Hablaba hace tiempo con mi amigo y mentor don Jesús Jareño sobre lo importate de la educación. Y de lo peculiar de su método de enseñanza. Incluso recuerdo que en el gimnasio me encontré con un antiguo alumno que lo tachaba de ‘loco’ pues le hacía las clases muy fáciles, y yo le pregunté “¿aprendiste francés?”, a lo que muy seguro me dijo: “Sí”. Por lo tanto mi respuesta a esto fue más que evidente: “¿Dónde está el fallo?”. El hombre no supo más que quedarse mudo y darme la razón, casi sintiándose ridículo. Hoy, quince años después, me viene un niño de 14 años diciéndome que ha suspendido ocho a pesar de haber estudiado todo el año, y me consta que es verdad.
Lo raro es que echamos la culpa y calificamos a un chico de 14 años que tiene dificultad en el aprendizaje. ¿No será la culpa del comunicador (maestro)? ¿De quién es la responsabilidad de transmitir el mensaje? ¿Del niño disléxico? ¿O del profesor que tiene un deber que cumplir? ¿Estamos locos, o nuestros profesionales de la enseñanza están arcaicos? ¿No sería bueno reciclar a nuestro profesorado? ¿Dales cursillos de PNL, o de lo que fuera necesario para que su mensaje llegue al receptor?. Lo que me parece impresentable es que un chaval con un coeficiente intelectual alto no pueda desarrollarlo por falta de formación de los profesionales de la enseñanza. No es justo que existan herramientas pero no se utilicen por falta de presupuesto y en cambio gastemos dinero en clases de religión, sea cual sea, pues la religión es algo íntimo que se debe enseñar en las casas. Y el derecho a la educación, es un derecho inalienable del niño… No falla el receptor, falla el emisor.
Vicente Cuenca Life Coach

