que nadie albergue dudas sobre ninguna de ambas cosas. Estupendo. Es su opción. Buena suerte. Nada que resulte extraño o preocupante en democracia.
El problema lo tendría ella, y lo tendríamos su público si, en vez de una excelente actriz, fuese una intérprete mediocre, una de tantas sin la menor importancia. En cuanto a su ideología de izquierdas, no creo que a nadie sensato –mínimamente sensato, no se requiere ser Salomón–, esto le resulte un problema, ni a la hora de disfrutar de su faceta profesional, ni a la de respetar con total normalidad su visión del mundo, su compromiso y su voto. Eso, en principio, sería lo deseable. Pero todos sabemos que en este país, lamentablemente, los hay –y son demasiados, y peligrosos– que señalan con el dedo del rechazo, la sospecha, la inquina o el insulto –o todo a la vez– a quienes no piensan como ellos. De uno y otros lados, de uno u otros barcos ideológicos condenados al naufragio si se empeñan en seguir por ese rumbo entre las olas de una cruda realidad que empieza a desmoronarse entre precipicios. Van a ser muy necesarios todos los no echados ya a perder por la obcecación, el rencor estéril y la mala fe. Abundan, y habría que pararles los pies antes de que el lecho de este río que es la sociedad en la que vivimos se cubra de montañas obscenas de cristales rotos, oídos sordos y selva.
Aitana Sánchez-Gijón será homenajeada en agosto próximo en el 48 Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier. Genial. La propuesta ha partido del concejal de Cultura, y director del certamen, David Martínez, y ha sido acogida de inmediato, con agrado, por el alcalde José Miguel Luengo, tan del PP o más el hombre como el que más del PP, y por los demás compañeros de corporación. No creo que ninguno la haya confundido con Norma Duval, ni creo tampoco que ninguno piense que se ha caído del caballo de la izquierda y ha visto súbitamente la luz en los ojos de Mariano Rajoy Brey. No. Es una demostración de normalidad, un gesto sin más trascendencia pero también sin menos: se agradece el buen ejemplo. Hace solo unos días que estos del PP y estos de Unidos Podemos, tan próximos en algunas cosas, como en el gusto por el zafio griterío y el ensañamiento con los que no piensan como ellos –¡que no, que no, que así no nos representan…!–, se acaban de insultar a sus anchas en el Congreso de sus “señorías”.
Recientemente, Aitana Sánchez-Gijón se quedó pasmada con una decisión en materia cultural del equipo de gobierno de Manuela Carmena –a sus pies, señora–, a la que un día se van a cargar a disgustos algunos de sus miembros, que se comportan como si tuviesen un nivel intelectual de menos quince, o fiebre amarilla. Tras ¡Zapata!, llegó Celia Mayer a Cultura, ahora apartada de esta concejalía –a la velocidad cargada de vergüenza del rayo que no cesa– tras haber permitido que una sala de teatro de las Naves del Matadero dejase de llamarse Max Aub. ¡Échele usted guindas al pavo! Memoria, por favor; respeto, por favor; cordura, por favor; ¡obligación ya por imperativo legal de que ningún memo o mema ocupe cargo alguno de responsabilidad! A ver, Mayer, que el exiliado Max Aub es uno de los más ilustres intelectuales españoles, autor de un celebrado título de nuestro teatro, “San Juan”, una emocionante metáfora, protagonizada por supervivientes judíos en busca de un hogar, sobre las minorías perseguidas y la necesidad de mirarnos y de cuidarnos unos a otros sin prejuicios. Que no, que no, que no ganamos nada pasando de un modo cafre de gobernar basado en la chulería, a otro basado en más de lo mismo.

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Catetos, dice
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Antonio Arco | 12-03-2017 | 6:00| 0

12 de marzo de 2017

(Ha soltado la actriz Miren Gaztañaga dos o tres memeces sobre los españoles, que solo pueden molestar a quien se dé por aludido)

