La Verdad

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Categoría: Opinión
NOCHE DE SAN JUAN

25 de junio de 2017

Una vez sembró el lugar de muerte, se dio a la fuga y se subió a un taxi. Ha vuelto a ser detenido

horror

Pepe H / Nacho Rodríguez

Hay quienes son un destructivo fuego en sí mismos, una peligrosa pira enloquecida, una llamarada incontrolable de sinrazón, un rencor vivo como lo era Pedro Páramo, una maldición, un asco, un cerebro de lava que asfixia y arrasa a su paso, una amenaza que en segundos se convierte en estallido. Hay quienes tienen vocación de plaga, gusto por el horror, ausencia de humanidad; son pequeños fuegos encendidos que se pasean por las calles impunemente, acechantes. Fijan en ti su mirada y te abrasan, o te dejan literalmente muerto para, seguidamente, correr tan veloces como las llamaradas entre las copas de los árboles, devorando cuanto pisan con sus temperaturas de infierno y sembrando de ceniza, de llanto y de futuro negro paisajes, haciendas y familias. Hay gente a la que es imposible comprender, y más imposible y desagradable todavía soportar. Gente de a pie, que circula libremente, que se mece por tus mismas calles, cuyas huellas se funden y confunden con las tuyas, cuya voz que jamás deseaste conocer puede atravesarte con un insulto o un desplante o un alarido, y cuyas manos pueden mancharse con tu sangre en menos de lo que tarda un guijarro en ser arrastrado por la prisa de la corriente.
Hay gente detestable, lo cual sería menos tremendo si no tuvieses, un día cualquiera y a la hora más inoportuna, la desgracia de toparte con ella. No es siempre fácil detectar el fuego que escupen por ojos y entrañas, la violencia que gira en sus adentros como una siniestra noria, la indiferencia con la que provocan desconsuelo, el destino de tumba que te espera por el simple hecho de haberte cruzado en sus caminos en el momento idóneo para que se desate la bestia. No importa el lugar en el que estés, no importa lo que estés haciendo, no importa tu edad, no importan los sueños que tengas de futuro, el color de tus ojos, lo que hayas construido, el reguero de sufrimiento que dejará tu ausencia, el absurdo que se queda adherido en la arena de la playa que fue tu última morada en vida.
Eso le pasó en la madrugada de ayer a un joven de 25 años, que se dejó la vida a la fuerza en una playa gallega en la que estaba, entre amigos, celebrando la Noche de San Juan, tan propicia para mezclar el fuego con el baño salado, y los buenos deseos con el adiós a las vivencias turbias. La que estaba llamada a ser una noche mágica se tiñó de amargura. Un disparó acabó con todo. Según parece, el joven cometió el ‘error’, que dio lugar al horror, de recriminarle a su asesino que estuviese orinando junto a donde él se encontraba con un colega. El sujeto, con abundantes antecedentes penales en su destacada hoja de servicios –atracos, tráfico de drogas y tenencia ilícita de armas– sacó «una pistola de la riñonera que llevaba», y está claro que no lo hizo solo para amedrentar y hacerse el chulo, sino para disparar con tino y no dar lugar a dudas. Realizó varios disparos, con la intención de no quedarse tan solo con un muerto a sus espaldas, pero los otros destinatarios tuvieron una suerte menos mortal. Una vez sembró el lugar de muerte, se dio a la fuga y se subió a un taxi. Ha vuelto a ser detenido, tras plantarle cara de perro criminal y pelea a los agentes, pero el que no volverá sano y salvo es el joven asesinado.
Era la fiesta entre hogueras de la Noche de San Juan, esa que otras miles de personas no saben celebrar sin, por lo tristemente visto, dejar kilómetros de playas cubiertas de cristales y demás basuras, pero ese es otro lamentable cantar que tiene más solución que la muerte. Fiesta en esa Noche de San Juan que hay quien aprovecha para, como dicen los versos de Juan Luis Panero, interrogar «a las estrellas» y mirar su desnudo, inapelable misterio, mientras observas las llamas en la playa «en esta noche cuando empieza el verano». Y observar como frente a nosotros, «imperturbables, desveladas, / pasan, en silencio, vida y muerte». En el caso del joven que tan solo sumó 25 años de existencia, la muerte pasó para quedarse y convertirlo en una hoguera apagada que, eso sí, perdurará en la memoria de quienes le seguirán queriendo aunque se transforme en humo, en un tesoro de recuerdos o en un espíritu libre.