Pepe H / Nacho Rodríguez

Una actriz vasca hay, para servir a Dios y a usted, que calificó a los españoles todos como ‘un poco atrasados’ y ‘catetos’, según leo en los periódicos haciéndose eco de lo vertido en las redes sociales, donde muchos indignados con sus palabras, desde luego nada originales, ni brillantes, ni siquiera dignas de tenerse en cuenta, manifiestan su deseo de, por ejemplo, enviarla a galeras, no sin antes acordarse de toda su familia, que a ver qué coño tiene que ver en toda esta ridiculez la familia. Miren Gaztañaga –pues, nada, mucho gusto– se llama la intérprete vasca, a la que yo no conocía de nada, sin que por eso experimentase mi existencia ningún vacío premonitorio, que hizo estas ‘declaraciones’ de alto voltaje intelectual, y profundidad de crucero, en un programa de la televisión autonómica ETB-1. ‘Declaraciones’ que, por lo visto, envolvió con cierto tono de humor, a modo de sarcasmo para relajar esfínteres, sin maldad alguna de ama de llaves malísima de Manderley, a lo Chiquito de la Calzada…; no sé, en plan como de hacerse la simpática, la pizpireta, ante la audiencia predispuesta, y así alimentar el buen rollo anti-español, pero vamos, anti-español pero de buen rollo, ¡alegría!
En fin, que no se podía imaginar la intérprete, a la que le deseo de veras que tenga suerte y encuentre uno o varios príncipes azules turquesa entre los coreanos o los oriundos de Burundi, la que se iba a liar parda. De todo la han llamado menos guapa, malagueña salerosa, morena clara, Agustina de Aragón y oscura golondrina.
Partiendo de la base inestable de que Gaztañaga tiene todo el derecho del mundo a decir lo que le venga en gana, siempre que, claro está, no se salga de ese marco legal que nos ampara a todos y hace de muro de contención para que no nos pasemos más tiempo de la cuenta, y con mucha mayor intensidad y más drástico resultado, lanzándonos por cualquier chorrada que se precie a la yugular del vecino, el caso es que la bobada se ha salido de madre del cordero porque ha coincidido con el estreno de una película en la que ella da vida breve a uno de sus personajes. Hablamos de ‘El guardián invisible’, basada en el ‘best seller’ homónimo de Dolores Redondo, dirigida por Fernando González Molina, e interpretada a lo grande por Marta Etura, otra vasca a la que sí conozco y de cuyos trabajos disfruto.
Ha sido decir Gaztañaga estas dos o tres memeces tópicas, que solo pueden molestar a quien se dé por aludido, y ni eso tampoco porque no ofende quien quiere, sino quien puede y tal, y empezar a pedirse en la Red que se boicotee la película. Venga, que paguen justos por pecadores, que arda de nuevo Troya, vamos a darnos por saco ahora que es primavera y la sangre se nos sale por las órbitas.
Ella ha pedido disculpas, pero no ha ablandado tanto corazón ofendido. El equipo de ‘El guardián invisible’ se ha visto ¡obligado! a salir todo veloz a dejar claro que nada de nada, desde la raíz a las puntas, tiene que ver con lo dicho por Gaztañaga, que, total, ha venido a decir lo que casi todos hemos dicho también una o mil veces, o bien dirigido a toda la comunidad patria, o bien especialmente dedicado a compañeros de trabajo, adversarios políticos, jefes, familiares de primer grado, familiares lejanos, cuñados, vecinos, artistas del trapecio, hijos nacidos fuera del matrimonio, clérigos, periodistas, novilleros, sindicalistas, mamporreros, modistos, gente de paz, tamborileros, aguafiestas, memos a tiempo completo, avispados, amigos íntimos, novias, novios, sargentos, compadres, paisanos e incluso a los últimos de Filipinas.
Personalmente, a Miren Gaztañaga la considero tan española como yo, eso como mínimo, y al País Vasco tan mi país, desde el que creo y defiendo la bondad de cultivar la mayor amplitud posible de miras, como el suyo. Y que opine lo que quiera, allá ella, sin que se le haga pagar a otros por ello. ¿Qué será lo próximo, castigar no solo a quienes no nos gusta lo que dicen, sino también a quienes piensen diferente aunque incluso no se atrevan a decirlo? ¿Vigilar las mentes del carnicero, el podólogo, la anestesista, los taxistas, la pediatra de nuestros hijos, el cura en el bautizo, el río de gente en el que navegamos sin remedio…? ¿Hasta qué punto nos vamos a vigilar, a incordiar…? ¿En serio que vamos a seguir alimentando rencillas, acumulando escombros, miserias, comportándonos como catetos? Mejor ir a lo práctico, como terapia: a ver, ¿tiene usted a tiro unos cuantos millones para comprarle a ‘Tita’ Thyssen el cuadro de Edgar Degas que ha puesto en venta, dado que anda algo tiesa y no es plan?

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Ahí va el muerto
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Antonio Arco | 05-03-2017 | 5:33| 0

5 de marzo de 2017

(Unos merecen que toquen en su honor las trompetas de Jericó, y otros hay que como si les dan morcilla)

Pepe H / Nacho Rodríguez

Unos se quitan los muertos de encima, a ver si cuela y ellos salen de este modo indemnes de sus errores, torpezas y palabras de honor maltratadas, y otros siguen siendo útiles y necesarios incluso después de muertos, maldita sea, dejando tras de sí un buen recuerdo que se agradece. Una sonrisa amplia. Un sentido golpe en el corazón. Y deseo de ayudar. ¡Vaya desde aquí un abrazo grande para la familia del joven Pablo Ráez! El caso es que a la vista está que hay de todo: unos merecen que toquen en su honor las trompetas de Jericó, y otros hay que como si les dan morcilla y con su pan se la comen, pero que dejen ya de hacer el ganso y de tomarnos a los demás por alcornoques.
Ha venido intentando quitarse el muerto de encima, que daba gloria verlo poniendo tanto afán en ello, el que fuese muy ilustre líder sindicalista minero, y respetable referente del PSOE asturiano, llamado José Ángel Fernández Villa, y llamado también a dar cuentas ante la Justicia sobre lo siguiente: a ver cómo leche merengada pudo ingresar en un banco la en absoluto despreciable cantidad de 1,4 millones de euros, que se dice pronto, sobre todo teniendo en cuenta que el origen del dinero era desconocido. Libre de polvo, paja y –ay, amigo– de haber sido ganado de modo legal, ético y moral y, desde luego que tampoco ganado con el sudor de la frente del ‘pavo’ en cuestión. La Fiscalía lo detectó en 2014.
Ni corto, ni perezoso, ni mucho menos deseoso de dar la cara primero, para inmediatamente después dejarla a disposición de que los jueces se la pusiesen roja de vergüenza para, seguidamente, hacerle pagar por su –ah, presunto– delito, don exlíder cantamañanas y defensor, cara a la galería, de los jodidos compañeros en la mina, se dedicó a poner en circulación un recurso legal tras otro, hasta un total de once, alegando demencia para no comparecer como imputado –que eso da mal rollo y, además, como en la casa de uno no se está en sitio alguno– por corrupción. Once recursos interpuso, dale que te pego haciéndose el Hamlet privado de razón, a ver si la Justicia y, de paso, todos nosotros aceptamos oso hormiguero como animal de compañía, hasta que el aparato judicial, que es lento pero que también tiene su amor propio y no le agrada que lo tomen por idiota a tiempo completo, le notificó al olvidadizo de mano larga que quedaba advertido de que podría ser detenido si no dejaba de jugar a la gallinita ciega, oiga.
Bueno, pues que no dio así como así, el aguerrido ex sindicalista, su brazo, no tan incorrupto como el de Santa Teresa, a torcer. A tres nuevos exámenes psiquiátricos se sometió, cargado de fe en que estos podrían acreditar su cacareada demencia. Pero la juez, hasta el gorro y más arriba, dictaminó, dicho en lenguaje más apropiado al caso, que cesase de marear la perdiz, que fuese a declarar y que se dejara el teatro para las cenas de Halloween con amigos, o algo. Y eso ha hecho el buen hombre: comparecer por fin, como imputado por corrupción contra todo pronóstico, dando muestras de haber recuperado la lucidez. Llámenlo si quieren milagro.
Quitarse el muerto de encima, y a ver qué pasa, que ancha es Castilla y a lo mejor esta aguanta a otro fresco o sinvergüenza más que se quiere pirar de rositas, dando gracias a sus maravillosos padres por la educación tan exquisita que le han otorgado, y a la vida en sí misma por haberle dado tanto, muchas veces dinero robado por ellos mismos. Otro que se quitó el muerto de encima, para colgárselo de cuajo a su compañera de reparto en ‘Bonnie y Clyde’ y en la mismísima gala de entrega de los Oscar, fue Warren Beatty a Faye Dunaway. Pero Warren, ¡hombre de Dios!, que tú eres un pecho lobo y un galán de armas tomar, que por ti perdió la cabeza nada menos que Natalie Wood en ‘Esplendor en la hierba’, de la que jamás nos olvidaremos recitando eso, gracias a William Wordsworth, de “aunque nada pueda hacer / volver la hora del esplendor en la hierba, / de la gloria en las flores, / no debemos afligirnos / porque la belleza permanece siempre en el recuerdo”. El actor leyó perfectamente ‘Emma Stone-La La Land’, pero en vez de hacerse cargo del ‘marrón gláce’, se dijo veloz para sí: “Ni hablar, aquí mi prima no se va de rositas del fregado”. Y, en efecto, la doña clavó la estaca en el corazón del ridículo y, justamente, en la noche más glamourosa del año para todos los que aman el cine y ese ojo inolvidable de ‘Un perro andaluz’. Todos podemos perder el norte, pero afortunadamente hay gente loable que lo asume y da la cara.

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Sobre el autor Antonio Arco
Junto a una selección de entrevistas y críticas teatrales, el lector encontrará aquí, agrupados desde enero de 2016, los artículos de Opinión publicados los domingos en la contraportada de ‘La Verdad’, ilustrados por el fotógrafo Pepe H y el publicista y diseñador gráfico Nacho Rodríguez. Antonio Arco estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural y crítico teatral, una selección de sus trabajos periodísticos se recoge en los libros de entrevistas ‘Rostros de Murcia’ (1996), ‘Mujeres. Entrevistas a 31 triunfadoras’ (2000), ‘Monstruos. Entrevistas con los grandes del flamenco’ (2004), ‘Sal al Teatro. Momentos mágicos del Festival de San Javier’ (2004) y ‘¿En qué estábamos pensando? (Antes y después de la crisis. Entrevistas con filósofos, poetas y creadores)’ (2017). Finalista de los premios ‘La buena prensa' 2016.

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