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IN(MADURO)

21 de mayo de 2017

El PP, cegado, se cree indestructible, a lo que le ayuda ver jugar a Podemos a las mociones de censura, y al PSOE partido en tres

Pepe H / Nacho Rodríguez

Pepe H / Nacho Rodríguez

Vaya, un tipo o algo así como Nicolás Maduro se permite decirle, casi ordenarle, a este rey nuestro de aquí, Felipe de Borbón, que «ponga orden en el racismo y el fascismo» de la derecha española. ¡Que vuelva su padre de Botsuana o de donde se encuentre! El de Felipe, no el de Maduro, para que le diga al nada venezolano ilustre que se calle y, de paso, que se vaya a casita antes de que deje convertido en tierra quemada, abrasados uno tras otro los principios democráticos y de respeto absoluto a los Derechos Humanos, el país de Rómulo Gallegos y su ‘Doña Bárbara’, que es precisamente una novela crítica contra los comportamientos dictatoriales y el atraso al que conducen al pueblo, que somos también usted y yo, a no ser que usted sea Amancio Ortega o Ana Patricia Botín, los despropósitos del poder mal entendido y todavía peor practicado. No vas bien por ahí, Maduro, porque uno de los logros que todavía hoy España puede exhibir con orgullo, como país democrático, y por encima de las potencias francesa e incluso alemana, es que la extrema derecha no es aquí un problema; ni puede decirse, porque sería injusto, que Presidente/Rajoy, con su «mañana será otro día» como filosofía de porrón y de cabecera, y esa nada elogiable actitud suya de ‘halcón maltés’ ante la corrupción que campea a sus anchas en demasiados puntos negros de su partido, tenga en su corazoncito y en su pensamiento político hueco dispuesto para el extremismo violento.
Lo que tampoco tiene Presidente/Rajoy, eso también es verdad, es a mucha gente de sobra ocupando cargos que se aproximen, ni de lejos, ni de coña, al talento de Dashiell Hammett o de John Huston, algo que queda claro con un simple vistazo que echemos a sus obras, que son por las que los conoceréis.
Volviendo a Maduro, nada que objetar, a su simpleza manifiesta, y además dañina, si se dedicase a gobernar a su gusto pedestre su casa particular, o a labrar los campos, o a la doma de caballos, o a bailar la conga o a coleccionar fotos de Carlos de Inglaterra, cuya madre se ha empeñado en hacerle la puñeta hasta que el cuerpo aguante, e incluso después también. Maduro es otro sujeto más de los que aprender a no darles rienda suelta, pero no aprendemos: qué cruz y qué plaga y qué proliferación tan nefasta de individuos nocivos para la salud mental y del cuerpo, que por cierto tiene que estar bien alimentando y no padeciendo una economía en ruinas.
Maduro, a quien se le posó una mariposa y dijo reconocer en ella el «espíritu inmortal de Chávez», ha vociferado una frivolidad tan grande que provoca escalofríos y vergüenza: «Somos [los chavistas] los nuevos judíos del siglo XXI, que persiguió Hitler». Alejandro Sanz ha proclamado a los cuatro vientos que Maduro es «un cobarde» y que tiene «las manos manchadas de sangre», pero los que deberían posicionarse con firmeza frente a los abusos de este esperpento son Pablo Iglesias y los suyos, suponiendo que lo que persigan no sea ir adelgazando como alternativa seria de Gobierno frente a un PP que, con todo lujo de detalles, se ha equivocado con el ministro de Justicia, llamémosle Rafael Catalá. Cuesta entender cómo no aprenden de los votos que les está restando esa avaricia cutre que surge en forma de lava delictiva, con nombres y apellidos que todos sabemos, del interior de un volcán que un día podría desbocarse. Y en esto no valen disimulos, darse algunos golpes de pecho y hacerse las víctimas de una conspiración de cuatreros. Lo que urge es una regeneración real, que empieza por no obstaculizar la labor de la Justicia y por dotarla de medios suficientes. Recuerda la joven poeta murciana Noelia Illán en unos versos que «nunca te bañaras dos veces / en el mismo río. / No sucede lo mismo / con los errores».
Pero el PP, cegado, se cree indestructible, a lo que le ayuda mucho ver jugar a Podemos a las mociones de censura, y al PSOE en horas bajas, partido en tres, porque lejos de haberse unido para ayudar a la gente a vivir mejor y poder hacer frente con más ánimo a las tres heridas a las que cantó Miguel Hernández –la del amor, la de la muerte, la de la vida–, se ha echado en manos de tres candidatos nada del otro jueves que, quitando a Patxi López, que ya tiene pocas ganas de gresca, la otra y el otro van a terminar retándose a un duelo al amanecer, en plan Miyamoto Musashi y Sasaki Kojiro, pero sin saber ambos japonés. Oye, o a lo mejor sí.

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“PADRE, TE QUIERO”

14 de mayo de 2017

A Juan Carlos Maya le concedieron en Archena, a título póstumo, el Escudo de Oro de la Villa

Pepe H / Nacho Rodríguez

Su hijo adolescente, evaporado ya su cuerpo hasta haber dejado en ella un dolor sin consuelo que le niega toda posibilidad de un último abrazo, o de arroparle mientras le da un beso impagable –el de «buenas noches, cariño»–, no pasó el Día de la Madre con ella. Qué tristeza para esa pobre mujer ya para siempre hecha fósforos húmedos, y qué tragedia tan temprana, y de eternas consecuencias, para ese pobre hijo: un adolescente de once años que, imagíneselo usted, podría ser su propio hijo – «buenas noches, cariño»–, con toda la existencia por delante para agasajarlo con felices paraísos y duros tropiezos de esos que, así es la vida cuando te dejan vivirla, te ayudan a ir macerándote como hombre. Once años tenía, hasta ahí llegó su conocimiento del mundo y su caminar de criatura por la Tierra. Once años de vida y una muerte, aterradora, que ni una hiena furiosa se la hubiese provocado con tanta crueldad. Lo asesinó su padre, era el Día de la Madre. Ella denunció que su exmarido no había regresado con él, a la hora y en la hora fijada para volver a respirar tranquila, tras disfrutar el progenitor de uno de esos días contemplados por el régimen de visitas acordado tras la separación.
La peor de las pesadillas imaginables se hizo realidad. Macabra. Marcos Javier Mirás, de 42 años de edad, confesó que había asesinado a su hijo y que había dejado su cadáver abandonado en una boscosa. De Galicia. Qué soledad tan amarga envolvió al hijo asesinado, qué mala suerte y qué mala muerte. Y qué capricho tan útil para la supervivencia de la especie, pero tan estúpido y tan peligroso para el reinado de la cordura, que cualquier imbécil redomado pueda ser padre, que cualquier idiota redomada pueda ser madre.
Mató a su hijo sin andarse con rodeos; un golpe seco, con una pala, y se acabaron los latidos y los días en los que enamorarse. El padre convertido en el peor enemigo, el padre actuando con la falta de piedad de un patíbulo. Mírenla: la madre frente al cadáver del hijo, con sus mejillas a varios grados bajo cero y sus labios inertes como la sombra de un espino blanco. El hijo amado…
También otro adolescente, en este caso murciano, se golpeó sin esperarlo con una muerte imposible de digerirse. Zarpazos así no deberían cebarse con gente tan joven, justo cuando empiezan a descubrir que la vida les ofrece un estallido de senderos en los que adentrarse para descubrir el amor, la nobleza, la amistad, la aventura, la fe, el compromiso, las nueces y la llamada del mar esperando ansioso nuestras zambullidas.
Hablo ahora de un adolescente con el que podría cruzarse hoy por las cales de Archena, y que todavía temblará recordando el modo en el que perdió a su padre: dos puñaladas certeras. Juan Carlos Maya se llama su padre asesinado, y el Hospital de Molina fue el lugar donde la tragedia dejó un temblor pavoroso que aún deambula por sus pasillos como un fantasma. El adolescente, para ser atendido de una fractura, acudió al centro hospitalario acompañado por sus padres. Amorosamente. En unos minutos, que le pesarán por siempre como toda una cordillera cuajada de peligros incomprensibles, su vida giró con la contundencia de un tornado: por intentar mediar en una reyerta para evitar que una chica fuese violentada, fue atacado por un joven cuyo impulso fatal resultó mortal. Con qué facilidad el infierno llueve sobre los inocentes. No quiero ni imaginarme cómo le darían la noticia al adolescente, ni tampoco cómo se la darían a su madre, ni tampoco quiero imaginarme cómo podrán vivir, ¡ojalá!, sin sentir odio. El viernes, en Archena, donde vivía la familia, a Juan Carlos Maya le concedieron, a título póstumo, el Escudo de Oro de la Villa.
He visto ‘Z, la ciudad perdida’, la tan bellísima como aburrida nueva película de James Gray. Encierra una escena conmovedora, en la que un padre y su hijo, sabiendo que van a morir, se dicen, serenamente, orgullosos, el uno al otro: «Padre, te quiero», «Hijo, te quiero». Le das vueltas a la cabeza, a los crímenes. Y sientes en tu interior un martilleo inquietante de dudas, desazón, temblor, rabia… Nada entiendes, mientras escuchas en tu interior ese doblar tristísimo de campanas que tampoco se habitúan a tanto horror.

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NUESTROS VECINOS

7 de mayo de 2017

Son muchas las voces que denuncian alarmadas que un sector de la izquierda francesa está favoreciendo a Marine Le Pen

Pepe H / Nacho Rodríguez

Ha colgado Greenpeace muy bien colgado, de la simbólica Torre Eiffel –hay que ver lo encantador que resulta pasear por París cuando estás enamorado, ¡eh!, y ¡lo caro que te sale!– una no menos simbólica gran pancarta con la no menos simbólica y civilizada divisa republicana que, cimentada sobre un triángulo de palabras que los nuevos vientos políticos –totalitarios, populistas, desquiciados…– están intentando dilapidar a golpes de simplista catana ideológica, dice así orgullosa de haberse conocido: ‘Liberté, Égalité, Fraternité’. Las tres palabras –libertad, igualdad, fraternidad– no es ya solo que se las estén pasando por su tupé oxigenado el mandamás del planeta –Trump, qué pereza y qué ardor de estómago–, y los millones de estadounidenses que se han puesto por montera, ejerciendo su legítimo derecho democrático a que así sea, el cerebro de un mosquito del período Triásico, sino que son ya mucho más que demasiados los propios franceses que andan ya dispuestos a pasarse el ideario revolucionario más aclamado de la Historia por el arco del triunfo; por cierto, si lo escribimos con mayúsculas, otro gran símbolo de esa ciudad a la que Woody Allen contribuyó a que amásemos todavía más con su ‘Medianoche en París’, que incluye a esa actriz que logra quitarte las penas llamada Marion Cotillard.
Las elecciones en Francia no son un tema menor, ni ajeno, ni que con su pan con mantequilla se lo coman a la salud del más misterioso de todos los poetas geniales, Rimbaud. No, se trata del futuro que se presenta amenazador, perverso, de un gris pegajoso. De Trump ya sabemos que a sus formas oseznas hay que sumar el dato, que pone los pelos de las delicadas relaciones internacionales de punta, de que no son pocos los psiquiatras de prestigio que ya han alertado de sus problemas mentales y de personalidad infantil. Si yo fuese Justin Trudeau, no estaría muy tranquilo; esa imagen de Ivanka Trump mirando completamente embelesada, o sea embobada, al primer ministro canadiense, seguro que su esposo la lleva clavada como una estaca en su corazoncito de macho reinante.
Pero Marine Le Pen es algo más fina, y desde luego mucho más culta, y es francesa, ciudadana de un gran país del que Europa no se podría permitir, sin quedarse ya herida de muerte, prescindir. Y Marine Le Pen ha llegado muy alto, exactamente en la misma proporción en la que sus votantes han caído muy bajo. Es un peligro real, un jarro de agua helada sobre las conciencias de la gente de bien, y un insulto a la inteligencia individual y también a la colectiva, esta última con claros síntomas de pérdida del conocimiento y pulso extremadamente debilitado. Debe ser que tiene razón Raffaele Simone cuando afirma que somos totalitarios por instinto, lo que equivale a decir que la cabra tira al monte. Puede ser, como es una realidad, que las opciones de izquierda y de derecha más equilibradas estén en declive: de identidad, de seguidores y de líderes, que o bien han muerto todos o están por nacer, pero que por ahora no se les espera a tomar el té –otro enjambre más que anda revuelto: Gran Bretaña–. Ahí los tienen, la parejita de moda en Francia: Marine Le Pen y Emmanuel Macron. Dos soles en combate y un solo Palacio Elíseo.
El historiador Emmanuel Todd, empeñado en otorgarle legitimidad a la marea de abstencionistas que se anuncia, los define con pocas pero lacerantes palabras: «Marine Le Pen es la xenofobia. Emmanuel Macron es la sumisión a la banca. No puedo elegir entre ellos». Pues, nada, señor Todd, dedíquese usted hoy a verlas venir y a cantar en la ducha ‘Sur le Pont d’Avignon’, que ya llegarán incluso tiempos peores. Más fieros.
No piensa lo mismo el ministro de Exteriores alemán Sigmar Gabriel. A él le ocurre lo que a muchísimos europeos, españoles de cuerpo aquí presente incluidos, que no puede entender el muy alemán a ese sector de la izquierda francesa, encabezada por Jean-Luc Mélenchon, que como dice el muy avispado Sami Naïr, amparándose en su complacencia antisistema, lo que hacen manteniéndose al margen es «favorecer a Le Pen». Y eso es irresponsable, defiende Sigmar, porque lo que se está decidiendo es, también, «el futuro de nuestro proyecto pacífico de Europa». No, no creo que sea momento para quedarse al margen, sondeando si la nave ‘Cassini’ se ha desintegrado ya en la atmósfera gaseosa de Saturno. Los enemigos son cada vez más fuertes. ¿A qué estamos jugando?

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SUSANA, MARTA, LLUIS…

30 de abril de 2017

Pepe H / Nacho Rodríguez

 

El fiscal Luis Bermejo, harto, le dijo al frescales de Jordi Pujol hijo que sus explicaciones «insultan a una inteligencia media»

Parece evidente que, por ahora, y después ya veremos hacia dónde nos conduce este río revuelto que nos lleva sobresaltados, nada hace presagiar que el ángel de la democracia vaya a anunciar a la ciudadanía boquiabierta, cuando no dormida o cuando no directamente jodida o en vías de ello, que llega un tiempo nuevo de verdadera regeneración democrática, un reinado de la honradez y un gobierno de los mejores, tan necesarios estos para aquello que esperamos como un maná: la resolución de los problemas, y no que hagan de la política un circo en decadencia o una exhibición de piruetas infantiles de esas que no hacen gracia ni a los propios engendradores de las criaturas. Sigue lloviendo sobre mojado en un tiempo que anda enmoheciéndose por falta de líderes con buenas ideas y empuje. Gente de bien, por favor.
Me cuenta Aitana Sánchez-Gijón, mientras la escucho embobado como si me estuviese cantando al oído para mí solo el bolero ‘Bésame mucho’, que le parece inaudito que España, «frente a tantísimas corruptelas y corrupciones brutales que vamos descubriendo día a día», siga gobernada por los mismos.
Ya, pero es que, también, enfrente tenemos lo que tenemos, y eso ayuda poco a no desfallecer en el intento de remar colectivamente hacia puertos más generosos, donde las mercancías al alcance sean la lucha contra toda injusticia, la defensa entusiasta de una libertad que se alimente de una cultura y una educación que tiendan a la excelencia, y la implicación individual en la extinción de todo peligroso desmán ideológico que favorezca cualquier florecimiento de la violencia. Soñar es gratis. La actriz lo tiene claro: «Tenemos que seguir bien alerta porque es la única manera de poder cambiar las cosas, y hay que exigirles a nuestros políticos que se dejen de luchas intestinas, de numeritos, de golpes de efecto y de autobuses, y que vayan más a lo que importa». Ay, esa chiquillada sobre ruedas de Podemos, a ver si cogen ya de una vez por los cuernos el toro de la gestión responsable e inteligente, que ya toca.
Una ‘iluminada’ que ha visto la luz, aunque ignoro si también se ha caído de una jaca, es Susana Díaz, que legítimamente aspira a salvar España, para lo cual lo primero que tendría que pasar es que se salvase el PSOE de la cuna del descrédito en la que anda meciéndose, para desconsuelo de los socialistas de bien y de quienes defienden las bondades del bipartidismo. No puede ser que solo dejemos de cuestionar las actuaciones judiciales cuando favorecen a nuestros intereses. ¡Eh, no es ir por ahí! La presidenta andaluza ha vuelto a ver conspiraciones de los jueces en contra del PSOE. En concreto, ahora, de los magistrados de la Audiencia de Sevilla, que han decidido sentar en el banquillo –caso ERE mediante– a Manuel Chaves y José Antonio Griñán, junto a otros 20 altos cargos de la Junta.
Qué nada afortunada ha estado diciendo con su voz de carantoña que «cada vez que el PP está hasta el cuello por la corrupción, sale algo de los ERE». Debería recordar estas palabras de Mariana Pineda: «Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios para comprometer a nadie».
Los jueces y los fiscales valientes de este país requieren de todo nuestro apoyo, no de nuestras sospechas partidistas. El fiscal Fernando Bermejo, contundente y hasta las narices de aguantar tanta desfachatez por parte del clan Pujol –¿recuerdan a Marta Ferrusola, ¡uff!, lamentándose de que no tenían ‘ni un duro’?–, ha pedido prisión provisional y sin fianza para el primogénito de su exhonorable padre, quien, entre otras ocurrencias de torpe de solemnidad, ocultó, según la UDEF, nada menos que 14 millones de euros desde que se le empezó a investigar.
Bermejo le dijo al frescales que las explicaciones con las que intentaba defenderse «insultan a una inteligencia media». En general, y en blanco y negro o a todo color, el nivel de la clase política española es un insulto para, incluso, cualquier inteligencia en estado incipiente de gestación. Nos faltaba, para colmo, que de nuevo se vaya a poner de moda el Tamagotchi, ahora que hasta el gran cantautor catalán Lluis Llach, transformado en un radical e ‘iluminado’ independentista que utiliza la burda intimidación contra quienes no piensan como él, nos hace añorar al hombre que cantó maravillosamente eso de «compañeros, si buscáis las primaveras libres, con vosotros quiero ir».

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¿Cómo dicen sus señorías?

26 de febrero de 2017

Pepe H / Nacho Rodríguez

(De Iñaki Urdangarin viéndolas venir en Ginebra, al ministro Catalá haciendo un flaco favor a la fe, más bien quebradiza, en la Justicia)

Bueno, pues nada, ilustres señoras y señorías mías, ‘¡ha sido un placer!’, debió pensar, e incluso decirse para sus adentros liberados, o a viva plena voz del día, el ex duque de Palma destronado por sus malas artes de exdeportista, toda vez que ha quedado claro que no practica el juego limpio, y sí la trampa de la que no se ha librado ni Zarzuela. Menudo respiro, aunque sea momentáneo, por un tiempo muerto para seguir disfrutando de la vida, o incluso ya veremos por qué pie cojo o mano firme respira el Tribunal Supremo, debió sentir el otro día Iñaki Urdangarin, allá en Mallorca, durante la visita relámpago a la Audiencia Provincial en la que tan nulos buenos ratos ha pasado, tras serle comunicado que, por ahora y en la hora, y mientras llega el momento de la verdad en la que se dicte sentencia ya definitivamente firme –de momento le han caído seis años y tres meses de cárcel–, entre las medidas cautelares que las tres magistradas que lo han condenado han decidido adoptar, no figura ni la prisión provisional eludible con una fianza de 200.000 euros, que era lo que solicitaba el fiscal Pedro Horrach para que quedase evidencia de que esto no es un juego de niños, de que lo que tuvo el marido de la Infanta Cristina no fue uno de esos malos días de ánimo que puede tener cualquiera, y de que la Justicia no está para bromas, ni para privilegios, ni para no ser ejemplarizante en momentos y circunstancias de especial riesgo de quebranto social de confianza en las instituciones.
Nada. Iñaki Urdangarin, visto y no visto, voló a Ginebra, allí en Suiza, para ver si con suerte llegaba a tiempo para la cena y, una vez pasado el no tan mal trago del todo, y hecha la digestión, como Dios y los buenos hábitos mandan, se acostaba para desconectar su cabeza de tanto mareo de pato. Urdangarin solo tendrá que comparecer cada primero de mes ante la autoridad judicial suiza, además de tener el detalle, si es tan amable de hacerlo y ello no le causa molestias de colon, de comunicar cualquier desplazamiento fuera de la Unión Europea o algún cambio de residencia que pudiese realizar; no sé, pues respirar nuevos aires o variar de vistas, que de todo se aburre uno. Lo curioso –dejémoslo ahí– es que el tribunal justifica su decisión en, por ejemplo, el hecho de que el yerno y cuñado de reyes disponga de “arraigo suficiente en España por su situación familiar, social y laboral”.
Perdonen sus señorías, ¿cómo dicen? ¿Arraigo suficiente? Pero si vive en Ginebra, país Suiza, unos quesos estupendos y un Lago de los Cuatro Cantones que da gusto verlo. ¿Se refieren con lo de ‘su situación familia’ al calor de hogar que recibe de sus parientes políticos?, ¿con lo de su ‘situación social y laboral’ aluden al hecho de que goce de un descrédito absoluto y a que se haya convertido en un nefasto ejemplo, con un pie en prisión, para la ciudadanía a la que ha estafado? Y qué me dice usted del hecho de que las magistradas hayan incluso manifestado por escrito que sus “particulares circunstancias, sobradamente conocidas, nos eximen de un pormenorizado análisis”. ¿Cómo que les eximen?, ¿a qué viene tanta prisa, tienen hora para pasar la ITV del coche, cierran el supermercado o deben intentar encontrar a Eva María, que se fue buscando el sol en la playa? No, más bien al contrario, deberían explicar mejor sus motivaciones porque nos hemos quedado a cuadros, teniendo en cuenta, sobre todo, las “particulares circunstancias” que este país lleva soportando con excesiva paciencia y un coste altísimo.
Llueve sobre mojado. Menuda semana. Por lo menos él nos dijo “ahí os quedáis, tristes de vosotros”, y se marchó lejos. Nosotros nos quedamos aquí para ver, incluso costando trabajo creerlo, cómo el ministro Rafael Catalá de Justicia hacía un flaco favor a los fiscales de este país, a la fe más bien quebradiza de los españoles en el sistema judicial, y a la independencia del poder político que se le supone a los garantes de que se cumpla la Ley y se imparta una justicia igual para todos, con sus modos despectivos, torpes e inadmisibles de dirigirse, para empezar a abrir un melón de despropósitos dialécticos que lo dejan herido en su reputación, a las dos fiscales del ‘caso Púnica’ que, en lo que respecta al presidente autonómico Pedro Antonio Sánchez, mostraron su desacuerdo con la decisión del fiscal general de que no se actuase contra él.
Otro modo de explicar Catalá esta decisión le habría beneficiado más al político popular en su legítimo afán arrollador por salir triunfante de un calvario particular que, de paso, está afectando a la imagen de la Región que lo eligió en su día para que la intentase mejorar. Un calvario anunciado y seguido por toda España. Todo, a la espera, cada vez más dolorosa, de salir airoso “como un árbol que se yergue o un manantial que empuja”, que canta María Victoria Atencia. Pronto lo sabremos.

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Sobre el autor Antonio Arco
Junto a una selección de entrevistas y críticas teatrales, el lector encontrará aquí, agrupados desde enero de 2016, los artículos de Opinión publicados los domingos en la contraportada de ‘La Verdad’, ilustrados por el fotógrafo Pepe H y el publicista y diseñador gráfico Nacho Rodríguez. Antonio Arco estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural y crítico teatral, una selección de sus trabajos periodísticos se recoge en los libros de entrevistas ‘Rostros de Murcia’ (1996), ‘Mujeres. Entrevistas a 31 triunfadoras’ (2000), ‘Monstruos. Entrevistas con los grandes del flamenco’ (2004), ‘Sal al Teatro. Momentos mágicos del Festival de San Javier’ (2004) y ‘¿En qué estábamos pensando? (Antes y después de la crisis. Entrevistas con filósofos, poetas y creadores)’ (2017). Finalista de los premios ‘La buena prensa' 2016.

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